Días de pasión y gloria (IV)

Soy el chino Chin Chin Chin
que viene de la China-na.
Me gusta tanto estar aquí
que me voy a quedar
.

Inteligente y delicada estrofa, de mesurada y compleja métrica, perteneciente a un bodrio de los 70 crujido por Enrique y Ana, Luis Aguilé o un friki cualquiera de esos de imposible y, en cualquier caso, lacerante recuerdo.

Pero algo así debieron cantar los hijos de Mao en el cincuenta y tantos cuando sentaron sus reales en el Tibet y facturaron al sumo pontífice de la cosa a tomar viento de un puntapié en el trasero. No sólo se quedaron allí porque les gustaba mucho, sino que, además, lo proclamaron suyo, propio, y lo declararon provincia china. Y, a partir de ese momento, como suele pasar en las dictaduras, sobre todo en la rusa y en la china, poco más se supo de lo que estaba pasando allí.

Transcurrieron los años y China se ha visto envuelta en un proceso de cambio que recuerda mucho al de la segunda mitad del franquismo, es decir, convertirse al capitalismo económico manteniendo el comunismo político, que es un invento que, a la larga, no suele sostenerse pero que durante unos cuantos años igual aguanta. Y así, todo el mundo occidental se puso a hacer opíparos negocios con los chinos a base de comprarles mano de obra barata y de venderles cosas, de modo que, como suele susceder cuando los negocios son buenos, el capitalismo decidió que el comunismo chino ya no era pérfido y que, hombre, se podía uno sentar a la misma mesa con él -sobre todo porque el banquete es exquisito- porque ahora ya es dialogante y tal; incluso, en un indudable gesto de buen rollo, grandes compañías norteamericanas geek (Yahoo, Micro$oft o Google) le han hecho de confites al régimen rojoperoguay y le han llegado a soplar ¡ay que risa! la identidad de algunos más o menos disidentes que dijeron cosas poco gratas a la estructura de la estrella roja, pero es que, ahora, la estructura de la estrella roja va con corbata, hombre… Tanto es así, que hasta les van a dejar organizar unos juegos olímpicos, que constituyen el espaldarazo occidental a aquello que hay que respaldar debidamente.

Y, claro, como siempre hay amargados de la vida que nunca están contentos con nada y siempre tienen que protestar y dar el coñazo, con lo bien que se vive y lo bien que va todo cuando el personal está calladito y capón, como en España, por ejemplo, resulta que unos subversivos tibetanos de dentro y de fuera de la provincia han decidido echarse a la calle y ponerse a protestar precisamente cuando la cuchipanda calzoncillera tetranual está a la vuelta de la esquina. Y además de gritar cosas desagradables delante de la casa del gauleiter rojo-amarillo de Lhasa reclaman el boicot a la cosa calzoncillera referida.

Coño y resulta que el Parlamento Europeo se va a pensar si se apunta a eso (vía Menéame). Imagino que a los chinos no les gustará la idea, pero imagino también que el grado de su disgusto no irá más allá del que se experimenta al pisar una cagada de perro porque es sabido que el Parlamento Europeo no es más que un guiñapo político inoperante, incompetente (en doble sentido: apenas tiene competencias y, además, todo aquel gremio no sirve para nada) y, por supuesto, costoso, destinado a cementerio de elefantes de politiquillos a los que no se puede meter en otra cosa (no la vayan a romper) pero a los que se debe un caramelo por haberse portado bien con los amos; no en vano, es el único órgano de la Unión elegido -con las habituales trampas y marranadas, pero elegido- por sufragio de la ciudadanía europea y no iban a darles a los ciudadanos de mierda un organismo fuerte, eficaz y con verdadera capacidad para controlar a los bergantes que de verdad tienen la sartén por el mango. O sea que la calzoncillada china no corre el menor peligro.

No es la primera vez que se boicotea una juerga de esas: los soviéticos ya sufrieron una de ellas por no respetar los derechos humanos; los mismos derechos humanos que el régimen chino, con la complacencia y la participación activa de empresas norteamericanas, se pasa por el forro de los cojones. El mismo forro por el que los norteameriyanquis se pasan esos mismos derechos en Irak -y fuera de Irak- sin que a ellos les haya boicoteado nunca nadie una cosa de esas de sobaquina maloliente. Pero es que el régimen yanqui no estaba en absoluto dispuesto a que el régimen comunista, que andaba ya bastante jodido y descalzo, tomara abundante aire de un más que posible éxito olímpico, así que lo que, efectivamente, llegó a ser un éxito organizativo, quedó deslucido -en realidad, un fiasco- a causa de la ausencia de las élites occidentales del calzoncillo de alto standing, porque huelga decir que el resto de países otánicos y similares fueron duramente presionados para hacerle seguidismo al amo y, efectivamente, fueron muy pocos los que se resistieron.

Pese al éxito de este boicot que, sin duda, contribuyó a que el régimen soviético no llegara a sobrevivir un decenio al acontecimiento, no parece que China vaya a sufrir el mismo tratamiento, toda vez que China, en vez de constituir un obstáculo a la expansión de la pax americana llamada «globalización», como, sin duda, lo constituía el comunismo soviético, se ha apuntado al carro de la cosa con un entusiasmo digno de los escolares que desfilaban frente al Gran Timonel detrás de los misiles balísticos el 1º de Mayo.

Crudo lo tienen, pues, los tibetanos contestatarios.

Pero tampoco a éstos, qué queréis que os diga, acabo de verlos claro. Sería, sin duda, un forofo de la liberación del Tibet si tras ésta se proclamara una república más o menos democrática (democrática de verdad, no un chiringuito de la $GAE y otros adláteres u otra zapaterada cualquiera) en vez de pretender la vuelta al feudalismo ostentado y ejercido despiadadamente -nada de eufemismos- por esa especie de curas rapados al cero y envueltos en una sábana de colorines; una república que empezara por desposeer al clero de todo derecho señorial, político y económico y le expropiara fulminantemente -y sin indemnización- todo medio de producción que tuviera o hubiera tenido en su poder, incluyendo instrumentos financieros (o sea, pasta, en cualquiera de sus signos y representaciones). Porque, claro, quitarse de encima a los chinos para volver a tener sobre el espinazo a los dichosos curas, oye, como que no. Bueno, si se empeñan, que los aguanten, están en su casa, pero entonces conmigo que no cuenten. A buenas horas.

Sospecho, por otra parte, que a los tibetanos, en términos económicos, de nivel de vida, aunque muy definitarios, desde luego, no les va tan mal con los chinos; al menos no tanto como les fue con los curas. De acuerdo, sí: por más bien que viva uno, nunca puedes ser feliz con extranjeros ocupando tu casa y mandando en ella. Pero en este específico caso, me imagino que la libertad sería ficticia y a peor. Recordemos que aquí nos quitamos de encima a los ilustrados (unos ilustrados bastante bárbaros, pero ilustrados, a fin de cuentas) para aclamar en su lugar al monarca más cabrón e hijo de la gran puta que han visto todas las dinastías que han puesto culo en el trono de España. A veces me pregunto si no tendrían razón aquellos que sostuvieron que con Pepe Botella nos hubiera ido mejor. Al final, los suecos se lo montaron con un general napoleónico, Bernadotte, y no les ha ido nada mal, fíjate. Y es que aquí todo lo hacemos al revés: nos ponemos farrucos cuando habríamos de encogernos de hombros y a quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga, y somos sumisos y agradecidos al porquero como tocinos capados cuando los cojones rebanados habrían de ser otros.

Por ahí, por tanto, se evapora mi esperanza de soslayar la inevitable, dolorosa, fatigosa y espantosa brasa que nos va a proporcionar dentro de no quiero saber cuántos meses el happening del calzoncillo bien pagado y abarrotado de cosas que se habrá metido en loor de aquello de citius, altius, fortius y la madre que los parió a todos, del primero al último.

Mens sana in corpore insepulto.

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Comentarios

  • Jordi  On 22/03/2008 at .

    Por mi parte, Los JJOO de Pequín me despiertan el mismo interés que el nuevo dico de Julio Iglesias.

    Sobre el Tíbet, he leído que los chinos han copado todos los puestos de la Admnistración Pública, empresas, comercios, etc. y que lo que impera en el Tíbet y para sus escasos habitantes es un sistema colonial puro y duro. Además, la emigración masiva y forzada de chinos a esos lares ha provocado que la cultura tibetana esté ya en peligro de la extinción.

    Siento pena por el Tíbet, en tanto que país invadido y colonizado de manera brutal y sangrienta pero las cosas por su nombre: el Tíbet era un régimen teocrático que vivía poco menos que en la edad de piedra. Es por ello que siempre me aha sorprendido la actitud de los progressuperguay: poner a caldo día sí y día también a la Iglesia Católica y mear colonia cada vez que sale un rapado con túnica encarnada hablando sobre las virtudes del budismo. Los dobles raseros me hinchan las venas y de qué manera, oiga.

  • Monsignore  On 25/03/2008 at .

    ¿Ya estamos arremetiendo contra el clero?

    Veo que la Semana Santa no te ha arreglado, no… ;-D

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