Su señoría

De vez en cuando alguien me reprocha que «El Incordio» se pasa mucho con los políticos y que, hombre, no todos son así. No, todos no: en niveles medios y medio-bajos de las estructuras de partido hay técnicos de diversas especialidades metidos a políticos que hacen las cosas bien y sabiendo lo que se pescan; otra cosa es que los de arriba les hagan caso, o sea que esos políticos intermedios ocasionalmente válidos resultan imperceptibles, asfixiado su buen hacer en la mediocridad y la venalidad de sus superiores.

Pero en no pocas ocasiones, todo lo que se pueda «pasar» esta bitácora se queda corto comparado con la realidad. Ahí tenemos a un tal Olabarría Muñoz, diputado en el Congreso del Grupo Vasco (o sea, PNV) que dice en voz alta y sin despeinarse (bueno, vaya, después de todo es calvo) lo siguiente (tomado de Kriptópolis): «Es una buena ley, va a mejorar la eficiencia de la actuación policial. Todos somos conscientes de la importancia [—] de este tipo de mecanismos de actuación mediante la observación de series tan relevantes en la televisión como Los hombres de Paco, CSI y algunas otras que todos podemos ver». Lo dijo hace menos de una semana dentro de los debates sobre los proyectos de Ley orgánica reguladora de la base de datos policial sobre identificadores obtenidos a partir del ADN y el de la Ley de conservación de datos relativos a las comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de comunicación. Casi nada. Y, por cierto, según el diario de sesiones, esa brillante, lúcida y sapientísima intervención se produce entre los gritos calzoncilleros de sus señorías («¡Hala Madrid!», parece que bramaban) reventando de satisfacción por la morfología de la clasificación final del campeonato de la cosa pelotera.

¿Qué puedo decir? Un comentario a la noticia en la propia Kriptópolis propugna el aprendizaje de idiomas, ya que, al final, los pisos en Berlín valen lo mismo que en Vallecas y hay que largarse de aquí urgentemente. Tiene su razón. Vaya nivelón el de su señoría, menudos conocimientos los suyos para un par de proyectos de ley como esos. Se me suben las transaminasas a las orejas sólo pensando en «Los hombres de Paco» como referente de cultura tecnológica. Y si quiere entenderse por qué pasa lo que pasa en este país, no hay más que ver el curriculum del elemento en cuestión y ver en qué ha metido cuchara nuestro héroe (y eso sólo en los últimos años). Para mear y no echar gota.

Y encima el tío es docente (no se dice de qué ni si tan abundante productividad parlamentaria le permite el ejercicio al presente de esa docencia). Sea cual sea el nivel de esa docencia, apañados estamos con la formación de sus alumnos; así se explican muchas cosas en materia educativa en este país.

¿Puede «El Incordio» en uno de sus días de peor humor superar -igualar siquiera- esta realidad? Yo creo que no, yo creo que esto -y más asociado a otras realidades tal vez no tan patentes pero ciertamente presentes- supera largamente las peores presunciones que puedan suponerse acerca de la cultura ya no tecnológica, sino general, de nuestros políticos.

No deja de ser un alivio que la realidad certifique los comentarios más agrios de sta bitácora pero, francamente, visto lo que nos cuesta esta realidad a todos los españoles, casi preferiría ser realmente un exagerado y que la cosa no fuera para tanto. Pero es para tanto y para más.

Y, como tantas veces digo, así nos luce el pelo.

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Comentarios

  • Monsignore  El 26/06/2007 a las .

    OMFG… ahora veo claro que la Ley de Dependencia esté inspirada por “Las chicas de oro”, la Expo de Sevilla por “Viaje al fondo del mar”, y los pactos postelectorales por “Enredo”.

    ¿Qué opinará Benson de todo esto?
    ¿Le importará a Benson?

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