Jueces, caspa y papeles

No salgo de mi asombro. ¿Qué habrá de ocurrir para que mi capacidad de sorpresa se vea colmada?

Tres condenados por asesinato, en la calle gracias a un tecnicismo. No a un error, no a un despiste: a un tecnicismo. Un jurado les había declarado culpables (dos putas y un amigo de ellas) de haber asesinado a martillazo limpio a un empresario andorrano que, al parecer, era cliente habitual de las dos tías. La sentencia (más de 17 años de prisión para cada pájaro) fue recurrida y el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya la anuló y ordenó que se rehiciera el fallo condenatorio por omisiones importantes en la redacción de la sentencia original. El TSJC ordenó la devolución del procedimiento al magistrado de la Audiencia que presidió la vista oral a fin de que la sentencia fuese redactada de nuevo e incluyese de forma más clara y extensa las razones que llevaron al jurado a dictar el fallo condenatorio que el Tribunal Superior refrendó. La sentencia, pues, quedaba anulada, pero en su redacción, no el proceso ni su resultado final.

Pero he aquí que mientras se procedía a la redacción del nuevo fallo, los abogados defensores, cumpliendo con su deber (sobre esto, no hay nada que decir), piden la puesta en libertad de sus patrocinados en base a que en su día se dictó un auto prorrogando la prisión provisional de los ahora culpables, auto que se dictó basándose en la original sentencia condenatoria y, por lo tanto, al caerse ésta, decae la validez del auto. Y el juez acepta los argumentos de los abogados en base a que, si bien el TSJC no discutió el sentido condenatorio de la sentencia, lo cierto es que anular, lo que se dice anular, ésta estaba anulada y, por tanto, efectivamente, un auto basado en ella queda convertido en papel mojado. Y, hala, a la calle.

Yo no voy a entrar ahora en si al juez no le quedó otro remedio, en si pudo haber tenido alternativas… No lo sé y, de hecho, saberlo o no es escolástica pura. La ley se ha cumplido en su estricto tenor, indudablemente… pero a su mayor escarnio y burla. Lo dije una vez: si los jueces no pueden, por incapacidad propia o por impedimento legal, aplicar la ley a la luz de un contexto determinado y de unas circunstancias concretas, los jueces están, entonces, de más. La aplicación automática y a piñón fijo de la ley es algo que, hoy día, puede perfectamente hacer un ordenador y, además, un PC común y corriente, no hace falta ir a buscar, precisamente, al Mare Nostrum; incluso su programación sería una tarea sencilla: el «Quien Rompe Paga versión 1.0» no pasaría a los anales de las maravillas de las aplicaciones informáticas. Incluso podría correr razonablemente bien bajo un sistema operativo M$ Window$ (al menos, mientras éste no se colgase): dado el veredicto del jurado, pataplúm, tal pena. Y sin pantallazo azul ni nada. Porque, señoría, dejar en libertad a unos asesinos convictos por un tecnicismo legal que, después de la revisión de la sentencia por tribunal superior, no modifica su fondo práctico, es conducirse como un perfecto autómata. Con el sueldo de un sólo mes de un juez -que reconozco no muy reconfortante- se pueden comprar unos cuantos ordenadores con una vida útil previsible de cuatro o cinco años.

Esto (todo esto, la sociedad, la política, la judicatura), se está desquiciando y los ciudadanos entendemos cada vez menos las cosas que se hacen hasta el punto de que cada vez tenemos menos confianza en el sistema, pero en el sistema ampliamente entendido, no sólo en su aspecto político. Está claro que hay que ir pensando seriamente ya en buscarle alternativas o esto va a acabar mal. Sencillamente porque, si el propio sistema no se reforma en profundidad, no se ve camino por el que pueda continuar bien.

El futuro no induce a optimismo.

——————–

Parecería inevitable hablar de la defunción -anunciada anteayer por sorpresa para mañana mismo y, además, como irreversible- del programa de Tele5 «Aquí hay tomate». Pero no, no es inevitable: podría evitarlo perfectamente, pero hablo de él porque me da la gana.

Se han lanzado muchas campanas al vuelo, algunas con más razón que otras. Es evidente que para personajes sistemáticamente perseguidos por esa gente, la noticia ha constituido un previsible alivio. Pienso, por ejemplo, en Isabel Pantoja, permanentemente puesta en el punto de mira de ese equipo de telebasura. Hay, probablemente, muchos otros personajes asimismo aliviados, pero no los conozco. Digo que no los conozco y digo bien, no me estoy colocando en un afectado limbo intelectual que ignora cutreces: es que las pocas veces que he visto esa cosa -tengo pruebas de mi escasa asiduidad: se emite en horas de trabajo- salvo personajes como la Pantoja, la Jurado y muy pocos más, lo cierto es que no he sabido nunca de quién coño hablaban.

Hace un par de años, una buena amiga de casa sufrió una lesión que la tuvo dos o tres meses de baja; en ese tiempo, fue asidua del tomate y llegó a adquirir una cultura ciertamente notable sobre la fauna de la que medraban esos fabricantes de la tele del residuo. Durante ese período, y unas pocas semanas más en que su vuelta al trabajo le impidió seguir habitualmente la cosa pero que sus conocimientos permanecieron actualizados, fue mi asesora tomatera y me aclaraba a qué ganadería pertenecían los especímenes cuyos méritos para alcanzar la notoriedad yo ignoraba. Resultaba que, en definitiva, la inmensa mayoría eran desperdicios sobrantes de grandes hermanos o de operaciones triunfales, folladores -presuntos- de peripatéticas octogenarias pasadas de vueltas y toda una long tail arrastrada por estos, de ex, ex de ex, putiferio, cornamenta, la puta de la cuñada y el cabrón del consuegro. Seguramente toda esa recua será la que sufrirá más la poco buñolera tomatina que ha prescrito la dirección de la tele berluscoña, porque gracias a inventos de esos, podían sobrevivir -mal, pero iban tirando: no cobraban grandes pastizaras, contra lo que algunos puedan pensar- sin dar un palo al agua y sin otro esfuerzo que inventar una mayor y mejor forma de hacer el ridículo para seguir en ese patético candelero.

Esto dicho, tampoco entiendo del todo tanta campana al vuelo. Oficialmente, la cadena ha retirado la cosa por su crisis de audiencia. Me permito dudarlo: está sosteniendo tozudamente programas con mucha menos, porque el tomate de los cojones te levantaba… no quisiera exagerar pero ¿he podido leer por ahí 13 millones de cenutrios? Si la cifra es cierta y la memoria o la comprensión lectora no me han jugado una mala pasada, me parece una cifra comercialmente excelente para una cosa emitida en horario de sobremesa de los días laborables. Ya quisieran esa audiencia muchos programas que se emiten en horario, que le llaman, prime time y que, sin duda, la merecen o, por lo menos, la merecen mucho más que el tomate; hay que pensar que 13 millones constituyen, así, grosso modo, más de la cuarta parte de la población total del país, es decir que hablamos de uno de cada cuatro españoles -o residentes asimilados- incluyendo niños en edad escolar y gente que trabaja a esas horas, además de los desocupados que no ven tomates porque tienen otras opciones de ocio, o sea que aquí o hay mucha jornada intensiva o hay mucho cuento con las cifras de población activa. Se ha dicho que tras el cerrojazo está la mano de Aznar, que juró venganza fiera contra el programa que divulgó -cierta o falsa- su separación matrimonial y, claro, Aznar es mucho Aznar y no conviene tener enfrente a quien verdaderamente maneja el PP.

De cualquier modo, repito, no entiendo el porqué de tanta campana al vuelo. «Aquí hay tomate» era -es, aún, por pocas horas- un espacio televisivo deleznable, pero lo que a mí me desgarraba de su existencia era, sobre todo lo que tenía de efecto, no lo que tenía de causa, que era poco. Quiero decir que el tomate no era un programa embrutecedor de masas sino, en sentido inverso, fueron las masas previamente embrutecidas las que lo llevaron a las cimas más altas de las grandes audiencias. El tomate intrínsecamente, no me ha preocupado ni molestado nunca, toda vez que no era obligatorio verlo, como cualquier otro programa de tele; hay más opciones -otras treinta y tres, nada menos, en Barcelona, si ya tiene uno en marcha la TDT- sin contar con la radical (y, por mi parte, más frecuente): cerrar la tele.

El tomate desaparece pero eso no tiene importancia, como tampoco la hubiera tenido si se hubiera mantenido en antena, porque lo importante, lo sustancial, es que permanece -y bien asentada- la caspa social que lo aupó y a la que le echarán -podéis apostaros el cuello, que no lo váis a perder- cualquier otro producto igualmente guarro en sustitución del que ahora liquidan. He visto hoy de reojo un titular en el que una periodista de relumbrón decía que la televisión del corazón putrefacto es un modelo que se agotará, pero no inmediatamente: pasarán años, quizá diez. Acertaba a medias: el modelo de corazón putrefacto caducará -a largo plazo, efectivamente- pero el corazón putrefacto es un modelo más de televisión basura, no la televisión basura. Dentro de diez años la televisión basura servirá otros formatos, otros contenidos, quizá gladiadores luchando a muerte o ejecuciones públicas retransmitidas en directo (para luego ser glosadas fotograma por fotograma por una serie de programas, hasta cuatro o cinco diarios, que un poco de contenido da para mucha tela); recordemos aquellos programas infectos como el pelícano de Pepe Navarro o los reality shows de la tía rubia aquella, Nieves Herrero, que se revolcaron en los cadáveres de las niñas de Alcàsser, como simple muestra de la mucha porquería que exhibieron, cuando creíamos que no era posible una televisión peor.

Desengañémonos: para que se termine la televisión basura, lo que tiene que dejar de ser basura somos nosotros, la sociedad española. Con una ventaja añadida y gratuita, como el premio de una promoción: si dejamos de ser una sociedad basura, quizá, además de la televisión basura, desaparezca la política basura, la ética basura, el trabajo basura y muchísima otra basura que nos comemos cada día por quintales.

¿O no?

——————–

Volvemos a estar a vueltas con los llamados «papeles de Salamanca» cuyo retorno, exigido por la ley, está congelado, o sea que la ley se incumple sistemáticamente. Así es este país. Cuando una ley no gusta, se incumple. Poco tiene que ver que, encima, el que incumple es el que la promovió y el que hizo que fuera mayoritaria en el Congreso y en el Senado.

Mi postura respecto a lo de los papeles de Salamanca es muy ecléctica, en lo que a mi interés personal respecta y en el que respecta también a los investigadores: se digitaliza ese fondo de archivos, se cuelga en la red y los originales que los guarden donde quieran, como si se los quieren meter por el culo.

Esto sería universalmente válido si estuviéramos hablando de documentación pública. El problema es que en ese fondo hay muchísima documentación privada; pienso, por ejemplo, en cartas escritas por un padre ya muerto -quizá fusilado- o por un hijo desaparecido en el frente, cartas que fueron confiscadas manu militari para servir de ¿pruebas? en ajustes de cuentas con formato judicial. En casa de mis padres está el título de profesor de Catalán de mi abuelo, expedido por la Generalitat republicana, con la firma autógrafa de Pompeu Fabra, el culpable del catalán moderno. Además, mi abuelo perteneció a la primera promoción de esos profesores, cuya continuidad, como cabe imaginar, quedó radicalmente cercenada en 1939. es un documento importante para mi padre, para mí, para mis hermanos y para mis tías y mis primos. Imagino, pues, lo mucho que nos jodería que este documento estuviese tirado en unos archivos de Salamanca y que se negaran a devolvérnoslo como si no fuera nuestro y sí de ellos. Por derecho de conquista. Y no pongo en su boca palabras que no hayan pronunciado, porque eso lo dijo así mismo Gonzalo Torrente Ballester.

Dejando aparte los agravios privados, lo que más molesta del asunto de los papeles y de que salga ahora es su transfondo. Si los papeles hubieran sido andaluces,o castellano-manchegos, me atrevo a decir que los salmantinos no hubieran opuesto tan feroz resistencia a su devolución; o bien, oponiéndola, promulgada la ley que obliga a su devolución, ésta se hubiera producido de forma inmediata y rápida. El asunto -y este es el verdadero fondo de la cuestión, porque a ese archivo los salmantinos no le hicieron jamás ni puto caso, y eso suponiendo que supieran de su existencia, cosa que dudo en el 99 por 100 de los habitantes- es que los papeles que se reclaman son catalanes.

Aquí basta que asome la nariz algo catalán para que se monte la pelotera padre. Recordemos lo de ENDESA, la OPA planteada por la Caixa. Recordemos que el entero país se mesó las barbas: ¡lo más y mejor de la producción energética nacional iba a estar en manos de los catalanes! Menos mal que vinieron los alemanes a salvar a España de los polacos estos… Bueno, y luego la operación se acabó de fastidiar ya no entendí muy bien -ni ganas- por qué. Lo que sí tengo claro, es que si la OPA la lanza, por ejemplo, el Santander Central Hispano, salvo en los círculos financieros más profesionales aquí nadie hubiera hecho ni pajolero caso. El asunto no era que ENDESA fuera adquirida por una entidad financiera -en estos tiempos es, por lo demás, lo que cabe esperar, desgraciadamente- sino que lo fuera por una mayormente catalana.

Como único consuelo, cabe pensar en el choteo fino que nos hemos ahorrado si ENDESA hubiera sido de la Caixa a finales de julio del 2007, con toda Barcelona a oscuras durante tres días (porque aunque ENDESA hubiera sido de la Caixa, lo que pasó hubiera pasado igualmente, no nos engañemos: ¡valientes elementos estos para invertir en el servicio público más allá de la mitad de lo justo!).

Está claro y no tiene vuelta de hoja: el anticatalanismo… no: la anticatalanidad, vende, da votos. Y, como consecuencia de esta evidencia, el nacionalismo crece en Cataluña.

Ceguera, ignorancia y olor a pies, esto es lo que hay.

——————–

Hasta aquí hoy, jueves lardero del año 2008, que viene pronto, como pronta llegará también la propia semana llamada santa. El sábado será día 2, festividad que es -o fue- de la purificación de la virgen (las religiones le tienen una manía a la mujer que no se tienen en pie), día tradiconalmente conocido como La Candelaria y día en que la tradición ancestral catalana determinaba como fin del tiempo navideño; el día de la Candelaria se recogían los pesebres: hoy apenas sobreviven al 7 de enero. O tempora, o mores!.

Hoy empieza la estupidez esta de los carnavales, lo que me recuerda que semanas atrás prometí hablar de ellos en tal día como hoy. Me doy cuenta ahora, a paella cerrada (y retrasadita: vuelve a ser una paella de cena), con lo que no voy a poder cumplir la promesa. Lo intentaré para el jueves próximo, ya Cuaresma, pero con la sardina enterrada aún no putrefacta.

Jueves próximo, por cierto, que será 7 de febrero, ya habremos dejado un mes atrás los últimos estertores de las fiestas de la VISA y es hora ya de penitencia. Precisamente en Cataluña son costumbre de la Cuaresma los buñuelos de l’Empordá, riquísimos. Y en mi Asturias materna, se llevan por las épocas de Carnaval los frisuelos, una especie de crêpes, para entendernos, pero mucho más ricos. Ñammmmm. Marina (mi endocrina) me pasa por las armas. Precisamente me toca el jueves y hoy he ido al vampiro para la toma de muestras. Ya verás, ya…

Que no me pase nada.

——————–

ACTUALIZACIÓN (2.2.2008)

Sobre los índices de audiencia del tomate, ya algo me decía a mí que alguna cosa no iba bien en tanta millonada. Efectivamente, tal como indica «Libertad Digital» citando al propio espacio televisivo, la cifra de espectadores diaria era de 2.500.000, lejos de los 13 millones que yo he dado. Los 13 (que tampoco son 13 sino más de 19 y habían llegado a 26) son los puntos porcentuales de cuota de pantalla. Siguen siendo números importantes, no demenciales, pero sí importantes, que, desde luego, no sirven para explicar la desaparición del programa, y menos de esa manera, por lo que sigue siendo válido todo el resto del comentario.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 31/01/2008 at .

    Dos pequeños apuntes.
    1- Papeles de Salamanca. La ley de patrimonio español califica esos “papeles” como patrimonio documental, objeto de archivo y consulta pública. No me meto con donde se pueda hacer esa consulta. Nada de eso. El caso es que han dejado de ser propiedad material de un individuo (no digo propiedad sentimental, ojo), para pasar a ser propiedad comunitaria sobre la que pesa un derecho constitucional sobre el acceso a la cultura. Lo de la Guerra Civil es Historia con todas sus consecuencias. Estaría bien tener que ir casa por casa para que un investigador pudiera hacer un recuento de los títulos de magisterio otorgados por Pompeu Fabra. Pienso yo.
    2- OPA de Endesa. A mí lo de la catalanidad o no de Endesa me la trae al pairo… y además no tengo acciones de ninguno de los implicados sean nacionales, extranjeros o extraterrestres. Ahora el punto sobre la í. Los amigos catalanes (como si hubiera sido el Santander) pretendían colar una OPA sobre un precio de acción de poco más de 20 €, cuando el mercado las puso posteriormente en 41, y parte de esos 20 eurazos en forma de acciones sobre la empresa opante, sobre la que casi todo accionista sabe que sus acciones sufren un retroceso, mientras que las de la opada suelen revalorizarse…. amigo, yo a eso le llamo chorizar, con el agravante de que a los grandes accionistas cubiertos de enormes expertos en financiación y gestión no los mangonean, no. Chorizan al pequeño como yo, que pudo comprar acciones de Endesa en un momento y que le estafan la mitad de la acción manejando información a la que el resto no tenemos acceso o simplemente no somos expertos. Pa chorizos ya llegan esos que se quieren cargar la copia privada después de aprobar el Canon.

  • Nubian Singer  On 31/01/2008 at .

    Que yo sepa, nunca se habló de devolver los papeles de Salamanca a sus dueños. La idea era (o es) crear otro archivo en Cataluña con los papeles catalanes. Así que, el título de tu abuelo, de haber estado en Salamanca, tampoco llegaría a tu casa.

  • Ángel Bacaicoa  On 01/02/2008 at .

    ¿No querrán reflotar el “tomate” mediante la hábil maniobra del: Me voy salvo que me pidais que vuelva? Y lo digo desde el desconocimiento absoluto del producto concreto. Me suena a retirada estratégica. Y, en cualquier caso, me da igual.
    Y en cuanto a lo de ENDESA y, como exaccionista, me alegro de no haber tenido que vender las acciones por lo que ofrecian (Rogelio Carballo lo explica muy bién)

  • miguelc  On 02/02/2008 at .

    Quisiera referirme al tema del anticatalanismo que Javier ha comentado unas cuantas veces.

    Para que os hagais una idea de mi background os diré que tengo cuarenta y tantos, nací en Andalucía, de familia en parte catalana y en parte andaluza. A los 23 me fuí a vivir a una tercera autonomía, y actualmente vivo en una cuarta.

    El caso es que estamos bastante unidos a pesar de la distancia y nos gusta vernos con cierta frecuencia. Gracias a eso he visitado un buen puñado de veces Cataluña, a ver a mis tios y primos, y también por eso que ellos hacen escapadas a vernos a los demás.

    Prácticamente nunca me he sentido perseguido ni insultado por ninguna persona particular, ni en Cataluña, ni en Madrid, ni en Andalucía, por estos motivos. Curiosamente la única vez que he tenido un incidente desagradable de esa naturaleza fué en Canarias, donde el nacionalismo es casi anecdótico.

    Hemos tenido bastante conversaciones sobre los nacionalismos y, a pesar de que no estamos de acuerdo en todo, como es normal, sí que lo estamos en una cosa, y es que el anticatalanismo en España, y el antiespañolismo en Cataluña, hasta hace bien poco, a nivel de calle apenas existían.

    Me pregunto entonces si el hecho de que estén empezando a aparecer no será debido a la presión política y mediática, que en este caso no estarían informando de ello sino en realidad provocándolo, en cierta forma lavándonos el cerebro.

    ¿Nos estamos dejando arrastrar por la histeria de la minúscula minoría compuesta por los políticos y los medios de comunicación de masas de este pais, que no hacen más que gritar fuego a todo pulmón cuando lo único que hay encendido es una cerilla?

    Quizás los ciudadanos deberíamos intentar hacer lo que no están haciendo los partidos políticos ni los medios, oponernos activamente a que nos enfrenten unos con otros.

A %d blogueros les gusta esto: