Buen rollito, por Alá

De la serie: «Los jueves, paella»

Llevamos unos días calentitos a cuenta del Islam. Primero el Papa, que va y les espeta que esa religión es intrínsecamente violenta y que eso está feo; los del turbante, seguidamente, agarran el gran globo y, en ostentosa demostración de su no violencia y de su tolerante beatitud ante las críticas, amenazan con arrasar el Vaticano, queman efigies del Papa y, en fin, llevan a cabo otras similares actividades culturales de buen rollito. Después viene Aznar y dice algo quizá inoportuno, según está el patio, pero sensato, sin que siente precedente, las cosas como son: que harto ya de que la civilización occidental pida perdón una y otra vez por cosas que a la luz del siglo XXI fueron tropelías (y que quizá en los tiempos en que se cometieron -en su progreso humanístico, en su cultura y en su mentalidad- lo fueran mucho menos), aún estamos esperando que los del turbante hagan lo propio por lo ídem desde, efectivamente, la invasión y ocupación violenta de un territorio soberano (España, of course) hasta el simpático cañonamiento de los Budas afganos a cargo de aquellos moderados y píos talibanes, pasando por la ocupación de Constantinopla, todavía mantenida hoy día y que algún país musulmán utiliza -como si fuera su territorio soberano- para justificar su pretensión europea (contra la opinión y deseo, por cierto, de la mayoría de los ciudadanos de la Unión, sistemáticamente desoídos, no faltaría más, por sus propios políticos), pasando por el asuntillo aquel de Nueva York y las torres que igual es que se cayeron solas y no a causa de un jueguecito de los hijos de Alá, y no digo que pasando por los trenes madrileños de aquel infausto marzo porque igual la culpa la tuvo la FAI. Y, finalmente, cagaditos ante tanto pacifismo islámico, tan buen rollo musulmán y tanta filantropía mahometana, los promotores de una obra teatral que iba a representarse en Alemania en cuyo argumento constaba una decapitación (obviamente simbólica) de Jesucristo, de Mahoma y de una tarcera deidad, no sé si Buda, han preferido envainársela por si las moscas, incurriendo con ello en las iras de doña Ángela Merkel, la cancillera teutona; pero, claro, por más cabreada que esté doña Ángela, los acoquinados teatreros no corren el menor peligro de que ésta los degüelle, les estrelle un avión en casa o haga que la FAI, la francmasonería, los rosacruces o vete tú a saber, les metan una mochila-bomba cuando viajan en tren; así de salvajes e intolerantes somos los occidentales. O sea que la opción es clara: entre el peligrosísimo cabreo de la Merkel y las bonachonas cabezadas de desaprobación de una legión de mullahs, serán valientes y se enfrentarán a la alemana, sí señor, con dos cojones.

Ya sé que ahora saldrá media docena de progres de mercadillo de pueblo a llamarme islamófobo, que es una de las últimas delicadezas de la chusma políticamente correcta, pero mira, oye, me lo pongo por montera. Lo que no acabo de entender, en todo caso, es esta especie de síndrome de Estocolmo que nos aqueja. Una civilización (entendiendo como civilización un determinado modo de entender la vida y, en ese modo, la organización de la sociedad y los valores individuales) ha declarado la guerra a la nuestra y nosotros no parecemos dispuestos sino a encender por nuestra propia mano la mecha que está debajo de nuestro mismísimo culo. No es que se hayan cometido tales o cuales actos de agresión: es que se nos ha declarado clara y diáfanamente la guerra. ¿Con algunas razones? Probablemente. No somos unos angelitos, desde luego, y llevamos muchos años puteando gravemente al moro, aunque compartimos este puteo activo con el de sus propias clases dirigentes (ideológicamente dirigentes, en muchos casos). Pero que debamos hacer un examen de conciencia colectivo -y, obviamente, actuar en consecuencia-, no implica dejarnos asesinar en masa en base a una especie de sentencia unilateral, brutal y genocida y mucho menos, ¡y muchísimo menos! renunciar a los principios que definen la esencia misma de nuestra propia cultura, entre los cuales se hallan la libertad de conciencia, de culto y de expresión. A los que, por cierto, ellos -los musulmanes- se acogen con entusiasmo y con tonantes voces de exigencia cuando están en nuestra casa, mientras que no sólo impiden esos derechos en la suya (y frecuentemente con el uso intensivo de la pena de muerte), sino que también intentan impedirlos en la nuestra cuando su ejercicio no les gusta.

En Europa siempre hemos sido muy raros para estas cosas. Cuando Hitler se puso chulo, en los años 30, también hubo acróbatas del buen rollo que propugnaban paciencia y templanza mientras el otro se zampaba tranquilamente Austria y Checoslovaquia; la humillación que supuso para Alemania el Tratado de Versalles, armisticio (en realidad, imposición de condiciones para una rendición) que puso fin en falso a la primera guerra mundial, explicaba el fenómeno Hitler y, en cierto modo (sólo muy en cierto modo), justificaba que los alemanes se hubieran echado en sus brazos. Pero esa explicación y esa justificación relativa, jamás debieron ser pretextos para una debilidad europea frente al nazi. Cuando, en definitiva, se colmó el vaso de la paciencia, arreglar el estropicio tuvo el coste que es público y notorio. Seis o siete años antes, hubiera sido muchísimo más barato.

Veremos en el futuro cuánto acabará costándonos el buen rollito. El nuestro, por supuesto.
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Pues, hablando de cosas calentitas, podría ser que el asunto este de la movida por una vivienda digna del día 30 funcionara y todo. Se nota ambientorro y la blogosfera está respondiendo decentemente. O sea que no son de esperar multitudes tremendas (ojalá, pero no creo) pero parece que, bueno, tampoco van a ser numeritos patéticos de unos pocos -poquísimos- centenares de esforzados.

Se intenta llegar a la cifra de 10.000 para ciudades como Barcelona o Madrid. Eso constituiría una movilización digna pero, desengañémonos, sigue siendo muy escasa ante la magnitud del problema y ante el esfuerzo convocante. Sin ir más lejos, este mismo domingo, día 1 de octubre, al día siguiente del señalado para la manifestación pro-vivienda, en Barcelona se va a celebrar un festival aéreo para el que se barajan cifras de asistencia cercanas al medio millón de personas (y, vistas las de otros años, no son cifras nada aventuradas); por lo menos la mitad de los que van a asistir al festival son personas cuya problemática los hace susceptibles de participar en la movida del día anterior. ¿Dónde estará y haciendo qué toda esa masa ingente el día que se intente dar un paso para solucionar uno de sus más importantes problemas?

Puedo imaginármelo: salvo unos pocos que estarán ocupados con cosas serias -serias de verdad: trabajo, voluntariado, etc.-, los demás estarán engrosando el aforo de cualquier espectáculo o actividad de ocio; o, simplemente, en sus casas (o sea, en el domicilio familiar, en el de los padres) viendo la tele (que ya son ganas).

Hay veces en que los problemas surgen y cuesta mucho llegar a saber por qué, cuál ha sido su génesis. Otras veces, hay problemas que se eternizan y uno se pregunta por qué narices cuesta tanto resolverlos.

Pero otras veces, ambas cosas están claras: los problemas surgen porque un montón de sinvergüenzas se suben al tren del pelotazo o, simplemente, viven en un estado de permanente especulación; y los problemas no hay quien los resuelva porque los sufre gente cobarde, apalancada, acomodaticia y, desde luego, un punto (o muy) masoquista.

En el caso de la vivienda -como en el del canon- la cosa está bien clara.
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Calma chicha en Catalunya, caramba. Nadie diría que estamos prácticamente a un mes de las elecciones al Parlament o, lo que es lo mismo, al Gobierno de la Generalitat. Hay encuentritos, sí, hay comentarios, sí, hay, aquí, allá o acullá, alguna pequeña echada de trastos a la cabeza del contrario, pero no hay sang i fetge (sangre y pus se diría en castellano). Se conocen los presupuestos generales del Estado para 2007 y hay quienes opinan que no están mal y hay quienes opinan que nos dan poco, pero sin griterío, sin follón.

Por un lado, está bien, así deben ser las cosas: comportarse como personas y no como dogos argentinos siempre en busca de la yugular del contrario en medio de los aullidos de la jauría.

Pero, por otro lado, resulta sospechoso porque, desgraciadamente, esto no es normal. En España (o en los países hispánicos, o en el Estado, o en la nación de naciones, o como quiera que le llamen ahora al sitio este en el que estamos) esto no forma parte de la climatología habitual. Entre esto y la perrera, hay un término medio que es más nuestro, más habitual, más incardinado en nuestro medio ambiente sociológico en el que cagarse en la puta madre de alguien ya casi no va siendo ni insulto, de tan común.

Algo raro está pasando, estoy convencido de ello. ¿No será que…? ¡No, no! ¿Cómo voy a pensar eso de nuestros políticos, hombre de Dios? ¡Jamás en la vida, caray! No me hagáis caso: es que, por un momento (deben ser lo años, que ya pesan) se me había ocurrido que estos tíos ya se habían puesto de acuerdo y que ya estaba el pescado vendido votemos lo que votemos.

Pero no, hombre… ¿Cómo iban nuestros políticos a hacernos una cosa así?
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Pues hala, ya nos hemos echado al coleto este primer jueves de otoño, último del mes de septiembre. La próxima paella verá la luz dentro ya del último trimestre del año y ya no digo aquello de que el tiempo vuela; primero, porque ya lo dije la semana pasada; y, segundo, porque es un lugar común, igual que aquello de que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad (aunque la $GAE no quiera verlo y los políticos no se enteren).

Tengo pendiente una cosilla con mis lectores, puesto que les hice una promesa que no he podido cumplir, algo relacionado con una sorpresa. Preveía inconvenientes técnicos que me impidieran responder a la promesa; otra cosa es que, efectivamente, me han surgido inconvenientes técnicos pero no precisamente por el lado que los esperaba. Y es que la ley de Murphy es inexorable, ya se sabe… O sea que dejamos la cosa para dentro de una o dos semanas. Con mis más sentidas disculpas. Esto me pasa por bocazas, pero es una cosa que me hace mucha ilusión y la tenía tan encima ya, que no supe callarme. Bueno, no pasa nada: nunca es tarde si la dicha es buena. De todos modos, aviso que no todos mis seis o siete podrán disfrutarla, ya lo siento… En su momento sabréis por qué.

Hasta la semana que viene, por lo que se refiere a este arroz. Pero «El Incordio» sigue día a día, erre que erre. Y con buena salud.

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Comentarios

  • Anonymous  El 28/09/2006 a las .

    hola javi, soy el marcos. Espero que estos radicales no decidan leer tu blog, te llamen por telefono o te escriban y te digan “barrila, barrila te vamos a dar, si ati, no me mires asi”, y tu te asustes y suspendas este interesante blog. La verdad que estan consiguiendo lo que quieren,parece que en realidad las victimas son un daño colateral( como dicen los militares norteamericanos) y como de momento les va bien, pues la cosa engancha, es como meter una monedita a una maquina de juego o ir al casino, y sacar premio, y luego otro, y otro, y al igual que ocurrio con hitler, al final como todo jugador, te crees invencible y lo pierdes todo, pero la tragedia que deja en ese intermedio es terrible y evitable” Todo arbol nace que una minuscula semilla”.Plantar cara es muy duro, te llevas heridas, pero los resultados son los mejores . La verdad que el 11- s fue un duro golpe para las libertades,!y de mal en peor oyes! Dio alas a los gobiernos para recortar las libertades con el pretesto de defenderse de un monstruo que esa misma accion(protegerse) alimenta y aqrecienta( muchas veces se me paso por la cabeza que si el tal bi-n lade-n, no estaria en un pequeño hospital en un remoto pueblo de estados unidos, recibiendo todos los dias su dialisis y comiendo de los impuestos americanos, mientras los soldados americanos hacian una buena peli buscando entre las montañas) ; la gente aun paralizada por el terror se deja hacer, pisar y ademas dar las gracias (¿javi, has leido el caso del abogado español q tenia pinta de radical islamico?),!tened cuidado no perdais las pertenecias, y aun peor la vida!.
    No puedo opinar si el islamismo es como dijo el papa, si algun dia leo el coran !bajo observacion medica claro!,ya te dire si me he vuelto agresivo, pero la verdad esta en los actos, no en las palabras.
    Otra cuestion que te planteo javi.Tu sabes que los talibanes en afganistan prohibieron la musica, la libertad artistica, etc, y mi pregunta es ¿ la ss-gae tiene algo que ver con los talibanes?. La verdad que parecen que quieren lo mismo.
    un saludo amigo.

  • El espia  El 29/09/2006 a las .

    Cuchí, ni todos los vascos pusieron la bomba en el aparcamiento de Hipercor, ni todos los moros secuestraron los aviones de las torres gemelas, ni todos los moros se han puesto a quemar iglesias tras el desbarre papal. Toda generalización acarrea injusticias. La violencia, para qué engañarse, resulta útil y tanto sirve para ocupar grandes reservas petroleras y llamarlo democracia como para joder la marrana. Sacudidores del árbol los hay con bandera preconstitucional mentando a la madre del Rubianes, con bombas de racimo bendecidas democráticamente o con turbante y coche bomba. Cui prodest?

    Apunte histórico: Hitler llegó al poder urnas mediante, y en su campaña electoral ni estuvo el empezar otra guerra mundial ni el cargarse a 8 millones de judíos (de las víctimas del colonialismo europeo ya hablaremos otro rato). Por entonces ni GB no entró a trapo hasta que lo tuvieron encima ni USA hasta la caída del frente ruso (a unos y a otros la limpieza étnica se la sudaba, ellos lucharon por prevalecer que decía Churchil no por liberar a judios… y gitanos y homosexuales…). Las ocupaciones y conquistas imperiales han sido una constante histórica (Canarias, Ceuta, Gibraltar,… Chechenia, Irak) pero por lo que se ve, algunas son más dignas de mención (¿Constantinopla? vamos hombre) que otras.

  • Javier Cuchí  El 29/09/2006 a las .

    Sólo un apunte, amigo Espía, porque proceder sobre la mayor nos llevaría a un debate que dentro de tres meses todavía estaría encendido (y sería interesante, ojo, pero el tiempo es un bien escaso, supongo que para los dos).

    Lo de Constantinopla puede parecer una gilipollez y, a estas alturas de la Historia, probablemente lo sea. ¡PERO! Ellos todavía reclaman Al-Andalus (que no es Andalucía sino la entera Península) como propia. No es un majareta aislado, es toda una tradición para ellos: se llora Al-Andalus como los judíos lloraron y reivindicaron durante dos mil años, incansablemente, la tierra perdida. Y no pararon hasta que la recuperaron.

    O sea que, pasado un cierto tiempo, inconmensurable en cronología histórica de futuro, y según evolucionaran los acontecimientos, los españoles podríamos vernos exactamente igual que los palestinos. ¿Improbable? No lo sé; seguramente (toco madera). ¿Imposible? En absoluto.

    No viviremos para verlo (al menos, eso espero) y no tengo nada claro la transcendencia humana más allá de esto de aquí, pero, por si las moscas, ni siquiera por la microscópica influencia individual de un pringado más quisiera yo tener nada que ver -y menos por políticamente correcto– con tamaño horror.

    Por eso creo que, aunque sea dialécticamente y aunque sea de una forma tan atomizada, individual y liviana, no hay que hacerles la menor concesión. ¿Tú me reclamas Granada? Es una gilipollez. Pero por si las moscas: yo te reclamo Constantinopla.

    Con el mismo (igual) derecho.

    Por lo menos.

  • Espia  El 29/09/2006 a las .

    Javier, el error es utilizar ese “Ellos”. Se empieza así y se acaba a ostias. Musulmanes hay de tantos sabores como cristianos.

    Habrá iluminado que reclame Al-Andalus. Seguramente porque así se lleva un rato de focos seguro. Pero dime tú qué pinta la península para los musulmanes indonesios o sudaneses.

    Y tranquilo, si la cosa se pone chunga y llegan hasta Poitiers reclamamos desde Rio Grande a la Patagonia y asunto arreglado.

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