La sangre y la letra

De la serie: «Correo ordinario»

Aunque un poco tarde (ya anda por toda la red), me entero del serial que ha liado la dirección del IES Saramago, de Arganda, en Madrid, ejerciendo represalias académicas y administrativas, e incluso denunciando judicialmente en faltas, a un alumno del centro por las críticas que éste virtió en su bitácora hacia determinados aspectos de la vida académica del centro, de la gestión directiva del mismo y también a algunas cuestiones de su administración económica.

El muchacho, al que voy a referirme por su supuesto apodo en red, Mafius, fue acusado de injurias en juicio de faltas cuya vista se ha celebrado esta misma semana.

He echado un vistazo a la bitácora en cuestión (mis lectores pueden hacer lo mismo, puesto que la he enlazado más arriba, y recomiendo que lo hagan antes de que se produzca la eventualidad de que la sentencia judicial la cierre) y, a reserva de una ulterior lectura atenta, no veo materia para sanción alguna, como no sea una sintaxis y una ortografía penosas que dicen tan poco y tan mal del crítico como, quizá sobre todo, de los criticados, aunque, eso sí, tiene las ideas bien claras y no carece de estructura mental para exponerlas muy correctamente, en términos formales. Este chaval hará carrera si dedica un par de horas diarias a leer buena literatura.

Yo no veo materia para sanción alguna -y menos penal, aún en faltas- en la bitácora en sí; otra cosa son los términos que se vierten en algunos comentarios, no pocos, por cierto. Y este es el clavo ardiendo al que se ha agarrado la dirección del centro para sacudirle la badana a Mafius. Pero, claro… ¿qué culpa tiene Mafius de lo que otros dicen en los comentarios de su bitácora? La dirección del centro sostiene -con alucinante torpeza- que algunos de esos comentarios los ha escrito el propio Mafius. Es cierto que algunos bitacoristas padecen una especie de esquizofrenia que les lleva a debatir con ellos mismos y se autocomentan disfrazados de tercero; tampoco es lo común, afortunadamente, pero sucede. Lo que también sucede es que esto casi nunca puede probarse, a menos que el esquizofrénico sea, además, muy burro.

En todo este asunto me preocupan varias cosas. Una, es la actitud de los docentes del Saramago. Otra es lo que hará el juez. Empecemos por esta última.

Lo primero que verá el juez es que, efectivamente, en el contenido estricto de la bitácora no hay materia punible, esto para mí está claro como el agua: este chico ha ejercido limpiamente su derecho a la libertad de expresión y ha utilizado para ello un medio especialmente doloroso para los criticados. Luego iremos a ello. El problema va a estar en los comentarios. Lo que parece deducirse de la psicología judicial que se desprende de las dos sentencias que ha sufrido la Asociación de Internautas en el pleito que le han interpuesto la $GAE y el Teddy, es que aquello de que quien la hace la paga está tan firmemente implantado en las circunvoluciones togadas que, ante la imposibilidad de identificar claramente al quien, el aforismo se convierte en «alguien (no importa quién sea) debe pagar por lo que alguien (sigue sin importar quien sea) ha hecho». Y el juez tenderá a responsabilizar de los comentarios al autor de la bitácora. No criminalmente, claro: la responsabilidad penal no puede ser jamás subsidiaria de la de otro; pero sí civilmente. Un parrafito torcido en esa sentencia y ya tenemos un problema planteado.

Realmente, qué hacer con los posteadores desbocados, es un problema. Es verdad que no debería permitirse el insulto brutal y gratuito amparándose en el anonimato, pero… ¿cómo se impide? Si se responsabiliza al blogger éste cerrará los comentarios de su bitácora y muchas bitácoras quedarían, de esta forma, sin parte importante de su valor; incluso, en no pocos casos, sin todo su valor. Por ejemplo, la bitácora de David Bravo se ha ido convirtiendo en el lugar de reunión, expresión y manifestación de una comunidad; hace ya tiempo que David aporta personalmente poco: se limita a recoger alguna noticia o acontecimiento, a lo sumo la comenta en muy pocas líneas y, a continuación, es esa comunidad la que desarrolla. Y en esa comunidad hay gente muy buena y también, como no, faltones y trolls a barullo. La forma intermedia -por parte del blogger– que sería la de revisar previamente los comentarios, es algo que puedo hacer yo, que tengo muy pocos (de hecho, lo hice durante mi estancia en el CMS de Bitácoras.com, pero aquí los dejo abiertos, ya que no experimento graves problemas de trolls) pero muchos autores de bitácoras necesitarían horas para hacerlo y, además, el retraso en las autorizaciones deterioraría la espontaneidad de la bitácora y acabaría prácticamente con todas esas comunidades que ha llevado mucho tiempo levantar.

Ya que a los jueces les gusta tanto la analogía con los modelos conocidos (si no, es que se pierden, los tíos), les sugiero que comparen los comentarios en las bitácoras con las pintadas en las paredes. Pintadas anónimas que dicen lo que les parece -verdaderas barbaridades, en muchos casos- y que quedan impunes porque a nadie se le ocurre responsabilizar de las mismas a la comunidad de propietarios del edificio.

Otro aspecto de la cuestión es el cuadro docente del IES Saramago, que está dando una imagen penosa, lamentable y vomitiva -y, afortunadamente, en absoluto generalizable- de la comunidad educativa española. Imagen penosa por su mal encaje de la crítica, por ácida que ésta sea; imagen lamentable por su desadaptación a la nueva realidad que imponen las tecnologías (se pierde el control de la comunicación: ya no se puede censurar -como se hacía antes- el periódico escolar del centro; ahora, un alumno abre una bitácora y expone tu culo al aire… universal; y hay que aguantarse); y vomitiva por la represión negra y salvaje que ejercen sobre el autor de la crítica utilizando para ello subterfugios e indignidades diversas. Si yo fuera el responsable educativo de la Comunidad de Madrid, quienes iban a sufrir un buen expediente o, como mínimo, unas severas diligencias informativas, iba a ser todo este gremio [dicen que] docente que está mostrando vergonzosa y desvergonzadamente a todo el país cómo no debe ser un educador. Nos ha jodido el profe de filosofía…

En vez de vestirse de gris y tomar la porra, lo que hay que hacer, analfabéticos preceptores de imberbes, es lanzarse al ruedo del debate (¡so filósofo..!) y sostenerse con razones. Explicar por qué sí o por qué no de las acusaciones de Mafius, responderle punto por punto, palabra por palabra. Vuestros alumnos aceptarán o no vuestras razones, mantendrán su protesta o la abandonarán pero, en todo caso, os respetarán (quizá porque, además, verán que os respetáis a vosotros mismos). De otra manera, no hacéis otra cosa que cubriros de mierda ante vuestros alumnos y ante la mayoría -¡gracias a Dios!- de vuestros colegas, de decenas de miles de vuestros colegas que, cada día, afrontan con paciencia, sabiduría y honestidad problemas como este… ¡y otros muchísimo más graves!

Y dejad en paz a los jueces, que bastante tienen con la $GAE.

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