El premio premiado

El presi de la Asociación de Internautas (¡guardia a formar con armas!) ha declarado a EFE su satisfacción por el hecho de que Google haya sido premiado con el «Príncipe de Asturias». Como yo soy así de rojo, antisocial, anarco y demás, pues me desmarco de mi presi y digo que no, que la satisfacción es para el Príncipe de Asturias, al que le han inventado esos premios para poder codearse con la crême de la crême mundial y pegarse el moco, el farde y el mole en fotitos que llegan a salir incluso a dos columnas en algún rotativo tercermundista (aparte de la papelería local, que ya se sabe…).

Por enésima vez -o sea, cada año- me lamento del ingente presupuesto de dinero público que se echa en esa fundación y en sus premios a la mayor gloria, carraca y botafumeiro de la dinastía de momento vigente y con muy poca utilidad social. Lo que podía haber sido una versión hispánica de los premios Nobel, de mayor o menor -pero honrada- cuantía, destinada a elevar a una cierta gloria y visibilidad a meritorios logros, biografías, esfuerzos o ejemplos habitantes en la oscuridad social, mediática, política y económica más oprobiosas, ha acabado convirtiéndose -en el transcurso de no muchos años- en un mero bodorrio al que los cuñados van a hacer el indio pero no para hacerse la foto con el novio sino para que el novio se haga la foto con ellos.

Google es, efectivamente, un paradigmático exponente del éxito empresarial en Internet; pero Google no necesita el jaleo de turiferarios zarzueleros: el jaleo lo necesitan proyectos excelentes necesitados de consolidación. Por no ir más lejos -y se puede ir muy lejos- y por citar a uno bien conocido, alguien ha mencionado a la Wikipedia. No estaría mal. Pero, encima, hay muchas más cosas. Ocurre, supongo, que los coordinadores de la Wikipedia no visten como Bill Gates y parienta (que, encima, declinaron la asistencia: Oviedo es una pequeña y encantadora ciudad -si lo sabré yo-, pero, a ciertos efectos, no es como Estocolmo)

Yo no sé qué creen que consiguen en este plan. Quizá la popularidad del principito aumente considerablemente en Esquimalandia o en el sitio donde su familia tiene los petrolillos, no lo sé. Pero lo que es aquí, en España, cada ridícula movida de estas trae en el aire un zumbón himno de Riego que cada vez tiene menos de cachondeo y más de iracundo.

¿Lectura positiva de todo ese mejunje? Una (que es -imagino- por donde iría Víctor Domingo): Internet ya no necesita premios «Príncipe de Asturias»; es el Príncipe de Asturias el que necesita Internet.

Y lo está haciendo muy mal.

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Comentarios

  • Monsignore  On 12/06/2008 at .

    Lo que podía haber sido una versión hispánica de los premios Nobel

    Caro figlio, tienes un sentido del humor envidiable, siempre lo he dicho… 😀

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