Calzoncilleces

Llevan martirizándonos todo el fin de semana con la virguería que, según dicen, van a hacer en el más significado campo del calzoncillismo local, y ojo que este fin de semana es largo porque hoy, lunes, celebramos la fiesta patronal de Barcelona, la virgen de la Mercè; en su fecha, sorprendentemente, dado este alcalde tan convencido de eso de que todos los santos tienen su octava que nos planta Pentecostés en hexacostés (y así y todo la caga en las elecciones, je, je, je) al que muy bien se le hubiera podido ocurrir celebrarla en noviembre, pongo por caso.

Y ahora algún lector dirá: bueno, pero si a Javier le importa un pimiento el ejercicio este de los veintidós solípedos en pos de una pelota, ¿qué le va y qué le viene en que un club de ésos amplíe la barraca?

Hombre, pues algo me va y algo me viene. En primer lugar, aunque yo no tenga nada que ver con la instalación en cuestión, lo cierto es que el paisaje urbano también es mío y a mí no me han pedido opinión sobre el asunto, como tampoco me la pidieron para hacer esa asquerosidad de Word Trade Center que se carga toda la perspectiva del puerto o esa polla de colorines que han clavado en el justo centro geométrico de la ciudad y de la que los gilipollas están tan orgullosos que nos la clavan en todas las fotos como si fuera un icono de Barcelona. Bien, quizá lo sea, dada Barcelona…

Lo único bueno que han hecho los calzoncilleros es contratar a un arquitecto de verdad, no como hizo AGBAR trayéndose al gabacho aquel. Tengo una cierta esperanza en que Norman Foster haga algo todo lo decente que le permitan las circunstancias, que no será mucho porque una instalación para propinar puntapiés no da para tanto. Pero, en todo caso, me cabrea que haya botarates como el editorialista de «El Periódico» de hoy que santifiquen la cosa esa poco menos que como una obra pública y te suelten literalmente: «un estadio que se ha convertido en un imán sentimental, en una representación simbólica del barcelonismo y de Barcelona». Para el barcelonismo, quizá; en cuanto a Barcelona sólo pueden pasarle dos cosas: que no sea verdad (como espero) lo cual sería señal de que esta ciudad aún tiene arreglo (aunque difícil, evidentemente); o que sea verdad -que todo es posible- y entonces sí, apaga y vámonos.

Los trescientos y pico millones que va a costar la cosa (según presupuesto: ya veremos la realidad) me parecen una profunda inmoralidad, como todas las millonadas que circulan en el asunto este del calzoncillo. Yo creo que esta es razón suficiente para excluir de los programas de vivienda pública a los socios de esa entidad: si usted tiene pasta para subvenir esa atrocidad es que gana demasiado como para acceder a una vivienda pública; eso es cosa de necesitados y usted va notoriamente sobrado. Y lo mismo las becas y tal.

No debiera dedicarse ni un euro a eso mientras hubiera carencias sustanciales. Y menos un euro público, como los que se gastan en la mierda de las selecciones. Joder, el que quiera pelota, que se la pague y que nos deje en paz a los demás. Suscribo pues, la negativa a las federaciones catalanas y a sus subsiguientes selecciones. Y, hecho esto, habría que ir a por las españolas y suprimirlas rotundamente.

Con el dinero ahorrado en renunciar a medallas de oropel en cuchipandas olímpicas, quizá podríamos poner en circulación a algunos premios Nobel de física, química, medicina, matemáticas y demás disciplinas, especialmente las científicas, que buena falta nos hace. Sobre todo si el premio se lo dan por trabajos realizados aquí.

Y lo de los deportes… déjaselo a los premios «Príncipe de Asturias», que son más adecuados.

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Comentarios

  • Luis  El 24/09/2007 a las .

    ¡Muy bueno!

    Estoy muy de acuerdo con eso que dices de limitar las ayudas públicas a los que manifiestamente (como el caso este en concreto que comentas)
    se gastan sus recursos en algo de menor importancia objetiva que aquello por lo cual reciben la subvención.
    No había escuchado antes ese tipo de propuestas pero ciertamente tiene todo el sentido ético (y estético si me apuras) del mundo aunque su puesta en marcha en la práctica se me antoja una dura misión – aún hoy, más de 2000 años después, el pan y el circo siguen siendo las mejores armas de los “oligarcas” para controlar al “pueblo”.

    Cambiando de tema: ya estoy “salivando” por la entrada que seguro vas a escribir acerca de la tuneladora de la línea 9, esa que ha hecho demasiado pronto su trabajo y que va a chafar la foto del alcalde. Otro motivo de indignación por malversación de fondos públicos – ¿cuánto va a costar la reconstrucción del muro?

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