Higiene facial

Me hizo mucha gracia, la semana pasada, la noticia de que las sociedades de gestión pesetera de derechos de autor han pedido auxilio al Gobierno (léase «ministro de Cultura», léase aún mejor «dinero público») para el despliegue de una campaña destinada a rehabilitar la muy deteriorada imagen de estas entidades.

Pues empiezan bien: no podemos tragar a esa gente porque nos esquilma nuestros dineros y pretenden caernos simpáticos a base de incrementar el expolio. Si no fuera porque estos tíos no son tontos, diría que se han creído aquello tan gracioso («Dixie» dixit) de que el dinero público no es de nadie.

Es verdad que su imagen no puede estar más por los suelos y también es verdad que esta imagen se debe a una campaña feroz que desde la red y liderada desde la Asociación de Internautas, aunque ahora ya ha cedido ese liderazgo a la plataforma «Todos Contra el Canon», hemos desatado contra esas sociedades y, fundamentalmente, contra la $GAE, la más agresiva y abominable de todas ellas (y la campaña seguirá, eso está claro). Pero una campaña puede lanzarla cualquiera y contra cualquier cosa y no necesariamente ha de funcionar: lo que determina que una campaña tenga éxito es su coincidencia con un sentimiento colectivo y generalizado, y es lo que ha ocurrido en este caso.

La gente no odia a la $GAE porque los de la Asociación de Internautas llevemos casi cinco años diciendo que la $GAE es odiosa: la gente odia a la $GAE -y mucho- porque la Asociación de Internautas y muchos otros ciudadanos y entidades en red le han mostrado lo que hace la $GAE y porque la gente ha adquirido plena conciencia de que, efectivamente lo hace, de que eso que hace es ilegítimo -cuando menos, moralmente- y de que la $GAE, además, controla a placer de manera increíble los resortes de una clase política corrupta y totalmente ajena a los intereses de la ciudadanía, que legisla al unilateral gusto y capricho de ese grupito de entidades de gestión. Y ya que hablamos de la clase política, los políticos se quejan de que su imagen está por los suelos, pero el espectáculo que dieron el 20 de diciembre traicionando alevosa y descaradamente los intereses cívicos al servicio del -al parecer, mejor- interés de esas sociedades de gestión que ahora se duelen de su negra fama, habla muy claro de la razón que asiste a los españoles en ese desprecio generalizado hacia unos y hacia otros.

Por otra parte, las sociedades de gestión no han hecho más que ayudarnos en esa campaña. Quizá crean que disparar pleitos como ráfagas de ametralladora contra todo y contra todos, esa actitud de disparar primero a todo lo que se mueva y no molestarse en preguntar, ya no antes, sino ni siquiera después, les iba a proporcionar buena imagen. Quizá crean que insultar a los ciudadanos calificándolos de ladrones y de pendejos -«ignorantes» es la última, a cargo, por cierto, del patético Luis Aguilé- es ua fuente de simpatías populares y de excelente imagen. Quizá crean que la ciega e indiscriminada bulimia recaudatoria -ya incluso fuera del canon- que ha puesto sus zarpas sobre festivales benéficos y solidarios, sobre fiestas populares y sobre manifestaciones escolares, llegando incluso al summum de la bajeza como es meter de tapadillo a un detective privado en una fiesta familiar, o que se ha dado en masacrar al pequeño comercio mucho más allá del sector electrónico y hostelero para llegar a las más altas cotas de la arbitrariedad y de la bajeza pretendiendo clavarle su factura ominosa a una humilde mercería sólo porque su dueña entretiene sus largos ratos de desocupación escuchando a Luis del Olmo, pongo por caso, quizá crean, digo, que esto los va a hacer populares, simpáticos y retrecheros.

Ni siquiera la propia morfología societaria de esas entidades ayuda. Sabemos -y lo recordamos reiteradamente- de su clara -pero impune- inconstitucionalidad estatutaria utilizando intensiva y sistemáticamente el voto censitario, un sistema mediante el cual solamente una muy pequeña minoría de socios (no llega a un 10 por 100) puede ser electora y elegible en sus órganos de gobierno, cosa inaudita en el resto del tejido asociativo y corporativo español; sabemos de su opacidad, desde luego en cuanto al reparto del canon, pero también la prensa ha desvelado entramados empresariales que pueden calificarse, cuando menos, de muy raros o de dudosos. Sabemos, también, de las innumerables e intolerables atribuciones -entre las que les da la ley y las que se toman por la vía de hecho- que hacen que la pertenencia a la sociedad de gestión correspondiente resulte, de facto, obligatoria y sea imposible la creación artística profesional sin pasar por su fielato.

Los españoles tenemos claro que estas entidades no forman parte de nuestro acervo social común, que constituyen elementos decididamente elitistas donde destaca la carencia de aquello de lo que más presumen: la ayuda a los artistas más desfavorecidos, a los que no consiguen vivir de su creación; y, en contraste, su clara complicidad con la no menos odiosa industria del ocio, también caracterizada por la persecución contra el ciudadano de a pie. Incluso sus gestos llegan a resultar antipáticos a grandes sectores de población, como cuando montaron aquella gala de los Goya hace cuatro años creyendo que queda resultón el ataque al adversario político… cuando ese adversario tiene ocho o diez millones de votos; o como ayer mismo, en la versión 2008 de ese teatrillo, cuando un chiquilicuatro se permitió exigir nada menos que la disolución gubernativa de la Conferencia Episcopal, generando con ello las simpatías de los apenas cuatro o cinco católicos que hay en España (y eso sin contar a los que, aún resultándonos odiosa la Conferencia Episcopal nos resulta aún más odiosa la gente que exige el cierre de bocas y el silencio obligatorio de los discrepantes).

En estas condiciones -y en muchas más que, por razones de memoria y de mesura de espacio, omito- parece bastante absurda la pretensión de una campaña pública de lavado de imagen. Y más absurda aún la pretensión de que pueda llegar a conseguir algún resultado. Los que estaremos a pie firme empeñados en desactivar -sobre todo, por falsa- tal campaña tenemos en la red un medio más potente que las cuñas televisivas -que, además, serán contraproducentes- que pueda insertar -y pagar con nuestro dinero, sobre esto no dejaremos de llamar la atención- un Gobierno. Por lo demás, ese Gobierno, aunque sea después de las elecciones, deberá ser prudente porque ya ha podido comprobar cómo hay pólvora para disparar contra todos y el apoyo a la sociedades de gestión tiene un precio político más bien tirando a caro. Y eso irá a más, no a menos. Ya que han cometido el error de menospreciar nuestra capacidad para llevar a la calle el tema del canon, que no cometan el de pensar que se trata de una tormenta de verano.

Y hablando de llevar a la calle, que sepan que esta bajada a la calle no es, en absoluto, toda la que pretendemos. Ha bajado a la calle en los medios de comunicación, en los cafés, en los transportes públicos. Pero queremos más. Si la política de propiedad intelectual del gobierno que salga de las elecciones del 9 de marzo -sea cual sea- no cambia o aún empeora, sepa que nuestro objetivo de los próximos cuatro años va a ser salir definitivamente de la red y pisar adoquín, presencialmente, a grito pelado; ya veremos en qué forma, pero será en ocupación de vía pública, eso seguro. La red y los papeles se nos van quedando ya estrechos y queremos poner a todas las policías locales de España a hacer horas extra los fines de semana, dedicados a desviar el tráfico. Y lo lograremos. Quizá no será el año que viene, pero será el otro. O para el siguiente, no hay prisa. Este es nuestro guante: para las próximas elecciones, no estaremos sólo en la red, no estaremos sólo en los medios de comunicación: estaremos en el centro de nuestras ciudades. No nos verán solamente Technorati o el control OJD: nos verá también el helicóptero.

Quien avisa no es traidor.

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Comentarios

  • Ryouga  On 04/02/2008 at .

    Esta manera de mejorar su imagen, me parece tan efectiva como la de la RIAA de denunciar a niñas pequeñas por uso de p2p,vendedoras de galletas (girl-scoutts y demás población hasta llevarlos a la ruina, buen plan si..Quien se lo ha diseñado, ¿Homer Simpson?

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