Relaciones públicas

Suele decirse que no hay peor ciego que el que no quiere ver y ahí tenemos un ejemplo de libro.

Recurrentemente, la $GAE, a través de cualquiera de sus habituales turiferarios oficiales u oficiosos, se queja de la pésima imagen que tiene ante la sociedad española y clama -manda huevos- por la injusticia de esta mala fama.

Uno, que, pese a lo broncas que es, siempre intenta empezar siendo justo y benéfico, como mandaba la primera Pepa, aún a costa de incurrir en candidez supina (como la propia Pepa, es que no somos nada…), deshecha, no sin grandes esfuerzos, la idea del inmenso cinismo que esconde ese rasgado de vestiduras y en una barroca masturbación de la buena fe rayana en lo irracional, trata de imaginar que, bueno, pues que igual sí, igual en la $GAE están dolidos por parecer tan malos y realmente no saben por qué caen tan mal.

¿Es posible tanta ignorancia?

Hombre, nunca cabe descartar que haya por ahí algún pardillo suelto que real y honestamente se crea que la $GAE es fiel a aquel adorable espíritu constitucional del XIX y que se trata de un conventillo de hermanitas clarisas entregadas a la hermosa misión de dar pan a los pobres. Pero toda mi buena fe, mi buena voluntad, mi buen rollito y mi amor por la Humanidad son insuficientes para tragarme que tan beatífica idea sea, para nada, la imperante ya no sólo en los altos estamentos de la Innombrable, como algunos chungones la llaman, sino en muy amplios sectores de la beautiful de rentistas con derecho a voto en el invento. Que no, que no hay buena fe que comulgue con esa rueda de carro.

Y es que no sólo es el tema del canon, que de por sí es suficiente y más que sobrante para suscitar todos los odios y todas las justas iras de la sociedad española contra esa gente. No puede ser, de ninguna manera, que estos tíos no conciban que el canon cause tamaña irritación. Comprendo que pueda irritarles el que el haber tirado de la manta en esta materia haya causado ira social donde antes no la había (por aquello de que ojos que no ven, gabardina que te roban, como suele decirse), pero no es concebible que no asimilen la intrínseca irritación contra el canon.

Pero es que, además, los esfuerzos de esa entidad -y de las otras que se ocultan tras ella a las que su menor tamaño no hace menos detestables- por hacerse odiosa parecen dignos de la más cuidadosa planificación. Empezaron por criminalizar a la sociedad entera y no ahorraron epítetos; ya es proverbial: pendejos electrónicos, para empezar, y continuaron sin morderse la lengua calificando de «ladrones» a millones de ciudadanos de forma reiterada, tozuda y pública. Encima, eligieron como portavoces a los peores elementos que pudieron encontrar, individuos ensoberbecidos, pagados de si mismos, faltones y, encima, en muchos casos, fracasados que tuvieron un cierto y fugaz fulgor cuando el Capitán Trueno era cabo y que, desde entonces, no se han comido un rosco en su presunta profesión, pero, bien agarrados a la teta, viven de notoriamente del cuento; o, en el otro extremo, desgraciados productos de poliuretano, con un éxito artificial con fecha de caducidad pero aún en fase de presente, completamente en manos de amos cuya identidad no es visible pero sí perfectamente adivinable. Penoso.

Aún hay más. La irritación social -provocada fundamentalmente por la $GAE, conviene no olvidarlo- lleva, lamentable pero inevitablemente, a «puntas» de cabreo que provocan algunos calentones verbales en personas especialmente coléricas que, en algunas ocasiones, pudieran -acaso, que no está claro- constituir conductas civil o penalmente perseguibles con la coña marinera esta del honor y tal. La $GAE, en vez de obrar cum grano salis, como diría Guareschi, y buscar una vía de diálogo y de templar gaitas -cosa que no sé si la hubiera beneficiado, pero seguro que no le hubiera hecho daño-, se lió a repartir tortas a diestro y siniestro.

Empezó con la Asociación de Internautas calculando, en un gravísimo error de diagnóstico, que nos iba a arrugar o que, no sé si principal o subsidiariamente, nuestra tesorería no iba a poder soportar la embestida de la indemnización (ahí estuvo a punto de acertar, pero somos demasiados como para dejarnos perder la AI por 36.000 euros). El pleito, que hemos perdido en dos instancias con una argumentación jurídica de las sentencias que omite muy sorprendentemente la indemnidad que otorga la LSSI a los proveedores de servicios, está ahora en el Supremo -donde las cosas, dicho sea con todas las reservas, pintan mucho mejor- y si en el Supremo no se resolviera favorablemente, se llegará al Constitucional y, si llega a ser necesario, al Europeo, eso está más que anunciado, porque la LSSI es la aplicación de una directiva de la UE.

No contenta con el mal resultado de ese pleito, dado que está claro que no va a cumplir sus objetivos ni ganándolo judicialmente, porque, puestos en el peor de los casos, sobreviviremos a los 36.000 euros y seguiremos dando caña y con ímpetu redoblado, si es que es posible redoblar nuestro ímpetu, se lanzó a pleitear contra media red, y ha llevado a los tribunales a bloggers, a una páginas anarquista, a un sindicato y, en esa vorágine del pleito a diestro y siniestro, ha cometido la muy solemne tontería de demandar a un periódico. Hay que ver lo intelectuales que son…

Pero parece que con eso no bastaba. En otro inconmensurable ejercicio de cultivo de la buena imagen pública, levantaron despiadadamente el 10 por 100 de la caja de un festival benéfico, «Entresures», organizado por uno de los dos sindicatos de referencia, Comisiones Obreras. El festival, como se deduce de su naturaleza, no tenía ánimo de lucro pero la $GAE, recaudadora implacable en bodas, bautizos, comuniones, fiestas patronales y demás acontecimientos donde siquiera se silbe, no dio el brazo a torcer.

Y ahora, en medio de esa ensalada de tiros contra todo lo que se mueve, ya no preguntando después, sino sin preguntar nunca, se lamentan de su mala imagen y tienen el morro de lloriquear por todos los medios que les dan cancha lo malos que somos todos los ciudadanos y lo buena gente que son ello, inocentes palomos.

Pero ahora, cada vez que montan un acto público, tienen a la CNT a la puerta armando follón. Mal asunto para la $GAE: la CNT, en este aspecto, es como nosostros, los de la AI, y cuando muerde una presa no la suelta; la perseverancia, en estas cuestiones, bien lo sabemos nosotros… y la propia $GAE, es más demoledora que la acción más incisiva. Con la CNT, la $GAE va a tener música para rato… y sin poder cobrar diezmo.

Y para acabarlo de dorar, CCOO acaba de incluir una marcha contra la $GAE en el programa de festejos de su III Festival «Entresures» que se celebrará próximamente en Málaga.

Está claro: las relaciones públicas no son el fuerte de don Teddy.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.
A %d blogueros les gusta esto: