Monthly Archives: marzo 2007

CERRADO POR DESCONEXIÓN

Esta bitácora permanecerá cerrada hasta el próximo 10 de abril, aunque es probable que a partir del día 2 haya entradas de contenidos a modo de pruebas. Y también es probable que no haya entradas y que esto no vuelva el próximo 10 de abril, más abajo veréis por qué.

Pido sentidamente a mis lectores -los siete u ocho de siempre y los respetables transeúntes ocasionales- millones de disculpas, petición que baso en las siguientes:

Excusas y pretextos

1. Estoy desconectado. Tengo el sublime placer de experimentar uno de esos gratos momentos de holganza digital que a todo español acontecen cuando cambia de proveedor de Internet (ISP). Gracias a una sucesión de gobiernos de baratillo de pueblo (en la misma proporción centrales, autonómicos, locales y corporativos, de derechas y de izquierdas, nacionales y nacionalistas, de arriba y de abajo, del centro y de p’adentro), a unos políticos que son, en su práctica totalidad -con excepciones raras y cada vez en inferior número-, una pandilla de cagapalanganas, de inútiles, de exponentes de las más altas cimas de la idiocia y, encima, unos sinvergüenzas venales, entregados a cualesquiera intereses que no sean los del pobre ciudadano de mierda que los alimenta opíparamente, gracias a todo lo cual, decía, aquí hay unas cuantas empresas (y entidades que no son empresas y que están en la mente de todos) que hacen lo que le sale de los cojones a sus prebostes, propietarios y demás indeseables, a su gusto, ganas y unilateral criterio, contra toda ley, derecho y orden cívico; empresas que no vacilan en avasallarnos -es decir, en hacernos vasallos suyos- a las que no pagamos servicios (sería, en todo caso, oro a cambio de mierda) sino, simplemente, el tributo, pecho o importe confiscatorio que les sale de los cataplines ante la sonrisa complaciente y capona del pisacharcos de turno del partido correspondiente.

En todo caso, está claro que, privado de conexión, estoy también privado de la información y de la documentación necesaria para llevar adelante «El Incordio».

2. Estoy agobiado por un CMS cada día más malo (ya le vale a Google). De todos modos, tras la fatal experiencia de Bitacoras.com (que alojó «El Incordio» durante el 2005 y que no ha sido batida siquiera por el mediocre Blogger) ya me propuse planificar una migración hacia un espacio propio y Blogger constituyó desde el principio una solución provisional. Por tanto, tan pronto tenga conexión de nuevo, ejecutaré sin más dilación la migración que tenía prevista para el pasado fin de año y que, por razones que no son del caso, no pudo ser, y no pudo serlo hasta tal punto que ni siquiera pude cumplirme a mí mismo con el plazo máximo que me había propuesto, el fin del mes de febrero. Esta migración será a un servidor privado que me cede amablemente el espacio necesario y una serie de recursos técnicos para ello. «El Incordio» pasará, a partir de esas fechas a motorizarse con WordPress. Tendré que aprender esta aplicación desde el principio por lo que, sin duda, habrá imprecisiones y fallos por los que pido, ya anticipadamente, disculpas y mil perdones; pero, al menos, las imprecisiones y fallos serán por causa mía, no de terceros (pagaré, pues, por lo que me beba yo, no por lo que se beba otro). En todo caso, estoy seguro de que para antes del verano -y espero que bastante antes- «El Incordio» funcionará como un reloj.

Aprovecharé de paso para realizar una modificación sustancial en la hoja de estilos, o sea que es fácil que inicialmente os sorprenda el aspecto, aunque espero que la impresión, aunque inevitablemente chocante, os resulte grata. No habrá modificación de contenidos ni de orientación general. Aunque no descarto algunos muy pequeños cambios en la estructura o clasificación de los artículos, «El Incordio» seguirá siendo -y más que nunca- una bitácora dedicada a la promoción y defensa del conocimiento libre y al ataque sistemático y lo más duro, rudo e incisivo que esté a mi alcance, por poco que ello sea, contra el apropiacionismo ladrón de nuestro patrimonio cultural ancestral. Por supuesto, los jueves seguirá habiendo paella y cada cuando me dé por ahí (y me dará frecuentemente, visto el patio) seguirá habiendo pequeños bocaditos con comentarios de todo tipo -no necesariamente del constitutivo del leit motiv de la bitácora- que no puedan esperar a la paella del jueves o que, por cualquier razón, no tengan cabida en ella.

Lo que sí habrá es un cambio de orientación en la tipografía, que, casi sin darme cuenta, ha ido siendo con el paso del tiempo más barroca y recargada. Abuso demasiado de las cursivas y de las negritas y eso, además de antiestético, casi me parece como tomar al lector por tonto: aunque en esta entrada lo hago (quizá por última vez) no veo por qué la paella tiene que ir en cursiva. Mis lectores tienen un alto nivel intelectual (si no, no me leerían, je, je) y no necesitan una cursiva para darse cuenta de que no se está hablando de gastronomía sino de mi cotidiana artillería de los jueves. Les basta -y hasta sobra- con el contexto. Así, pues, reservaré la cursiva para los barbarismos y germanías, las citas latinas, las citas literales de textos y poco más. Tampoco prescindiré completamente de la negrita, pero sí la restringiré y reservaré para casos en que quiera que quede claro más allá de toda duda que escribo gritando como un poseso.

Por cierto, que me gustaría que aprovechárais esta pausa para que me indicárais vuestras preferencias respecto de un tema que suscitó discusión -pero no obtuvo solución- durante el I Encuentro Nacional de Internautas que, como recordaréis, se celebró en León en junio pasado: el target blank, es decir, el tag que hace que un enlace se abra en una ventana distinta. ¿Qué preferís? ¿Que cuando pincháis un enlace en uno de mis artículos se abra una ventana -o una solapa- nueva en vuestro navegador y conservar así el frente de la bitácora o bien os gusta más que al pinchar el enlace éste sustituya a la fachada de «El Incordio»? Como no es una cuestión que afecte a la personalidad de la bitácora, me someteré gustoso a vuestra decisión.

Otra noticia relativamente mala (relativamente, porque a la mayoría os va a importar un pimiento): fallece «l’Escullera», mi otra bitácora, escrita en catalán. De hecho está en muerte cerebral desde su última entrada a mediados del pasado mes de octubre. Con «l’Escullera» me debatí entre el miedo de no poder mantenerla y el deseo de escribir también en catalán. El primer asalto lo ganó el deseo y la abrí; pero el segundo y definitivo ha dado la razón a mi miedo y se ha venido abajo cuando apenas era un bebé. De modo que sólo queda proceder a su entierro.

Me sabe mal, realmente mal, pero lo cierto es que toco muchas teclas y a todo no llego. El día sólo tiene 24 horas, el trabajo me pide nueve o diez (contando, claro, las idas y venidas), mi santa me exige cinco horas de sueño como mínimo -y a veces aún le escamoteo alguna- y tengo unas hijas con las que hay que convivir y charlar. Todo eso aparte, tengo un cierto nivel de compromiso con un sindicato que es un santo y me pide poco y, encima, por favor, pero un alguito hay que dedicarle; y, por más Internet que tenga, desde antiguo he contraído el compromiso frente y contra mí mismo de leer un mínimo -en libro, se entiende- cada día: aun en este siglo XXI -y supongo que todavía durante los próximos años- el libro es el instrumento imprescindible para soslayar la pollinez que, taimada e incansable, nos acecha constantemente y nos acomete inmisericorde tan pronto cerramos el volumen y lo mantenemos así demasiado tiempo. O sea que me queda disponible el tiempo justo para participar activa y decentemente en la vidilla de la Asociación de Internautas, de Hispalinux, de dos o tres foros en los que participo y de algunas bitácoras y páginas web de referencia (de mi referencia) que sigo a diario… o más o menos. Y está «El Incordio», por supuestísimo.

Mantendré abierta «l’Escullera» un tiempo por si queréis bajaros algún contenido y después le daré el cantazo.

Finalmente, una súplica. «El Incordio» tiene un dominio:

http://www.elincordio.com
Usadlo por favor, aunque luego redirija a otra URL. No utilicéis la URL real si no es para dirigir a vuestros lectores a un artículo concreto de mi bitácora pero, en vuestras columnas de enlaces, apuntad siempre al dominio y, de esta manera, por más que cambie la ubicación de los contenidos, el enlace siempre llevará a la ubicación actual. Incluso veo en algunas bitácoras que el enlace a «El Incordio» aún apunta a Bitácoras.com, que es el CMS que abandoné hace ya más de un año. Me da pena perder lectores -inevitable, por otra parte, cada vez que hay un cambio de estos- por causa de esa pequeña pereza (de la que yo también me acuso, ojo) a la hora de actualizar los enlaces. Precisamente para eso me gasto una pasta en el dominio; no es mucha pasta, desde luego, pero, si ha de ser inútil, mejor me la gasto en cerveza ¿no os parece?

En fin, que tengáis un buen fin de trimestre, que descanséis -en casa o fuera de ella- esta Semana Santa, y ojo con la carretera que el día 10 de abril (el 9 es fiesta en Catalunya) os quiero aquí a todos fichando en un «Incordio» renovado y con más ganas que nunca.

Un abrazo a todos y hasta pronto.

La España de la $GAE

De la serie: «Correo ordinario»

Parece que hoy está alborotado el gallinero con el asunto este del canon que, contra la oposición unánime de la ciudadanía, nos van a meter a la trágala Clos y Dixie, que van a lograr pasar a la historia como dos de los ministros más nefastos del reinado de Juan Carlos I; y si Dixie llevaba tres años acumulando méritos, no es menos notable lo de Clos, que va a lograr alcanzar las más altas cotas de la miseria política en unos poquitos meses. Claro que llevaba un porrón de años destrozando una ciudad como Barcelona y esto, a la hora de cometer despropósitos, curte lo suyo.

Decía que hay alboroto y, efectivamente, la cosa viene en muchísimos medios, en prácticamente todos, e incluso «ABC» y «El Mundo» le conceden a la cuestión honores de editorial. Parece -ya era hora- que el asunto de las firmas de Todos contra el Canon ha impresionado lo suyo, aunque ha tenido que sobrepasar el millón para lograrlo: se diría que todos y cada uno de los centenares de miles de firmas que se han ido acumulando en el curso de relativamente pocos meses no han tenido demasiada importancia -hay que hacer la salvedad de honrosas excepciones- y que el número mágico es el millón.

Pero ya es tarde para los alborotos. La guerra se perdió el día que se promulgó -sin votos en contra: recordémoslo a la salud de todos los partidos y de todos los políticos- la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual y entregó el poder y la pasta a los vividores, a los vagos, a los comedores de la sopa boba. Uno de estos -no sé si incluso el propio don Teddy- tenía el morro de decir el otro día que España no producía tecnología, que producía arte. O cosa parecida. En todo caso, un perfecto dibujo comparativo de este deprimente país de ajo rancio y pies sudados: Alemania tiene Siemens y España tiene la $GAE. Efectivamente: ¿para qué inventar? Ya tenemos a Víctor Manuel y a su abuelo que era picador, al niñato de los [ex]ricitos y al Fary. Cojonudo. No sé por qué perdemos el tiempo con tantas gaitas de innovación y demás… Pero que conste: la guerra hubo que haberla librado antes de la proposición de ley que ha llevado a esto: las coaliciones de empresas pichaflojas firmadoras de acuerdos privados con el enemigo se despertaron tarde y mal. Y aún tengo serias dudas sobre la limpieza de intenciones de unas cuantas integradas en AETIC. Hasta ese tardío momento, estuvimos solos la Asociación de Internautas, Hispalinux, dos o tres más y, eso sí, millares de ciudadanos en red que durante más de cuatro años han clamado, tan incesante como inútilmente, contra esa atrocidad.

Ahora se cierne una nueva amenaza económica para el país del ajo y de los pies: como el mundo es un mercado global, resulta que podemos comprar por Internet. Que podemos comprar por Internet… sin canon. Ya lo íbamos haciendo con los DVD y CD vírgenes: compramos a través de la red o lo hacemos traer al amiguete que va a Andorra o a Portugal… o incluso a Francia, donde hay canon pero es un pequeño porcentaje sobre el precio del artículo (nada de horas de música). Ahora lo haremos también con el resto de artículos tecnológicos. De modo que ya podéis ir mirando escaparates porque, a la vuelta de pocos meses, todos estos televisores, MP3, reproductores de DVD con y sin disco duro, memorias flash y todo lo demás, quedará reducido a una patética colección de planchas a vapor, máquinas de afeitar y secadores de pelo. Ayer ya había noticias de empresas -extranjeras, claro- que preparaban sus infraestructuras (idioma y demás) para hacer su agosto en el mercado virtual español.

Por supuesto que esos escaparates que se derrumbarán -y morirán, a la postre- en olor de artículos de marujeo y línea blanca serán los del pequeño comercio: las grandes superficies tienen suficiente poder como para plantar cara a las $gaes y similares hierbas y obligarlas a precios especiales, acaso simbólicos. Precisamente en el tema de los DVD y CD son los únicos establecimientos que aún venden (y que se niegan radicalmente a hacer constar el canon en la factura). O sea que, aparte de los de la sopa boba, los grandes beneficiados en toda esta cuestión serán las grandes superficies (y las tiendas de chinos, que, según parece, pasan de todo y nunca -qué casualidad ¿por qué será?- resultan beneficiadas con la visita de un secuaz a sueldo de la $GAE) y los grandes perjudicados -perjudicados hasta la desaparición material de sus negocios- los pequeños comerciantes. Los ciudadanos seguiremos comprando a través de Internet y los que no lo han hecho nunca tendrán que empezar a hacerlo si no quieren regalar grandes montones de pasta a los de la sopa boba; he aquí, pues, una nueva misión para las asociaciones de consumidores y para la propia Asociación de Internautas: confeccionar clasificaciones públicas de seriedad de empresas en red y recoger críticas, agravios y, por supuesto, buenas prácticas.

La normativa del canon ha sido impugnada en instancias europeas, pero las instancias europeas están cagadas de miedo porque el tema es peliagudo: las poderosísimas sociedades de gestión no se van a dejar quitar un caramelo tan grande y sabroso; pero los países sin canon no van a tolerar que se lo endiñen así como así y sus ciudadanos, menos; algunos pequeños países sin canon, como Luxemburgo, obtienen sustanciosos crecimientos de PIB gracias al comercio de su material, libre de gravámenes privados, con los países que sufrimos esa lacra. Por eso la Comisión Europea abandonó, a la espera de tiempos mejores, su proyecto de unificar, en un sentido o en otro, el tema del canon europeo. Y la cosa va para largo.

Mientras tanto, de los países canonizados, España ya es, en estos momentos, el que más paga a los faranduleros, trompeteros y demás ralea (y les paga, recordémoslo, por nada); después del decreto de Clos y Dixie el récord se elevará a cimas a las que jamás se acercará ningún otro país.

En este, mientras tanto, ya cayó el sector industrial del soporte digital; ahora caerá, de forma inminente, el del comercio de la maquinaria digital de consumo y diez minutos después le seguirá la industria que aún le quede. Deslocalizaciones, despidos, prejubilaciones (que pagaremos entre todos), poblaciones enteras privadas de la industria o de la empresa que les da casi razón económica de ser… Esta es la España de la $GAE.

Había otra, pero no la supimos defender. Ahora, habrá que llorarla.

Fraude, víctimas y canon

De la serie: «Los jueves, paella»

Nota previa – Como véis, esta paella ha subido en viernes, pero esta vez no ha sido culpa mía: ayer, algún botarate de Blogger debió estar toqueteando el CMS y no me dejó subir la paella so pretexto de HTML no válido (no había un solo tag que no hubiera puesto en otras ocasiones). Bueno, ya tomaré decisiones cuando se normalice todo, porque tengo muchos frentes abiertos ahoramismo. De momento, ahí va…

____________________


Se confirma, por si aún hubiera lugar a dudas, el el fraude mediático de los ocupas (sin K) del piso de la calle Urgel. Tal como ya adelanté en su día, no sólo el propietario del piso no era un padre de familia normal y corriente al que habían usurpado la vivienda cuando, pobrecito, se disponía a adecentarla para su propio uso, y sí más bien un miembro de la familia de especuladores propietaria de todo el inmueble, sino que, además, los ocupantes (ahora ya no sólo sin K, sino también sin cursiva) lo eran a justo título. La juez ya se olió algo así pese a que ordenó, no obstante, el desalojo de la familia usuaria de la vivienda.

Tejemaneje mediático y sin duda municipal, porque si el matador fue la prensa, el impulso está más claro que el agua que vino del lado mar (¿o quizá también montaña?) de la plaza de Sant Jaume, como culminación de una campaña destinada a aplacar los temores de la jauría especuladora que dura desde el pasado verano y que ha supuesto un peldaño en la escalada de la rapiña que sufre la vivienda de un tiempo ya nada corto a esta parte y que consiste en alarmar a la ciudadanía en sus propios, modestos y poco o nada agredidos intereses a la vista de que la criminalización pura y dura de los okupas (esta vez con K) no sólo no había funcionado sino que incluso había contribuido a una mayor simpatía ciudadana hacia ellos, al verlos como un polo opuesto, como un antagonista, a la sinvergüencería del ladrillo que, esa sí, está masacrando a los ciudadanos normales, a los jóvenes que no encuentran piso en el que fundar su proyecto vital y a sus padres que, lógicamente, se angustian (y pronto, me temo, podré emplear la primera persona) ante el problema que viven sus hijos.

Está claro, por otra parte, que la prensa barcelonesa (como mínimo la de papel: no sé los demás porque sigo poco la radio y casi nada la tele) se ha cubierto de verdadera mierda. Y no sólo eso: no ha podido leerse en ella ni una mísera línea de rectificación, de disculpa, ni siquiera de achique de cubos de responsabilidad ante lo que ha sido una clara, premeditada y alevosa campaña de intoxicación. Sobre la falta de vergüenza del engaño que han proyectado sobre la ciudadanía barcelonesa, se añade otra nueva falta de vergüenza al seguir como si tal cosa, como si ésta no fuera con ellos, al destaparse la olla. Después se quejarán de que las ventas bajan, de que la gente se echa como loca sobre los confidenciales digitales y sobre la blogosfera, a los que, encima, tienen el inmenso morro de acusar de no ser rigurosos, mira quién habló, el que la casa honró. Ya pueden ir convirtiendo los kioskos en tiendas de todo a cien, en feliz expresión de lamento no recordar quién… Y, por cierto, viendo los precios a los que venden sus gadgets y las obligaciones de compra que imponen para acceder a ellos, lo de a cien es bastante relativo… o será que se refiere a euros.

Por lo demás, la apisonadora especulativa sigue adelante y con la directa puesta arrasando proyectos jóvenes, pero también la superviviencia de los ancianos, sobre todo de los que tienen la desgracia de ocupar (nuevamente sin K y nuevamente sin cursiva) apetecibles fincas -y, con ellas, sus solares- en el casco antiguo de Barcelona, terrenos muy cotizados por la plusvalía que generarán una vez se limpie el barrio (limpiar = expulsar a inmigrantes, ancianos, pobres locales y otras gentes de mal vivir para apropiarse de sus pertenencias o de sus derechos de inquilinato). Precisamente aparece en la prensa de hoy que en Barcelona tenemos en pie más de un centenar de casos de acoso inmobiliario que duermen el sueño de los justos en montones de juzgados mientras el potente achuntamén mira descaradamente para otro lado o, encima, hace gala de la eficiencia de sus servicios sociales.

Mientras tanto, silencio, mucho silencio. Que nada turbe la tranquilidad de las aguas de superficie, de sus inmóviles nenúfares y de sus majestuosos y lentos cisnes. No importa que, dos o tres metros por debajo, los cocodrilos devoren inmisericordemente a toda la fauna y se apropien a saco del estanque con el nihil obstat municipal. No importa siempre que haya calma y silencio en la superficie. Que vienen las elecciones, poca broma. Tiempo habrá después, cuando hayamos vuelto a tomar el pelo electoral a los mierdas de los ciudadanos, para sacar a los antidisturbios y para hacer, impune y descaradamente, lo que nos dé la puta gana. Sépase: el 24 de marzo, el último fin de semana del mes, a la calle otra vez para defender el derecho a la vivienda del que se carcajea la Constitución.
Aquí estará la convocatoria y aquí habrá más noticias.
____________________


Contemplo, a una cierta distancia, el juicio por el caso del 11-M. No tengo inconveniente en decir que el juicio, como tal juicio, me importa un pito porque yo ya tengo mis propios hechos probados y mis propias culpabilidades; mis sentencias no porque… ¿para qué, si tampoco iba a poder ejecutarlas?. La ventaja del fuero interno es que no necesita presunciones de inocencia ni otras zarandajas jurídicas, sumamente necesarias en la justicia humana del mundo real, desde luego, pero pura burocracia en esas dos o tres ocasiones en que uno ve perfectamente claro lo que hay; y, si se equivoca, el fuero interno pide excusas al fuero interno y aquí no ha pasado nada. ¡Qué gran cosa, esto de la intimidad! Por algo quieren quitárnosla.

Únicamente como simple curiosidad, me divierte ver cómo se va desmoronando (era previsible y, además, no se sostenía) todo el tinglado de intoxicación que había montado la perrera (¡qué calladita está ahora con lo del 11-M, qué bien les ha venido lo del criminal De Juana!) y tampoco está mal, como película de risa, el patético -y evidentemente inútil- desvío de balones de los hijos de Alá que están en el banquillo.

Hay una cosa que sí me apena de todo esto: el derrumbamiento de la autoridad moral de las víctimas del terrorismo y, más concretamente, de las que cuelgan de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Antes, presidía el tinglado una señora que, con sus posibles errores y aún con cierta escora a la derecha, se trataba de una señora muy normal que presidía normalmente una asociación muy normal que llevaba adelante sus fines asociativos de una manera no menos normal. Pero, un día, esta señora se fue -o la echaron, no sé- y pusieron en su lugar a ese impresentable llamado Alcaraz. Y desde aquel día, la AVT entró en la jaula de la perrera y allí se quedó. No importaba que, por su propia esencia sociológica, la AVT derivara un tanto a la derecha. Sí importa, en cambio -y mucho: hasta la desautorización misma-, ese entregarse al servicio de un partido frustrado por una derrota electoral que siempre ha interpretado -estúpidamente, por cierto- como una usurpación y que no tiene escrúpulos -ni las mismísimas razones de Estado, de Estado de verdad- en sus maniobras para recuperar el poder al precio que sea. Y que se ha cargado por las buenas el consenso terrorista que, históricamente, jamás antes se había quebrado; quiebra que se acentuó con el pánico producido por la posibilidad de que el adversario alcanzara una victoria de dimensiones históricas como sin duda lo hubiera sido lograr el fin del terrorismo manteniendo bien alto el estandarte de la dignidad ciudadana; jamás: había que crackear el invento como fuera.

El daño es enorme. Enorme, por supuesto, para el común de las víctimas del terrorismo -encuadradas o no en la AVT- cuya solvencia en calidad de tales se ha caído completamente. Pero enorme también para el resto de los españoles. Sí, para todos los demás también, porque las víctimas materiales del terrorismo constituían -como debieran- un referente moral para todos. Digo «víctimas materiales» porque, de un modo u otro, víctimas del terrorismo lo somos todos los ciudadanos españoles y, por ello, la presencia, el estar ahí, de quienes sufrieron la lacra en carne propia o familiar, nos ayudaba a escenificar un trauma que nuestra propia psicología, como en un acto de defensa propia, intenta siempre ir menguando, sobre todo en los momentos en que pasan meses sin atentados. Esto está perfectamente descrito por los estudiosos del comportamiento colectivo.

Pero ahora las víctimas del terrorismo se han derrumbado como escenografía moral que sostenía nuestra propia victimización y, faltos de ella, podemos entrar -ahora sí, realmente-, en una especie de síndrome de Estocolmo que nos lleve a admitir unas negociaciones que pudiera ser -no digo que vaya a ser- que no fueran todo lo honrosas que debieran para nosotros. Estamos a un año justo -a todo estirar- de unas elecciones generales y las prisas llevan a cometer disparates; más aún si los que están en situación de cometerlos llaman la atención por su muy deficitario cociente intelectual. Carentes de ese freno moral, de esa consciencia de ser víctimas que la presencia de una AVT garantizaba -y ahora ya no- los ciudadanos, en nuestra ciega molicie, en nuestro suicida menfoutisme, podemos aplaudir a rabiar cualquier manera de terminar con el mal rollo. Aunque nos cueste la dignidad misma.

Señores Rajoy (y compañía) y Alcaraz: estupendo servicio a España.

____________________


No es un tema muy paellero, sino más bien de contenido común de «El Incordio», pero es inevitable la referencia: el ínclito Clos, ministro de Industria y… Justicia, a través de alguno de sus voceras (me parece que el director general para el Desarrollo de la Sociedad de la Información, nada menos y chúpate esa) ha anunciado que la decisión sobre el canon digital, ese atropello que van a practicar sobre todos los ciudadanos (y que los ciudadanos se tienen bien merecido por mansos), se retrasa y para ello van a retorcer y desvirtuar lo que haga falta la ley y aunque esta les obliga a publicar un decreto antes de que termine este mes, han encontrado un agujero salvador en la Ley de Procedimiento Administrativo… de 1958: algún orificio que debió dejar abierto la de 1992 reformada en parte en 1994 y vete a saber… Parecería que Clos y Calvo andan a la greña y no acaban de llegar a un acuerdo.

Mira: no sé por qué, pero lo dudo. El único y verdadero problema que tienen esos dos es que hay unas municipales y autonómicas a la vuelta de la esquina, que esas elecciones no pintan nada bien incluso en feudos tradicionales (en algún caso, gracias al propio Clos: Barcelona se queeeemaaaaa, se queeeema Barcelooooooonaaaaaaaaa, ja, ja, ja, ja). O sea que hay que marear la perdiz y alejarse de cuestiones conflictivas… pues hasta lo mismo que he dicho por ahí arriba: hasta que el ciudadano de mierda haya hecho el panoli votando. O sea que nada de dramas inmobiliarios, nada de cánones ni de propiedades intelectuales, nada de nada… Soslayado el insoslayable plazo legal -hacemos lo que nos da la gana y a quien no le guste que se joda- entramos en la beatitud penitencial de la Semana Santa y con un poco mas de ánimo nos metemos ya en campaña electoral. En la vorágine esta, el tema se olvidará, porque la oposición también está entregada de pies y manos al oro de la sopa boba y el asunto no aparecerá en campaña.

Y todos a tragar, claro…
___________________


Hasta aquí hoy. El próximo jueves, 22 de marzo, primavera ya (nos habrá entrado el día anterior). A la astronómica, me refiero: la climatológica yo creo que estamos aún en la del año pasado, que sólo se apartó un poco para que entrara el verano en casa tres mesecitos y ahí se quedó, tan a gustito, como decía aquel. Igual que las cigüeñas, que ya no migran, con lo bien que se está sin moverse de casa.

Bueno, llueva, nieve o haga sol (cosa esta última más probable), aquí estaremos para seguir encabronando el ambiente, a ver si podemos devolver a los hijos de puta que todos sabemos un poquito siquiera de la mala sangre que nos endiñan a nosotros cada día.

Y que no decaiga.

Mí no saber

De la serie: «Correo ordinario»

La industria fabril clásica, tradicional, desaparece en Occidente. Esto que llamamos deslocalización no es ningún virus ocasional ni, en puridad, un producto de la sinvergüencería empresarial -aunque ésta no debe descartarse nunca- sino un signo de los tiempos, una evolución económica y, consecuentemente, social. No volveremos a ver grandes centros fabriles con centenares, quizá miles, de obreros entrando al toque de la sirena; es más: ni siquiera se verán en las denominadas economías emergentes, llamadas a asumir esa producción que nosotros perdemos, porque incluso la morfología industrial está cambiando sustancialmente. Las cosas funcionan hoy de otro modo y eso puede gustarnos o no, pero es así.

En una primera fase, la cosa es dolorosa: despidos masivos, gente con muchos años dedicados a una empresa es puesta de patitas en la calle y, con excesiva frecuencia, sin armas profesionales para sobrevivir en el mercado -así le llaman- de trabajo. Se acabaron los sueldos de mil doscientos euros por apretar tornillos. Peor aún: se acabó -aquí, en Occidente- pagar sueldos, ni de mil ni de quinientos, por apretar tornillos: eso es cosa de chinos, de taiwaneses, de thailandeses y demás eses. Su nivel de vida ínfimo permite sueldos muy bajos, los únicos que hacen asumible el apretón de tornillos en los cada vez menos lugares y cosas en los que no sea posible que lo haga una máquna; y, como a los españoles -hay que recordar que una vez fuimos nosotros los beneficiarios de otras deslocalizaciones-, la alegría les durará una generación (no creo que llegue a las dos que nos ha durado a nosotros): tan pronto el nivel de vida asiático se ponga a nivel, los responsables de costes de producción mirarán hacia África -siempre que el SIDA y el hambre no hayan liquidado a todos los africanos- y los ya occidentalizados asiáticos tendrán que buscarse la vida como ahora nosotros.

Bueno, todo eso es llevar la mirada demasiado lejos y las variables que pueden producirse de aquí a entonces son muchísimas, si no infinitas sí, desde luego, incontrolables. Un simple ejemplo: ¿qué ocurrirá si Occidente se independiza del petróleo -que, buscado o no, va a ser el resultado de eso del cambio climático– con los países, básica pero no únicamente árabes, cuyos ingresos dependen del oro negro? ¿Constituirán la mano de obra de recambio de unos asiáticos con sueldos ya para entonces insufribles? ¿Incendiarán el mundo en una revuelta generalizada de descomunales proporciones de la que el 11-S no habría sido más que un microscópico indicio?

Pero hay un presente que ya es problemático: un número importante de trabajadores fabriles está perdiendo su empleo sin estar en condiciones de asumir otro por falta de formación. Incidentalmente: la mayoría de los que están en esta situación son mujeres. Todos ellos se ven abocados a empleos para los que tienen una competencia feroz en los inmigrantes, empleos que sólo pueden conseguir aceptando salarios que, en un primer momento, están por debajo del montante de la prestación por desempleo. Pero… ¿y después?

España es un país muy malo para la innovación. El famoso «¡Que inventen ellos!» no fue sino un sarcasmo de Unamuno, pero fue recibido y asumido -¡y aplaudido!- en su más seria literalidad. El español se distancia del avance tecnológico o científico como si no fuera con él, como si fuera cosa de majaretas, de inmaduros o de altísimos especialistas, pero cosa ajena, en todo caso. El desprecio ignorante y desconfiado que se esconde detrás del «¿y ezo pa qué é?» que ya anticipa un encogimiento de hombros ante la respuesta, por cabal y razonable que ésta sea; el «yo, de ordenadores, no entiendo» dicho no con vergüenza ante esa ignorancia sino con altivez y orgullo, como si entender de ordenadores fuera cosa de bajo jaez, poco digno de altas alcurnias. Todavía hay quien no entiende de ordenadores, aunque parezca increíble, pero hasta no hace mucho, miles de estúpidos con corbata vivían convencidos de que los ordenadores eran cosa de administrativos y de secretarias y que lo suyo era berrear por las terminales de los aeropuertos diciendo ostensibles chorradas cuando un móvil valía más de mil y pico euros y sólo estaba al alcance no de ellos -pobres gilipollas- sino de sus empresas. En fin, todos los que abrimos los ojos como platos ante aquellos incipientes ZX, Osborne y demás cacharrería y sus inmensas posibilidades que, más que adivinarse, eran claramente predecibles, a principios de los ochenta, tuvimos que aguantar durante muchos años que no éramos sino críos jugando con los aparatitos; y algunos más recordamos un fenómeno parecido (¿y ezo pa qué é?) con la llegada de Internet, cuyo más ilustre corolario fue nada menos que un presidente de Telefónica (eso no lo olvidaremos nunca) que trató a los internautas de «chateadores y arriesgadores de su dinero» con luz, taquígrafos y micrófonos.

En consonancia con el amiguete del pupitre, los políticos (todos los políticos de todos los partidos, con excepciones tan honrosas como escasas) no han dedicado ímprobos esfuerzos a enderezar esa viciosa tendencia social, como sería lo razonable, sino, al contrario, a acentuarla, a beneficio de su ignorancia supina y de su tecnoanalfabetismo lacerante, pero, sobre todo, a beneficio de una serie de agentes que primero vieron en la tecnología un enemigo -algunos lo siguen viendo- y después un negocio. A beneficio de cualquiera y de cualquier cosa menos del desarrollo tecnológico de este país y de la apertura mental, en esta materia, de sus ciudadanos. Oh, por cierto: quien dice tecnología dice ciencia; y así, aquí tratamos como a becarios -con sueldos a ese nivel- a cerebrones que en Europa (en la Europa de verdad, no en esta cochiquera) y en América serían objeto de culto y reverencia: por eso, a la que pueden, se largan para allá (eso sí: cuando pillan cacho de celebridad o de premio con trascendencia mediática, todos los culogordos mentales de los partidos como locos a hacerse la foto con ellos y a darles premios «Príncipe de Asturias», si es que Bill Gates o los futbolistas han dejado alguno disponible).

En este ambiente, los empresarios se tiran de los pelos faltos de mano de obra especializada. Menos se los mesarían si se hubieran ocupado en su momento de proporcionar esa formación a sus trabajadores (tenida siempre por un gasto y jamás por una inversión, ya les vale, los muy botarates, menuda patronal cutre la de aquí) y quizá paliarían algo el problema si no pretendieran pagar a un trabajador superespecializado el sueldo -de ahora- de un apretador de tornillos. Eso de comer marisco a precio de sardinas es algo que nos gustaría a todos, pero todos sabemos también que no es posible (en condiciones normales). Es cierto, sin embargo, que por más que paguen hay un claro déficit de estos trabajadores.

También es cierto que los sindicatos -en todo iguales a los partidos, para el caso- no se han tomado muchas molestias al respecto. La formación de los trabajadores no ha sido nunca prioritaria (ningún derecho de los trabajadores ha sido, en realidad, prioritario ante otros… intereses) y, por demás, jamás han colaborado a imbuir una ética profesional consistente en que, sin perjuicio de los derechos del trabajador y de las obligaciones del empresario, hay que cultivar el propio oficio y mantenerse actualizado y reciclado en él y buscar constantemente sus vectores más innovadores sin esperar a que llegue la formación de origen empresarial; aunque sólo sea por una razón que ha acabado siento patente, como decía al principio: ya nadie puede esperar jubilarse en la empresa que trabaja si le quedan más de diez años para esa jubilación. Por tanto, los déficits de formación no se los comerá el empresario (también, pero en términos amplios y coyunturales) sino el propio trabajador de formación anticuada que se la tendrá que buscar entonces deprisa, corriendo, costosa y no siempre de buena calidad (los cursos de promoción pública son de verdadero asco: suele impartirlos el cuñado del baranda).

A esto nos ha llevado el tarzanesco «mí no saber» que constituye el verdadero himno nacional de este desgraciado y lamentable país y por ello, pese a las reticencias de alguno de mis lectores, sigo considerando que esto se hunde y seguiré recomendando a mis hijas, cada vez con más insistencia y calor, que lo mejor que puede hacer un joven con respecto a España es darse el bote tan pronto termine los estudios.

A no ser, claro está, que lo que demos sea una feroz patada en los dientes a los políticos y a los mil veces idiotas que de ordenadores, no entienden.

Pero ya verás cómo no.

ANESVAD: p’haberse matao

De la serie: «No, si ya te lo decía yo»

Hace casi tres años, subí a esta bitácora un artículo durísimo (enlazo a la página de la Asociación de Internautas, que lo publicó, porque mi anterior CMS -Bitacorae- es un desastre: por eso lo dejé). Ese artículo echaba pestes, como es de ver, contra ANESVAD, a la cual, en una especie de furia recaudatoria, le había dado por echar la culpa a Internet y a los internautas del problema de la pederastia. Así, a saco.

Ahora yo podría decir que una juez me ha dado la razón, pero no lo digo porque no ha sido así. Yo acusaba a los gestores de ANESVAD de negligencia en la observación de la realidad, de incompetencia en su gestión publicitaria, pero poco más. Hablaba, eso sí, de la ineficiencia de muchas ONGs con estructuras redundantes (si sumamos a todas las que se orientan a las mismas finalidades) y, en no pocos casos, de una gestión esclerótica, de elefantiasis administrativa y hasta de retroalimentación de su estructura dirigente, es decir, que sus objetivos habrían llegado a ser secundarios ante la prioridad de asegurarse la nómina. Bueno, también de ANESVAD dije que, tal como las publicaban en su web, sus cuentas parecían firmadas por don Gonzalo Fernández de Córdoba. Pero no llegué, ni de lejos, a tanto como ha llegado Su Señoría. Jamás se me ocurrió decir que hubiera gentecilla que metiera la mano en el cajón de la pasta; no porque no tuviera pruebas -que, obviamente, no las tenía- sino porque, realmente, ni se me ocurrió que las cosas pudieran estar tan mal y llegar tan lejos. Catetos, incompetentes, necios…, bueno, vale, hasta es evidente en algunos casos; una suerte de panteísmo económico dirigente, por así decirlo… bueno, también, vale; pero… ¿ladrones con todas las letras? Hombre, la verdad es que, en mi infinita inocencia, ni se me ocurrió. Ni de ANESVAD ni de ninguna otra. Jamás pensé que la cosa llegara a tanto. Y mira…

Encima, ahora vienen los daños colaterales. Ahora, las demás ONG son presas del pánico por la oleada de desconfianza que puede generar la prisión incondicional -grave medida que sólo se aplica ante evidencias rotundas- del presidente -o del hasta ahora presidente- de ANESVAD. Y, en un principio, parece que sí, que la angustia de las demás ONG nos habría de producir una cierta compasión.

Pero no.

No me dan ninguna pena. No me la dan porque no tarda uno en percibir que, como en tantas otras ocasiones -recordemos el affaire del Ayuntamiento de Marbella- resulta que, al parecer, todo el mundo lo sabía. Por lo menos, en el presente caso, en el entorno geográfico de Bilbao, que era por donde se movía el presi[dente] ahora en presi[dio]; incluso sabemos que en 2005 ya fueron pillados otros dos pájaros metiendo mano en la caja de los duros, y la cosa se arregló en plan buen rollito. Es lo que pasa, con esto del buen rollito. Por lo demás, parece que ANESVAD estaba fuera de todos los colectivos y de todas las coordinadoras precisamente por el asunto este de los dineros.

Ahora, todos a llorar y a clamar que no todos son iguales, que se trata de una excepción, que no se juzgue a todo el mundo con ese rasero… pero todos le cubrieron la espalda al colega, aún sabiendo que era un tramposo, en vez de levantar la voz bien alto y fuerte. Lo siento por unas -pocas- ONG serias y solventes: pienso en Greenpeace, en Amnistía Internacional, en Médicos sin Fronteras, en Intermón-Oxfam y, sobre todo, en Cáritas; me sabría fatal que Cáritas saliera escopeteada de este asunto que podría perjudicar a gente excluida aquí, en nuestro precioso mundo hiperdesarrollado. Esperemos que les sirva de lección y que los clamores por la transparencia económica sean algo más que gritos coyunturales hasta que pase el toro.

Que pronto podamos ver -con un simple clic del ratón- las cuentas de todos perfectamente pormenorizadas y satisfactoriamente auditadas. Porque no se trata solamente del dinero privado de donantes de buena fe sino también -y sobre todo- de verdaderas riadas de dinero público.

Y ojo, que llega la primavera y habrá crusesitas que poner… o no.

A %d blogueros les gusta esto: