A hostia limpia

Me comenta una compañera que ese matrimonio de bárbaros que agredió a dos profesoras del colegio de sus hijos (de los hijos de los bárbaros, no de mi compañera) ha sido castigado a un año de prisión. No está nada mal: ejemplarizante y tal, como debe ser, sí señor. Y un buen precedente para que, a los próximos, en vez de uno, les caiga algo más de dos añitos y así ingresen en el trullo y experimenten aquello tan divertido de agacharse para recoger el jabón.

El problema es que no han sido castigados propiamente por agredir a unas maestras sino por atentado, dado que estas maestras eran funcionarias públicas en el ejercicio de sus competencias en el momento de recibir estopa. De modo que a los maestros de la privada se les sigue pudiendo partir las narices con una indemnidad rayana en la redonda impunidad.

Y eso tampoco es.

Hay que desterrar de nuestro refranero aquella bestialidad de «Al maestro, puñalada».

Tanto si público como si privado.

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