El poder de las redes

Vía Juantomás, he sabido esta mañana de la existencia del libro de David de Ugarte «El poder de las redes»

Bueno, pues me ha costado la siesta dominical -sagrada, por ser única en toda la semana- pero ha valido la pena: el libro ha caído enterito y he llenado el equivalente a cuatro o cinco folios de notas y citas. Se me ha pasado la tarde que no me he enterado.

Es la primera obra que ha llegado a mis manos en la que se elabora una síntesis correcta y sistemática de la web 2.0, de lo que es y de su alcance. Además, está escrita en un lenguaje perfectamente asequible y no busca un academicismo relamido para demostrarnos lo muy sabio que es el autor (y ojo, que David sabe muchísimo aunque hable con la suavidad -casi la ternura- y la humildad de un franciscano pidiendo una limosna para los pobres). Y, con todo, no estoy al ciento por ciento de acuerdo con él: hay ahí un esquema sobre la base de la contraposición de la épica con la lírica que no acabo de verlo claro. Pero eso no afecta, conceptualmente, ni a la décima parte de su sumamente interesante contenido que debiera leer muy atentamente la gente que, justamente, no lo leerá jamás. O que lo leerá cuando ya sea tarde (para ella misma, principalmente).

No me resisto a reproducir algunas citas que he anotado:

«Entonces, ¿las redes distribuidas no tienen formas políticas de organización? No, lo que ocurre es que estamos tan acostumbrados a vivir en redes de poder descentralizadas, que confundimos la organización de la representación con la organización de la acción colectiva. La perversión de la descentralización ha llegado a tal punto que «democracia» se ha convertido en sinónimo de elección de representantes, es decir de nodos filtro» (Pág. 42)

¿Alguien dijo algo alguna vez sobre la «nueva democracia digital» que estábamos construyendo unos ciertos pendejos electrónicos? Ahí lo tienes. David describe muy bien la estupefacción de los políticos ante un fenómeno que no comprenden porque se aparta de sus esquemas y que odian porque no pueden controlar por medio de los canales tradicionales -que son los que ellos dominan- ni, de hecho, por canal alguno.

Continúa más tarde:

«¿Qué sucede cuando una estructura distribuida se enfrenta a una descentralizada? Pues que la distribuida lleva las de ganar en capacidad de movilización y rapidez de reflejos. No faltan ejemplos en los últimos años de gobernantes que han pensado que bastaría con controlar los filtros tradicionales (prensa y TV) para condicionar a los ciudadanos asegurándose de que sólo les llegara la información conveniente. El trasfondo de las nuevas redes informacionales distribuidas les enfrentaría, sin embargo, a miles de ciudadanos en las calles. En algunos casos (Filipinas, España, etc.) les llevó a abandonar el poder.» (Pág. 43)

Posteriormente matiza que el caso de España (se refiere al 11-13-M, aunque después también hace menciones al botellón del 2006) no fue exactamente igual que el de Filipinas, aunque sí el sistema de red social.

Y remata David:

«Tan revelador como las formas y los lenguajes de la «Primavera de las redes» fue la incapacidad del poder para entender a qué se estaban enfrentando. Al carecer de una estructura estrictamente jerárquica que supervise y comunique, las viejas organizaciones sienten que sus antagonistas son cada vez más inaprensibles. La clave de las redes distribuidas está en su identidad, en la existencia de un espíritu común que los netócratas modulan a través de mensajes públicos.» (Pág. 62)

David nos ofrece definiciones muy bien sintetizadas y precisas de lo que es la cultura hacker (con amplias referencias a Pekka Himanen y su «La ética del hacker y el espírituo de la era de la información») o el ciberactivismo, así como de algo que es un neologismo -creo- incluso en este peculiar mundo: las ciberturbas.

Es un libro imprescindible para que los bloggers sepamos ubicar con precisión nuestro lugar en el espacio (no solamente en el ciberespacio, propiamente dicho, sino en el espacio público) y yo creo que es imprescindible, sobre todo, para políticos de la vieja y pestilente casta que, inasequibles al paso de generaciones, ahí siguen, viejos unos, jóvenes -según el DNI, que no otra cosa- los más, y continúan aferrados a estructuras caducas en un mundo que, tal como David describe -porque ya se ha sobrepasado la fase de vaticinio- se está deslizando bajo sus pies hacia otras dimensiones a las que ellos rehúsan acudir. Lo que les ocurra no me inspirará compasión alguna.

Dedica De Ugarte también algunas páginas a los empresarios con una clara referencia al caso español, referencia que, cabe no dudarlo, caerá en saco roto: al contrario que en norteamérica donde, aunque les ha costado, ya se han caído del guindo, las bitácoras de empresa son, en nuestro país, más cosa de emprendedores que de directivos. No me sorprende nada de unos directivos que todavía no hace tantos años pensaban que informatizar la empresa era ponerle un PC a la secretaria. No están solos, sin embargo, en sus ciberespaciales orejas de burro: les acompañan, compitiendo con ellos en mentalidad solípeda, los dirigentes sindicales, la práctica totalidad de los cuales tampoco se ha enterado de los nuevos vientos que soplan.

Felicito a David por esta excelente obra y me felicito por disponer de ese valioso instrumento documental, cuyo formato en papel acabo de encargar a la librería.

Creo que es de lectura imprescindible.

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Comentarios

  • Ángel Bacaicoa  On 19/02/2008 at .

    Gracias por reseñarlo. Me lo acabo de descargar y procederé a leerlo lo antes posible.

  • David de Ugarte  On 20/02/2008 at .

    Gracias Javier!! Gracias por comentarlo en tu blog y por ser tan generoso… Y gracias también por comprarlo en papel, porque todo lo que saquemos de ello irá para encargar y publicar otros trabajos -que espero te gusten también- en Dominio Público.

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