La cuña

Con razón suele decirse que no hay peor cuña que la de la propia madera. ¿Recordáis que hace unas semanas supimos de una clínica andaluza que suprimió un complemento a unas enfermeras que se negaban a llevar minifalda? Bueno, pues el hecho trascendió un poco aunque, sorprendentemente, no dio lugar a ningún gran escándalo. A mí, la verdad, me extrañó que ni la organización colegial enfermeril, ni el SATSE, ni ninguno de los montones de colectivos de feminorras que hay por ahí -de esos siempre prontos a llamarle a uno machista porque escribe «la juez» y no el horror de «la jueza»- pusieran el grito en el cielo y propusiesen la castración ritual del gerente, clamando, al mismo tiempo por la pública incineración del señoritismo latifundista y caciquil de la derecha andaluza. Será, pensé, que por aquello del parentesco corporativo habré exagerado la importancia del despropósito.

Pero no, hombre, no. Qué exageraciones ni qué nada. El mundo progre estaba calladito como un puta porque resulta que en el entorno financiero de la titularidad de la clínica en cuestión andan metidos, según parece, unos cuantos ex-altos cargos de la sanidad pública andaluza, más algunos camaradas de la UGT de por allí y era mejor no menear la cuestión.

Si es que, al final, todo se sabe.

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Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 05/05/2008 at .

    Jefe, no debería hacer leña del árbol caído, pero dicen por ahí que ser de izquierdas sólo se lo pueden permitir los que tienen mucha mucha pasta….. :-))

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