Evolucionar o morir

En una pequeña e improvisada tertulia de amiguetes ajena al mundillo este del que esta bitácora quiere ser un modesto satélite de comunicaciones más, solté tan tranquilo que Micro$oft estaba muy lejos de ser una empresa de éxito -como, indudablemente, lo fue en el pasado- y que, aún más, es una empresa en claro retroceso. Me miraron como si fuera un orate (cosa que, ojo, jamás descarto): pero… ¿qué dices? ¿Tú has visto sus cifras de negocio? Y, en efecto, sus cifras son enormes y en crecimiento constante. Y no sólo eso: previsiblemente, seguirán siendo así todavía durante varios años, aunque nunca puede decirse cuántos en un ambiente cuya evolución puede medirse casi en horas.

Pero, sí, por más que gane mucho dinero, por más que cada año gane más dinero aún que el anterior, por más que se incrementen sus índices de crecimiento y por más que todas las previsiones razonables pronostiquen la prolongación de esta situación en una proyección de futuro a corto y medio plazo, Micro$oft, si no sufre una importante transformación, no sólo morfológica sino también -y quizá sobre todo- filosófica, es un dinosaurio sin otra perspectiva que ir haciendo hasta su muerte y, con ella, la extinción de su raza.

Y sostengo lo dicho aún consciente de que mañana conoceremos un nuevo éxito de Micro$oft, cuando ISO anuncie el reconocimiento del pútrido OOXML como estándar internacional, cosa que, según se ha dicho por ahí, no se ha hecho hoy para evitar rechiflas, ya que en el mundo anglosajón el 1º de abril es el equivalente de nuestro 28 de diciembre, de nuestro día de los Inocentes. He escrito «éxito» en cursiva porque habrá sido obtenido a base de sobornos políticos y trampas indisimuladas. Precisamente en la manera de obtener ese presunto éxito está la semilla o, si se quiere, el símbolo, de esa decadencia.

Precisamente porque ese empeño en obtener un estándar propio -y obviamente acerrojado bajo mil patentes, lo cual es totalmente anti natura en materia de estándares- es consecuencia de un esfuerzo desesperado por mantener vigente un modelo ya obsoleto, aunque esa vigencia sea a fuerza de mantener un monopolio.

Iba a decir un monopolio inamovible, pero no, no es inamovible porque está en claro retroceso. Retroceso lento, pero indiscutible. Precisamente se habla hoy en Barrapunto de que el buque insignia, el sistema operativo Window$, perdió un 3,7% de cuota de mercado en el pasado año 2007, a beneficio, sobre todo, de Mac OS y, en mucha menor medida, de Linux. Micro$oft sigue siendo, por supuesto -lo he dicho antes-, potentísimo, con su sistema operativo implantado en el 95% del mercado del escritorio; pero el retroceso es notable. Podrá decirse que la causa de ese retroceso ha sido el fiasco de Vista y no sería decir ninguna tontería pero lo cierto, según he ido leyendo en estos meses, es que la alternativa masiva a Vista no es otro sistema operativo ajeno a Micro$oft sino otro de la misma empresa, Window$ XP, de donde cabe colegir que el retroceso es del concepto de sistema operativo, no de su versión. Personalmente me duele, dentro de esa cifra, que ese retroceso no lo haya sido en claro beneficio de Linux, pero hay que pensar que Mac OS es un sistema operativo muy fiable -desciende también de Unix- y que el precio de las máquinas Mac ha descendido considerablemente en los últimos años de forma que la diferencia que aún subsiste con respecto a las máquinas PC no tiene ya entidad como para determinar por sí misma la adopción de éstas en detrimento de aquéllas.

Pero esa cifra puede ser coyuntural, vamos a admitirlo. Puede concederse -no lo creo, pero no es una tontería pensarlo- que el traspié sea atribuible exclusivamente a Vista y que en los próximos dos o tres años Window$ aguante o experimente ínfimos retrocesos hasta su triunfante renacer como ave Fénix con la aparición del nuevo proyecto que están pergeñando. Tampoco creo en ese renacer, pero, en fin, quien viva, verá.

Porque el asunto no es si Window$ avanza o retrocede en los escritorios, si Mac es más asequible o si el activismo linuxero apretará el acelerador o, por el contrario, se enfriará enfermo de éxito (que esa es otra posibilidad de la que otro día habrá que hablar). El asunto es que Micro$oft sigue sin encontrar la puerta de entrada del verdadero tren del éxito del futuro y no lo encuentra porque no quiere bajarse de la guagua en la que viaja actualmente sólo porque aún soporta desplazarse a velocidades relativamente importantes: Micro$oft sigue basando su filosofía empresarial en la venta de copias y no en la prestación de servicios al usuario; no es que desdeñe este aspecto del negocio, pero sigue sin ver que ése es, precisamente, el negocio. Es esa la explicación de que no resultara sorprendente (bueno, a algunos sorprendió por aparentemente ilógico) el intento de compra de Yahoo, como vector de penetración en un modelo de negocio radicalmente distinto, incluso en su filosofía, del que caracterizó a Micro$oft desde siempre, pero manteniéndose el pintoresco Steve Ballmer como CEO de la casa, siendo así que Steve Ballmer es la personificación, incluso radicalizada, del modelo de negocio clásico.

Quizá sea por aquello de que sin una crisis profunda no cabe esperar que se emprendan travesías del desierto, como le ocurre al PSOE, que no evoluciona porque tiene el suelo electoral muy alto, mientras que hace veintipocos años el PP se quedó en 17 diputados y de ahí nació la generación Aznar que aún sigue siendo la referencia. Le ocurrió a IBM, reconvertida certeramente, tras haberle visto muy de cerca las orejas al lobo, y vuelta a ser empresa de éxito; no la número uno, como antaño, pero de indudable éxito. Es posible que si el retroceso de Windwo$ se mantuviera en las proporciones de 2007 o incluso se incrementara, se generaría la crisis necesaria para la defenestración de Ballmer y de la ideología empresarial que sustenta y representa y, entonces sí, se atravesara el desierto que llevara a Micro$oft al futuro.

Después de todo, el fracaso se lleva mal en aquella casa y la prueba es la espina que llevan clavada con el éxito del navegador Firefox, que se les ha comido, en tres años, casi el treinta por ciento del mercado de navegadores que Micro$oft, después de haber expulsado a Netscape con sus habituales sucias artes, dominaba en su práctica totalidad. Y la estrecha ligazón entre Office 2007 y Window$ Vista podría ser una buena oportunidad para OpenOffice.org, que no evoluciona en su campo a la fulminante velocidad a la que lo ha hecho Firefox en el suyo, quizá porque el producto tiene fama de ser más «corto» que el de Micro$oft pese a que más de las dos terceras partes de los usuarios de ofimática son tan incapaces de terminarse el uno como el otro. Es lo que podríamos llamar «síndrome GIMP-Photoshop», en el que miles de usuarios -piratas, en su práctica totalidad- del programa de Adobe se niegan a utilizar legalmente GIMP porque dicen que Photoshop es mucho más completo y profesional; cosa que es cierta, pero muy pocos de quienes esto aducen serían capaces de abarcar siquiera la mitad de las posibilidades ya no de Photoshop sino del propio GIMP. Pijerías de usuarios sobradillos… pero que determinan un éxito o un fracaso no siempre justos. Pensemos en que Window$, ya que estamos en ello, con un 95% de cuota de mercado, es, y con mucho, el de peor calidad de los tres grandes sistemas operativos actuales de la microinformática.

¿Y si hubiera crisis y Micro$oft cruzara el desierto? Pues vete a saber… Pero es muy probable que el índice de antipatía de la empresa de Redmond se enfriara considerablemente, como es normal cuando se pasa de secuestrar al cliente a acariciar al usuario y cuando, además, se pasa del monopolio más brutal a la competencia más abierta.

Una breva que, desde luego, no caerá sola y menos mientras siga ahí ese berroqueño personaje cuyo ascenso a lo más alto de la cúpula de Micro$oft coincide, precisamente, con el inicio del retroceso de la empresa. Pero yo creo que, aunque sea a la larga, la breva caerá y conoceremos un Micro$oft radicalmente diferente del que vemos ahora, asumiendo que su desaparición llana es imposible (quizá, en las debidas condiciones, también indeseable).

Hasta podría yo llegar a escribirla con «S»…

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