La red, ese peligro

Decía en mi paella de ayer que participé en un coloquio en TV3, el canal autonómico catalán, dentro de su programa estrella de la mañana (y de lo que no es la mañana), «Els matins», conducido por Josep Cuní. La segunda vez en poco tiempo, porque el 20 de diciembre intervine también con motivo del canon; fue precisamente el día en que el PSOE nos la metió doblada, con la inestimable ayuda de IU, ERC y CiU.

Lo de ayer, en cambio, no iba de canon, era algo más nebuloso: la propuesta consistía en que nos explayáramos sobre el delito en Internet, no necesariamente sobre el delito estrictamente tecnológico y mucho menos sobre los dimes y diretes sobre propiedad intelectual, sino más, así, en general. Y para ello, se partió de la noticia del procedimiento penal contra un pájaro que subió a YouTube un vídeo en que se le veía haciendo el cafre con su coche. Todo ello, por supuesto, presuntamente, no faltaba más: lo de cafre, lo de subir a Youtube, lo del vídeo y lo del coche.

La cosa no tuvo mayor historia; ya dije que el presidente de la asociación vecinal del Raval se nos comió el tiempo de medio programa y los nada menos que seis invitados a la tertulia nos limitamos a contestar una pregunta cada uno y a cruzarnos una o dos opiniones, sin acritud, por supuesto, porque estábamos más bien desorientados sobre el objetivo de la cosa. La conclusión que sacamos inter nos, es que Internet es un tema recurrente para suscitar el interés de la audiencia siempre que se enfoque desde un punto de vista truculento y eso es lo que hubo y nada más. La práctica totalidad de invitados defendimos a la red (lo de «defender a la red» es tan innecesario como presuntuoso, pero ya nos entendemos) sobre la base de que en realidad son delitos o lacras de la vida real con una cierta -más o menos escandalosa- proyección en la red y punto pelota.

Lo que no deja de ser sorprendente, ya más que inquietante, es que a estas alturas todavía haya quien compre truculencia en red y que aún haya comunicadores serios -Cuní lo es- que la vendan. La truculencia en red debiera ser cosa exclusiva del tomate y no de programas con cierta cara y ojos. A mí, por ejemplo me gustaría que me invitaran a estos programas para hablar de las posibilidades de Internet, de las presentes, de las que ya están ahí, y de las futuras, de las razonablemente previsibles, que pudiéramos tener debates y tertulias sobre cómo la red puede mejorar aún más nuestra calidad de vida o cómo puede ser un vector de supervivencia y desarrollo para países en estado de postración.O cómo a través de ellas se pueden estructurar oportunidades de negocio, o cómo se generan mercados en red, o cómo se está edificando una nueva democracia digital (Teddy dixit, mira por dónde…), o cómo, en qué y por qué Internet va a cambiar también, y también radicalmente, la morfología política del mundo occidental… y de dos o tres mundos más.

Llevo dos veranos, el del 2006 y 2007 en que, invitado por la emisora barcelonesa de COM Ràdio, una cadena de radios locales de la Diputación, he participado en un miniespacio matinal, nada, veinte minutitos cada martes durante el mes de agosto, pero muy agradable precisamente por eso, porque no estaba basado en la truculencia ni en la anécdota. La truculencia y la anécdota tenían su pequeño lugar, por supuesto, pero no constituían la base del espacio. Y, francamente, lo pasé bien. Lo pasé bien en 2006 año en el que fui de simple comentarista; y lo pasé aún mejor en 2007, que seguí yendo, enunciativamente, de simple comentarista, pero acabé haciendo incluso los guiones (o, mejor dicho, en términos cinematográficos, el story board). Si me llaman para el 2008 y puedo combinármelo, será un placer volver. Precisamente por eso, porque se habla de Internet en clave positiva… lo que no equivale necesariamente a hablar bien de Internet sino de analizarla con sentido crítico y constructivo y de hacerlo, además, de una manera clara, inteligible para el gran público.

Hace quince años o veinte años cuando en España Internet no existía ni en la ciencia ficción, nuestra lucha era contra el escepticismo informático, contra la generalización de la creencia de que eso de los ordenadores era solamente cosa o de tecnómanos pijos que jugábamos con máquinas como otro modo cualquiera de perder el tiempo o de profesionales de la cibernética. En aquellas épocas algunos ya veíamos tan claro que los ordenadores iban a suponer una verdadera revolución en la productividad no sólo de las empresas sino de la práctica totalidad de la actividad humana -como así ha sido- que nos parecía increíble que hubiera personas que lo dudaran, que se comportaran como si el ordenador (entonces apellidado personal) fuera a ser eternamente una máquina auxiliar puesta en un rincón y utilizada esporádicamente en medio de un estruendo de máquinas de escribir y de calculadoras electromecánicas. Y no era necesariamente gente ignorante: la propia IBM, la creadora del PC, no creyó inicialmente en un uso serio y profesional de su máquina y apostó -hasta que lo contrario fue evidente- por grandes sistemas centralizados que daban servicio a redes más o menos extensas de estaciones tontas.

Pero aquellas eran épocas del pionerismo. Minutos antes de iniciar este artículo he intentado establecer desde cuándo uso Internet y veo que ya soy un veteranillo: unos doce años y algo desde que me lo pusieron en el trabajo y nueve o diez que lo tengo en casa. En ese tiempo, Internet se ha consolidado ya, o habría debido de estar consolidado, que esa es otra. Tendríamos que haber salido ya de la época del pionerismo de la red y yo creo que hemos salido: el otro día se hablaba de veinte millones de internautas en España. Es menos gente de la que debiera haber, pero es ya mucha gente. No es lógico que aún tengamos unos cuantos que ir de emisora de radio en cadena de televisión, al modo pionero, tratando de quitar hierro a pederastias, anorexias, piraterías, y no sé cuántos dramas y picarescas más, como si en la red no hubiera otra cosa.

Y es justamente lo contrario. Millones, muchos millones de personas en el mundo occidental se conectan cada día a la red durante muchas horas para hacer cosas buenas y provechosas: para la creación artística e intelectual, para las comunicaciones de empresa, para el tráfico comercial, para debates sociales y políticos, a veces de muy amplio alcance, para la busqueda rápida, eficiente y exhaustiva de datos tanto para uso escolar como para un tercer nivel académico, hasta tal punto que se puede decir -creo haber sido uno de los primerísimos en enunciarlo- que Internet no es un medio de comunicación sino un entero modo de comunicarse.

La gente tiene que ver a la red como lo que es, como una gran oportunidad para la Humanidad. Se pueden decir cosas sobre la red con muchas mayúsculas, estamos ante una revolución que va más allá de lo tecnológico y que, aunque aún no sabemos exactamente a dónde puede llegar, ya no es un imprudente determinismo afirmar que estamos ante un hito histórico de primer orden en todo comparable a la invención de la imprenta. Y esa es precisamente nuestra lucha como activistas internautas: que los ciudadanos conciban la red como una gran promesa, no como la amenaza que algunos les están vendiendo, frecuentemente sin más motivo que un quítame de allá ese 1 por 100 de share.

Pues en ello seguiremos.

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Comentarios

  • El Barón Rojo  On 25/01/2008 at .

    Sin embargo, sr. Cuchí, es ese tanto por ciento de share y lo más importante, su poder adquisitivo (en relación con su status socioeconómico) por lo que la TV como medio compite y ve que pierde paulatinamente con respecto a internet.

    Mientras estoy aquí escribiendo no estoy viendo anuncios en la tele. Tengo la sensación de que tardarán bastante en asumir y adaptarse a esa realidad, igual que le pasa a la industria musical.

    Un saludo.

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