¿Capar o suprimir?

Me sabe mal decirlo, pero tiene toda la razón Daniel Rodríguez Herrera en su artículo de esta semana, en el que pone a parir al tribunal europeo por su decisión en el asunto Micro$oft. Y digo que me sabe mal no por el hecho de darle la razón a Daniel (eso lo soluciono imponiéndome la penitencia de leer un artículo de Ignasi Ramonet, que ya es un buen cilicio) sino por dársela a Micro$oft, que eso sí que es un divieso que no hay penitencia que arregle. De nuevo he de acogerme a la cita de Ivà, que tan tozudamente cito de forma constante, y establecer aquello de que la verdad jode pero curte y, en su virtud, debo convenir con Daniel en que la decisión de la presunta justicia europea es una gran tontería.

De entre las muchísimas cosas que tengo contra Micro$oft no está ciertamente la discusión de su derecho al diseño de su producto; además, no está tan claro que el diseño de su producto limite la competencia y la prueba está -como muy bien dice Daniel- en el propio Firefox, que le ha arañado una cuarta parte de la cuota de mercado pese a sufrir la desventaja de que M$ Internet Explorer está empotrado en Window$ como la uña al dedo. En mis felizmente ya lejanos tiempos en que usaba Window$ en casa, utilizaba WinAmp para escuchar -y, más ampliamente, gestionar- mi música y jamás me supuso para ello el menor impedimento el hecho de que agarrado como una lapa al sistema inoperante, ay, perdón, operativo (que le dicen) estuviera allí el Window$ Media Player: bastó indicarle al engendro que todas las extensiones multimedia fueran gestionadas por omisión por WinAmp para olvidarme (casi materialmente) de la existencia de WMP.

Por otra parte, me parece irresponsable el jolgorio que se ha desatado en la comunidad del software libre al respecto de esa sanción porque, en primer lugar, salvo unas pequeñas, remotas, discutibles y nada decisivas ventajas, no veo qué beneficio nos reporta eso salvo la satisfacción malévola y morbosa (un tanto patética, puesto que a Micro$oft no le ha quitado este asunto ni un minuto de sueño) y, en segundo lugar, la misma razón que ha llevado a sancionar a Micro$oft podría llevar al anatema de cualquier distribución de Linux, obligando -cuando menos a las comerciales- a distribuir únicamente el sistema operativo, a lo sumo con el escritorio, y que cada cual se buscara, aparte, los programas que más le convinieran. No sé qué sería de Ubuntu, como paradigma de la distro más usable y de más merecido éxito, si la Unión Europea vetara el sistema de distribuciones. Ya sé, ya sé que es más complicado cepillarse la distribución como concepto que plancharle WMS a Window$ (que también es un buen encaje de bolillos), sobre todo porque muchas distribuciones Linux no son comerciales y el mundo libre sin ánimo de lucro puede hacer lo que le dé la gana, pero el mal está en que se asiente un principio: el resto, es solamente una cuestión de tiempo.

Que se obligue a Micro$oft a vender una versión capada de Window$ sin que se le prohíba vender también la íntegra es del género borde: por el principio «el burro grande, ande o no ande», la gente comprará la íntegra y las cajas con versiones capadas quedarán tiradas por los sótanos como un homenaje a la estupidez burocrática de Bruselas. Si, además, pensamos que Micro$oft apenas vende un Window$ suelto porque casi todo lo coloca empotrado a la trágala en las máquinas (y lo que colocará en las máquinas, no hay que ser un genio para verlo venir, será la versión integral), acabamos de estar al cabo de la calle sobre la inteligencia supina de la justicia europea.

Mucho más importante, razonable y operativo sería, en cambio, imponer a los comerciantes la obligación de vender ordenadores sin sistema operativo instalado si así lo solicita el cliente. Esto ha dado lugar a muchas especulaciones en red, sobre todo porque lo único que hay es un informe de un think thank empresarial -influyente, eso sí- que ha recomendado a Bruselas esta medida. Pero ¿en qué términos? Pues ahí está lo que se discute en la red (sobre todo porque nadie se ha leído el informe en cuestión).

Se debate sobre si se puede obligar a los comerciantes a que instalen ellos el sistema operativo que el cliente demande; se discute si se puede obligar al cliente a que se instale él el sistema operativo que le dé la gana; se discute si eso afectaría a Apple (que no: de acuerdo con el literal del informe, la limitación en cuestión se pide para las plataformas PC, no para otros sistemas físicos).

En mi opinión -que he manifestado en los comentarios de un par de bitácoras- lo verdaderamente importante, lo único importante, es que se obligue a los comerciantes a vender a quien lo pida (no forzosamente a todo el mundo) ordenadores sin sistema operativo instalado ni en la máquina ni en la factura. Realmente no hay derecho a que cada vez que quiere uno comprar una máquina sin Window$ tenga que librar poco menos que un Armaggedon (del que la mayoría de las veces, además, se sale derrotado) o, para ahorrarse tiempo y molestias tenga que pagar un sistema operativo cuyo único destino va a consistir en ser borrado del disco duro… siempre y cuando eso no afecte a la garantía de la máquina como muchos fabricantes -fraudulenta y creo que ilegalmente- vienen estableciendo en su documentación postventa.

¿Favorecería esta medida al mundo del software libre? Muy relativamente. Favorecería, sobre todo, a los usuarios de software libre, que no nos veríamos obligados a pagar un software que no queremos ni ver en pintura. Pero, como ha demostrado Firefox -vuelvo a ello-, la expansión de un software no se consigue cascando a su competidor -por más que su competidor sea malo, sucio y marrullero- sino haciendo patentes y evidentes sus propias virtudes.

El mundo Linux debería mirar menos a Micro$oft como producto (otra cosa es mantenerlo bajo vigilancia como empresa tramposa que intenta influir mediante sucias componendas en administraciones, entidades de estandarización, sistemas de patentes, etc…) y mirarse más al espejo buscando sus propias carencias, que aún las tiene y muchas: faltan autoinstaladores (sí, sí, el *.exe, eso mismo), hay todavía demasiados problemas de compatibilidad con hardware (dicho sea en la plena conscienca que eso es más culpa de los fabricantes que de la comunidad del software libre, y ahí sí hay maniobras torticeras por parte de Micro$oft), hay escasez de amiguetes que echen una mano (cuando el ordenador no funciona, no se está para enviar mensajes a los foros y esperar a que te contesten nunca se sabe si veinte minutos o veinte días: lo que se quiere es un móvil amiguete que haga de hot line). Hace falta que la comunidad que desarrolla piense menos en grandes proyectos de ingeniería y más en la marujita usuaria: toda mi lucha en el interior de la comunidad -constantemente fracasada- ha sido intentar convencer a los desarrolladores de que el éxito y el futuro de Linux está antes en el escritorio doméstico que en la empresa o en la administración y el fracaso de este empeño se produce pese a la evidencia que, a este mismo respecto, supone Ubuntu cuyo éxito ha sido, por encima de cualquier otro, la penetración en el domicilio familiar.

En todo caso, mientras que la obligación de hecho de adquirir una licencia Window$ cada vez que se adquiere una máquna sí es un claro abuso de posición dominante y una práctica monopolística que debe corregirse fulminantemente y cuanto antes, el diseño de los complementos de un sistema (llamémosle) operativo creo que forma parte de la libertad de empresa. Como si a Micro$oft le da por emplear el modelo distro que utiliza Linux… Y no me parece descartable que un día haga numeros y se adhiera al sistema, una vez se jubilen los botarates que mantienen a esa empresa con parámetros del siglo pasado.

Y así les ha ido Vista.

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Comentarios

  • Daniel Rodríguez Herrera  El 27/09/2007 a las .

    Nada, hombre, puedes titular la entrada como hice yo hace algunos meses: Al final tendremos que apoyar a Telefónica…. 😉

  • Javier Cuchí  El 27/09/2007 a las .

    ¡Como nos hemos de ver por nuestra mala cabeza!
    🙂

  • Occam  El 13/10/2007 a las .

    “lo verdaderamente importante, lo único importante, es que se obligue a los comerciantes a vender a quien lo pida (no forzosamente a todo el mundo) ordenadores sin sistema operativo instalado ni en la máquina ni en la factura”

    La cuestión es que, si cuando el usuario de a pie se compra un ordenador en vez de encontrarse con el sistema operativo instalado se le dice – mire, puede usted escoger entre el windows, que es muy bonito y tal y lo usa todo el mundo y es el de toda la vida, por 100€, o el linux, que hace más o menos lo mismo, también es bonito, y se cuelga menos, por 10€ (por el trabajo de instalarlo) -, pues más de uno se lo pensará dos veces antes de comprarse el windows (y el que no, se merece tener que trabajar con el y encima pagando), lo que sería *muy* bueno para el software libre (y para los usuarios).

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