Fraude, víctimas y canon

De la serie: «Los jueves, paella»

Nota previa – Como véis, esta paella ha subido en viernes, pero esta vez no ha sido culpa mía: ayer, algún botarate de Blogger debió estar toqueteando el CMS y no me dejó subir la paella so pretexto de HTML no válido (no había un solo tag que no hubiera puesto en otras ocasiones). Bueno, ya tomaré decisiones cuando se normalice todo, porque tengo muchos frentes abiertos ahoramismo. De momento, ahí va…

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Se confirma, por si aún hubiera lugar a dudas, el el fraude mediático de los ocupas (sin K) del piso de la calle Urgel. Tal como ya adelanté en su día, no sólo el propietario del piso no era un padre de familia normal y corriente al que habían usurpado la vivienda cuando, pobrecito, se disponía a adecentarla para su propio uso, y sí más bien un miembro de la familia de especuladores propietaria de todo el inmueble, sino que, además, los ocupantes (ahora ya no sólo sin K, sino también sin cursiva) lo eran a justo título. La juez ya se olió algo así pese a que ordenó, no obstante, el desalojo de la familia usuaria de la vivienda.

Tejemaneje mediático y sin duda municipal, porque si el matador fue la prensa, el impulso está más claro que el agua que vino del lado mar (¿o quizá también montaña?) de la plaza de Sant Jaume, como culminación de una campaña destinada a aplacar los temores de la jauría especuladora que dura desde el pasado verano y que ha supuesto un peldaño en la escalada de la rapiña que sufre la vivienda de un tiempo ya nada corto a esta parte y que consiste en alarmar a la ciudadanía en sus propios, modestos y poco o nada agredidos intereses a la vista de que la criminalización pura y dura de los okupas (esta vez con K) no sólo no había funcionado sino que incluso había contribuido a una mayor simpatía ciudadana hacia ellos, al verlos como un polo opuesto, como un antagonista, a la sinvergüencería del ladrillo que, esa sí, está masacrando a los ciudadanos normales, a los jóvenes que no encuentran piso en el que fundar su proyecto vital y a sus padres que, lógicamente, se angustian (y pronto, me temo, podré emplear la primera persona) ante el problema que viven sus hijos.

Está claro, por otra parte, que la prensa barcelonesa (como mínimo la de papel: no sé los demás porque sigo poco la radio y casi nada la tele) se ha cubierto de verdadera mierda. Y no sólo eso: no ha podido leerse en ella ni una mísera línea de rectificación, de disculpa, ni siquiera de achique de cubos de responsabilidad ante lo que ha sido una clara, premeditada y alevosa campaña de intoxicación. Sobre la falta de vergüenza del engaño que han proyectado sobre la ciudadanía barcelonesa, se añade otra nueva falta de vergüenza al seguir como si tal cosa, como si ésta no fuera con ellos, al destaparse la olla. Después se quejarán de que las ventas bajan, de que la gente se echa como loca sobre los confidenciales digitales y sobre la blogosfera, a los que, encima, tienen el inmenso morro de acusar de no ser rigurosos, mira quién habló, el que la casa honró. Ya pueden ir convirtiendo los kioskos en tiendas de todo a cien, en feliz expresión de lamento no recordar quién… Y, por cierto, viendo los precios a los que venden sus gadgets y las obligaciones de compra que imponen para acceder a ellos, lo de a cien es bastante relativo… o será que se refiere a euros.

Por lo demás, la apisonadora especulativa sigue adelante y con la directa puesta arrasando proyectos jóvenes, pero también la superviviencia de los ancianos, sobre todo de los que tienen la desgracia de ocupar (nuevamente sin K y nuevamente sin cursiva) apetecibles fincas -y, con ellas, sus solares- en el casco antiguo de Barcelona, terrenos muy cotizados por la plusvalía que generarán una vez se limpie el barrio (limpiar = expulsar a inmigrantes, ancianos, pobres locales y otras gentes de mal vivir para apropiarse de sus pertenencias o de sus derechos de inquilinato). Precisamente aparece en la prensa de hoy que en Barcelona tenemos en pie más de un centenar de casos de acoso inmobiliario que duermen el sueño de los justos en montones de juzgados mientras el potente achuntamén mira descaradamente para otro lado o, encima, hace gala de la eficiencia de sus servicios sociales.

Mientras tanto, silencio, mucho silencio. Que nada turbe la tranquilidad de las aguas de superficie, de sus inmóviles nenúfares y de sus majestuosos y lentos cisnes. No importa que, dos o tres metros por debajo, los cocodrilos devoren inmisericordemente a toda la fauna y se apropien a saco del estanque con el nihil obstat municipal. No importa siempre que haya calma y silencio en la superficie. Que vienen las elecciones, poca broma. Tiempo habrá después, cuando hayamos vuelto a tomar el pelo electoral a los mierdas de los ciudadanos, para sacar a los antidisturbios y para hacer, impune y descaradamente, lo que nos dé la puta gana. Sépase: el 24 de marzo, el último fin de semana del mes, a la calle otra vez para defender el derecho a la vivienda del que se carcajea la Constitución.
Aquí estará la convocatoria y aquí habrá más noticias.
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Contemplo, a una cierta distancia, el juicio por el caso del 11-M. No tengo inconveniente en decir que el juicio, como tal juicio, me importa un pito porque yo ya tengo mis propios hechos probados y mis propias culpabilidades; mis sentencias no porque… ¿para qué, si tampoco iba a poder ejecutarlas?. La ventaja del fuero interno es que no necesita presunciones de inocencia ni otras zarandajas jurídicas, sumamente necesarias en la justicia humana del mundo real, desde luego, pero pura burocracia en esas dos o tres ocasiones en que uno ve perfectamente claro lo que hay; y, si se equivoca, el fuero interno pide excusas al fuero interno y aquí no ha pasado nada. ¡Qué gran cosa, esto de la intimidad! Por algo quieren quitárnosla.

Únicamente como simple curiosidad, me divierte ver cómo se va desmoronando (era previsible y, además, no se sostenía) todo el tinglado de intoxicación que había montado la perrera (¡qué calladita está ahora con lo del 11-M, qué bien les ha venido lo del criminal De Juana!) y tampoco está mal, como película de risa, el patético -y evidentemente inútil- desvío de balones de los hijos de Alá que están en el banquillo.

Hay una cosa que sí me apena de todo esto: el derrumbamiento de la autoridad moral de las víctimas del terrorismo y, más concretamente, de las que cuelgan de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Antes, presidía el tinglado una señora que, con sus posibles errores y aún con cierta escora a la derecha, se trataba de una señora muy normal que presidía normalmente una asociación muy normal que llevaba adelante sus fines asociativos de una manera no menos normal. Pero, un día, esta señora se fue -o la echaron, no sé- y pusieron en su lugar a ese impresentable llamado Alcaraz. Y desde aquel día, la AVT entró en la jaula de la perrera y allí se quedó. No importaba que, por su propia esencia sociológica, la AVT derivara un tanto a la derecha. Sí importa, en cambio -y mucho: hasta la desautorización misma-, ese entregarse al servicio de un partido frustrado por una derrota electoral que siempre ha interpretado -estúpidamente, por cierto- como una usurpación y que no tiene escrúpulos -ni las mismísimas razones de Estado, de Estado de verdad- en sus maniobras para recuperar el poder al precio que sea. Y que se ha cargado por las buenas el consenso terrorista que, históricamente, jamás antes se había quebrado; quiebra que se acentuó con el pánico producido por la posibilidad de que el adversario alcanzara una victoria de dimensiones históricas como sin duda lo hubiera sido lograr el fin del terrorismo manteniendo bien alto el estandarte de la dignidad ciudadana; jamás: había que crackear el invento como fuera.

El daño es enorme. Enorme, por supuesto, para el común de las víctimas del terrorismo -encuadradas o no en la AVT- cuya solvencia en calidad de tales se ha caído completamente. Pero enorme también para el resto de los españoles. Sí, para todos los demás también, porque las víctimas materiales del terrorismo constituían -como debieran- un referente moral para todos. Digo «víctimas materiales» porque, de un modo u otro, víctimas del terrorismo lo somos todos los ciudadanos españoles y, por ello, la presencia, el estar ahí, de quienes sufrieron la lacra en carne propia o familiar, nos ayudaba a escenificar un trauma que nuestra propia psicología, como en un acto de defensa propia, intenta siempre ir menguando, sobre todo en los momentos en que pasan meses sin atentados. Esto está perfectamente descrito por los estudiosos del comportamiento colectivo.

Pero ahora las víctimas del terrorismo se han derrumbado como escenografía moral que sostenía nuestra propia victimización y, faltos de ella, podemos entrar -ahora sí, realmente-, en una especie de síndrome de Estocolmo que nos lleve a admitir unas negociaciones que pudiera ser -no digo que vaya a ser- que no fueran todo lo honrosas que debieran para nosotros. Estamos a un año justo -a todo estirar- de unas elecciones generales y las prisas llevan a cometer disparates; más aún si los que están en situación de cometerlos llaman la atención por su muy deficitario cociente intelectual. Carentes de ese freno moral, de esa consciencia de ser víctimas que la presencia de una AVT garantizaba -y ahora ya no- los ciudadanos, en nuestra ciega molicie, en nuestro suicida menfoutisme, podemos aplaudir a rabiar cualquier manera de terminar con el mal rollo. Aunque nos cueste la dignidad misma.

Señores Rajoy (y compañía) y Alcaraz: estupendo servicio a España.

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No es un tema muy paellero, sino más bien de contenido común de «El Incordio», pero es inevitable la referencia: el ínclito Clos, ministro de Industria y… Justicia, a través de alguno de sus voceras (me parece que el director general para el Desarrollo de la Sociedad de la Información, nada menos y chúpate esa) ha anunciado que la decisión sobre el canon digital, ese atropello que van a practicar sobre todos los ciudadanos (y que los ciudadanos se tienen bien merecido por mansos), se retrasa y para ello van a retorcer y desvirtuar lo que haga falta la ley y aunque esta les obliga a publicar un decreto antes de que termine este mes, han encontrado un agujero salvador en la Ley de Procedimiento Administrativo… de 1958: algún orificio que debió dejar abierto la de 1992 reformada en parte en 1994 y vete a saber… Parecería que Clos y Calvo andan a la greña y no acaban de llegar a un acuerdo.

Mira: no sé por qué, pero lo dudo. El único y verdadero problema que tienen esos dos es que hay unas municipales y autonómicas a la vuelta de la esquina, que esas elecciones no pintan nada bien incluso en feudos tradicionales (en algún caso, gracias al propio Clos: Barcelona se queeeemaaaaa, se queeeema Barcelooooooonaaaaaaaaa, ja, ja, ja, ja). O sea que hay que marear la perdiz y alejarse de cuestiones conflictivas… pues hasta lo mismo que he dicho por ahí arriba: hasta que el ciudadano de mierda haya hecho el panoli votando. O sea que nada de dramas inmobiliarios, nada de cánones ni de propiedades intelectuales, nada de nada… Soslayado el insoslayable plazo legal -hacemos lo que nos da la gana y a quien no le guste que se joda- entramos en la beatitud penitencial de la Semana Santa y con un poco mas de ánimo nos metemos ya en campaña electoral. En la vorágine esta, el tema se olvidará, porque la oposición también está entregada de pies y manos al oro de la sopa boba y el asunto no aparecerá en campaña.

Y todos a tragar, claro…
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Hasta aquí hoy. El próximo jueves, 22 de marzo, primavera ya (nos habrá entrado el día anterior). A la astronómica, me refiero: la climatológica yo creo que estamos aún en la del año pasado, que sólo se apartó un poco para que entrara el verano en casa tres mesecitos y ahí se quedó, tan a gustito, como decía aquel. Igual que las cigüeñas, que ya no migran, con lo bien que se está sin moverse de casa.

Bueno, llueva, nieve o haga sol (cosa esta última más probable), aquí estaremos para seguir encabronando el ambiente, a ver si podemos devolver a los hijos de puta que todos sabemos un poquito siquiera de la mala sangre que nos endiñan a nosotros cada día.

Y que no decaiga.

Tanto los comentarios como las referencias están actualmente cerrados.

Comentarios

  • Anonymous  El 03/04/2007 a las .

    ¿Despiece de Endesa?

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