¿Y… no es legal?

Bono era -y, pese a todo, sigue siendo, a mis ojos- un tío simpático. Pero, claro, un tío simpático es alguien en cuya compañía se toma uno muy a gusto unas tapitas y con el que tiene confianza -quizá- para pedirle u otorgarle un préstamo de cinco o diez euros. Hasta de veinte y todo.

Si al tío simpático lo hacen presidente del Congreso, pues, hombre, no está mal; con tanto hijo de puta y con tanto gilipollas que podría aspirar -incluso con ciertas posibilidades- a ocupar el cargo, que se lo den al tío simpático, en fin, está bien.

Pero cuando el tío simpático se pone a hacer interpretaciones estúpidas de lo que es legal y de lo que no y hace su propia -y disparatada- doctrina de la libertad de expresión, entonces la cagaste, burlancaster, y, además, sale del plano del tío simpático para colocarse en otro mucho más desagradable cuya calificación, en términos propios de Cela, ha sido generalizada, antigua y constantemente reiterada en esta bitácora.

Resulta que en un acto de homenaje a ex-presos franquistas (sic, según el negligente redactor de «El Periódico» o de EFE, o de ambos, porque yo diría que los tales ex-presos son más bien antifranquistas) uno de los hojameneados ha enarbolado una bandera republicana y se ha puesto a darle vivas a tan grato régimen. Hubiera sido tolerable que se le hubiera reprochado su conducta y solicitado su reconducción en pro del buen orden del acto, pero el amigo Pepe se ha lanzado por peteneras que, a la postre, han resultado del todo improcedentes. Como , por ejemplo, decir que no pueden aceptarse «manifestaciones que no son legales en este momento».

Que me perdone don Pepe pero, salvo la apología del terrorismo… ¿hay algún tipo de manifestación o de expresión que sea ilegal en momento alguno de la vida pública y más en unas instalaciones adscritas a una cámara parlamentaria (el Congreso de los Diputados, en el momento de autos)? ¿Cómo puede don Pepe justificar el silenciamento de una manifestación de la más pura y limpia libertad de expresión con frases tan falsas -para el caso- como «la legalidad es el único imperio, ni la comodidad ni los sentimientos»?

Entérese usted, querido speaker mesetario, que aquí hay una monarquía por fuerza e imperio de la ley y que lo que no podemos hacer es llevar a cabo conductas ilegales, pero nada más. La libre expresión no es ilegal y tenemos perfecto derecho a desear -y a manifestar tal deseo- que la monarquía se vaya de una puta vez al vertedero de la Historia, del que no debió salir una vez gloriosamente fenecida, en palabras de un hombre profundamente admirado por el padre de Su Señoría (y a unos cuantos de cuyos textos el que suscribe no hace ningún asco y me importa tres cojones lo que piense quien piense lo que quiera pensar). La monarquía española, siguiendo la literalidad del personaje aludido, sería, pues, un zombie y, desde luego, lo es según todas las apariencias.

La segunda República, señor Bono, pudo ser una casa de putas (tengo pocas dudas al respecto) pero eso no hubiera sido sino una pura incontinencia histórica -como si la Historia se hubiera meado encima, para entendernos- de no ser por las espantosa consecuencias que subsiguieron, la menor de las cuales fue una montonada de centenares de miles de muertos, porque incluso ese drama quedó minimizado por un subsiguiente régimen absolutamente gilipollesco y redondeado, finalmente, por una colección de perfectos cabrones que setenta años después aún pretenden que vivamos en clave de aquel mal rollo. Pero todo esto, con ser verdad (mi verdad, al menos) no obsta para que la república sea el orden natural de la cosa política en el siglo XXI, cuando menos hasta que se invente otra cosa que sea mejor, la cual, eso es absolutamente seguro, no pasará por una monarquía hereditaria.

En su virtud, don Pepe, y perfectamente consciente de no salirme en absoluto de la ley y de mis derechos, subjetivos, sí, pero positivos, permítame que le grite a sus simpáticas pero inoportunas narices un estentóreo y bien claro ¡¡¡VIVA LA REPÚBLICA!!!. La tercera (o cuarta o quinta o la que sea -menos la Segunda-, por supuesto), pero República, sin ambages.

Delenda est monarchia. Y si no le gusta, que le den…

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Comentarios

  • davilin  On 15/06/2008 at .

    en mis cortas luces nunca he entendido esta vieja pelea de monarquía o república.
    La única diferencia que veo yo es terminológica, es decir, que tanto en una monarquía de cualquier país como en una república de cualquier país hay uno que vive del cuento ya que los curritos de a pie le pagamos el sueldo por la face y lo único que cambia es el nombre o título que se le da a esa persona. Por tanto (y EMHO) se debería optar por el sistema que una más a los ciudadanos del país en cuestión y descartar el que desuna. Eso sí alguna vez conseguimos todos ponernos de acuerdo en cual es el mejor sistema.

  • Jordi  On 15/06/2008 at .

    ¿Bono simpático? Pero si este pobre hombre se ha construído una caricatura de sí mismo.

  • Monsignore  On 16/06/2008 at .

    Ay…. nuevamente me veo en la obligación de hacer de mosca cojonera, pero ¿sus imagináis la que se hubiese liado si el enfervorizado enarbolador hubiese izado, en lugar de la tricolor, la bandera con la gallina del fenecido régimen?

    Ohimé….

    En cualquier caso, suscribo lo dicho por davilín; la dicotomía o monarquía o república tuvo sentido con Isabel II, no hoy. Hogaño, vivimos de facto en una República, con los poderes del rey reducidos a tareas representativas; otra cosa es que sea necesaria – muy necesaria, a mi leal saber y entender – una revisión a fondo de la gestión monárquica, de sus cuentas y actuaciones, así como de las relaciones peligrosas con marioscondes, albertos, kios et alia, para evitar que se vuelvan a crear las camarillas decimonónicas que tanto bien hicieron a la institución.

  • Anónimo  On 17/06/2008 at .

    Queridos contertulios, yo lo veo asi. Hoy por hoy el tener una monarquia constitucional, es como si en la casa de uno conservaramos en una estanteria en lugar visible y claramente privilegiado (salon/comedor) la sufrida plancha de hierro macizo, que habia que calentar al fuego para despues quitar las arrugas a las camisas blancas..o azules…no molesta, y pa gusto los colores, pero ¿es de alguna utilidad?, claro está fuera de la puramente decorativa?????????????.
    Por otro lado, lo expuesto por Javier como preocupante es ese retorno a limitarnos la libre expresión de ideas y opiniones, y defiende nuestro derecho a expresarnos, con esa vehemencia que le caracteriza y yo admiro.

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