Archivo mensual: diciembre 2006

Un millón de niños

De la serie: «Correo ordinario»

En su felicitación navideña a los socios de Hispalinux, nuestro presidente -ya en funciones: tenemos elecciones en enero- Juantomás García nos participaba un comentario que le hizo Tim O’Reilly: «¿cómo cojones habéis llegado a tener un millón de niños/adolescentes con software libre en 4 años?». Se refería, obviamente, a los proyectos de software libre desarrollados en Extremadura y Andalucía.

Es un comentario que induce a meditar. En plan autocomplaciente, podríamos hablar de la fuerza de una comunidad numerosísima y entregada; y es verdad que sin ella poco o nada hubiera podido hacerse. Pero también es cierto que la comunidad, por sí sola, tampoco consigue resultados espectaculares si no es mediante verdaderas guerras con toques de degollina digital; digital, pero no menos dolorosos: mucha gente de ambos bandos ha caído ya -el pan de no pocas familias- en ese inusitado combate. Estoy pensando -ya lo habréis adivinado- en la guerra del canon, seguramente la más cruenta de cuantas se libran actualmente, pero no en absoluto la única.

En otros países el éxito -más o menos extendido- viene desde arriba: gobiernos enteros se rinden a la eficiencia del software libre y lo implantan de forma más o menos progresiva, de forma más o menos total, en sus administraciones públicas. Aquí, en este país choricero, de aliento a ajo, olor a pies, piorrea y calzoncillos con zurrapas, constantemente destrozado por políticos y gobiernos ignorantes, hipócritas, bananeros y venales, tenemos que funcionar en plan guerrilla, soslayando el bombardeo de cheques y regalías que el monopolio prodiga por todas las instancias oficiales y tenemos que soportar, para mayor inri, la burla de que en los textos parlamentarios se recojan de forma literal y extensa los guiones que escribe Micro$oft y que todos los partidos (¡incluidos los de… izquierda!) los voten con aberrante entusiasmo.

Pero, de vez en cuando, alguien con poder y con suficiente independencia -cuando menos intelectual- comprende que la postración en la que se ve sumido su territorio sólo se superará, a la larga, por sus propios medios, por su propia potencia desplegada y que la única manera de desplegar de forma planificada y propia esa potencia es mediante tecnología propia y/o tecnología sobre la que, de algún modo, tenga el control y el dominio. Es entonces cuando la comunidad y el poder público de ese lugarcillo se vectorizan y se potencian mutuamente y es entonces cuando, como no puede ser de otra manera, el éxito es atronador.

Éxito que parece no ser suficiente evidencia para otros gobiernos y, así, encontramos a algún político que se queja -en un alucinante despliegue cuando menos de ignorancia- de que en un territorio las escuelas públicas gocen de un ordenador cada dos niños a presunta costa del valor que genera y que entrega la comunidad autónoma del quejoso; pero el quejoso no sabe -o no quiere dar a entender que sabe- que el territorio supuestamente privilegiado utiliza una tecnología que lleva a que estos lujos sean perfectamente asumibles; y el quejoso no dice -aunque eso sí que lo sabe necesaria y perfectamente- que cuando estuvo en el gobierno regaló millonadas -innecesariamente- al monopolio.

No debe sorprenderse Tim O’Reilly. Aquí nos gustaría poder trabajar sine ira et studio, como en cualquier país civilizado, y, de hecho, muchos lo intentan, pero este país montaraz secularmente gobernado por mindundis y pisacharcos, que desde Carlos I (y ése era de aquí sólo a medias… o a cuartas) no ha conocido prácticamente estadistas y en el que los simplemente buenos gestores pueden contarse con los dedos de una oreja, obliga al monte, a la manta serrana, al trabuco, a la navaja en la liga, a la emboscada y a la crueldad extrema en combate (¡menudas conclusiones hubiera sacado Conrad de esto de aquí, si lo hubiera conocido bien!).

Tenemos más victorias en esta guerra que, en lenguaje bélico actual, se denominaría asimétrica, y victorias no menguadas. Hemos conseguido, por ejemplo, que el software libre prenda en el mundo de la empresa, gracias a la verdadera neutralidad (esa que tanto odia Micro$oft): la aritmética financiera. En cuanto hemos podido acceder a la pizarra de las patronales y las hojas de cálculo -todavía Excel– de los MBA han empezado a trabajar, los resultados han sido concluyentes, por más FUD sobre el TCO que el monopolio haya divulgado: no cuela; aquí y en todas partes, la pela es la pela y dos más dos suman cuatro por más que Ballmer se empeñe en que sean seis.

En la cara opuesta, allí donde el éxito hubiera debido ser inmediato, resulta curioso -y sintomático- que mientras el mundo de la empresa ha iniciado -despacio pero firmemente- su conversión al software libre, el mundo sindical, que hubiera debido ser mucho más receptivo, es todavía impermeable a la lógica de la eficiencia. Incluso muchísimas ONG (la mayoría) siguen pagando -o pirateando, vete a saber- a Micro$oft, razón -entre otras- por la que no doy un duro a ninguna que no sea Greenpeace, que no adolece de este problema o que, en aquellas parcelas en que aún lo sufre, tiende firmemente a subsanarlo. En todo caso, no comprendo como alguien puede entender el altermundismo sin software libre: hace un tiempo, en un establecimiento del SETEM (ONG pormotora del llamado comercio justo) el ordenador que gestionaba la caja funcionaba con Window$ ¿de qué me sirve comprar té del Valle de Assam más caro para beneficiar a los campesinos independientes, o café de la marca «Altercafé» que ídem del lienzo, si también en el comercio justo moja pan Micro$oft?

Habremos de esperar unos años para ver si ese millón de niños y adolescentes lleva a un efecto multiplicador. Esperemos que sí, esperemos que cuando descubran que lo que para ellos es natural y normal constituye una excepcional Arcadia feliz, se lancen al activismo y nos refuercen en número, en sangre fresca y en ideas.

Un millón de niños es todavía una cifra muy pobre, pese a la admiración de Tim. A estas alturas de la película, todas las escuelas y administraciones públicas españolas deberían haber seguido el camino de Extremadura y deberían haberlo seguido sin necesidad de un activismo incisivo y constante, simplemente por la lógica de servicio que debería motivar la acción de gobierno. Como esa lógica de servicio no existe, muchos miles de ciudadanos tenemos que liarnos la manta y echarnos al monte.

Pues ahí seguiremos y de ahí no bajaremos. Hasta lograrlo. Conviene no olvidar que, en las guerras asimétricas, casi siempre acaba ganando el pobre porque tiene las mejores armas: fe, entrega y entusiasmo. Basta, adicionalmente, con un poco de inteligencia para dejar el culo del enemigo como un bebedero de patos. Los tanques y los cheques del poderoso acaban sirviendo, como las bombas que tiran los fanfarrones, de artículos de peluquería.

Que las gaditanas vayan pidiendo hora.

Felices… fiestas

De la serie: «Correo ordinario»

Pasado este primer tramo de las Fiestas de la VISA, un día más largo en Catalunya, echo un vistazo con calma a la red y casi parece que el lector de feeds se haya dedicado a repetir veinte veces la misma entrada. Pero no: es que todo el mundo habla de lo mismo. Y lo mismo son dos temas: la abominación que prepara la LSSI y la falta de acuerdo entre las patronales y las entidades de recaudación de derechos económicos de autor para el asunto del dichoso canon, falta de acuerdo que pone la pelota en el tejado de los ministerios de Cultura (así le llaman, no es broma) y de Industria y no sé qué más. A modo de coro de vírgenes de fondo, los de ACAM se dedican a bramar burradas, como es su costumbre, pero eso casi está bien para echarle color a fiesta.

Lo del canon tiene una importancia relativa. Me explico: no es que no tenga importancia, lo que pasa es que esta es una guerra ya fuera del alcance de acuerdo alguno; no creo que nadie con dos dedos de frente pudiera esperar nada de un acuerdo entre las asimelecs y las $gaes diversas, salvo la ruptura de «Todos contra el canon», plataforma contra la que no he querido ser demasiado agresivo por un cierto sentido de disciplina asociativa (pertenezco a la Asociación de Internautas, que se ha volcado en esa suerte de agrupación temporal de empresas y entidades) pero de la que nunca me he fiado demasiado; lo siento, pero hay gente ahí -empezando por la propia ASIMELEC, la verdadera culpable del marrón que estamos viviendo desde julio del 2003- que hace que no se me vaya la idea del caballo de Troya. Y si nada cabía esperar de un acuerdo de cuya negociación los usuarios -los ciudadanos- estábamos excluidos… ¿qué decir de que todo el asunto quede en manos de dos ministerios? De dos ministerios sociatas, encima, regido uno por Dixie, más encima todavía, y otro por Clos, para acabarla de joder, el teatrodonante.

O sea que, por este lado, salvo por el lado de la anécdota, no hay novedad: la guerra sigue -y seguirá, interminable- y seguiremos rifándonos el puto canon comprando vía Internet, vía amigos viajeros, vía viajes propios, vía chinos o vía negritos de mercadillo. Seguiré -ahí ya no creo estar tan acompañado- sin comprar un puto disco, sin adquirir ni alquilar una puta película y sin poner pie en un puto cine. Pueden poner todos los cánones que quieran pero, si puedo puentearlo, no los recaudarán de mi dinero.

Lo otro es más grave por más imbécil y hablé de ello hace muy pocos días: la patá en la puerta digital. Francamente, no comprendo tanta estulticia: no podrán cerrar ni una sola página, ya que tan pronto lo hagan, ésta se irá a un servidor extranjero. Y el servidor extranjero no cerrará una mierda si no hay una orden judicial… que el Gobierno no conseguirá. No la conseguirá porque, mientras tanto, van a subir tantos recursos de amparo ante el Tribunal Constitucional que toda la prensa europea se va a preguntar qué está pasando aquí, en el país del buen rollito, de la transversalidad… ¡je! y de la alianza de civilizaciones. Si no consiguen aprovechar el nacimiento de un infantito o cosa parecida para cambiar la Constitución y pegárnosla en el cambio (con la borregancia generalizada que sufrimos, sería perfectamente posible que lo lograran) no llegará la sangre al río, aunque sí se escuchará -y fuerte- el fragor del combate. En todo este rollo, quien saldrá perdiendo -además del Gobierno, pero eso no tiene importancia- será, nuevamente, el sector tecnológico español, que perderá cuotas de mercado enormes, lo que supondrá la muerte irremediable de muchas empresas, irreversible para cuando la situación llegue a enderezarse; pero el sector también debe pringar su parte de culpa: que lloren como mujeres lo que no supieron defender como hombres y que se jodan.

El Gobierno está evidentemente agobiado. Los medios de comunicación convencionales ven sus cifras cayendo inexorablemente y su credibilidad desmoronándose, mientras en la red Zapatero y sus secuaces son víctimas de un acoso constante, incisivo y generalizado contra el que poco o nada pueden hacer desde sus tristes bitacorillas paraoficiales. Zap I El Anodino está pagando el precio de gobernar contra la ciudadanía, un precio que no estaba previsto en el contrato, y pagando también el precio de haber despreciado la red en vez de intentar conocerla y comprenderla. Ahora es tarde. Ahora ven, por ejemplo, que cosas que hace una cantidad ridícula de años -tres o cuatro- hubieran podido hacer impunemente, casi sin coste, les supone un desgaste creciente y alarmante, como, por ejemplo, el asunto del canon.

No pretendo decir, naturalmente, que el canon vaya a ser la tumba del zapatismo; para nada. Con el canon les pasa como cuando uno va a un bar, se pide una cervecita y un platito de aceitunas creyendo que le va a salir barato y le clavan 9 euros: la economía familiar no corre ningún peligro, pero se acusa indignado recibo del garrotazo. Y esas pequeñas facturas dolorosas van siendo ya muchas y la mayoría de ellas proceden de la red, precisamente porque la cervecita y las aceitunas que se toma el zapatismo son agresiones lacerantes contra los intereses de los ciudadanos.

Hay, además, otra circunstancia que, bien ponderada, es cierta pero que, exagerada, es un FUD como cualquier otro: la influencia de la blogosfera liberal. Es cierto que la derecha (la socionomía de la derecha, no sus políticos, que son igual de lerdos que los de la izquierda) ha sabido encontrar y utilizar sabiamente los recursos de Internet y de lo que se está dando en llamar Web 2.0 y que eso ha llevado a la existencia de anillos de bitácoras de esa extracción político-económica de cierta importancia, sobre los cuales reina omnímodamente, impartiendo doctrina y eslóganes, como una especie de dios Thor tonante y omnipotente, el odiadísimo «Libertad Digital», el medio de más éxito en Internet -y con mucho- dirigido por la bicha del zapatismo, Federico Jiménez Losantos que, encima, controla la información que emana de la COPE, la cadena episcopal, situándola en una línea inquebrantablemente ascendente en cuanto a audiencia. Bien, eso es verdad: existe esa blogosfera y tiene esa potencia que no es poca. Pero de ahí a lo que parece creer el Gobierno, es decir, que toda la blogosfera es de derechas, media la distancia que interpone un error craso y abultadísimo. Porque no es cierto. Existe también una blogosfera de izquierdas, no tan espectacular -al menos en apariencia- como la de derechas pero cierta, que está ahí; y existe también -no me atrevo a cuantificar su volumen, pero es importante- una blogosfera independiente, independiente no sólo de tal o cual partido sino independiente de ideas, verdaderamente librepensadora, que decimos (pido formularias disculpas por la primera persona, pero me incluyo orgulloso) lo que nos parece y nos importa tres cojones si va a disgustar a las izquierdas, a las derechas, a los nacionalismos periféricos o al nacionalismo centralista, a tirios o a troyanos, a moros o a cristianos. Si echáis un vistazo a los comentarios de esta bitácora veréis que, en determinados momentos -cada cual en el suyo- he sido aplaudido desde la derecha y desde la izquierda y, en otros determinados momentos -también cada cual en el suyo-, me han puesto como chupa de dómine gentes procedentes tanto de la derecha como desde la izquierda; cosa que me encanta: me preocupará, y mucho, el día que me aplaudan o me pongan verde desde un único sector.

El zapatismo no hace este análisis. Bien, yo diría que no hace ninguno. Simplemente se niega a admitir -y lo que es peor: a admitirse a sí mismo- que está siendo vapuleado desde todos los ámbitos, y que lo está siendo sencillamente porque en no pocos temas está gobernando contra la entera ciudadanía y ésta, sencillamente, se rebota cualquiera que sea su adscripción ideológica o su carencia de ella. Solamente llegará a convencerse de ello cuando vea, desde la oposición, cómo un PP en el poder recibirá idéntico vapuleo si obsequia a la ciudadanía con idéntica actitud (cosa que, por otra parte, es de temer); y quizá llegado ese momento, el PP vea, asombrado, como esa blogosfera liberal le muerde despiadadamente, por la misma razón que desde el sector izquierdista de la blogosfera se está atacando encarnizadamente a Zap y a su banda. Pero, de momento, en el Gobierno se cree que la blogosfera es estricta y exclusivamente de derechas y pretende armarse contra ella.

El error tremendo en el que incurrirán si la LISI se promulga tal como empecinadamente quieren, sostienen y no enmiendan, será mayúsculo y de consecuencias imprevisibles. Muy imprevisibles, salvo la ya enunciada de la ruina de muchísimas empresas españolas. Ya ocurrió con el sector de producción de soportes digitales vírgenes por causa del canon, pero parece que ni siquiera esa evidencia real, palpable, de lo que sucede cuando se hacen las cosas a lo burro, les va a convencer.

Adelante, pues. ¿Quieren otra guerra que no pueden ganar (la enésima)? Pues guerra, ya que es lo que quieren. Lo malo es que, como en todas las guerras, el ganador -en este caso la entera ciudadanía española- saldrá también escaldado por lo antedicho y deberá asumir su cuota de daño social en forma de paro, en forma de pérdida del PIB, en forma de recaudación fiscal, de cotización a la Seguridad Social y de vete a saber cuántos más quebrantos. Es lo que pasa cuando los lerdos, los ignorantes y los malvados acceden a cotas de poder con las que no debieran ni poder soñar.

Pero esa gente es todo lo que es capaz de dar la política española de hoy.

Cupo infame

De la serie: «Pequeños bocaditos»

En esta tranquila mañana de sábado, tranquila como si fuera la siniestra calma que precede a la tempestad inminente de las fiestas de la VISA, le da a uno por leer el periódico. Nadie es perfecto, oye… Y en él leo que el cupo de inmigrantes para 2007 va a ser de 27.034, unos diez mil más de los del año anterior. ¿Alguien se ha vuelto imbécil o ya lo era de nacimiento?

Hace unas semanas, escuché por la tele una entrevista que le hicieron a uno de los escasísimos políticos decentes de este país (quizá por eso es ex-político), aquel añorado ministro Pimentel, que decía que esa política restrictiva en materia de inmigración legal no conduce a otra cosa que a la creación de enormes bolsas de inmigración ilegal, que estando claro que en los próximos años se van a necesitar cerca de cuatro millones de inmigrantes, la política de los cupos en cuentagotas es un suicidio social porque, evidentemente, las pateras no van a dejar de venir.

Lo que aquí está sucediendo es que hay un cierto sector empresarial que ha descubierto una nueva gallina de los huevos de oro: primero fueron los inmigrantes procedentes de naciones deprimidísimas que aceptaban trabajos durísimos por dos pesetas; después, cuando la situación se hizo escandalosa y al inmigrante hubo que contratarlo en condiciones decentes, se inventó un nuevo tinglado especulativo: el sin papeles, como mano de obra semi esclava (o esclava del todo).

Los políticos ejercen su función a tope: mirar hacia otro lado. Y hacernos mirar a nosotros también en dirección equivocada: nos angustian con el drama humano las pateras y los cayucos que, transportando inmigrantes por decenas, apenas suponen unos pocos miles al año; apenas gotas en el mar de los sin papeles. Pero, mientras tanto, el coladero, el chorro grueso de carne de cañón especulativa entra por los aeropuertos y por la frontera francesa. Así que a nosotros nos atormentan con el rollo paranoico de las tijeritas del neceser o de los líquidos tasados y en bolsa de plástico y los inmigrantes ilegales, provistos de visados turísticos entran por aviones enteros procedentes de naciones que habrían de ser estadísticamente -y no lo son, qué casualidad- los primeros clientes de nuestra industria turística: Ecuador, Perú, Colombia… Y mientras civiles y mossos nos amargan la vida y el carnet por puntos a radarazo limpio, por las fronteras de los Pirineos (especialmente La Jonquera) nos vienen de los países del este europeo -y a diario- ingentes cantidades de autocares abarrotados de ex-combatientes sin otro oficio, de esclavas engañadas y metidas a putas a la fuerza y, por supuesto, también gente normal, trabajadora y honrada, que entra con una cuantiosa deuda pendiente a mil mafias y va a tener que buscarse la vida en lo que sea y como sea. Eso aparte, tenemos el escándalo de los asiáticos -esencialmente chinos- cuyos enjuagues con la documentación generan hasta chistes negros. O de musulmanes que parece que siguen una extraña ruta turca hasta llegar aquí.

Cruzan media Europa -o Europa entera-, pero, tras pasar de largo por países más desarrollados y con mayores oportunidades, su destino final es España. ¿Por qué? La respuesta es obvia: el país del apaño, el paraíso de los sinvergüenzas, el palacio de los especuladores, el campo abonado de los políticos venales… un patio de Monipodio, en definitiva, de medio millón de kilómetros cuadrados. Una juerga, vaya.

Qué triste… y qué merecido.

Sopa boba plumífera

De la serie: «Pequeños bocaditos»

Via Ignacio Escolar llego a una noticia de Terra llego a la noticia de que el Colegio de Periodistas de Catalunya monta su particular entidad de gestión de derechos económicos de autor para recaudar su parte del pastel, parte que les otorga la actual LPI al cerrar el uso libre de la prensa mediante el llamado clipping, es decir, los resúmenes de prensa para empresas, entidades e instituciones realizados por empresas especializadas. La tal entidad de gestión recaudaría por este particular, pero también, según la noticia de Terra, por otros conceptos que ya beneficiaban tradicionalmente a otras bandas de similar caletre: tóner, fotocopiadoras, escáneres y cualquier otro material idóneo para almacenar o reproducir noticias periodísticas.

Por un lado, el asunto me hace cierta gracia: vivir de la sopa boba es algo contagioso y era previsible que, en la medida en que esa porquería de Ley abriera puertas a los vividores, éstos iban a entrar en masa en el invento. De modo que serán más a repartir o sea, obviamente, que tocarán a menos. No es la primera vez que vemos a esas casas de canonicinio pelearse entre ellas por el reparto del botín y parece predecible que podremos gozar próxima y nuevamente con el espectáculo de esa peña desollándose unos a otros. Peor, en todo caso, para los periodistas, como anticipa Escolar en su breve apunte. Ya sabremos a qué atenernos cuando hablen del canon.

Por el otro, la cosa no es tan graciosa. Como se veía venir, la LPI ha desencadenado un movimiento apropiacionsta desbordado. Ahora, por ejemplo, se diría que los periodistas son dueños hasta de los acontecimientos sólo por el hecho de narrarlos en sus noticias. Vergonzoso.

Precisamente cuando también nos llega la noticia de que, vencido el término que marca la ley, las partes discutientes de las tarifas del canon ignominioso (entre las cuales, recordemos, sólo están las empresas productoras de medios y las entidades de la sopa boba, pero no los ciudadanos) no han llegado a un acuerdo. Así, en principio, parecería que la pelota está en el tejado de los Ministerio -digo parecería porque parece que va a hacerse un ulterior intento de negociación en enero- y ya sabemos lo que podemos esperar de los ministerios de Dixie y ¡hombre! del ilustrísimo Clos, el hombre que regaló a la $GAE el local barcelonés que fue el viejo Studio54. Crudo lo tenemos: nuestros euros seguirán escapándose a Andorra, a los chinos (hasta que les metan mano de verdad) a los negritos de los mercadillos y a las empresas -extranjeras- de venta por Internet. ASIMELEC seguirá teniendo motivos para llorar amargamente lo que, en definitiva no sucedió sino por su culpa, por la muy cierta culpa (no exenta de un importante dolo) de intentar quitarse de encima marrones judiciales cargando la factura a los ciudadanos, creyendo que éstos íbamos a picar.

Pues no será con mi dinero, si puedo evitarlo.

Rimas en verso negro

De la serie: «Los jueves, paella»

Un teniente de la escala de reserva
con la polla abría latas de conserva
y un sargento de un Tabor de regulares
con la picha hacía juegos malabares.
El capitán de la misma compañia
por más que lo intentaba no podía.
Moraleja: en materia de cojones
la milicia no admite graduaciones.

Este, ejem, poemita -probablemente una canción pornilla tan habitual en nuestras guaguas de la época del subdesarrollo (a cuyo retorno estamos tan próximos)- lo vi por primera vez recogido en el impagable «Diccionario secreto» de Camilo José Cela. No lo traigo aquí a colación de su calidad literaria, que no la tiene, ni siquiera de su tosca gracia, porque si bien uno puede forzar el cacumen hasta lograr hacerse con la imagen de un individuo haciendo juegos malabares con la picha, mi imaginario no alcanza a resolver el problema de ingeniería aplicada que plantea la posibilidad teórica de que un tío abra una lata de conserva con la polla. Lo traigo aquí como una muestra gruesa de que, efectivamente, en ciertas materias, ni la milicia ni la vida misma admiten graduaciones.

Esa es la razón que hace posible que un perfecto analfabeto tecnológico -ergo funcional- reciba el premio Cervantes, tal es el caso del piernas este, Antonio Gamoneda, asturiano, según parece -para mi mayor inri-, ya se dice que en todas partes ha de haber de todo.

A mí, en general, no me gusta la literatura. Leo mucho, pero poca narrativa: no suelo tener interés en los fantasmas personales y más o menos psiquiátricos de los plumíferos ad usum; o sea que lo justo -justito- de una persona con unos mínimos culturales: unos pocos clásicos de todas las épocas, las típicas lecturas juveniles de Verne, de Marryat y de Salgari, y algunas cositas un poquito elaboradas de lo contemporáneo, pero muy poquita cosa, ya digo, los mínimos. No tengo en cuenta, por supuesto, los best seller que, una vez abandonado el tabaco, ayudan a un buen cagar en domingos, festivos y temporadas vacacionales. Pero sobre lo poco que me gusta la literatura -entendida, así por omisión, como prosa-, la poesía no la aguanto si exceptuamos a Quevedo, al malogrado conde de Villamediana, a cuyo laico patronazgo se acoge esta bitácora, y a Muñoz Seca. Este asunto de expresar sentimientos a base de métrica y de rima, que parece que haya que escribir en una hoja de cálculo, lo veo más artificial que una locomotora y mucho menos elegante.

Así las cosas, no sorprenderá que yo no conociera al pájaro este con montera cuya primera noticia concreta sobre el cual me viene dada por su petición de que la red sea controlada férreamente. Como bien dice mícer Dans, tamaña estupidez no merece sino un envío a hacer puñetas, sin mayores dramas.

Estas cosas las hace la edad. Habrían de dar el Cervantes a gente menos polvorienta. Igual hasta nos interesaríamos y todo.
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Corcuera me caía bien, soy así de raro… Era un individuo primario, de aquellos a los que te imaginas bajándose del coche oficial en una discusión de tráfico y diciéndole al otro -el conductor de un «Audi», pongamos por caso-: «¡A que no te bajas del coche, pijo de mierda, que te parto el careto de dos hostias..!». Hasta tenía la cara, sí: no sé cómo lo habrán tratado los años, pero lo recuerdo con una cara de bruto que no se podía aguantar; sin embargo, al mismo tiempo tenía aquel aire angelical, aquel efluvio de bonhomía, aquel aroma de santa inocencia que sólo puede conferir la ignorancia fundamental, virginal, químicamente pura de todo lo que parezca un alfabeto.

Cuando Corcuera salió con su ley de la patá en la puerta se le echó todo el país a la yugular y a mí me dio pena. Veía aquellos ojillos brillando de sincero asombro e incomprensión porque él -estoy íntimamente convencido de ello- no quería honradamente sino quitarnos de encima a la mafia narcotraficante que tanto daño nos hacía y para ello, nada de mariconás ¿a qué complicarnos la vida? tanto rollo con el fas del juez autorizando la entrada en domicilio y, en el ínterin, a los guindillas les vuela el pájaro. Nada hombre: patá en la puerta y adentro, trincamos a los narcotas y mientras les leen la cosa esta… ¿cómo se llama?… ¡ah, sí: los derechos! el fas del juez ya habrá llegado. Y es que Corcuera era así de sencillo y de noblote el chico; él lo hacía de buena fe. Únicamente no cayó en la cuenta de que hay otros mucho más leídos que con una ley Corcuera como esa sí que hubieran hecho juegos malabares con la picha y con lo que no es la picha: ahí tienes, Luisito, hijo, a tu antecesor, que sin necesidad de ley de patá en la puerta hay que ver la que armó.

Pero ya lo ves: José Luis Corcuera, El Chispas, que le llamaban con ánimo de ofender desde su propio partido (era electricista y no universitario y su cargo era una injuria para mucho inútil con licenciatura), el primario, el bruto, mira por dónde, hizo escuela en sectores mucho más refinados de la jet sociata y ahora resulta que su patá en la puerta vuelve a estar en boga, sólo que, como esta vez los autores de la trapazada sí son universitarios, nada de brutalidad material: solamente conceptual. Así que ahora la patá será digital y por eso el anteproyecto de LISI (Ley de medidas de impulso de la sociedad de la información, es que manda narices) establece, entre otras monadas, que las páginas web podrán ser cerradas por órgano competente y, encima, responsabiliza a los proveedores y motores de búsqueda de los contenidos que alberguen bajo su dirección, autoridad y control, o sea, bitácoras, por ejemplo, o enlaces a otras páginas. Es de locos.

De locos y de analfabetos porque la Constitución para otras cosas no, pero para esta está más clara que el agua, apenas hace falta interpretación:

Artículo 20
1. Se reconocen y protegen los derechos:
a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
[…]
2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.
[…]
3. Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial

O sea: hablar de que las webs podrán ser cerradas por órgano competente, bien entendiendo que éste no puede ser sino judicial, es una estupidez por redundancia; ya lo dice la Constitución y ello, por tanto, no tiene por qué ser refrendado por ley alguna de rango inferior. Si lo que se pretende es que el órgano no sea judicial, el choque contra lo expresa e indudablemente mandado por la Constitución es tan evidente, tan de cajón, tan axiomático, que habrá que preguntarse con qué tipo de culo pensaron esta norma los botarates de sus redactores y quienes, empecinadamente, aún la sostienen así en el anteproyecto. De burros. Es que no tiene otra palabra. Y todos estos cerebritos académicos se reían de Corcuera, hay que joderse…

Los padres de la Constitución se dedicaron con aquella alegría predemocrática a la construcción de una libertad de expresión maravillosa pero de cartón piedra: lo que hicieron, en realidad, fue cubrir sus intereses mediáticos presentes y futuros, a perfectas sabiendas de que, faltos de medios, los ciudadanos jamás podríamos ejercer efectivamente esa libertad. Pero vino Internet y el cartón piedra se hizo carne y espíritu; y se levantó para atizarles en su sucia jeta. Ahora no saben cómo hacerlo para volverse a apropiar en exclusiva de un valor tan importante que a cada día que pasa amenaza con más vigor su medro y que, por primera vez en la Historia, ha dado, de verdad, la voz a los ciudadanos.

Para los políticos, ya es demasiado tarde. Por más tonterías que hagan.
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Ayer estuve viendo la gala de las 50 imágenes de TVE más votadas por el público (sin notario que lo certifique, qué alergia les tienen todas las cadenas a los notarios desde que las audiencias privan tanto). Por otra parte, a cualquier cosa llaman gala: un Hermida ya muy crepuscular -ni sombra de lo que fue- y un centenar de figuritas, figuretas o figurones que se dedicaron a dar las buenas noches y poco más.

Por lo demás, una cosa muy anodina y muy distinta a lo que hubiera podido o debido ser. Me parece muy bien la muerte de Franco, de Carrero o el 23-F: son imágenes propias de TVE. Lo del chinito frente al tanque ya no sé a cuento de qué viene (siempre en el estricto contexto TVE). En fin, ya se dice que para gustos los colores. Y, curiosamente, sí que encontré acertada y obvia la imagen presuntamente más votada, la number one: el conjunto de las que se sucedieron con ocasión de la muerte de Miguel Ángel Blanco, aquellas cuarenta y ocho horas que precedieron a un asesinato repugnante escenificado casi como una ejecución a la americana, aunque imagino que ya le hubiera gustado a Miguel Ángel, de perdidos al río, ser acompañado en sus últimos momentos por la hermana Helen Préjean. Ni eso tuvo y fue abatido a la soviética. Así de finos son los angelitos tan caros a Otegui.

No es la primera vez que dio que la negociación con ETA no es más que la negociación de condiciones para una rendición (que ETA quiere disfrazar de armisticio). Porque en realidad, ETA ha sido derrotada: derrotada por la ciudadanía, derrotada por todos los gobiernos españoles y por todos los partidos políticos actuando a una (bueno, hasta hace unos meses), derrotada por el sacrificio de un millar de ciudadanos, derrotada por unas fuerzas policiales que no han cejado en su empeño y en una eficacia creciente, y derrotada, en fin, por la propia inanidad de sus objetivos, asfixiados cada vez más en un mundo globalizado y en una Europa al alza.

Pero si hubiera que ponerle nombre a la derrota de ETA, un solo (injusto en esa soledad, desde luego) y significativo nombre, yo no vacilaría: Miguel Ángel Blanco. Su asesinato supuso un punto de inflexión que cambiaría muchas cosas: a partir de ese horror, la ciudadanía vasca venció su mido y su parálisis y desde ese momento, la caída de ETA -ya franca e irreversible- se tornó desplome.

Me hubiera gustado que TVE hubiera elegido como imágenes significativas dentro del ámbito del asesinato de Miguel Ángel unas muy especiales que a mí me impactaron mucho: las de masas de ciudadanos vascos dispuestos a asaltar sedes de Batasuna (en Pamplona creo que llegaron a hacerlo, más allá del simple intento) y los ertzainas que las acordonaban quitándose los pasamontañas, quedando a cara descubierta y aplaudidos a rabiar por esa multitud. Esa imagen sí que fue muy representativa de lo que iba a vernir después: ese quitarse el pasamontañas como símbolo del fin del miedo. Me importáis tres cojones, so cabrones: aquí tenéis mi cara.

ETA siguió asesinando pero ya no consiguió recuperar el control de la sociedad vasca a través del miedo. El terrorismo, como tal, en sí mismo, había fracasado: habían apretado tanto la tuerca que la pasaron de rosca.. Sólo les quedaba tomarse el tiempo necesario para irse convenciendo de que todo había acabado ya y, una vez convencidas las cúpulas, pedirle árnica al Gobierno español e intentar salvar los muebles de una honra tan simplemente aparente como imposible.

Sí, solamente por esas escenas valió la pena aguantar toda la plasta.
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Último jueves de este otoño tardíamente fresco que nos ha tenido prácticamente en manga corta casi hasta la Inmaculada. Salvo, claro está, a los merluzos que en vez de mirar el termómetro miran el calendario y para el Pilar ya se forran con el abrigo de pieles así rabie el mediodía a 28 grados.

El próximo jueves será 28 de diciembre y anticipo a mis lectores que no esperen inocentada. La hice el año pasado -y la hice con placer- pero este año (y ya me parece que los sucesivos) estoy harto de pachangas pseudonavideñas para alegría de las grandes superficies y desprovistas ya de todo significado a beneficio de quienes no tienen la menor razón ideológica para celebrar estas fechas y de la [anti]estética de ese maldito botijo con barretina inventado por la puta cola.

También será el último jueves del año y ese día veremos si eso llega a tener -al menos a los efectos de «El Incordio» y de esta paella– alguna trascendencia.

Que mañana vaya bien. O que haya salud, que es lo único que racionalmente cabrá esperar y desear. Sobre todo, después del sorteo.

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