Francia y Kosovo

¿Lee el gobierno francés «El Incordio»? Hombre, no es imposible, pero parece más bien improbable. Sin embargo, no deja de ser gracioso que, inmediatamente después de mi última (y enésima) invectiva contra este sistema educativo diseñado por y para retrasados mentales, tontos del culo y gilipollas del buen rollito (y, más probablemente, todo a la vez), los franceses hayan dicho mon Dieu! y hayan dado un golpe de timón -o sea, que han virado en redondo- en materia pedagógica. Y eso que, según sospecho (de cierto no lo sé, pero es fácil que no me equivoque), el sistema francés no es, ni de lejos, tan nefasto como el nuestro. Es física, matemática y filosóficamente imposible que lo sea.

Pero me hace gracia que la autocrítica del gobierno francés no ande muy lejos de mis parámetros. Va a volver, por ejemplo, a la Historia explicada cronológicamente. Aunque a algunos botarates -ocupantes de escaños y calentadores de poltronas importantes, no pocos de ellos- les parezca inaudito, sólo se puede comprender bien la figura y la dimensión histórica de Azaña, pongamos por aleatorio caso, si se conoce la figura y la dimensión de Alfonso X El Sabio, pongamos por otro caso; porque la historia no es una sucesión de hechos aislados unos de otros sino derivados unos de otros: el curso histórico es una línea sin solución de continuidad y hay que ser patológicamente idiota para no entenderlo. Por eso es propio de idiotas patológicos -frecuentemente sectarios, además- explicarla salteada, no fuera a ser que la muchachada cayera en la cuenta de que es un simplismo concebir la guerra civil -ya que tanto les gusta machacar con ella- como la historia de un general fascista que se sublevó contra una República benéfica y comedora de margaritas, y no como un enfrentamiento brutal entre dos modos de concebir la existencia y la nación misma que venía cociéndose desde muchos decenios atrás (algunos autores lo han remontado incluso a tres siglos atrás).

Otro regreso a un pasado que, sin duda -en este caso-, fue mejor parece que van a emprenderlo con la gramática, después de haber constatado que la comprensión lectora de sus chavales está que da pena verla y, damas y caballeros, se vuelve al aprendizaje de reglas y normas y se vuelve -gorros fuera- a los legítimos padres de todo lenguaje inteligible, correcto y hasta culto: el sujeto, el verbo y los complementos directo e indirecto. Los padres y los abuelos franceses llorarán de emoción cuando sus hijos o nietos sepan identificar una oración subordinada sustantiva de complemento directo, cosa que yo aprendí con doce años.

Y también está lo de la cultura del resultado. Con eso hay que ir con cuidado: no se trata de empresarializar la pedagogía, no vayamos a pasar de un extremo a otro. Pero está claro que hay que valorar los tres niveles de actitud: el capullo que pasa de todo, el que se esfuerza pero no llega y el que se esfuerza y llega; al primero, puntapié en el trasero; para el segundo, apoyo, ánimo, guía para que oriente su futuro en función de sus capacidades y nada de castigo, pero poco o ningún premio; para el tercero, la guardia a formar con armas y en presenten. Y circuitos diferenciados en bien de todos: de los que quieren pero no pueden, que necesitan especial refuerzo para, cuando menos, acercarse; de los que quieren, pueden y llegan, a los que se puede apretar el acelerador y acercarles a la excelencia; y, como dije la semana pasada, tres añitos en la Legión para los que enredan a los otros dos. La igualdad mal entendida, es decir, el igualitarismo estúpido, no es una manifestación de la igualdad de oportunidades, sino su antítesis.

Lo único que no veo claro es eso del incremento del deporte. Ya es conocido que yo, esto del calzoncillo, lo veo como muy cutre. Sobre todo, el deporte de equipo que es la madre de todos los vicios. Otra cosa es el deporte individual, en el que no hay más adversario que uno mismo: pienso, como paradigmático, en el montañismo, donde el afán de superación es limpio, frente a uno mismo; al menos este es uno de los pocos en los que el protagonista es «el esfuerzo y la superación de uno mismo», según el literal que recojo de la noticia. Hay otros deportes -así llamados- que para mí son, de hecho y de alguna manera, artes de ingeniería, por supuesto más valiosos que el calzoncillismo: el paracaidismo, el escafandrismo, el ala delta, el parapente… actividades en las que la capacidad física -necesaria sólo en cierta medida, con mínimos muy razonables- no prevalece sobre el conocimiento firmemente asentado, la capacidad de reflexión y el correcto proceso de toma de decisiones en situaciones próximas al límite o no muy alejadas del mismo. Pero estos deportes-arte de ingeniería parecen poco adaptables a la cotidianía escolar.

En fin: en la medida en que se ejecute realmente este previsto timonazo (ojo, que detrás del invento anda Sarkozy, que está resultando un bocas) mis envidiosas felicitaciones a los franceses que, una vez más, dan la clave de por qué cada país es como es y está donde está.

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Cuando estudiaba [cronológicamente] la historia de España (previamente al estudio de la Universal, pero ya impartiéndonos aquellos conocimientos sobre ésta que fueran necesarios para comprender la nuestra), nos decían que la trasición de la Edad Media a la Edad Moderna se producía con el paso del siglo XV al siglo XVI y se definía en tres hechos fundamentales: el descubrimiento de América, la invención de la imprenta y la caída de Constantinopla en poder de los turcos. Me explicaron esto por primera vez en mi etapa final de la enseñanza primaria, imagino que cerca del llamado «Curso de ingreso en el Bachillerato», o sea que tendría yo unos nueve años; a lo largo de aquel añorado y largo Bachillerato se volvió sobre el tema y las referencias se repitieron y siempre, en la mentalidad de cada edad, comprendí perfectamente la tracendencia de los dos primeros, pero tardé -tardamos- muchos años en comprender la importancia del tercero que suponía el derrumbamiento del último vestigio del imperio bizantino, lo cual, en principio, parecería natural: puestos en el siglo XVI, el imperio bizantino debería haber muerto de viejo aunque no hubieran llegado los turcos.

Con el tiempo pude, pudimos, supongo, darnos cuenta de que este hecho suponía que el Islam, ya derrotado en España y expulsado, pues, de Europa, volvía a poner una pica en el viejo continente, esta vez por su otro extremo, pica que aún sigue todavía ahí y en base a la que, encima, los turcos pretenden ingresar en la Unión Europea tal que si fueran tan europeos como la Puerta de Brandemburgo. Pero no fue ese todo el mal: el imperio otomano fue expandiéndose por todo el extremo sudoriental europeo y asedió Viena pertinazmente, que no pudo verse definitivamente libre de ese gremio hasta las puertas mismas del siglo XVIII, aunque el resto de la Europa ocupada por esa gente no se vio libre de ella (salvo el territorio de la antigua Constantinopla, hoy llamada Estambul) hasta 1918, después de la primera guerra mundial. De esos polvos -a los que se añadieron otros más tarde- vinieron los lodos balcánicos, que Europa entera ha venido sufriendo como un forúnculo en el culo (no sin su parte de culpa, todo hay que decirlo) desde hace quinientos años.

Me vienen esas reflexiones al leer un artículo en la bitácora «Neurosfera», de Carlos Moreno, a la que llego gracias a un oportuno enlace en la del amigo Fernando Acero. «Neurosfera» habla de la recientemente proclamada -unilateralmente- independencia de Kosovo, un asunto que, aparte de todos los apartes -a los que ahora iremos-, da miedo porque esa independencia ha sido inducida y bendecida por los Estados Unidos -con la UE como comparsa- mientras que Rusia, que está regresando a pasos agigantados a sus fueros de gran potencia antagónica, está apostando muy fuerte y muy amenazadoramente por Serbia, su aliada en la región, ahora encolerizada por esa independencia contra la que no ha podido hacer nada por hallarse militarmente amenazada por la OTAN.

Precisamente los serbios -un imperio antiguo que data del siglo XI, como nos recuerda Carlos Moreno- se han considerado tradicionalmente los aglutinadores de Yugoslavia -y, consecuentemente, su colectivo nacional dominante- por lo que, aparte de los sucesos de otros momentos históricos, desde la muerte de Tito y la ruptura de la unidad que éste impuso a la trágala, están de bastante mala leche. Quizá haya operado en su contra -en la medida en que la opinión pública importe algo, que no importa una mierda- el hecho de que en la última década del siglo XX las atrocidades serbias en Bosnia indignaron al mundo entero, aunque también es verdad que éste se mantuvo bastante indiferente cuando similares cafradas las llevaron a cabo los croatas o -más excepcional, pero no menos ciertamente- los propios bosnios que, cuando pudieron, no fueron tampoco unas malvas.

El problema de Kosovo es que tiene cierta proyección en España, aún sin necesidad de que Putin dijera tres imbecilidades al respecto.

Mal lo ha debido pasar Zap debiendo negarse a formar parte de lo políticamente correcto y empecinarse en no reconocer una independencia unilateral, atendido el hecho de que en casa tiene dos problemas de independentismo. Al menos, dos. No ha pasado por el tontorrón aro servido por la Unión Europea al decir que ese reconocimiento «no crea precedente». Eso es una estupidez como un piano; los precedentes no se declaran o se dejan de declarar: están ahí o no están y punto. Para Zap (y para Rajoy: sorprendentemente, gobierno y oposición han ido a la par) esa coña del precedente era inaceptable.

Dentro del nacionalismo español también ha habido posiciones sorprendentes: aunque la carraca mediática oficial catalana no ha resistido la tentación de lanzar las campanas al vuelo (la noche antes de la declaración de independencia de Kosovo, TV3 parecía un best seller de Dominique Lapierre y Larry Collins), desde posiciones independentistas -precisamente independentistas- hemos podido oir un atinado «Catalunya y Kosovo no son lo mismo». Por si las moscas. Aunque dentro de los mismos ámbitos -estamos en campaña electoral- se ha acusado al gobierno español poco menos que de liberticida por su no reconocimiento a la independencia kosovar. En cambio, desde el nacionalismo vasco, por boca de la portavoz de su propio gobierno autonómico se ha aplaudido una presunta afinidad de la situación.

Juzgue el lector. Vuelvo a la bitácora de Carlos para copiar literalmente uno de sus párrafos:

«En sí, Kosovo es insignificante desde un punto de vista económico. Su situación era anómala. Se habían producido unas matanzas y la OTAN intervino a favor de la población kosovar, creando de facto, un protectorado en la zona. Si Kosovo es independiente, lo puede llegar a ser gracias a la financiación de la UE y el apoyo de los USA. Por sí mismo, es un estado inviable porque no tiene recursos y su situación económica es crítica. En realidad, carece de sentido que sea un país salvo para tocar las narices a Rusia (aliado de Serbia). Kosovo es un mero peón en el juego de estrategia mundial para restar influencia de unos y ganar la de otros. Para la población kosovar, mejor que las matanzas que les propinaban, cualquier solución va a ser mejor; y, por supuesto, independizarse de aquellos que las provocaron, en principio, les parece estupendo.»

Recomiendo leer la conclusión del propio artículo en «Neurosfera».

En todo caso, parece que los balcanes van a seguir siendo durante mucho tiempo todavía el forúnculo de Europa. Cabe desear que se cure pero, a las malas, virgencita que no se infecte. Porque cuando se infectan los Balcanes, en Europa corre la sangre.

Y no precisamente en transfusiones.

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Nuevamente una paella diédrica, no hay espacio para una tercera entradilla que la haría ya excesivamente larga hasta para discurso de Fidel Castro. Adiós a febrero a los efectos paelleros (y casi a los reales: si el año no fuera bisiesto, se acabaría hoy). Entramos en marzo y la primera de ese mes será el día 6, mes que alberga una tempranísima Semana Santa sobre la que, a buen seguro, habrá algo que decir aquí por una razón o por otra. Pero eso será más adelante, seguramente, más en su momento. Me adelanto, no obstante, a decir que la paella no se detendrá y seguirá su curso normal y -si es posible- puntual, o sea que ese tercer mes del año contendrá cuatro paellitas, cuatro, con permiso de la autoridad y si la LISI no lo impide. Sobre «El Incordio», en general, me aventuro a decir lo mismo: apenas habrá merma de su cantidad habitual.

O sea que aquí espero ir viéndoos a todos.

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Comentarios

  • Celu  On 28/02/2008 at .

    No faltaré. Soy uno de tus seis o siete bravos. Te tengo en los RSS y paso a menudo el ratón por encima del marcador deseando que te dignes escribir un artículo mas.

  • Rogelio Carballo  On 28/02/2008 at .

    Idem…. ya empieza a ser enfermizo… ¿no puedes escribir uno cada 10 minutos?

    Lo de la educación empieza a ser de UVI….. el otro día leí un comentario en un blog donde un cafre escribió “haberte” del verbo haber como…. averte….

    Y yo pasando vergüenza cuando se me cuela una triste coma….

  • galeta galàctica  On 28/02/2008 at .

    Me solidarizo plenamente con Rogelio y Celu , yo entro en “El Incordio” ,como mínimo, 6 ó 7 veces al día para ver si hay algo nuevo.
    Si no lo hay ,me coge el “mono” y estoy en estado catatónico hasta que no aparece un nuevo “pescadito frito”, “pequeño bocadito” ó “paella”.¡Ah!,por cierto, soy el bravo que hace ocho.

  • JCB  On 28/02/2008 at .

    ¿6 ó 7 veces al día?
    Espero que estés exagerando…

    Yo sólo quería aportar un cuarto nivel de actitud escolar: el que no se esfuerza pero llega de sobra.
    Este tipo de chavales no suelen tener problemas académicos (por supuesto) ni de comportamiento (normalmente), pero son tradicionalmente ninguneados y se pierde en gran medida su altísimo potencial porque los profesores no son capaces de motivarlos con retos superiores.
    Quizás no molesten, pero creo que tienen derecho a recibir una educación de un nivel acorde al suyo.

    PD: en mi opinión, los deportes de equipo aportan valores positivos como la solidaridad y el esfuerzo conjunto, pero esta discusión me temo que sería palaciega…

  • Ángel Bacaicoa  On 28/02/2008 at .

    No se hace usted idea de las cosas que tengo que oir en mi hogar acerca de la enseñanza. Mi mujer es profesora en una escuela de ingeniería. Miedo da cuando viene harta de lo que les hacen a sus “niños” en enseñanza media. Sus opiniones no serían publicables.
    Usted siga con esto que da gusto leerlo.

  • Monsignore  On 29/02/2008 at .

    Caro figlio, te sales; as usual…

  • Befo  On 29/02/2008 at .

    Cuchí,

    Decir que la historia “debe” estudiarse cronológicamente es como decir que todo libro de historia que trate del XIX o del XX adolece de las 1200 páginas anteriores que sirvan como introducción al tema.

    Decir que no puede estudiarse a Azaña sin saber quien era Alfonso X es tan de patanes como decir que no se puede estudiar el Linux sin comprender al PDP-8.

    Y por último, si asumimos la tesis orteguiana de que la Castilla es la aglutinadora de la “nación española” y extrapolamos el análisis del independentismo kosovar y el centralismo serbio a las Españas, se deduce que euskaldunes y catalinos nunca se independizarán por carecer de padrinos (Javier Ortiz dixit). Ergo permita que me chotee de los movimientos nacionalistas españoles en general (tanto los centrífugos como los centrípetos).

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