Corrida desigual

He seguido con atención el resumen de la sentencia del 11-M, que ha tenido dos partes muy claras.

Una primera parte, en la que el tribunal ha desmontado, punto por punto, milimétricamente, la famosa «teoría de la conspiración» que, después de llevar tres años y medio dando carraca y amargando a todos los españoles más de lo que ya estamos con muy buenos motivos, ahora va a resultar que no ha formulado nadie.

Un excelente trabajo del tribunal y muy especialmente de su presidente, que insufla un buen balón de oxígeno a la nada boyante credibilidad de la Justicia española ante sus propios ciudadanos y que merece, en parangón taurino, las dos orejas y el rabo. Sin vacilar.

Una segunda parte, consistente en las condenas propiamente dichas, que nos ha dejado a todos, creo yo, muy sorprendidos con algunas absoluciones y con alguna calificación, que han dado lugar a sentencias claramente muy benéficas en algunos casos, quizá en demasiados casos. Siguiendo con el símil taurino, silencio.

No obstante, no sería coherente decir que el tribunal ha sido eficiente y coherente para unas cosas y no para otras: hay que aceptar la sentencia en su totalidad y yo creo que, en su globalidad, y a reserva de leer la sentencia íntegra (cosa que, en principio, tampoco tengo intención de hacer, si bien sí en alguno de sus tramos), es una sentencia positiva y hasta ejemplar. Las benignidades en la adjudicación de algunas autorías y complicidades, en todo caso, podrá paliarlas debidamente el Tribunal Supremo cuando vea los recursos de casación que, con casi toda seguridad, interpondrán la práctica totalidad de las partes (salvo los absueltos, claro está).

Lo que sí ha quedado con el culo al aire, sin benignidad alguna posible, es la mala fe de los dirigentes del PP y el engaño que pretendieron endiñarnos el 11-M. Brincaron de entusiasmo cuando conocieron el atentado, celebrando que éste les prorrogaba una mayoría absoluta que no tenían nada clara. Cuando fue evidente que la naturaleza del atentado no les beneficiaba, intentaron sostener un engaño que, en realidad, era insostenible, pero que sólo hacía falta que aguantara de pie apenas cuarenta y ocho horas. No resultó, y ese premeditado y alevoso sostenella y no enmendalla fue, en definitiva, un puntapié en sus propios cojones: no sólo no accedieron a la mayoría absoluta sino que perdieron unas elecciones que, en principio y antes de cagarla, tenían previsiblemente ganadas aún en minoría. Locos de frustración, han corrompido la ya de por sí nada boyante política española en estos años y han generado tensiones brutales en un país donde las tensiones han acabado demasiadas veces mal. Lo habrán de pagar, sin duda.

Sin perjuicio de otras responsabilidades morales y políticas -que las hay, muchas y muy graves- la imagen de Acebes quedará fijada para siempre en la Historia de España como la de la mendacidad y la del oprobio.

Y dale recuerdos a Fernando VII, Angelito.

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Comentarios

  • Jordi  El 31/10/2007 a las .

    Zaplana dijo declaró ayer que el PP nunca ha dicho nada sobre ninguna teoría de ninguna conspiración. Realmente, esta gente tiene más cojones que el caballo de Espartero.

  • JCB  El 06/11/2007 a las .

    Hombre, que Zaplana y Acebes debieron desaparecer del panorama político español hace tiempo es “vox populi” y que los dirigentes del PP intentaron sostener una teoría etarra para ganar las elecciones cuando ya sabían que los tiros no iban por ahí, está claro.
    Por otro lado, el PSOE lleva 4 años reiterando que estos atentados están íntimamente relacionados con la participación de España en la guerra de Irak, porque les proporciona un pingüe rédito político (entre otras cosas ganaron aquellas elecciones, que yo daba por descontado que ganaría el PP a tenor de las encuestas).
    ¿Dice algo la sentencia sobre esto? Pues sí: que no encuentra relación entre ambas cosas (los atentados y la guerra).
    Cada vez me reafirmo más en mi apuesta por la abstención.

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