Miedo a la red

El cole de mis hijas forma parte de un colectivo de escuelas cristianas bajo cuyos auspicios el centro lleva a cabo una actividad útil e interesantísima -que tiene muy buen predicamento entre los padres- denominado FEAC (Família-Escola: Acció Compartida). El invento consiste en la formación de grupos no excesivamente numerosos (veinte personas, a lo sumo) integrados por padres y profesores de niños o jóvenes del mismo nivel educativo (educación infantil, primaria o secundaria; no hay FEAC para bachillerato, al menos en ese centro) que celebran unas reuniones periódicas -más o menos mensuales-, de una hora y media de duración a lo sumo, en la que, alrededor de un supuesto práctico que se propone unos días antes, se ponen en común diversas problemáticas del mundo infantil y adolescente y se analizan conjuntamente a fin de que la escuela y la familia den respuestas coherentes y coordinadas a un mismo fenómeno. Sencillo y práctico ¿verdad? Supongo que otros centros no integrados en ese colectivo llevarán a cabo una actividad similar y, si no, ahí tenéis una buena sugerencia para el de vuestros hijos.

Un positivo efecto secundario de estas reuniones es que se traba un conocimiento muy exacto de las actividades educativas de los demás padres -entendidas tales así, en general-, lo que ayuda a ubicar y contextualizar la propia: tú estás viendo, en cada caso, cuál es la tendencia general de la acción educativa familiar y asumes que, igual que tú, la está viendo el profesorado que, aunque utilizando las técnicas de corrección que estime necesarias, lógicamente actuará en consecuencia (es, precisamente, el objecto del FEAC). Por tanto, tú también deberás realizar correcciones tácticas para que tus propias hijas formen parte de esa homogeneidad que se pretende. Y ojo, que digo «homogeneidad» y no «uniformidad», no nos confundamos…

He notado muchas cosas en estas reuniones a las que asisto en este curso por cuarto año, pero la más característica, la más repetida, la más constante, la que no cambia, la que no no evoluciona, es el repelús que, en términos generales, produce la red. No hay casi nadie -muy, muy pocos- que la vean claramente como algo positivo; hay una minoría -también, afortunadamente, muy pocos- que la combaten frontalmente como origen de todos los males; y una inmensa mayoría no rechaza la red o, al menos no exterioriza el rechazo, pero se siente incómoda ante el fenómeno, asume su irreversibilidad y su crecimiento probablemente exponencial, pero pone demasiado en primer plano sus inconvenientes.

Ayer me lancé a un pequeño y breve discursito sobre el particular, sobre la base de que, efectivamente, la red tiene sus inconvenientes pero que hay que asumirlos de la misma manera que se asume -por más que se intente paliar, como, por otra parte, también se intenta en la red- que el tráfico por carretera tiene un coste en vidas humanas; dije que la red supone un cambio de usos en la tarea escolar, usos que pueden no gustar, cuando menos en parte (los «copia y pega» de Google, el Rincón del Vago, el intercambio de documentación -deberes resueltos, por ejemplo- a través de mensajería instantánea, etc.), pero que, positivas o no, estas son las reglas del juego en el futuro y que, a medida que el tiempo pase lo van a ir siendo muchísimo más aún, y que es inútil clamar por una autoridad pseudodivina que regule la red, ni en su todo ni por partes, por más educativas que sean (con esas ideas, no es sorprendente que vayan surgiendo como setas en otoño los proyectos «Gran Hermano», y no hablo de Basura 5) porque esa aclamada autoridad lo tiene técnicamente muy mal, hoy por hoy, y, además, porque somos muchos los que estamos luchando mucho para ponérselo difícil al «gran jefe supremo de todas las libertades cambiadas por seguridades».

En fin, entre protestas de que no, que todo el mundo veía la red como algo fabuloso (resulta curioso que sea difícil averiguar a qué le tienen más miedo, si a la red o a parecer demodées), fui reducido al silencio (al silencio sobre el tema) porque mi discurso se apartaba de la cuestión (cosa que es parcialmente cierta, pero también es verdad que las temáticas nunca son rígidas y se empieza hablando de una cosa y se va derivando hacia otras). No lo digo porque me sienta víctima de una conspiración, nada de eso, no me sentí «silenciado» en la peor acepción de la palabra, pero encuentro muy curioso que de este tema se huye, y se huye a todo gas, además. En estos tres años -este, obviamente, empieza- nunca se ha planteado la intersección red-alumno-escuela-familia como eje central de una sesión FEAC y yo no puedo evitar la impresión de que, en este entorno, sencillamente se evita, como se evita un mal olor.

Hay un problema de ignorancia: la red se ha instrumentalizado, en el sentido de que la mayoría de la gente la ve según la usa sin detenerse a meditar la trascendencia o la importancia de otros usos que no son los suyos pero que pueden determinar cambios, cambios de actitudes o cambios sociales. Y ya que hablamos de ello, hay miedo -y si no es miedo es animadversión- precisamente ante el cambio social, cultural e incluso político que está suponiendo y que va a suponer más aún la red. Este miedo o esta prevención vienen dados, sobre todo, por la incertidumbre; el ser humano ha aprendido a vivir sobre previsiones y la incertidumbre, si no se sabe gestionar (y casi nadie sabe), tiene un efecto destructivo peor que la dinamita. Y el caso es que, efectivamente, nadie, ni siquiera los que estamos más pendientes de ella, sabemos a dónde la red va a llevar a la sociedad, con lo que se genera el miedo irracional pero sistemático (históricamente sistemático).

Hay un problema también de control: muchos padres ven la red como algo que desliga a sus hijos de su autoridad. Conscientes de su ignorancia en la cuestión, tratan de defender su parcela de control familiar intentando mermar la influencia de la red. Y volvemos otra vez a la incertidumbre (mucho más comprensible en este caso): el desconocimiento de lo que hacen los hijos en red y la imposibilidad (ficticia) de acceder a la tecnología que permita ese necesario conocimiento, tortura a muchos padres (y, en menor medida, pero también, a algunos docentes).

Eso aparte, hay un problema añadido de conceptos democráticos mal asumidos y de frustraciones paternofiliales que muchos padres están asumiendo innecesariamente. En las charlas que doy de vez en cuando sobre estos temas, muchas caras se sorprenden (después, incluso, se iluminan) cuando digo que la supervisión de las comunicaciones de los hijos menores no sólo es un derecho de los padres sino también un deber; me doy cuenta, entonces, de que estoy diciendo algo que muchos piensan y que no se atreven a expresar. A partir de ahí, cuando les enseño algunas técnicas -sencillas, no me dedico a formar hackers– para el control de las comunicaciones de los mocitos -sobre todo en orden a saber con quién, más que el qué, no se trata de perturbar su intimidad sino de velar por su seguridad- la atención a mis palabras adquiere casi la misma intensidad que el ansia con que el sediento bebe agua tras dos días sin probarla.

Tengo muy claro, por tanto, que, por encima de cualquier otra cosa, estamos ante un problema de conocimiento o, mejor dicho, de desconocimiento. A medida que el desconocimiento se cae, que los padres van sabiendo mejor qué terreno están pisando, la desconfianza hacia la red cede en la misma proporción. No puedo entender, por tanto, que en algo que, en la superficie o en el fondo, preocupa tanto, que es objeto de tanto rechazo y de una cierta angustia causada por la incertidumbre y por el desconocimiento, se mantenga en el limbo como si fuera algo tan fuera de control como la meteorología misma. Pero, por más que el avestruz esconda la cabeza bajo el ala, el problema está ahí y, tarde o temprano será insoslayable.

¿Por qué no afrontarlo cuanto antes?

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Comentarios

  • Luis Monsignore  El 31/10/2007 a las .

    Conozco el patio; cuando en reuniones de padres de alumnos confieso sin rubor que fiscalizo – por cierto, que un día de estos te voy a dar la tabarra para que me ayudes a conectar el krdc, que no me salgo 😀 – la actividad internáutica de mis hijos, me enfrento a un clamor general en los consabidos términos (liberté, fraternité, privacité)…

    Por cierto, ¿te he comentado que puedes ganar mucho dinero desde casa si visitas viveganando.net? 😀

  • Javier Cuchí  El 31/10/2007 a las .

    Ya le he pillado a ese idiota la IP, gracias.

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