Monthly Archives: febrero 2008

Finde de manis

El fin de semana va a ser movido.

El sábado 1, mañana, a las cinco de la tarde, en la plaza de Cataluña -Barcelona, claro- manifestación por una vivienda digna. Hay que dar caña, a ver si se enteran, sobre todo ahora, que estas movidas les escuecen especialmente. Ahora van de buen rollito -su especialidad- porque es campaña electoral, pero el lunes 10 nos espera una enculada de aquellas históricas, así que, como el enemigo está dentro -dentro de nuestros parlamentos-, tenemos que valernos por nosotros mismos. Y a partir del día 10 tienen preparado un programa de festejos consistente en subvencionar a los especuladores del tocho so pretexto de viviendas sociales.

Ahora.

Nos toman por imbéciles. Deben creer que no recordamos cuando la mafia del tocho exigía a cajas destempladas que los poderes públicos apartaran sus manos de la pureza virginal del libre mercado inmobiliario (en el que ellos hacían y deshacían a su antojo). Ahora que las cosas van mal dadas, ahora sí, ahora que venga la administración y construya mucha vivienda protegida y siga engordándolos como a cerdos. Nos esquilmaron el dinero privado y ahora van a por el público. Con el beatífico asentimiento de esos que pretenden que les votemos.

En otro orden de cosas, pero al que cabe aplicar similar discurso, alguien ha convocado para el domingo 2, pasado mañana, una mani anticanon (contra «la innombrable», como la llama la persona convocante) y la cosa ha circulado por la red de modo que se ha visto reflejada en Barrapunto y en Menéame, de tal forma que hasta «El País» ha tenido que acusar recibo, guau. La manifestación se llevará a cabo a las cinco de la tarde simultáneamente en todas las ciudades de España que tengan sede de la $GAE y frente a ésta. En Barcelona, ya sabéis, la sede de la $GAE está en el paseo de Colom número 6 frente al Moll de la Fusta, ya en su final (mirando hacia Badalona). Con el tiempo que está haciendo,será agradable acercarse al puerto a esa hora de la tarde.

http://maps.google.es/maps?f=q&hl=es&geocode=&q=sociedad+general+de+autores+y+editores,barcelona,spain&ie=UTF8&t=h&cid=41380490,2181344,5778838292119500542&s=AARTsJqxEpXNtTE6-hT1C_BbY_3ysV34ow&ll=41.381389,2.181913&spn=0.002818,0.00456&z=17&iwloc=A&output=embed
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Esto dicho, creo que las manis contra la $GAE son todavía prematuras y que deben organizarse mejor y con más tiempo (los preparativos y el rebomborio previo siembran aún mayor inquietud en el enemigo) y montarlas así, a saco, además de lograr que sean inoperantes por falta de asistencia, pueden resultar incluso peligrosas (falta de organización, servicio de orden, esas cosas) y no quiero ni pensar en que algún imbécil pueda cometer alguna trapazada que permita a los de «la innombrable» llorar sus habituales lagrimones de cocodrilo y permitirse el lujo de llamar terroristas a los anticanon (o sea, a la ciudadanía entera). O sea que a ver si hay cordura y, si la cosa resulta que funciona, que sea una fiesta simpática y prácticamente familiar, por más que reivindicativa de nuestros derechos cívicos.

Pero la carne es débil y si hay una mani convocada contra el canon yo no puedo dejar de ir. La Asociación de Internautas no tiene nada que ver con la convocatoria, así que no iré oficialmente, lo haré sólo en mi propio nombre y sin representar a nadie, pero no puedo dejar de ser solidario en una cuestión, la del anticanon, en cuya lucha me siento tan implicado. Si es un fracaso, ayudaré a digerirlo a los tres o cuatro que hayan ido; si es un éxito, lo disfrutaré con los demás ciudadanos que habrán contribuido a que lo sea. Pido reflexión antes de hacer estas convocatorias a lo tonto y a lo loco, pero ya que está hecha, hay que responder. No me vale eso de «como no va a ir nadie, me quedo en casa». Al contrario: «como sólo van a ir cuatro gatos, allí estaré yo para que sean, al menos, cinco».

Nos vemos mañana, sábado, contra la mafia del tocho y sus cómplices, para que nuestros hijos tengan una vivienda digna.

Nos vemos el domingo, contra el canon y contra «la innombrable».

Los dos días a la misma hora: a las cinco de la tarde.

Hay que dar caña.

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Francia y Kosovo

¿Lee el gobierno francés «El Incordio»? Hombre, no es imposible, pero parece más bien improbable. Sin embargo, no deja de ser gracioso que, inmediatamente después de mi última (y enésima) invectiva contra este sistema educativo diseñado por y para retrasados mentales, tontos del culo y gilipollas del buen rollito (y, más probablemente, todo a la vez), los franceses hayan dicho mon Dieu! y hayan dado un golpe de timón -o sea, que han virado en redondo- en materia pedagógica. Y eso que, según sospecho (de cierto no lo sé, pero es fácil que no me equivoque), el sistema francés no es, ni de lejos, tan nefasto como el nuestro. Es física, matemática y filosóficamente imposible que lo sea.

Pero me hace gracia que la autocrítica del gobierno francés no ande muy lejos de mis parámetros. Va a volver, por ejemplo, a la Historia explicada cronológicamente. Aunque a algunos botarates -ocupantes de escaños y calentadores de poltronas importantes, no pocos de ellos- les parezca inaudito, sólo se puede comprender bien la figura y la dimensión histórica de Azaña, pongamos por aleatorio caso, si se conoce la figura y la dimensión de Alfonso X El Sabio, pongamos por otro caso; porque la historia no es una sucesión de hechos aislados unos de otros sino derivados unos de otros: el curso histórico es una línea sin solución de continuidad y hay que ser patológicamente idiota para no entenderlo. Por eso es propio de idiotas patológicos -frecuentemente sectarios, además- explicarla salteada, no fuera a ser que la muchachada cayera en la cuenta de que es un simplismo concebir la guerra civil -ya que tanto les gusta machacar con ella- como la historia de un general fascista que se sublevó contra una República benéfica y comedora de margaritas, y no como un enfrentamiento brutal entre dos modos de concebir la existencia y la nación misma que venía cociéndose desde muchos decenios atrás (algunos autores lo han remontado incluso a tres siglos atrás).

Otro regreso a un pasado que, sin duda -en este caso-, fue mejor parece que van a emprenderlo con la gramática, después de haber constatado que la comprensión lectora de sus chavales está que da pena verla y, damas y caballeros, se vuelve al aprendizaje de reglas y normas y se vuelve -gorros fuera- a los legítimos padres de todo lenguaje inteligible, correcto y hasta culto: el sujeto, el verbo y los complementos directo e indirecto. Los padres y los abuelos franceses llorarán de emoción cuando sus hijos o nietos sepan identificar una oración subordinada sustantiva de complemento directo, cosa que yo aprendí con doce años.

Y también está lo de la cultura del resultado. Con eso hay que ir con cuidado: no se trata de empresarializar la pedagogía, no vayamos a pasar de un extremo a otro. Pero está claro que hay que valorar los tres niveles de actitud: el capullo que pasa de todo, el que se esfuerza pero no llega y el que se esfuerza y llega; al primero, puntapié en el trasero; para el segundo, apoyo, ánimo, guía para que oriente su futuro en función de sus capacidades y nada de castigo, pero poco o ningún premio; para el tercero, la guardia a formar con armas y en presenten. Y circuitos diferenciados en bien de todos: de los que quieren pero no pueden, que necesitan especial refuerzo para, cuando menos, acercarse; de los que quieren, pueden y llegan, a los que se puede apretar el acelerador y acercarles a la excelencia; y, como dije la semana pasada, tres añitos en la Legión para los que enredan a los otros dos. La igualdad mal entendida, es decir, el igualitarismo estúpido, no es una manifestación de la igualdad de oportunidades, sino su antítesis.

Lo único que no veo claro es eso del incremento del deporte. Ya es conocido que yo, esto del calzoncillo, lo veo como muy cutre. Sobre todo, el deporte de equipo que es la madre de todos los vicios. Otra cosa es el deporte individual, en el que no hay más adversario que uno mismo: pienso, como paradigmático, en el montañismo, donde el afán de superación es limpio, frente a uno mismo; al menos este es uno de los pocos en los que el protagonista es «el esfuerzo y la superación de uno mismo», según el literal que recojo de la noticia. Hay otros deportes -así llamados- que para mí son, de hecho y de alguna manera, artes de ingeniería, por supuesto más valiosos que el calzoncillismo: el paracaidismo, el escafandrismo, el ala delta, el parapente… actividades en las que la capacidad física -necesaria sólo en cierta medida, con mínimos muy razonables- no prevalece sobre el conocimiento firmemente asentado, la capacidad de reflexión y el correcto proceso de toma de decisiones en situaciones próximas al límite o no muy alejadas del mismo. Pero estos deportes-arte de ingeniería parecen poco adaptables a la cotidianía escolar.

En fin: en la medida en que se ejecute realmente este previsto timonazo (ojo, que detrás del invento anda Sarkozy, que está resultando un bocas) mis envidiosas felicitaciones a los franceses que, una vez más, dan la clave de por qué cada país es como es y está donde está.

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Cuando estudiaba [cronológicamente] la historia de España (previamente al estudio de la Universal, pero ya impartiéndonos aquellos conocimientos sobre ésta que fueran necesarios para comprender la nuestra), nos decían que la trasición de la Edad Media a la Edad Moderna se producía con el paso del siglo XV al siglo XVI y se definía en tres hechos fundamentales: el descubrimiento de América, la invención de la imprenta y la caída de Constantinopla en poder de los turcos. Me explicaron esto por primera vez en mi etapa final de la enseñanza primaria, imagino que cerca del llamado «Curso de ingreso en el Bachillerato», o sea que tendría yo unos nueve años; a lo largo de aquel añorado y largo Bachillerato se volvió sobre el tema y las referencias se repitieron y siempre, en la mentalidad de cada edad, comprendí perfectamente la tracendencia de los dos primeros, pero tardé -tardamos- muchos años en comprender la importancia del tercero que suponía el derrumbamiento del último vestigio del imperio bizantino, lo cual, en principio, parecería natural: puestos en el siglo XVI, el imperio bizantino debería haber muerto de viejo aunque no hubieran llegado los turcos.

Con el tiempo pude, pudimos, supongo, darnos cuenta de que este hecho suponía que el Islam, ya derrotado en España y expulsado, pues, de Europa, volvía a poner una pica en el viejo continente, esta vez por su otro extremo, pica que aún sigue todavía ahí y en base a la que, encima, los turcos pretenden ingresar en la Unión Europea tal que si fueran tan europeos como la Puerta de Brandemburgo. Pero no fue ese todo el mal: el imperio otomano fue expandiéndose por todo el extremo sudoriental europeo y asedió Viena pertinazmente, que no pudo verse definitivamente libre de ese gremio hasta las puertas mismas del siglo XVIII, aunque el resto de la Europa ocupada por esa gente no se vio libre de ella (salvo el territorio de la antigua Constantinopla, hoy llamada Estambul) hasta 1918, después de la primera guerra mundial. De esos polvos -a los que se añadieron otros más tarde- vinieron los lodos balcánicos, que Europa entera ha venido sufriendo como un forúnculo en el culo (no sin su parte de culpa, todo hay que decirlo) desde hace quinientos años.

Me vienen esas reflexiones al leer un artículo en la bitácora «Neurosfera», de Carlos Moreno, a la que llego gracias a un oportuno enlace en la del amigo Fernando Acero. «Neurosfera» habla de la recientemente proclamada -unilateralmente- independencia de Kosovo, un asunto que, aparte de todos los apartes -a los que ahora iremos-, da miedo porque esa independencia ha sido inducida y bendecida por los Estados Unidos -con la UE como comparsa- mientras que Rusia, que está regresando a pasos agigantados a sus fueros de gran potencia antagónica, está apostando muy fuerte y muy amenazadoramente por Serbia, su aliada en la región, ahora encolerizada por esa independencia contra la que no ha podido hacer nada por hallarse militarmente amenazada por la OTAN.

Precisamente los serbios -un imperio antiguo que data del siglo XI, como nos recuerda Carlos Moreno- se han considerado tradicionalmente los aglutinadores de Yugoslavia -y, consecuentemente, su colectivo nacional dominante- por lo que, aparte de los sucesos de otros momentos históricos, desde la muerte de Tito y la ruptura de la unidad que éste impuso a la trágala, están de bastante mala leche. Quizá haya operado en su contra -en la medida en que la opinión pública importe algo, que no importa una mierda- el hecho de que en la última década del siglo XX las atrocidades serbias en Bosnia indignaron al mundo entero, aunque también es verdad que éste se mantuvo bastante indiferente cuando similares cafradas las llevaron a cabo los croatas o -más excepcional, pero no menos ciertamente- los propios bosnios que, cuando pudieron, no fueron tampoco unas malvas.

El problema de Kosovo es que tiene cierta proyección en España, aún sin necesidad de que Putin dijera tres imbecilidades al respecto.

Mal lo ha debido pasar Zap debiendo negarse a formar parte de lo políticamente correcto y empecinarse en no reconocer una independencia unilateral, atendido el hecho de que en casa tiene dos problemas de independentismo. Al menos, dos. No ha pasado por el tontorrón aro servido por la Unión Europea al decir que ese reconocimiento «no crea precedente». Eso es una estupidez como un piano; los precedentes no se declaran o se dejan de declarar: están ahí o no están y punto. Para Zap (y para Rajoy: sorprendentemente, gobierno y oposición han ido a la par) esa coña del precedente era inaceptable.

Dentro del nacionalismo español también ha habido posiciones sorprendentes: aunque la carraca mediática oficial catalana no ha resistido la tentación de lanzar las campanas al vuelo (la noche antes de la declaración de independencia de Kosovo, TV3 parecía un best seller de Dominique Lapierre y Larry Collins), desde posiciones independentistas -precisamente independentistas- hemos podido oir un atinado «Catalunya y Kosovo no son lo mismo». Por si las moscas. Aunque dentro de los mismos ámbitos -estamos en campaña electoral- se ha acusado al gobierno español poco menos que de liberticida por su no reconocimiento a la independencia kosovar. En cambio, desde el nacionalismo vasco, por boca de la portavoz de su propio gobierno autonómico se ha aplaudido una presunta afinidad de la situación.

Juzgue el lector. Vuelvo a la bitácora de Carlos para copiar literalmente uno de sus párrafos:

«En sí, Kosovo es insignificante desde un punto de vista económico. Su situación era anómala. Se habían producido unas matanzas y la OTAN intervino a favor de la población kosovar, creando de facto, un protectorado en la zona. Si Kosovo es independiente, lo puede llegar a ser gracias a la financiación de la UE y el apoyo de los USA. Por sí mismo, es un estado inviable porque no tiene recursos y su situación económica es crítica. En realidad, carece de sentido que sea un país salvo para tocar las narices a Rusia (aliado de Serbia). Kosovo es un mero peón en el juego de estrategia mundial para restar influencia de unos y ganar la de otros. Para la población kosovar, mejor que las matanzas que les propinaban, cualquier solución va a ser mejor; y, por supuesto, independizarse de aquellos que las provocaron, en principio, les parece estupendo.»

Recomiendo leer la conclusión del propio artículo en «Neurosfera».

En todo caso, parece que los balcanes van a seguir siendo durante mucho tiempo todavía el forúnculo de Europa. Cabe desear que se cure pero, a las malas, virgencita que no se infecte. Porque cuando se infectan los Balcanes, en Europa corre la sangre.

Y no precisamente en transfusiones.

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Nuevamente una paella diédrica, no hay espacio para una tercera entradilla que la haría ya excesivamente larga hasta para discurso de Fidel Castro. Adiós a febrero a los efectos paelleros (y casi a los reales: si el año no fuera bisiesto, se acabaría hoy). Entramos en marzo y la primera de ese mes será el día 6, mes que alberga una tempranísima Semana Santa sobre la que, a buen seguro, habrá algo que decir aquí por una razón o por otra. Pero eso será más adelante, seguramente, más en su momento. Me adelanto, no obstante, a decir que la paella no se detendrá y seguirá su curso normal y -si es posible- puntual, o sea que ese tercer mes del año contendrá cuatro paellitas, cuatro, con permiso de la autoridad y si la LISI no lo impide. Sobre «El Incordio», en general, me aventuro a decir lo mismo: apenas habrá merma de su cantidad habitual.

O sea que aquí espero ir viéndoos a todos.

Piratas al abordaje

Los amigos del Partido Pirata están que trinan con la porquería esta zapatesca de la paridad. Les escuece -y con razón- que uno de sus problemas haya venido de ahí y que la falta casi absoluta de mujeres en su partido les hubiera impedido presentar candidatura aún en circunscripciones donde tenían militantes, afiliados o simpatizantes suficientes para ello. Lástima: con lo que me costó convencer a mi mujer para que se presentara como independiente por el Pirata… Pero decidieron su retirada antes siquiera de darle a mi santa tiempo para ofrecerse.

O sea que le han dedicado un artículo en su página al Instituto de la Mujer (que le llaman) que ni escrito por mí hubiera salido tan vitriólico. Y, con bien documentados datos en el teclado, han abierto fuego de mortero contra la directora general de la cosa, la impresentable Rosa Peris (alias «La antropocéntrica»), se les han escapado un par de pepinos contra nuestra vieja Dixie (atizarle a la Dixie es salud y alegría, como cuando se derrama el cava) y, para que no se diga que sólo ponen a parir a ejemplares del sexo presuntamente femenino, también le arrean a Jose Coronado por decir gilipolleces.

Vale la pena echar unos minutillos en leer ese texto de Carlos Ayala.

La boina y la alpargata

Como mis siete u ocho feligreses habituales ya se imaginan, ayer no perdí el tiempo viendo a esos dos pájaros llevar adelante su comedia. Por mil razones: porque con ese nivelón con que el Señor les ha galardonado no me parece que tengan nada que aportar intelectualmente, porque el formato no puede ser más rígido (ergo más estúpido), porque, de todos modos, los papeles iban hoy a bajar abarrotados de las tonterías que [con toda seguridad] han dicho y, en definitiva, porque tomaduras de pelo, las justas. Ya tengo que aguantar bastantes por fuerza e imperio de la ley consagrada en el BOE.

Me he enterado de algunas cosas, no tanto por los papeles -que también procuro evitar, en la medida de lo posible, y sobre todo en casos como este- como por las listas de correo, y leo en ellas que dedicaron algunos segundos a decir imbecilidades sobre el canon. Que si el canon es patriótico y tú eres un faltón a genios oscarizados, que si yo sólo he faltado a los faltones que faltan a los ciudadanos… Nada, como decía aquel, pijaes y tontaes que no conducen a nada positivo. De lo que no hablaron -seguramente porque no tienen ni puta idea y sus asesores (si es que sus asesores la tienen) decidieron que eso no tocaba- fue del estado general de las tecnologías, la ciencia y la investigación en España.

Comentaba ayer en mi entrada de «correo ordinario» que el jueves pasado estuve en una mesa redonda en Caixaforum e hice alusión a alguna cosa que se dijo sobre el software libre (bueno, en fin, sobre el open source) que era, en definitiva, de lo que trataba la entrada. Pero el software libre no era el tema central de la mesa redonda sino en qué medida la previsible o ya presente crisis económica podría afectar a las empresas TIC; ése era el enunciado, pero de hecho, la cosa derivó rápidamente a la implantación de las TIC en el mundo empresarial español y ahí se quedó. Y realmente, aquello parecía una competición para ver quién pintaba el panorama de forma más deprimente (salvo para el señor de Red.es, que nos divirtió mucho con unas cifras de Blancanieves y los siete enanitos): el empresariado español puede contarse, según decían, pero también según es notorio, entre el más cutre y salchichero de Europa y de parte del extranjero extracomunitario en materia tecnológica.

Cuando estudiaba -bueno, o me explicaban- Derecho mercantil, aquel sapientísimo doctor Polo decía que a la actividad del comerciante la caracteriza el riesgo. Como imagino que la naturaleza, inexorable, ya se habrá llevado por delante al doctor Polo (no es que lo desee, para nada, pero se jubiló hace casi treinta años y, si vive, será prácticamente centenario) éste no habrá llegado a saber lo muy equivocado que estaba: lo que caracteriza al comerciante, en España, es el pelotazo, el jugar con las cartas marcadas o el consultar con pitonisas, porque arriesgar, lo que se dice arriesgar, aquí no arriesga ni el potito. Aquí nadie emprende un negocio hasta que otros, evidentemente extranjeros, han consolidado el modelo y éste ha acreditado su éxito; es aquello de que inventen ellos. Y precisamente el asunto de las tecnologías necesita de algo llamado «capital-riesgo», es decir, inversores osados que asuman riesgos más elevados que en proyectos más convencionales con la recompensa de una mayor remuneración de ese capital (puede que mucho mayor) si las cosas ruedan. Bien entendido, por supuesto, que ese riesgo no se hace a tontas y a locas y que está basado en cálculos muy finos y en estudios muy a fondo del proyecto que se va a financiar pero, con todo y eso, el riesgo sigue siendo mucho mayor que en otros negocios más clásicos. Imagino que la solución sería una diversificación en las inversiones de riesgo, pero ahora ya me estoy metiendo en veredas que no son mías y no quiero correr el riesgo de decir tonterías (al menos, a sabiendas).

Pero es que ya no se trata de producir tecnología y ciencia, sino de usar las ya existentes, aunque desgraciadamente no sean propias, como instrumento de negocio o, incluso, como parte misma del modelo de negocio. Y a eso, tampoco llegamos y de eso se dolían los cerebritos de la sesión del jueves. Ayer o anteayer leía que el comercio electrónico, pese al tirón que ha experimentado en el último año, necesitaría 23 para ponerse al nivel de la media europea. Pero es que, además, el comercio electrónico español es pobre también cualitativamente, porque consiste principalmente en la compra de billetes de avión, en la reserva de hoteles y en la adquisición de packs turísticos; y los pocos que nos atrevemos a comprar, lo hacemos con preferencia en establecimientos virtuales extranjeros (a mí, porque me obliga la $GAE, que los libros bien los compro aquí). Otro estudio, comparativo de diversos parámetros, establecía que la única página de comercio electrónico medianamente decente en términos de información y de comodidad para el eventual comprador es la de los grandes almacenes hegemónicos en este país y que las demás son como para tirarse de los pelos en cuanto a búsquedas (se ve que nuestros mercachifles -o la chusma de profesionales que contratan- son unos analfabetos indexando) y en cuando a sistemas de pago seguro. Suspendidos en materia de pago seguro en un país a cuyos ciudadanos, entre los políticos, los artistas y faranduleros de las entidades de gestión de derechos peseteros de autor y los [presuntos] periodistas incapaces de encontrar la puerta de salida del retrete, les han llenado la cabeza estúpidamente sobre los peligros de Internet (sin iluminarles precisamente sobre el principal: el uso masivo de Window$) ocultándoles las verdaderas dimensiones del peligro y como si no hubiera alternativas a éste. O sea que, entre comerciantes e industriales que -en el más moderno y osado de los casos- no conciben Internet más allá de un a modo de escaparate y para de contar, y ciudadanos que creen que cada vez que entran en la red es como si fueran a darse una vuelta por la isla Tortuga o por una especie de Barrio Chino peligrosísimo, apañados estamos.

Y con este panorama, con la industria (incluyendo la española) levantando el vuelo a países de los llamados emergentes, con todo Occidente que tiene claro como el agua que su futuro económico está en la producción científica y tecnológica, en el conocimiento, en suma, aquí aún vamos con el burro y el botijo y con el AVE volando entre socavones; hablando del AVE, es muy indicativo y emblemático el hecho de que, casi diecisiete años después de haber recorrido su primer kilómetro, aún no llegue a ninguna frontera.. El «milagro español» de los años 80, que, visto en la distancia, parece que sí, que levantó asombro en el mundo mundial y que, al parecer, fue bastante equiparable al emblemático «milagro» alemán de la postguerra, se nos está escapando de entre los dedos como arena fina y estamos volviendo a los tiempos del atraso, de la sobaquina, del olor a pies y del polvo en el pajar, gracias a un empresariado impresentable, a una clase política de verdadera vergüenza (eso mismo: un hatajo de sinvergüenzas), a un trabajador que pasa de formarse y de reciclarse (y no vale el pretexto de que el empresario no se preocupa de ello: cada cual ha de procurar para sí, en esta materia) y de una ciudadanía que ha perdido absolutamente su conciencia de tal. Quizá este último mal haya sido la causa de los otros; a mi modo de ver, es de una importancia radical y determinante.

Y esos dos botarates… debatiendo gilipolleces.

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Actualización

¿Veis lo que decía? Un ejemplo más. Recién pescadito en «La Pastilla Roja». Y como este, la tira…

Pichinglis engominado

Ayer, algunos miembros de un conocido think tank me recomendaron que efectuara un feed back para establecer con precisión mi cash flow. Pese a lo atractivo de mi front office parecería que tengo problemas de benchmarking, lo que podría llevarme a un crash porque esto es una shit. Es algo que produce stress, quizá porque me he pasado con el coffee break en este meeting de alto standing que realmente es too match. Habré de empezar un training para no romper el planning y mantener el asunto open. Lo hablaré con el boss y que se entienda él con el first; yo me pongo en stand by porque este no es mi target. Que se aclaren en el breafing y allá ellos con sus rapport.

Decididamente, el inglés es imprescindible para entender el castellano.

O así.

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