Moros y cristianos

Para qué nos vamos a engañar: los barceloneses estamos cagados. La imagen del 11-M pero, encima, en los túneles del metro, con el consiguiente efecto multiplicador de víctimas y de terror, es para cortarle a uno la digestión, sobre todo si piensa que no sólo uno utiliza este medio de transporte sino también su familia. Pocas bromas.

Hay que felicitarse de que la Policía Nacional, la Guardia Civil y el CNI estén -aunque, desgraciadamente, cada cual por su lado y pasando del colega- entre los mejores equipos antiterroristas el mundo. Cuarenta años de aguantar a los cabrones de ETA han servido, cuando menos, para que estos de ahora no lo tengan tan fácil… de momento.

¿Que no lo tienen fácil, digo? ¿Y por qué vienen a hacerlo aquí? ¿Por qué no en Italia o en Alemania, por ejemplo, donde sus fuerzas del orden han perdido mucha tensión antiterrorista tras haberse quitado de encima a sus particulares capullos hace un cuarto de siglo? ¿Qué facilidad encuentran aquí que compense con ventaja el amplio plus de eficacia del sistema antiterrorista español?

Yo sólo encuentro una respuesta: la imbecilidad imperante. Aquí hay una cuadrilla de perfectos gilipollas que va por el mundo imponiendo ideas -y eso que son cuatro gatos- y vendiendo estupideces de multiculturalidad, de transversalidad, de diversidad, de convivencia y de no sé qué más, y las remachan a la trágala a una sociedad civil desestructurada, débil y acompejada que permite que le invadan impunemente espacios que le son propios (y que en muchos casos le ha costado incluso sangre conquistar) por miedo a ser motejada de facha o de racista.

Hoy he intervenido en un programa de TV3, el canal autonómico catalán, en una tertulia sobre internet, de la que es posible que hable en una entrada aparte hoy o mañana, que ha visto recortado su tiempo por una larga intervención del presidente de la asociación de vecinos del Raval, el barrio en el que han sido habidos los terroristas y al que yo aludo habitualmente con el satírico nombre de Islamabad. Ha valido la pena el recorte porque el tío, notoriamente cabreado pese a que guardaba muy bien las formas, ha cantado en voz alta y clara las verdades del barquero.

Ha empezado pidiendo que le expliquén qué coño es esto de integración, de multiculturalidad y de convivencia -los leit motiv de la cagarela gilipollesca buenrollítica- cuando el colectivo musulmán (paquistaní, en este caso, porque los marroquíes fueron reducidos a la quasi clandestinidad prácticamente a palos por los indostánicos, que controlan materialmente el barrio) no participa en la cotidianidad del barrio, no participa en los actos y centros culturales públicos -en número creciente-, se desmarca de las reivindicaciones vecinales que se supone también habrían de beneficiarles a ellos si fueran satisfechas, tiene sus propios comercios, que el achuntamén les ha permitido alegremente montar como les ha dado la gana en mofa y befa de las ordenanzas municipales que sí se aplican a rajatabla con el comercio de titularidad autóctona (el poquísimo que queda) y no sólo no se acercan a la comunidad autóctona sino que impiden que ésta se acerque a la suya. Luego ha explicado el deterioro del barrio en una cronología que muchos ciudadanos hemos vivido perfectamente conscientes. Por ejemplo que una de las arterias comerciales del barrio se apodaba «La avenida de la moda» y otra de sus calles más populares -la de Sant Pau, cuya esquina con la Rambla está constituida nada menos que por el Liceo- no tenía apodo pero sí no menos de cuarenta sastrerías. Los vecinos del Raval, hoy día, tienen que salir de su barrio para comprar algo tan sencillo como una simple camisa, porque el comercio está acaparado por panaderías islámicas, carnicerías islámicas, barberías islámicas, ciberlocales islámicos y la Biblia en pasta.

Se mueven como por territorio conquistado de unas maneras que no osarían los franceses hijos de argelinos (y con carte nationale en el bolsillo) y nacidos en París, en sus propios barrios. Y no hay autoridad que diga esta boca es mía porque la autoridad que puede decir esta boca es mía está dirigida -y maniatada- por uno de los máximos prebostes del buen rollito, el conseller Saura, un individuo que después de decir lo que ha dicho de los balines y después de haber intentado engañar a todos los barceloneses con su peculiar no hay novedad, señora baronesa (vuelve a abrir la boca con el 11-M y Aznar, chatín, que ya verás qué te contestamos tres o cuatro) debería estar en la puta calle con el cese fulminante grapado en el trasero. Como es notorio no lo está y esa es una de las explicaciones de que pasen algunas de las cosas que pasan.

Contrasta tanto guante blanco, tanto buen rollo y tanta mierda con las putadas y las vejaciones a que se nos somete a los ciudadanos españoles ya no solamente cuando vamos a tomar un avión, sino simplemente cuando intentamos acceder a un edificio público para realizar unas gestiones, a un museo o a un edificio histórico para incrementar nuestro bagaje cultural, de esa cultura, precisamente, que dice el Teddy que está tan en crisis.

Pero siendo grave que los hijos de Alá hagan aquí lo que les sale de las pelotas sin tasa ni medida ante el aplauso y la caída de baba de unos cuantos oligofrénicos (que no parecen serlo tanto como para no chupar ingentes cantidades de pasta pública en sueldos, dietas, gorilas, coches oficiales y otros gadgets a expensas ciudadanas), eso no es lo único que nos puede pasar. La indignación ciudadana puede ser campo sembrado para oportunistas, unos oportunistas que ya existen, que ya están ahí, que basan toda su existencia en el populismo antiinmigratorio que acontecimientos como los de estos días incrementan. En estos momentos, la cotización de la leña al moro está en clara alza (debe ser el único valor que lo está) y es evidente que alguien acabará viniendo a mojar pan. O sea que, si no queremos caldo, dos tazas. Por una parte, los hijos de Ala, a lo suyo; por la otra, los matamoros a lo propio y ganando concejalías y vete a saber si al final llegarán a colocar diputados; matamoros que, ocioso será decirlo, tienen programas políticos de verdadero electroencefalograma plano (si se puede llamar «programa político» a lo que propugnan), con lo que a sus estelas empiezan a aparecer otros [aún más] indeseables. Porque curiosamente, detrás de las agrupaciones antiinmigración no aparecen partidarios de incrementar el gasto público social, en racionalizar e incrementar el transporte público, en ampliar y extender las prestaciones sanitarias o en aumentar las plazas escolares o preescolares; no se por qué (sarcasmo), pero detrás de estos matamoros suelen aparecer los de la tochana, los de la especulación, los de la privatización de los servicios públicos y otras lacras más o menos humanas. Será casualidad (más sarcasmo).

Con esos rentabajas que tenemos al mando, iremos de Guatemala a Guatecutre irremediablemente.

Tenemos que quitarnos de encima los complejos estúpidos y exigir que de una puta vez se hagan cumplir las normas, que bastante benéficas son ya. Necesitamos de los inmigrantes y deben ser bienvenidos; tenemos -lo he dicho muchas veces- que terminar con los cabrones que especulan con su miseria y que están cometiendo auténticos crímenes contra la Humanidad con la gente que está viniendo aquí. Pero esto no es Jauja. Aquí sólo se debe entrar de forma legal y en condiciones: para los sin papeles sólo procede el puntapié en el trasero y el regreso forzoso a la cábila. Y los que vienen aquí deben tener claro que llegan a nuestra casa y que no tenemos ningún inconveniente en que sea también la suya, pero siempre que respeten nuestra arquitectura y nuestra arquitectura se compone de nuestras leyes y de nuestras costumbres. Nuestra arquitectura es que aquí hablamos unos determinados idiomas y esos idiomas hay que hablarlos y entenderlos tanto si les gusta como si no; aquí -aunque a veces no lo parezca- la mujer es una ciudadana como cualquier otro y, por tanto, tiene que ir al cole hasta los 16 años (y tiene que ir sin el puto trapo) y pringar como todo hijo de vecino esa mierda de ESO; después, cuando sea mayor de edad, podrá hacer lo que le dé la gana sin limitación alguna que no esté en las leyes (en las que se votan en el parlamento, no en la mezquita), vestirse como le salga de la entrepierna y acostarse con quien le haga tilín, así como casarse con quien se deje. Y deberá morir -de muerte natural, por supuesto- virgen o no (a su libre elección), pero con el clítoris entero y en su sitio. Por lo demás, todos, hombres y mujeres, mayores y menores, tendrán -ya lo tienen- perfecto derecho a la atención sanitaria y a la elección de facultativos (al menos, hasta el punto en que lo tenemos los de aquí, que en la realidad práctica es: ninguno) pero estos facultativos no podrán ser elegidos o rechazados por su condición masculina o femenina. La inmensa mayoría de los DUE son mujeres, enfermeras, así que si te tienen que sondar, amigo, la enfermera te tiene que meter mano en la polla, de manera que te jodes y te aguantas o a la puta calle y meas por las orejas; y si el facultativo que maneja la máquina de las termografías es un tío, va a tener que meterte mano en las tetas, querida, y si no te gusta, a la puta calle y, cuando te toque, la mastectomía que te la haga el imán con una motosierra. Tantas contemplaciones ya.

Estas son las reglas. Si no te gustan, estás en tu derecho. Lo que tienes que hacer, entonces, es guardarte el patrimonio de tu familia, no correr riesgos en una patera de mierda y quedarte en tu aduar a practicar el fuego antiaéreo con las moscas. Tenemos a media Hispanoamérica loquita por venir aquí y estos tienen sus cositas, pero son de menor cuantía y no dan por el culo. Y que sepan, en todo caso, que los permisos de residencia no son -o no deberían ser- irrevocables: a las primeras de cambio, billete de vuelta.

Y en cuanto a los cabrones estos que venían bomba en ristre, a ver si cuando sean debidamente condenados cumplen sus penas íntegras, porque el cumplimiento íntegro de las penas por terrorismo no son sólo para los etarras sino para todos los terroristas. Ni remisión, ni indulto, ni zarandajas. Y nada de ghettos presidiarios: igual que con los etarras, dispersión de presos a modo.

Si hemos de morir de un bombazo, que sea al menos en un país serio. Porque si en la fracción de segundo en que una bomba te convierte en contaminación, tu último recuerdo ha de ser las tonterías que suelen decir los Saura, Llamazares y compañía, es como morir por partida doble: desintegrado y de rabia.

¡Qué tropa!

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Bueno, pues me ha salido la paella monográfica. Creo que la situación es lo suficientemente grave como para justificarlo. Nos hemos librado de una muy gorda, tan gorda o más como la de Madrid de hace cuatro años. Hemos tenido más suerte que aquellos 192 madrileños, que los centenares de heridos y que las familias de todos ellos… esta vez. Pero si no se camban las políticas en la base misma, en la raíz misma del problema, estaremos así hasta que los islamistas se aprendan todos los trucos. Si no se les pone coto muy en serio, quizá llegue un día en que añoremos a la mismísima ETA.

Los ciudadanos tenemos que expresar nuestros sentimientos tal como vienen y al que nos llame fachas o racistas contestarle con un estentóreo y bien audible ¡¡Hijo de puta!!, recordándole que racista es el cabrón que me mata a mí sólo porque no soy creyente de su religión.

Aquí sólo hay dos opciones: o ellos se adaptan a nosotros y disfrutarán de nuestro nivel de vida sin obstáculo alguno para sus creencias (para sus creencias, no para sus mentecateces) o nosotros nos adaptamos a ellos y entonces acabaremos todos, nosotros y ellos, viviendo en las condiciones que les forzaron a ellos a venir aquí.

Hasta el próximo jueves.

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Comentarios

  • Celu  On 24/01/2008 at .

    Joooder.

  • Ryouga  On 25/01/2008 at .

    Quisiera ser el primero en felicitarlo por este excelente post, si estos argumentos se oyeran en periódicos y televisiones ,quizás otro gallo nos cantaría, en vez de la bazofia de buen rollo habitual.Esperemos que Internet siga llegando a mas gente para acabar con ese monopolio.

    aquí en Galicia somos unos expertos en emigración,nuestros padres,abuelos y aun nuestros jóvenes saben muy bien lo que es .Venezuela,Cuba luego Inglaterra y Suiza y hoy en día Canarias son lugares con importantes colonias de paisanos, y siempre han sabido adaptarse a las costumbres locales, mezclarse con las poblaciones autóctonas y aun ganarse una fama de trabajadores y un buen porvenir (Se suele decir que para que un gallego progrese tiene que emigrar).
    Recuerdo contar a los que emigraban a Inglaterra que para admitirlos tenian que tener un trabajo y un lugar donde vivir (que solía ponerlo el empleador y estaba supervisado por los servicios sociales para que cumpliera la normativa) y que debían presentarse en la policía para dar los datos de su residencia al llegar y cada vez que la cambiaran,por supuesto que cualquier delito suponía la expulsión definitiva.
    ¿No podríamos copiar este sistema y asegurarnos de que los inmigrantes tuvieran un trabajo y residencia fijo antes de entrar y limitarlos a los necesarios garantizándoles una vida digna y una buena acogida siempre que como dice se adaptaran a nuestra leyes y costumbres?

    P.D. Tenemos ahora un corrector ortográfico? Me gusta!.

  • Jordi  On 25/01/2008 at .

    Según los medios, iba a saltar por los aires un conyoy de la L3 del metro, un centro comercial y (vaya por Alá) una mezquita. Una matanza en toda la regla de moros y cristianos y de inmigrantes y nacionales, como el 11M en Madrid. Tenemos un problema y muy muy serio.

  • mugus  On 30/01/2008 at .

    les estan regalando el pais,parece que no tenemos derecho ni a estar en nuestra casa,no conseguimos ayudas por no tener nunca los requisitos exigidos,no hay plazas de guarderia ni de colegios,si no llegamos a fin de mes ninguna entidad nos da un paquete de comida.
    Dios mio,¿Que hice para ser español?

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