Hoteles, Islam y huelgas

Ya vengo diciendo desde hace mucho tiempo que el sector hostelero barcelonés se ha erigido en una especie de mafia que nos tiene a todos pillados por los cataplines y que hace lo que le da la santísima gana en esta ciudad. Su última trapazada aún colea, en este mismo momento, por cuanto, con motivo de la cuchipanda esta del consumo desaforado de artilugios móviles que se celebra aquí, el gremio posadero se ha subido al carro de la especulación y del pelotazo más brutal, hasta llegar a extremos leoninos y de verdadera felonía, aprovechando la ocasión para llegar incluso a sextuplicar los precios. Habitaciones que cuestan habitualmente 110 euros, se han puesto en estos días a 700. Casi cien mil de las viejas by the face. De todo punto intolerable, pero parece que en el actual estado de cosas, la única constitución verdaderamente válida y la única que se respeta es la del artículo único: «El que no corre, vuela». Y lo mismo da hostelería, que ladrillo, que sistema operativo. A saco y maricón el último.

La autoridad competente se ha asustado y ha dado al colectivo un toque de atención. Bueno, a la autoridad ya le está bien empleado: así aprenderá que criar cuervos es pedir que te enucleen los globos oculares y que a cierta gente hay que tratarla materialmente a latigazos, en vez de prodigarle tantos mimos.

El caso es que la entidad intermediaria de la cuchipanda en cuestión ha avisado de que la continuidad de su celebración en Barcelona corre peligro como en próximas convocatorias las tarifas hoteleras incrementen más allá de un prudente 5 por 100 sus montantes ordinarios. Nunca estuvo tan bien dicho lo de matar a la gallina de los huevos de oro. Y la meada de colonia que prodigan los prebostes municipales y autonómicos a cuenta de la cosa, se ha convertido en doloroso vinagre cistítico ante la posibilidad de que el abuso y el sierramorenazgo que imperan en esta desdichada ciudad lleven a la pérdida del acontecimiento. Vaya, hombre, ahora que el madrileño SIMO parece que está en declive y que, por na vez, al menos por una vez, en Barcelona pillamos cacho de lo topeguay, la codicia fondista nos podría llevar a la ruina.

Pero no sé de que se quejan. ¿No era esta la Barcelona que querían? ¿No empezó el ínclito y lamentable Clos a convertir esto en un parque temático, en lo que fue entusiásticamente seguido por todos los pisacharcos de los demás partidos? ¿No sigue siendo esta la política municipal heredada? ¿No está toda la ciudad a los pies del sector turístico que la ha tomado por asalto (y luego dicen de los okupas)?

La Generalitat está preparando un plan ferroviario de cercanías y regional, que se ejecutará tan pronto lleguen esas competencias, que va a acabar de manhattanizar Barcelona. Con la ciudad a una hora -como máximo- de cualquier punto de Cataluña en trenes de alta frecuencia, el chorro emigratorio va a ser de órdago; aquí no va a quedar ni un solo joven, como no sea pakistaní; que se vayan habituando, por cierto, que no de otra nacionalidad van a ser los camareros. Desde luego, como mis hijas sigan mi consejo y se hagan humo de estos pagos -si es a la Europa ultrapirenáica, mejor- en cuanto me jubile, vendo el piso y me largo también de esta mierda y allá se las componga el alcalde (él, que es tan transversal y tan multicultural y tan-tan) con Al-Qaeda para la contratación del servicio de habitaciones.

Hasta los cojones, ya, de esta peña.

——————–

Hay un cierto colectivo musulmán, de corte -dicen- progresista, que se está rebotando. El integrismo islámico, dicen, no hace más que generar rechazo entre la población autóctona y nos exponemos a una fractura social.

¿Mande lo qué? Ustedes perdonen, pero si por «fractura social» aluden a una ruptura entre la población autóctona y la muchedumbre islámica que nos ha caído encima, no tengan miedo: no puede romperse lo que nunca ha estado cohesionado. No hay más que ir al Raval -muy de moda, desde la última operación Dixán de los genios con Window$ del CNI- y ver, en vivo y en directo, la fractura social a la que, al parecer, aluden. Es muy sencillo: aquello es territorio conquistado por los hijos de Alá y nosotros no tenemos nada que pelar allá. Hoy, aún podemos ir físicamente -algunos, cada vez menos, intentan todavía malvivir-, pero a la vuelta de pocos años, por esas calles no pasa nadie que no sea uno de ellos, a menos que la autoridad, en vez de tanta multiculturalidad y tanta polla en vinagre, envíe a los Mossos d’Esquadra a sacudir la badana a quien hay que sacudirle la badana y no a los conductores de autobús en huelga.

De todos modos, y una vez bien sentado lo que debe quedar bien sentado, no me resulta nada antipática esta iniciativa que, si interpreto bien, viene a exigir que la religión -la islámica en este caso- ocupe su exacto y preciso lugar en la individualidad de cada cual y la vida ordinaria regúlese civilmente y no en base a toda esta panda de imanes, mullahs y demás clerigalla que, además, sólo pretende alargar a estos pagos los tentáculos de estructuras clericales extranjeras (extranjeras incluso para muchos de los integrantes de este colectivo concreto).

Lo que más me llama la atención es la composición de la gente del colectivo: asociaciones de marroquís (uno de los países más europeizantes del mundo árabe), senegaleses, conversos catalanes (o sea, de casa, le recen al dios que le recen), mujeres amazigs (bereberes) y mujeres paquistanís.

Los senegaleses, por ejemplo, igual que otros colectivos negros, llevan con mucha tranquilidad (y muy admirablemente) lo de la religión. Son musulmanes en su mayoría pero guardan comportamientos perfectamente cívicos y civiles; sus mujeres no llevan trapos en el tejado y funcionan con los mismos parámetros que los católicos, sólo que con otra confesión. Y no pretenden que los indígenas vivamos como ellos, al contrario: son muy receptivos a nuestra forma de vida y ellos sí que vienen con unos deseos locos de integrarse aquí (por ejemplo, tan pronto aprenden nuestra lengua -valga tanto para el castellano como para el catalán y nada infrecuentemente ambos-, hablan en ella a sus hijos; y que conste que nadie se lo ha pedido y menos aún exigido, pero es un detalle que no se ve en otros colectivos). Y lo de las mujeres, cae por su peso, aunque ellas -me refiero a este grupo contestatario- me parece que son minoría en sus respectivos ámbitos.

Si he interpretado bien lo que pretenden, en lo que a mí respecta, brazos abiertos, porque esa y no otra es la actitud adecuada y lo que verdaderamente nos va a integrar a unos con otros. Lo que me hace ponerme al lado de una mujer es su reclamación de libertad europea; lo contrario, la exigencia de costumbres esclavistas y completamente repugnantes aquí, es lo que me lleva al rechazo, a la antiintegración y al no reconocimiento de unos derechos que algunos de nuestros más conspícuos y paniaguados gilipollas se empeñan en otorgarles y que verdaderamente no tienen.

Bienvenidos, pues, estos musulmanes progresistas y a ver si podemos ir separando el grano de la paja, e integrar a los que verdaderamente -en sus muy dignas creencias- vienen a asumir nuestro modelo social para, seguidamente, ayudarnos a enriquecerlo y engrandecerlo y, por tanto, disfrutar muy merecidamente de él, y dar una potente patada en el culo a los cabrones que no pretenden otra cosa que reducir a una puta cábila diez mil años de civilización y de cultura.

Amén. O como se diga en amazig o en senegalés.

——————–

¿He hablado antes de huelga? Pues llevamos una semanita que vamos bien servidos. Ayer fueron los médicos de los centros de asistencia primaria (CAP) y los conductores de autobús; hoy son los profes de los centros públicos. En ambas huelgas, dos puntos comunes: las llevan a cabo empleados públicos (o privados al servicio público) y ninguna de ellas tiene como reivindicación la mejora salarial. Sólo estos dos detalles, sin ir más allá, ya debieran determinar que una cierta colección de cagatazas con mando fuera puesta de patitas en la calle y, a ser posible, con previa decocción de almorranas a estacazo limpio. Cuando tienes sublevada a la sanidad, a la enseñanza y al transporte público y ninguno quiere más pasta (o la quieren en la medida en que la queremos todos, pero sin que la pasta sea el elemento a revindicar en este caso), está claro que hay que hacer una escabechina de aquellas gordas entre los políticos y, sobre todo, entre un determinado ganado constituido por los políticos no electos, es decir, una colección de fulanos puestos ahí a dedo por razones diversas según los casos: por cuñadismo, por mandangas de partido, porque a tal plantilla hay que ponerle un rottweiler para que entre en razón con el convenio o para destrozar el servicio público en beneficio del privado (especialidad frecuentemente sustitutiva o acumulable a la del cuñadismo, porque el mejor efecto, para el caso, se consigue poniendo a un perfecto inútil a ocupar la plaza, y de ese gremio están abarrotados los partidos, todos ellos).

No oculto mis simpatías por las razones de todas esas huelgas, razones que habrá que recordar: los médicos exigen menos pacientes por jornada y no transigen con un mejor pago de las horas extras -que, según parece, tampoco sería tan espectacular- porque no hay dinero que palía el cansancio que acumulan día tras día y que les puede llevar a cometer errores, acaso graves o, en el mejor de los casos, a deficiencias en la calidad del servicio; los conductores de autobús reclaman dos días festivos a la semana, cosa que tenemos casi todos los trabajadores, con la única excepción de comercio y banca -aparte de servicios especiales, claro-; y lo de los profes es aún más loable: se trata de una huelga claramente política con el fin de impedir que la peña al mando (un tripartito de izquierdas, manda cojones) lleve adelante un plan legal que supondría la privatización de buena parte de la enseñanza pública y quizá la desestatutación de sus profesionales.

Los servicios públicos elementales (educación, enseñanza y sistema de cobertura económica social, es decir, pensiones, desempleo y asistencia social) se ven periódica y cada vez más frecuentemente acosados por el sector privado, que quiere hacerse con ellos a toda costa. En algunos casos, como el de la sanidad o las pensiones, porque es un negociazo redondo, el pelotazo del milenio, sin duda; en otros, como la educación, porque, sin desdeñar su aspecto de negocio saneado, es la herramienta perfecta para modelar la sociedad a su medida: con los becerros de los políticos haciendo planes de estudio asaz estúpidos y la educación en manos del mundo financiero, la proletarización educativa sería generalizada y las ideas disolventes no encontrarían terreno abonado; y, en el caso del desempleo, más que su gestión -que también: podrían hacerse seguros privados de desempleo- de lo que se trata es de suprimirlo o de reducirlo a un importe por debajo del límite de subsistencia porque esto del seguro de paro encarece el mercado laboral: para que nuestros currantes trabajen como fieras por cuatro duros, no hay nada como una buena hambre si se desmandan.

La huelga de estos colectivos debe verse a la luz del servicio que prestan a la sociedad sus actos de resistencia y ese servicio es impagable. Si ellos pierden, la derrota que va a caer sobre nosotros va a ser de una ominosidad verdaderamente insufrible. Hay, pues, que estar con ellos, apoyarles, alentar su lucha e, incluso, iniciar los demás trabajadores movimientos de solidaridad.

O enseñamos los dientes o vamos al hoyo.

——————–

Hasta aquí esta paella en el día del cura al que ajusticiaron por casar a la gente y encima las parejitas lo celebran. Bueno, todas no. Mi santa y yo pasamos olímpicamente de la chorrada esta a beneficio del Corte Inglés. Sobre el Corte Inglés, por cierto, tengo una cosita preparada, con sus documentos ya digitalizados, que publicaré aquí un día de estos, pero más pronto que tarde. Es una muestra de la eficiencia de la empresa privada, ya veréis, ya.

«El Incordio» continúa día a día, como siempre, pero la paella se despide hasta el próximo jueves, que será 21. ¡Ops! Si no puedo dejarla preparada el miércoles, probablemente sea una paella de resopón, ya lo aviso, porque tendré el día bastante liado, sobre todo la tarde, que es cuando me dedico a seleccionar y corregir los borradores (la paella está al fuego toda la semana) si no lo he hecho el día anterior. Quizá el viernes 22 desayunéis arroz. Por imaginación, que no quede.

Hasta entonces.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Celu  On 14/02/2008 at .

    Gracias por hacer públicas tus reflexiones.
    Un saludo

  • Monsignore  On 14/02/2008 at .

    ¿Te he contado alguna vez cómo, buscando aparcamiento por detrás del Liceu, un par de enteladas paquistaníes se lió a mamporros con nuestro coche porque lo conducía una mujer?

    Lo fornicado del asunto es que todo el buen rollito islamoprogresista se limita a las clases “ilustradas” (intelectualidad burguesa o de clase alta; vamos, leídos, escribidos y con pelas), mientras que el lumpen se aferra con uñas y dientes al integrismo más cerril.

    Sin ir más lejos, recordemos – aprovechando las fechas – la fractura social en la España del dos de Mayo, entre la burguesía afrancesada y la plebe fernandina.

    Que ya es triste, ser pobre y además gilipollas.

  • Jordi  On 14/02/2008 at .

    Tu hastío es también mi hastío, Javier. Lo del congreso de los aparatitos en Barcelona no tiene nombre: he visto las declaraciones del ma***so de Gaspart en las noticias de TV3 y era para lanzarlo al mar con una piedra atada al cuello. Junto con el c******zo de su amigo Enric Reyna, voilá, aquí tienes a la verdadera “autoridad” de esta triste urbe, capital del turismo cutre y poco más.
    Discrepo contigo con lo de la vaga de la educación pública. Creo que ante una supuesta defensa de la enseñanza pública se esconde cierto inmovilismo.

  • Guillermo  On 15/02/2008 at .

    Es mejor tener educación pública mala a no tener ninguna, que es lo mismo que decir educación privada costosa y orientada ideologicamente solo al alcance de aquellos que puedan pagarla, que como van las cosas cada dia son menos, esto mismo vale para la sanidad y cualquier cobertura social.Y somos nosotros los ciudadanos de a pie los que debemos reclamar un nivel de servicio aceptable por parte de la administración y que nuestros impuestos se utilizen adecuadamente.
    Y es verdad que desde las altas instancias gubernamentales gobierne PP o PSOE, (tanto monta monta tanto), existe un oculto plan para desmontar la sanidad, enseñanza y pensiones entre otras cosas, y pasarlas al sector privado. Y me pregunto, cuando eso ocurra ¿tendremos que seguir pagando el mismo nivel de impuestos que ahora?, me temo que si.

  • Jordi  On 15/02/2008 at .

    La próxima vez evitaré soez lenguaje. Palabra.

  • galeta galàctica  On 15/02/2008 at .

    Disculpe,D.Javier,pero 700€ no son “casi cien mil de las viejas”,sino más de 116.000,-por una noche en un hotel de 3 ***
    y…¡Sin desayuno! (faltaria más).
    Son una panda de chorizos.
    ¡Cuanta verdad tiene en lo de la gallina de los huevos de oro!.
    O,son idiotas,o yo no entiendo nada.

A %d blogueros les gusta esto: