La España de la $GAE

De la serie: «Correo ordinario»

Parece que hoy está alborotado el gallinero con el asunto este del canon que, contra la oposición unánime de la ciudadanía, nos van a meter a la trágala Clos y Dixie, que van a lograr pasar a la historia como dos de los ministros más nefastos del reinado de Juan Carlos I; y si Dixie llevaba tres años acumulando méritos, no es menos notable lo de Clos, que va a lograr alcanzar las más altas cotas de la miseria política en unos poquitos meses. Claro que llevaba un porrón de años destrozando una ciudad como Barcelona y esto, a la hora de cometer despropósitos, curte lo suyo.

Decía que hay alboroto y, efectivamente, la cosa viene en muchísimos medios, en prácticamente todos, e incluso «ABC» y «El Mundo» le conceden a la cuestión honores de editorial. Parece -ya era hora- que el asunto de las firmas de Todos contra el Canon ha impresionado lo suyo, aunque ha tenido que sobrepasar el millón para lograrlo: se diría que todos y cada uno de los centenares de miles de firmas que se han ido acumulando en el curso de relativamente pocos meses no han tenido demasiada importancia -hay que hacer la salvedad de honrosas excepciones- y que el número mágico es el millón.

Pero ya es tarde para los alborotos. La guerra se perdió el día que se promulgó -sin votos en contra: recordémoslo a la salud de todos los partidos y de todos los políticos- la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual y entregó el poder y la pasta a los vividores, a los vagos, a los comedores de la sopa boba. Uno de estos -no sé si incluso el propio don Teddy- tenía el morro de decir el otro día que España no producía tecnología, que producía arte. O cosa parecida. En todo caso, un perfecto dibujo comparativo de este deprimente país de ajo rancio y pies sudados: Alemania tiene Siemens y España tiene la $GAE. Efectivamente: ¿para qué inventar? Ya tenemos a Víctor Manuel y a su abuelo que era picador, al niñato de los [ex]ricitos y al Fary. Cojonudo. No sé por qué perdemos el tiempo con tantas gaitas de innovación y demás… Pero que conste: la guerra hubo que haberla librado antes de la proposición de ley que ha llevado a esto: las coaliciones de empresas pichaflojas firmadoras de acuerdos privados con el enemigo se despertaron tarde y mal. Y aún tengo serias dudas sobre la limpieza de intenciones de unas cuantas integradas en AETIC. Hasta ese tardío momento, estuvimos solos la Asociación de Internautas, Hispalinux, dos o tres más y, eso sí, millares de ciudadanos en red que durante más de cuatro años han clamado, tan incesante como inútilmente, contra esa atrocidad.

Ahora se cierne una nueva amenaza económica para el país del ajo y de los pies: como el mundo es un mercado global, resulta que podemos comprar por Internet. Que podemos comprar por Internet… sin canon. Ya lo íbamos haciendo con los DVD y CD vírgenes: compramos a través de la red o lo hacemos traer al amiguete que va a Andorra o a Portugal… o incluso a Francia, donde hay canon pero es un pequeño porcentaje sobre el precio del artículo (nada de horas de música). Ahora lo haremos también con el resto de artículos tecnológicos. De modo que ya podéis ir mirando escaparates porque, a la vuelta de pocos meses, todos estos televisores, MP3, reproductores de DVD con y sin disco duro, memorias flash y todo lo demás, quedará reducido a una patética colección de planchas a vapor, máquinas de afeitar y secadores de pelo. Ayer ya había noticias de empresas -extranjeras, claro- que preparaban sus infraestructuras (idioma y demás) para hacer su agosto en el mercado virtual español.

Por supuesto que esos escaparates que se derrumbarán -y morirán, a la postre- en olor de artículos de marujeo y línea blanca serán los del pequeño comercio: las grandes superficies tienen suficiente poder como para plantar cara a las $gaes y similares hierbas y obligarlas a precios especiales, acaso simbólicos. Precisamente en el tema de los DVD y CD son los únicos establecimientos que aún venden (y que se niegan radicalmente a hacer constar el canon en la factura). O sea que, aparte de los de la sopa boba, los grandes beneficiados en toda esta cuestión serán las grandes superficies (y las tiendas de chinos, que, según parece, pasan de todo y nunca -qué casualidad ¿por qué será?- resultan beneficiadas con la visita de un secuaz a sueldo de la $GAE) y los grandes perjudicados -perjudicados hasta la desaparición material de sus negocios- los pequeños comerciantes. Los ciudadanos seguiremos comprando a través de Internet y los que no lo han hecho nunca tendrán que empezar a hacerlo si no quieren regalar grandes montones de pasta a los de la sopa boba; he aquí, pues, una nueva misión para las asociaciones de consumidores y para la propia Asociación de Internautas: confeccionar clasificaciones públicas de seriedad de empresas en red y recoger críticas, agravios y, por supuesto, buenas prácticas.

La normativa del canon ha sido impugnada en instancias europeas, pero las instancias europeas están cagadas de miedo porque el tema es peliagudo: las poderosísimas sociedades de gestión no se van a dejar quitar un caramelo tan grande y sabroso; pero los países sin canon no van a tolerar que se lo endiñen así como así y sus ciudadanos, menos; algunos pequeños países sin canon, como Luxemburgo, obtienen sustanciosos crecimientos de PIB gracias al comercio de su material, libre de gravámenes privados, con los países que sufrimos esa lacra. Por eso la Comisión Europea abandonó, a la espera de tiempos mejores, su proyecto de unificar, en un sentido o en otro, el tema del canon europeo. Y la cosa va para largo.

Mientras tanto, de los países canonizados, España ya es, en estos momentos, el que más paga a los faranduleros, trompeteros y demás ralea (y les paga, recordémoslo, por nada); después del decreto de Clos y Dixie el récord se elevará a cimas a las que jamás se acercará ningún otro país.

En este, mientras tanto, ya cayó el sector industrial del soporte digital; ahora caerá, de forma inminente, el del comercio de la maquinaria digital de consumo y diez minutos después le seguirá la industria que aún le quede. Deslocalizaciones, despidos, prejubilaciones (que pagaremos entre todos), poblaciones enteras privadas de la industria o de la empresa que les da casi razón económica de ser… Esta es la España de la $GAE.

Había otra, pero no la supimos defender. Ahora, habrá que llorarla.

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Comentarios

  • Dilá Lará  El 21/03/2007 a las .

    ¿”contra la oposición unánime de la ciudadanía”?¿Estás seguro que la oposición es “unánime”? Creo que Ramoncín y Bautitista son ciudadanos y no se oponen.¿Posición u oposición?Un saludo

  • Josep M. Fernández  El 21/03/2007 a las .

    Razón de más para no comprar tanto cachivache inservible.

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