Hello loneliness!

Bien podría cantar Micro$oft, efectivamente, la vieja canción de Simon & Garfunkel: adiós, amor, adiós, felicidad y a tomar por el culo, matarilerilerile. Bueno, lo del culo y lo del matarile no lo cantaron S&G

El monopolio ha anunciado hoy el definitivo abandono de sus intentos por hacerse con Yahoo, ni por las buenas ni a las malas: Jerry Yang gana y Steve Ballmer pierde. El primero, en una apuesta muy audaz y de alto riesgo -en opinión unánime de todos los comentaristas que saben de audacias y de riesgos- ha hecho que Ballmer entonara aquel lamento de Luis Megía en el Tenorio: «Yo la quiero, don Juan, sí; más después de lo pasado, imposible la hais dejado, para vos y para mí».

No oculto mi júbilo. No podría, claro, y menos después de decir cosas como las que dije anteayer (y que reitero gustoso, no faltaría más), pero es que además es una noticia alegre incluso desde el distanciamiento y desde el eclecticismo, porque no puede dejar de ser alegre que, en un mercado con tantos monopolios y con tantos pretendientes a constituir otros más, una operación de clara concentración haya fracasado y el mercado haya quedado bien abierto, que es lo bueno para todos.

Pero lo bueno, sin Micro$oft, es dos veces bueno. Mientras el tinglado de Redmond no domine Internet -y está muy lejos de ello, más aún después de ese fiasco- todavía hay esperanza cívica en el mundo.

Lo cierto es que Ballmer no da pie con bola; es un ejecutivo del siglo pasado, que a mí nunca me ha parecido que destaque por su capacidad de generar ideas nuevas -ni siquiera de dinamizar las viejas- y de cuya mano no ha venido ningún hito importante para su empresa. Anclado en un modelo de negocio próximo al colapso (colapso disimulado por unos beneficios anuales todavía ingentes, generados a su vez desde tinglados monopolísticos que también se van resintiendo), incapaz de entender el signo del siglo XXI, pretende alcanzar una hegemonía en Internet a la antigua usanza, ciego ante la obviedad de que la red funciona por reglas y parámetros radicalmente distintos. Somos muchos los que pensamos que, incluso para la propia Micro$oft (o, sobre todo para la propia Micro$oft), la compra de Yahoo hubiera constituido, a no muy largo plazo, un fiasco. La filosofía empresarial -si así puede decirse- de Ballmer, es totalmente incompatible con un proyecto de éxito en la red; el equipo de Yahoo la comprende perfectamente (nació y creció ahí) pero el actual equipo de Micro$oft no. No dudo que el potencial de Micro$oft, al menos hoy por hoy, es suficiente y largamente sobrante para emprender cualquier proyecto por ambicioso que sea, pero el éxito del mismo va a depender de que el timón del monstruo de Redmond pase a otras manos más conscientes del presente y del futuro.

Si no es así (y aunque lo sea, también hay que decirlo), a Micro$oft se le acaba el palo. Ciertamente no la veremos jamás en la ruina absoluta -no me hago ilusiones al respecto, esas cosas no pasan a ciertos niveles- y muy probablemente vaya a ser ad libitum una empresa potente, entre otras razones porque, cuando parece que esas cosas van a pasar, siempre sube al puente una generación que lleva las cosas a su rumbo correcto (es lo que le pasó a IBM) pero no faltan muchos años -creo y espero que, en realidad, muy pocos- para que la música que toca Micro$oft deje de ser la única que se baila en las salas de fiesta (con permiso del Teddy Bautista, no faltaría más) y pase a ser una empresa importante, potente, e incluso referente, pero una más, con el nivel de influencia -que no es poco- de una Adobe o cosa similar. El futuro de Micro$oft es, probablemente un nicho, un nicho importante, sustancial y sustancioso (¿el escritorio doméstico, quizá?) pero lejos de su pasado y de su aún presente. En todo caso, va a tener que aprender a competir en igualdad y quizá -si no aprende a variar sustancialmente su estricto modelo de negocio- en desventaja. El software libre, por un lado, y las aplicaciones en red, por otro, impulsado el primero desde fundaciones apoyadas por potentes comunidades de voluntarios y financiadas por empresas con modelos de negocio modernos que necesitan grandes disponibilidades de software elástico y escable, y por empresas, el segundo, que han sabido entender y explotar la vertiente en red de la llamada «economía de la atención», van a exigirle a Micro$oft no solamente el ponerse las pilas sino la renovación total de sus antediluvianos circuitos energéticos.

La época del juego sucio a base de ventear el talonario, se está acabando. Yahoo acaba de darle a Ballmer un doloroso corte de mangas y la clara y notoria marranada que M$ ha llevado a cabo con la ISO y el OOXML -su estándar envenenado- podría ser el canto del cisne de esa manera de hacer empresa. O del pato, porque aún no está claro que la guarrada no vaya a tener consecuencias y aún podría M$ sufrir otro disgusto.

Adiós amor, adiós felicidad… hola, soledad.

Me encanta.

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