¡Al rico pleito!

Mis valientes saben de sobra lo muy escéptico que soy sobre el cambio climático. Un escepticismo de origen político que se basa en sospechosas unanimidades, en la muy mosqueante criminalización que se hace del discrepante o en algunos detalles, como, por ejemplo, que organismos de la ONU hayan tenido que envainarse sus tesis al comprobarse que sus datos eran completamente erróneos pero que ello no haya obstado para que el cambioclimatismo se mantuviera erre que erre sin modificar sus posturas ni siquiera en proporciones milimétricas. Y, ya de paso, hay algunos científicos con un curriculum aparentemente solvente que sostienen, unos, que el cambio climático no existe como tal (hablan, por ejemplo, de ciclos periódicos) y, otros, que, existiendo, no es debido a la mano humana, insuficiente para provocar algo de dimensiones tan descomunales, pero bueno, ya sabemos que estos son unos insolventes vendidos al capitalismo, a las petroleras y a los intereses familiares de George Bush. El apóstol Al Gore, en cambio, no. Al Gore es una inocente y cándida palomita que, habiendo visto la luz, se dedica a predicar la buena nueva (en fin, mala, en este caso) por el mundo, sin interés económico alguno. Fíjate que hasta le han dado el premio Nobel de la Paz (sí, sí, como a Henry Kissinger, por ejemplo).

En todo caso, es una cuestión muy discutible -con permiso de los estalinistas que la han declarado axiomática y fascista el que lo dude- en la que cada cual aporta su razón y sus datos. Y no pocos, su demagogia, pero bueno, con este tipo de cosas, ya se sabe.

Greenpeace, entidad cuyos fines estatutarios se ven muy implicados en esta polémica, ha tomado partido por el estal…, perdón, por la teoría del cambio climático y ha hecho su muy legítima aportación -aunque, en mi opinión, equivocada: ya lo verán cuando nos lluevan las nucleares incontroladas y a saco- en forma, entre otras cosas, de unos montajes fotográficos -por supuesto, declarados como tales en todo momento- en los que, con meros fines ilustrativos, muestran algunas consecuencias de la subida del nivel de los mares que, según ellos y según tantos otros, acontecerá fatalmente si no ponemos freno al discutido fenómeno. Entre estos montajes, se hallan los correspondientes a La Manga del Mar Menor, cerca de Cartagena, Murcia, en los que puede verse un panorama bastante desolador y deprimente.

La intención de este tipo de fotomontajes es evidente: concienciar al ciudadano sobre un peligro que, en opinión de Greenpeace, es real, incentivándolo así para que tome sus medidas individuales y lleve a cabo las acciones sociales y políticas a su alcance para evitar el cambio climático que haría lamentablemente posible que esas fotografías pudieran obtenerse tal cual y sin recurrir al trucaje fotográfico. Es así de erróneo (EMHO) pero también así de legítimo.

Pero ¡ay, amigo! con la mafia del tocho hemos topado…

Resulta que los especuladores inmobiliarios del lugar han montado en cólera y achacan a Greenpeace el hecho de que no vendan una escoba. Tanto se lo achacan, que -caramba, qué raro- han interpuesto una demanda contra la entidad ecologista, a la que reclaman 20 millones de euros (bastante más de 3.000 millones de las viejas) como conpensación al desplome en un 50 por 100 del precio del tocho en el lugar de autos.

Antes de seguir y antes de que el lector saque conclusiones precipitadas en otros aspectos, debo decir que empeño mi palabra de honor en el hecho de que, contra todas las apariencias que nos proporcionan habitualmente los especuladores y los apropiacionistas, existe un número sustancialmente alto de abogados y procuradores que son útiles a la sociedad, excelentes profesionales y magníficos asesores que dedican sus esfuerzos a la mejora del bienestar de las familias y de los individuos y a la mayor eficiencia de las empresas. También hay jueces que admiten a trámite las querellas y demandas que tienen pies y cabeza en fondo y forma y que rechazan tramitar los disparates. Toda esa gente existe y son muchos, aunque no lo parezca: lo juro por mis hijas.

Ya veremos cómo esa peña de antisociales prueba todo eso. Porque tiene que probar, en primer lugar, la relación causa-efecto directa entre las fotos de Greenpeace y el desplome de las ventas; y, suponiendo que lo consigan (que no sé cómo lo iban a conseguir) habrían de probar que sus pérdidas ascienden a esos 20 millones. A lo mejor, los tíos esos pretendían vender apartamentos con la misma facilidad y al mismo precio que lo hacían hace uno o dos años, antes de que la gente les viera definitivamente el plumero, y, frustrados en el empeño, han decidido cargarle el muerto al primero que han pillado.

Pero resulta repugnante ver cómo se está utilizando a los jueces -cómo, de hecho, se les está engañando- y cómo se están dilapidando importantes y muy escasos recursos de la Administración de Justicia para que manadas enteras de rentistas y de zánganos perpetúen intereses muy turbios, en el mejor de los casos, que, desde luego -eso sí es de cajón-, no tienen absolutamente nada que ver ni con el interés general ni con el bien común. Si los jueces no le echan el frenazo a esto de una manera decisiva y ya urgente, además de todos los ademases, lo que va a quedar a la altura del betún es la imagen de la Justicia y de la suya propia.

Provean.

Disclaimer ( o sea, aviso): soy socio de Greenpeace.

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Comentarios

  • Jordi  On 10/06/2008 at .

    Si esta campaña de Greenpeace cabrea a la mafia inmobiliari, bien por Greenpeace.

  • Ángel Bacaicoa  On 10/06/2008 at .

    Aunque tiene algunas cosas discutibles les recomiendo el último libro de Bjorn Lomborg “En frio”, en la editorial Espasa. El cambio climático existe, está acelerado por la acción humana pero… ¿Estamos intentando enfrentarlo correctamente? Muy refrescante intelectualmente.

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