Monthly Archives: mayo 2007

Borrasca barcelonesa

Jueves, 31 de mayo, último día del mes y baja caudaloso el río. Abrocharsus los cinturones, que vamos allá…

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Vaya, pues mira por dónde Jordi Portabella, el número 1 de ERC en el achuntamén en los últimos ocho años, me alegró las pajaritas ayer por la tarde dando la gran espantá y dejando al Hereu como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando, o sea, que si no es puro humo y fantasmeo, Hereu y los ecosostenibles -que diría la Rahola- van a tener que montárselo en minoría. El panorama es tan bonito que no me lo creo, qué va. No caerá esa breva.

Por supuesto, la prensa afecta al régimen sociata está que trina y acusa a ERC de veleta, de navegar sin rumbo y de inconsecuencia. Es de ver cómo viene el editorial de «El Periódico» de hoy pero, sin perjuicio de que detrás de todo esto no haya sino el habitual y puerco montaje para la mejora en el reparto del pastel, las razones que ha dado oficialmente Portabella para su «cuerpo a tierra» son impecables.

En primer lugar hace una valoración correcta de la abstención, derrumbando las habituales interpretaciones complacientes de los partidos; recordemos que Montilla llegó a decir que la abstención se produce porque a los ciudadanos ya nos están bien las cosas como están: más torticero, no se puede llegar a ser. Bueno, sí que se puede: el tío este de Madrid que dijo con todo el morro (y sin que nadie le haya saltado los dientes de un merecidísimo puntapié) que la abstención catalana se explica por la retransmisión televisiva del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1. Portabella viene a decir que de eso, nada, que la abstención no es conformismo sino todo lo contrario, puro encabronamiento, y que no se puede pasar sobre ella como quien salta un obstáculo en los 100 metros vallas. Luego, además y aparte de eso, se duele de los 43.000 votos perdidos en la ciudad de Barcelona, que suponen la mitad de las pérdidas en toda Catalunya, y de los más 150.000 que el tripartito municipal ha perdido en conjunto y en partes prácticamente proporcionales, atribuyéndolo también al cabreo ciudadano contra un modelo de ciudad con el que no está conforme.

Así enunciado, no puedo estar más de acuerdo con Portabella, y lo aplaudiría puesto en pie si no fuera por la negra sospecha de juego sucio que estoy casi seguro que se esconde detrás de la jugada.

Continúa un análisis a beneficio victimista de su propio partido, según el cual ERC paga la factura de cosas como la aceptación por parte de Hereu de las condiciones -intolerables, según ERC- para la transferencia de la titularidad del castillo de Montjuïc del Ministerio de Defensa al achuntamén o el empecinamiento de Hereu -al servicio de ciertos lobbyes, entre los que destaca el hotelero- para que el AVE pase por debajo del Eixample (luego hablo de esto). Y luego, un indefinido problema de modelo de ciudad. Bien, es evidente que el modelo de ciudad de Clos -que Hereu continuará, según todos los indicios- es insufrible para los ciudadanos barceloneses; lo que no explica Portabella es cuál sería el modelo alternativo que propone, salvo en vaguedades como «mayor concienciación de la capitalidad de Catalunya» y las ya manidas quejas sobre el aeropuerto, los trenes de cercanías y las infraestructuras en general. Quejas manidas, si bien no menos ciertas pero que, con todo, no definen por sí mismas un modelo de ciudad.

Quedo a la espera de ver cómo acaba esto, aunque conociendo el percal no me haga muchas ilusiones. Lo que no me quita nadie es el ratito tan bueno que he pasado viendo a la sociatada desorientada, presa del pánico y sin entender nada; e imaginándome una ciudad en la que, aunque malo y destartalado, hubiera algo parecido a un gobierno municipal y no los amos del cortijo.

Vanas quimeras de tul ilusión.

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¿Qué hubiera sido de las ideas de bombero del Hereu si en España -o, simplemente, en Barcelona- existiera una Comisión del Mercado de las Bicicletas? Pues que se hubiera tenido que envainar eso del bicing.

A beneficio de los no barceloneses, explicaré de qué va esto. Como ahora lo chupiguay en Barcelona es esto de la bici, el achuntamén la promociona a saco. No importa que sea peligrosa, que enrede, que fomente comportamientos incívicos en un significativo número de sus usuarios (y esto ya no sólo lo digo yo sino que es un clamor en toda la ciudad) y que una ciudad con pendientes importantes de mar a montaña no sea la más adecuada para este medio de transporte: es guay y ya está. Punto pelota. Sic stantibus rebus, al Hereu -en funciones de heredero– no se le ocurrió otra cosa que disponer un parque de bicicletas públicas, poniendo a disposición ciudadana dos o tres docenitas de esos chismes en cada parada de metro. Sumarse al sistema es realmente muy asequible y fácil (bueno, fácil solamente si se tiene conexión a Internet, única manera razonable de apuntarse a la cosa porque presencialmente parece que es una brasa de cuidado.

Pues bien: la iniciativa ha tenido un éxito bestial, hasta el punto de que ha habido que acelerar su implantación a marchas forzadas. Pero cuando digo «éxito bestial» me refiero a la cantidad realmente importante de ciudadanos que se han adherido al sistema en poco tiempo, no al hecho de que tanta adhesión responda a las espectativas de uso que tenía el achuntamén. Porque, efectivamente, se ven muy pocas de esas bicicletas (se las distingue muy fácilmente) circulando en horas punta; además de otro síntoma: los estacionamientos de la parte baja de la ciudad están abarrotados mientras en no pocos de las zonas más geográficamente altas no hay vehículos disponibles.

Esto quiere decir dos evidentes cosas: la primera, que el sistema no está siendo usado en los desplazamientos cotidianos, y la segunda -obvia consecuencia de la primera- es que el invento no constituye sino un artilugio más de ocio -sin que contribuya a la mejora de la movilidad en la ciudad ni para unos ni para otros- a beneficio de los ciudadanos perezosos. Está claro: se coge una bicicleta en la parte alta de la ciudad, se baja hasta el puerto sin dar apenas pedalada, se pasea por el prado tolón tolón (puerto, parque de la Ciutadella, lugares más bien planitos) y después se deja por allí y se vuelve a casa en metro (pedalear en subida, que lo haga el Hereu). Como se obligara al tomador a dejar la bicicleta en el mismo lugar en que la encontró, los artefactos se iban a oxidar en el sitio.

Consciente de ello, la patronal del alquiler de bicicletas ha puesto el grito en el cielo, clamando por esta obviedad: el invento del achuntamén no sirve al propósito de una mejora de la movilidad de los ciudadanos sino al ocio festivo, con lo cual, se les chafa a ellos la guitarra en flagrante distorsión del libre mercado.

El problema de la patronal bicicletera es que no tiene a su servicio una Comisión del Mercado de las Bicicletas que obligue al achuntamén a constituirse en operador ciclista y a no invertir en el invento ni un céntimo de dinero público, como tan eficientemente se lo monta su homónima de las Comunicaciones, siempre presta al servicio de las compañías de la cosa. Ya ves: unos nacen con estrella y otros, estrellados. La vida ciclista profesional siempre ha sido dura en cualquiera de sus facetas; da igual ganarse la pasta encima del sillín (hay que estropearse el cuerpo metiéndose potingues si quiere uno comerse un rosco) que ganársela alquilando el sillín a terceros (viene el achuntamén y te hace la competencia empleando el dinero público).

Si es que no somos nada ni pedaleando…

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Colea, colea lo del AVE pasando justo debajito del Eixample barcelonés. Pese a las reiteradas afirmaciones closísticas y hereditarias de que el AVE pasará por debajo del ensanche barcelonés, más o menos bajo las calles Mallorca y/o València, que la cosa está decidida y que no hay nada más que hablar, la guerra vecinal -con el apoyo precisamente de ERC, y en esto conecto con la primera entrada- sigue vigente y caliente.

El apoyo que ha obtenido el vecindario por parte del Patronato de la Sagrada Família, que ha contestado severamente el paso del tren por sus proximidades, ha dado alas a la movilización del sector más emblemáticamente burgués de la ciudad, que pelea incansable pese al cerrojazo muncipal sobre la cuestión.

Hombre, yo he hablado con arquitectos y con ingenieros d emi entorno personal y todos dicen lo mismo: por una parte, la obra puede emprenderse en razonables condiciones de seguridad y, si se hacen bien las cosas, la Sagrada Família no habría de correr un peligro de consideración; por otra parte, reconocen que el único riesgo que verdaderamente no existe es el que no se corre.

A ningún español, por alejado que esté de la vida catalana, habré de explicar lo que significa para los barceloneses en particular, y para los catalanes en general, la Sagrada Familia. Tanto es así que creo no exagerar si digo que su derrumbamiento -aún accidental y, fijáos, aún sin causar víctimas- sería aquí muchísimo más traumático de lo que fue en Nueva York lo del 11-S.

Por eso no se entiende que se quiera correr riesgo alguno, por mínimo que sea, con tan preciado y precioso monumento; y en la parte en que se entiende, roza, llanamente, lo criminal. Porque pensar que se pueda poner en riesgo la Sagrada Família por la presión del gremio de Gaspart y de unos cuantos mercachifles de alto standing del paseo de Gràcia y adyacentes, clama prisión incondicional e incomunicada.

Es más (y creo que no es la primera vez que lo digo): hace no más allá de veinte años, un accidente en la Sagrada Família causado por una obra pública realizada a la trágala -como en las presentes circunstancias- hubiera dado lugar a una reedición de la Semana Trágica; ahora, con la ciudadanía exangüe mental y con horchata en el sistema vascular, no llegaría a tanto la cosa, probablemente, pero creo que si algo así ocurriera, muchos concejales habrían de abandonar la ciudad para siempre… por propia y física seguridad.

En lo que a mi opinión respecta, si tal cosa llegara a suceder, sería obligado pedir… explicaciones… a los consejos de administración de todos los hoteles ubicados entre las calles Pau Claris y Balmes y entre Rosellón y Gran Via. Como mínimo.

Se ponga como se ponga quien se ponga, para los ciudadanos sólo hay una opción: el AVE, por el litoral. Y el empecinamiento en lo contrario es una de las muchas causas que explican la abstención, aunque el Hereu se empeñe en mirar para otro lado.

¿Podrá Portabella obligar a la sociatada y a Gaspart a envainársela? ¿Querrá hacerlo, pudiendo? Misterio. Pero creo que no tardaremos muchos días en saberlo… o en poderlo predecir.

Pero me temo, como siempre, lo peor.

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La paella entra en junio, el mes en que llega el verano. Será en día 7, el primer jueves de los cuatro que tendrá el mes y es posible que, si el cachondeo sigue, en estos días que faltan aún hagamos unas cuantas risitas, aunque sean previas al llanto y la frustración que seguramente no esperan al final de todo proceso político.

Me quedan temas en el tintero: la policía autonómica catalana, el uso de la sorprendente expresión «ganar las elecciones», tan cara a los fracasados como estúpida, porque en nuestro sistema electoral las elecciones ni se ganan ni se pierden, sino que mediante a ellas se accede o no a órganos y gobiernos; y algunas coss más. Las iré sustanciando en «pequeños bocaditos» o las dejaré para la próxima paella.

Según ande la inspiración.

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El porqué de las cosas

No voy a cometer la pretenciosidad de afirmar que la desviación aberrante que el achuntamén de Barcelona ha tomado en su inicialmente previsto camino en materia de nuevas tecnologías, y muy en especial del software libre, ha sido la causa de la importante pérdida de fuelle del tripartit en estas elecciones municipales; como tampoco se me ocurriría afirmar, por ejemplo, que el renovado -e incrementado- éxito del PSOE en las elecciones autonómicas de Extremadura se deben a la implantación generalizada del software libre en el espacio educativo público y el pronto encaminamiento de su administración pública en el mismo sentido. Evidentemente, los ciudadanos -yo creo que todos- tenemos otras prioridades antes de llegar al software libre: vivienda, seguridad, servicios públicos, etc., cuestiones todas ellas que no constituyen, en Barcelona, motivo alguno de satisfacción.

Pero sí es cierto que las nuevas tecnologías (un eufemismo, porque ya van siendo no tan nuevas) van poco a poco ascendiendo en la escala de prioridades del ciudadano y barrunto que en un número quizá ya algo sensible de personas, un quítame de allá este software libre no decidirá un voto positivo (es decir, nadie votará a un partido sólo porque ha sido muy majo en materia tecnológica) pero sí uno negativo (es decir, dejar de votar a un partido porque ha hecho guarradas en materia tecnológica).

Que los políticos ignoran la red, es algo sabido. Y parte de esa ignorancia reside en una incorrecta cuantificación de su influencia. Incluso los propios habituales de la red, tendemos a minusvalorar su importancia dada la constatación de lo mal y poco que bajan a la calle lo que en Internet son opiniones o sentimientos casi unánimes. Es posible que no estemos teniendo en cuenta que si bien cuesta mucho pasar de la movilización en red a la movilización presencial, quizá no sea tan difícil la extrapolación del cabreo en red a la intención de voto o de no-voto.

Viene todo esto a cuento de que leo hoy que a ERC le están escociendo tremendamente los cuarenta mil votos que ha perdido en Barcelona. Y vuelvo al primer párrafo: evidentemente, no ha perdido esos cuarenta mil votos por causa de la marranada que ha cometido el Consejo Rector del Institut Municipal d’Informática regalando graciosamente más de medio millón de euros a Micro$oft pero… ¿cuántos de esos cuarenta mil votos se han perdido por esta causa de la que, además, en muchísimos foros se culpó directamente a Jordi Portabella, miembro del Consejo Rector del IMI y cabeza de lista de la candidatura de ERC al achuntamén? Es aventurado dar una cifra. Cualquiera, alta o baja podría constituir un error tremendo por exceso o por defecto, pero no respectivamente.

Pero si la estimación cuantitativa es difícil, casi imposible, no lo es la cualitativa que permite afirmar sin miedo a error que, más caro o más barato, la jugada del achuntamén soslayando OpenOffice.org en beneficio de los de siempre, ha supuesto un coste electoral. Y no es en absoluto aventurado afirmar que el coste de burradas similares va a incrementarse, quizá espectacularmente, esperemos a ver, en próximas convocatorias, porque el cabreo en red va a ir, a su vez, in crescendo.

Hay una cuestión que los politicos no miden bien. Es verdad que la cuota de mercado de Micro$oft, en el ámbito de sistemas operativos (ya menos en el de paquetes ofimáticos y muchísimo menos en el de navegadores) anda todavía cerca del 90 por 100. Pero lo que no tiene ni tendrá nunca Micro$oft es lo que el software libre rezuma por todos sus poros: activistas; activistas que damos la brasa por todas partes, incesante e incansablemente, que multiplicamos nuestros esfuerzos y que lo hacemos tremendamente motivados. Puede un ingeniero decir -con razón- que los activistas no confieren calidad ni eficiencia a un producto (y tienen razón: la calidad y eficiencia del software libre no precisan, en sí mismos, de activismo alguno), pero lo que sí puede hacer un movimiento de activistas es sumar votos electorales o restarlos; en diferente medida, según lugar, momento y circunstancia, pero puede. Micro$oft podrá repartir prebendas, obsequios, canonjías y maletines, podrá subvencionar campañas electorales, pero nunca -o muy difícilmente y en escasa medida- podrá modificar comportamientos electorales. Sus consumidores son eso, consumidores y nada más. Ningún partido ganará votos por comprar licencias Micro$oft para las administraciones públicas que controla pero esta misma compra puede hacer que pierda… ¿cuántos? Ya lo he dicho: imposible cuantificarlos. Pero una cosa es segura: cada vez serán más y más.

Eso por no hablar de la cólera cívica ante la traición. Los partidos de izquierda (y esto vale no solamente para el software libre sino también para el canon: tomen pues buena nota y a ver qué va a pasar, que estamos a la espera del asunto este desde febrero) tienen la jodida costumbre de mentir, de engañar, de timar; saben que viste mucho y bien ser partidario del software libre, de los formatos abiertos y de que el justo salario de los autores se obtenga por vía distinta a la lacerante injusticia del canon digital. Pero luego, Micro$oft, más Micro$oft y canon hasta en los hornos microondas. Evidentemente, esto saca de sus casillas a la ciudadanía… y los activistas no vamos a estar, precisamente, por la labor de sosegar los ánimos; al contrario. Prefiero mil veces -en este aspecto, claro- a un CiU, que sabemos desde antiguo que con ellos no va a haber nada de software libre, nunca lo han ocultado. Por tanto, tendrán guerra a muerte en este tema, porque aunque ellos no lo quieran, los ciudadanos sí que lo quieren -y la ley, además, va obligando-, pero nunca podremos, en justicia, llamarlos tramposos, falsarios, embusteros y estafadores, cosa de la que sí podemos calificar a toda la izquierda en bloque y al PP, de propina (en estos ámbitos, el PP juega también a lo mismo que los rosaditos estos de pacotilla).

Muchas cosas van a tener que cambiar los políticos por las buenas o ellos solitos van a lograr que, más a la larga o más a la corta, desde la red consigamos que la ciudadanía -de la cual no nos diferenciamos: somos los mismos, conviene no olvidarlo- los cambie a ellos.

Y créanme: será un placer.

La fiesta que no es hoy

Hoy es lunes de Pentecostés. Se celebra una de las más tradicionales fiestas cristianas y, junto con la Navidad y la Semana Santa, la más incardinada en la cultura y la tradición europeas. Los festejos de Pentecostés fueron, ya desde la época carolingia, los fastos de celebración de la llegada del buen tiempo, de la tardía primavera -prácticamente unida al verano- de los países nórdicos y en parte también de los centroeuropeos, asociada al advenimiento del Espíritu Santo sobre los apóstoles de Jesús, cumpliendo la promesa de éste antes de ascender a los cielos, según la mitología cristiana.

Parece que la fiesta de Pentecostés deriva, a su vez, de otra judía que conmemora la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley y ésta, a su vez, averigua, porque la historia de las fiestas es la historia de los distintos atuendos con que cada religión -base, a su vez, de su respectiva cultura- viste las celebraciones más ancestrales.

Naturalmente, el signo de los tiempos ha derrumbado su significación religiosa -como ha ocurrido también con la propia Navidad y con la mismísima Semana Santa- pero no su significado tradicional, ese pequeño nexo paneuropeo.

Hoy, lunes de Pentecostés, es fiesta en Alemania, Austria, Francia, Liechstenstein, Islandia, Noruega, Bélgica, Suiza y Países Bajos. Y hoy, lunes de Pentecostés, lo que desde tiempo inmemorial llamamos aquí Dilluns de Pasqua Granada era fiesta en Barcelona. Una fiesta, como se ve, que nos unía a Europa como pocas y que forma parte de nuestro famoso y tan cacareado fet diferencial, porque en pocos lugares más de España -si es que hay alguno, aunque no sería nada extraño que lo hubiese- se celebra este día.

Pero hoy no es fiesta en Barcelona. Toda la cagarela europeísta con la que se llena la boca esa peña atorrante cuando tienen que jugar al niñato tecnofashion, se derrumba ante unos putrefactos intereses electoreros que, además, no les han servido para una mierda porque más de la mitad del censo, hasta los cojones de ellos, se ha limpiado el culo con las papeletas, gesto probablemente más útil que utilizarlas para su finalidad primigenia.

Será fiesta el 4 de junio, el lunes que viene, ya ves. ¿Qué se celebra el 4 de junio? Ya lo he dicho muchas veces: algo así -y aproximadamente- como Hexacostés. O San Cagallón bendito, da igual. Puestos a tener fet diferencial, lo vamos a tener hasta con respecto a Europa, sí señor, así de transversales somos, cada día un poquito más cerca de África. Tendrá su qué ver al Hereu con un hueso cruzándole el tabique nasal.

Cada día los odio más, palabra.

Han ganado todos

Como siempre.

Y, también como siempre, los que hemos perdido somos los ciudadanos. Veremos cuál será el coste final de tanta comedia.

Joder, qué asco.

Respuesta a un meme

Desde una bitácora llamada «Las cosas de la vida», me lanzan un meme, una especie de propuesta, de acuerdo con el cual debería transcribir el segundo párrafo de la página 139 del libro que estoy leyendo. Bueno, pues el libro que estoy leyendo ahora mismo -releyendo parcialmente, en realidad- está en catalán, de modo que lo traduciré al castellano a mi aire, quedando claro que la responsabilidad por la traducción es sólo mía:

«Por otra parte, quiero destacar que es preciso actuar contra el problema de la inflación, que erosiona la competitividad y destruye el tejido industrial. También es necesario corregir el déficit de infraestructuras que sufre Cataluña, mediante inversiones importantes, sobre todo en el aeropuerto y en el trasporte terrestre de mercancías. A un nivel global, creo que hay que avanzar en la consecución de unos niveles mayores de flexibilidad laboral por parte del gobierno, algo del todo imprescindible para las empresas. Paralelamente, hay que continuar presionando en la internacionalización de la economía catalana».

Este párrafo pertenece a la obra «Directius catalans al món: 30 experiències», corresponde al número 24 de la colección «Papers d’economia industrial» y está coeditado por la Secretaria d’Indústria i Empresa (en la que me honro en prestar mis modestos servicios) del Departament d’Innovació, Universitats i Empresa de la Generalitat de Catalunya y el Centre d’Economia Industrial. No amplío la reseña porque de algunos de los aspectos de este libro hablaré próximamente in extenso en una de mis entradas habituales. Completaré la información sobre el párrafo reproducido diciendo que constituye parte de la respuesta a un cuestionario que se formuló a treinta directivos catalanes que ostentan muy altos cargos en multinacionales industriales y, en este caso, a la de don Albert Garreta, Vicepresidente ejecutivo de la División de Estructuras de «Benteler Automotive».

Y para seguir con el meme, invito a reproducir el segundo párrafo de la página 139 del libro que estén leyendo a:

Juantomás García
Un asturianín que pulula en la sombra
Davis de Ugarte

…Y a ver a cuántos les llega.

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