Hoy tocan lacras

Durante muchos años, y hasta hace relativamente pocos, fui acérrimo partidario de la autonomía municipal. Creía -y sigo creyendo- en la comunicad local como el núcleo vertebrador de todas las demás comunidades y como primer vector de expresión y de participación ciudadana en la cosa pública. Ya sé que esta afirmación suena mucho a otros tiempos, pero es así como yo lo veo y, como es tradicional, me importa tres cojones la etiqueta que le cuelguen.

La cosa, claro, es muy matizable: no es lo mismo la comunidad municipal de Villanueva de Huerva (Zaragoza) -pongo por caso- que la de Barcelona o Madrid. En el primer caso es mucho más auténtica, más próxima y, por tanto el ciudadano puede percibir con más precisión la realidad de esa comunidad sin que sea fácil engañarle. Las grandes ciudades -y más si son el núcleo de grandes conurbaciones- son más parecidas a microestados en los que el ciudadano, considerado ya como el mierda a que nos tienen acostumbrados, debe detenerse ante un muro de desinformación y de manipulación que le separa del poder. Por tanto, esa democracia primigenia es, en principio, mucho más auténtica y realizable que en las grandes capitales.

Eso no quiere decir, sin embargo, que todo sea de color de rosa en las pequeñas y medianas poblaciones: no olvidemos que vivimos en un país donde a la trapazada administrativa se la llama alcaldada, y eso no es casual. No es casual, porque, además, continúa demasiado extendido el caciquismo, el caciquismo clásico y ya anticuado, pero no menos vigente, donde el que manda y ordena a su gusto y ganas está perfectamente identificado, y el caciquismo actual, difuminado en una especie de etérea -pero no menos real- mafia que todo lo abarca y todo lo controla.

Por tanto, y hablando en términos generales, no es exagerado decir que la pequeña y mediana administración local española es una montaña de mierda así de grande. Entre la corrupción promovida en su mayor parte por el sucio negocio del ladrillo y la cantidad de analfabetos y botarates que llegan al poder cabalgando en un populismo contra el que no puede la mediocridad infame de los partidos del carril, de verdad que no hay farol al que agarrarse en los municipios españoles y la necesidad de una férrea tutela desde administraciones superiores, salta a la vista.

Los ejemplos están a la vista: Marbella, como buque insignia de la flota de corrupción municipal constituida por un excesivo montón de ayuntamientos del Mediterráneo andaluz, levantino y balear (y a vez qué día -clamo por enésima vez- le meten mano al catalán, que no hay quien aguante el hedor) y Coslada, como ejemplo de cómo un pelagatos puede fácilmente crear una policía paralela -dentro de la propia policía local- y macarrear a todas las casas de putas del pueblo y a buena parte de las que no lo son, siendo público y notorio, y con los políticos -obviamente conocedores del cocido- mirando para otro lado (sin que, por cierto, haya ninguno procesado ni, por supuesto, dimitido, no faltaba más).

Entre ambos casos, una constelación de pequeños municipios con alcaldes que hacen lo que les sale de los cataplines y, justamente -según suelen manifestar sin recato- por esa misma razón, sin que haya ley ni juez capaces, según es de ver, de meterlos en cintura por gorda que sea la que hayan hecho.

Ahí tenemos el muy escandaloso caso de Béjar (Salamanca), donde un vecino tuvo que acudir a los tribunales porque al señor alcalde no le salía de las gónadas (y por sus ídem) impedir el botellón que sistemáticamente se celebraba bajo el balcón de dicho vecino, negándole el descanso a que tiene derecho todo ciudadano. En fin, los tribunales le dieron plenamente la razón al reclamante y ahí debiera haberse terminado el problema. Pero no. El problema no sólo no ha terminado sino que se ha agudizado. El señor alcalde, con sus gordos cataplines, manifiesta que cumplirá la sentencia cuando sepa cómo (o sea que se acata, pero no se cumple, sí, señor, con dos cojones) y la muchachada del pueblo -una verdadera caterva de gamberros- se dedica ahora a manifestarse frente a la casa del afectado profiriendo insultos y arrojándole objetos, hasta tal punto que el vecino que ha osado oponerse al botellón municipal ha sido agredido físicamente, su hijo -11 años- es objeto de constante acoso y también de agresiones y, en fin, la familia vive en el estado de nervios que cabe imaginarse. Al señor alcalde, por supuesto, se la trae floja. Se la trae floja el vecino, se la trae floja la justicia (con mayúscula inicial y sin mayúscula inicial), se la trae floja la moral y la ética, se la traen floja el deber hacia sus vecinos y las obligaciones del cargo, y se la trae floja, en definitiva, todo, incluyendo la vergüenza.

En todos estos casos -los aquí explícitos y los implícitos bajo su verbigracia- debiera haber una norma que permitiera a la Guardia Civil irrumpir en el ayuntamiento como Pavía en las Cortes, disolver la corporación a estacazo limpio y volver loco a palos al primer concejal que dijera esta boca es mía. O que el trabajo lo hagan los Mossos d’Esquadra catalanes, que en eso de la ultraviolencia parece que se dan una maña que te cagas. Todo ello, por supuestísimo, con previa orden judicial, no faltaría más.

Estos días, mientras iba leyendo detalles del caso de Béjar, cavilaba que menos mal que Internet no tenía nada que ver en el asunto porque, en ese caso, el clamor contra la red como nido de criminales hubiera sido ensordecedor.

Claro que a ese pobre vecino y a su familia, abandonados de la justicia (que, una vez dictada sentencia, pasa olímpicamente del mambo), traicionados por su propio alcalde, y vituperados y materialmente agredidos por la chusma de cogorzas que parece integrar una sensible proporción de la juventud local, poco le va a importar que las agresiones que está sufriendo contra todo derecho se gestionen a través de internet o se convoquen mediante la hoja parroquial.

Autonomía municipal. Una mierda.

——————–

Las enfermeras otra vez. Un estudio del Colegio Oficial de Enfermería de Catalunya cifra en 15.000 el déficit de enfermeras en nuestra comunidad, en relación a cifras europeas. Mientras que la media europea está en 8,4 profesionales por cada mil habitantes, en Catalunya para esa población sólo hay 5,4. Existe también un déficit en la oferta de plazas universitarias (se necesitarían 500 más por año, pero parece que la cosa no da para aumentar apenas más que un centenar), aunque no entiendo muy bien esa cifra cuando el mismo estudio dice que las titulaciones han caído un 22 por 100. Y, finalmente, para acabarlo de arreglar, Catalunya es exportadora de personal de enfermería.

¿Le sorprende a alguien? A mí, no.

Es posible que, actualmente, la enfermería sea, al alimón con la docencia escolar, la profesión universitaria más paria, más maltratada -dentro y fuera del sistema- y más puteada desde las empresas -públicas o privadas- del mercado laboral español. Es, además, una profesión con un altísimo nivel de sacrificio, tanto en lo laboral como en el propio ejercicio -que es intrínsecamente durísimo-, y la satisfacción profesional sólo puede obtenerse por la vía de una vocación enorme y de una dosis de altruismo y de entrega a los demás muy grande. La miseria -física y espiritual- que contempla cada día una enfermera no en primera fila sino en un primerísimo plano de hiperrealismo a nivel de visión microscópica necesita de una gran fortaleza moral para sobrellevarse y la enfermera -en mucha mayor medida que el médico- es un a modo de toma de tierra, de pararrayos, de toda esa miseria, de lo que no nos cuesta nada concluir que, visto el hedonismo imperante en nuestra muchachada, no hay precisamente tortas para ser enfermera; muchas de ellas, además, procuran alejar a sus hijos de este oficio como de la peste.

Por supuesto, desde el mundo de la empresa las cosas no se facilitan en absoluto. Sueldos de miseria, consideración social -dentro de la propia empresa- de marujas de alto (o quizá ni siquiera tan alto) standing, presión brutal antiabsentismo (porque no se establecen las suplencias necesarias y porque las plantillas están en mínimos), y regateo en la mayor medida posible de los derechos laborales. Eso en general. Centro por centro, planta por planta, especialidad por especialidad, aún podrían decirse muchas más cosas luctuosas. Porque uno de los males de fondo es el desembarco en los hospitales -públicos y privados- de una chusma absolutamente negligente de idiotas procedentes de presuntas especialidades presuntamente empresariales para los cuales todo el secreto del ahorro de costes es reducir personal a tope (nos ha jodido, cuatro años de carrera y tropecientos másters) en nombre de un absurdo concepto de la productividad que acaba pagando el usuario porque la calidad de los servicios es directamente proporcional a la calidad de los profesionales que los prestan y la calidad profesional va ligada a la calidad del entorno de trabajo; y esos botarates parecen no caerse del guindo al respecto.

Luego se quejan -como ahora, en verano- de que no encuentran personal para las suplencias. Pues claro que no encuentran personal: primero, que hay escasez de profesionales, como constata su Colegio y como cae por su peso del análisis de la realidad; segundo, que con los sueldos que pretenden pagar… En fin que lo primero que había que hacer es romperles las almorranas a puntapiés a los cátedros que han enseñado (¿enseñado?) a esos merluzos las leyes del mercado. No me sorprende tampoco -lo he dicho alguna vez- que las chavalas que acaban de diplomarse arreen para Gran Bretaña en el primer vuelo, porque allá les espera un sueldazo, unas excelentes condiciones de entorno de trabajo, una alta consideración profesional (a las españolas, que tienen fama de estar muy bien formadas, más todavía) y, encima, a los pocos meses tendrán un nivel de inglés que… a su regreso a España les permitirá abandonar la enfermería para acceder fácilmente a desempeños bien pagados en los que se valora muchísimo un perfecto conocimiento del idioma anglosajón. Si yo tuviera veintidós años, un diploma de enfermería en el bolsillo las pocas o ninguna obligaciones familiares habituales de la edad y no otra perspectiva en España que la de trabajar como un burro, con mis condiciones de trabajo en manos de un engominado negrero de mercadillo y medio imbécil que ni siquiera es profesional sanitario, para acabar la jornada reventado, de mala leche, con la moral destrozada y cagándome en el entero mundo y, encima, ganando cuatro pesetas que me las van a birlar en cinco minutos entre la Caixa y el especulador del ladrillo, pues claro que me largaría a Inglaterra en el primer vuelo: sin pensármelo dos veces.

Este es el panorama de las enfermeras. Si exagero, que me lo digan. Pero que me lo digan ellas, aquí mismo. Verás cómo no me lo dirán.

Y otra cosa: hablo de enfermeras porque, con los médicos -que comparten parte de esta problemática-, aparte de la motivación y el conocimiento de causa que me confiere el ser marido de una, tienen un Colegio profesional que les da visibilidad de vez en cuando. Otros profesionales sanitarios, que no tienen la red de protección colegial, las pasan igual de putas, en la misma medida que las enfermeras o quizá incluso más, por el hándicap de su menor cualificación: los auxiliares sanitarios. Y ojo, que son igual de necesarios que las enfermeras y que los médicos.

Y también van faltando.

——————–

Cuando nos indignamos -con más razón en lo moral que en lo político, lo que prueba que moral y política no es siempre la misma cosa- porque a un etarra se le dedica una calle, se le alza un monumento o se le nombra hijo predilecto de tal o cual pueblo, nos cegamos ante una realidad que no es más evidente porque no la queremos ver: que el alcalde, el consistorio, que aprueban ese ingreso en el callejero, ese monumento o ese nombramiento honorífico están ahí porque han sido elegidos. En otras duras y desagradables palabras: en el pueblo cuya calle, monumento o filiación predilecta se dedica a un cabrón de esos, la mayoría de los ciudadanos son partidarios de quienes articulan los vectores políticos de los cabrones esos, lo que equivale a decir de los propios cabrones.

Se les ha excluido del parlamento autonómico vasco manu militari, por mor de una ley estatal, pero cuando podían participar en los comicios reunían un número de diputados constitutivo de un sólido grupo parlamentario, minoritario, desde luego, pero no exiguo. Había muchos, muchísimos, miles de vascos que les votaban y que no lo hacen ahora simplemente porque no pueden. No veo yo muy clara esa ley, aunque sólo fuera por el hecho de que oculta una realidad, pero no termina con ella.

Cuando ese entorno -el de ETA- convoca manifestaciones, no van a ellas cuatro y el cabo: van miles de personas. A veces, muchos miles.

Todo eso puede gustarnos o no -a mí no me gusta nada- pero constituye una realidad y ante las realidades no puede pasarse página ni mirar hacia otro lado. Se puede y se debe vencer a ETA pero si se vence pero no se convence a ese entorno verdaderamente popular (jode el término ¿eh?), el problema permanece. Si talamos una encina pero no arancamos el tocón, la encina brotará de nuevo; quizá tardará muchos años, pero volverá a estar ahí. Si talamos la encina de ETA y no arrancamos el tocón del nacionalismo vasco, ETA reaparecerá, con otro nombre, con otras tácticas, con otro modo de hacer daño (matando, desde luego, muy probablemente), pero reaparecerá.

¿Cómo se desactiva el nacionalismo? Pues es muy difícil. Desde luego, anticipo que no tengo la fórmula; porque el nacionalismo no es solamente un problema político -que también- un problema social -que también- un problema económico -que también- sino un problema, sobre todo, de sentimientos. Y cuando el transcurrir de la historia desde un lejano pasado ha convertido el sentimiento en resentimiento -y tal es el caso, desde luego, en el País Vasco y en Catalunya- la cuestión se torna difícil hasta rozar lo imposible.

Lo que sí sé es cómo no se desactiva el nacionalismo: oponiéndole e imponiéndole, a la brava, otro nacionalismo. Oponer a la senyera o a la ikurriña la rojigualda por cojones, porque sí, es mal negocio: no sólo no mejora las cosas sino que las empeora. Si el idiota que ha pergeñado la campaña de estúpida protección a un idioma que, como el castellano, no necesita ser protegido, cree que le ha prestado algún servicio a la rojigualda, entonces su idiocia es de ingreso en establecimiento psiquiátrico. Si, como imagino, quiere revolver las aguas a beneficio de un partido o de un grupito de intereses (mediáticos, económicos o lo que sea), entonces es un simple hijo de puta, sin perjuicio del nivel de idiocia inicial.

Sin milagrosos ungüentos amarillos de los que, por desgracia, no dispongo, como queda dicho, pienso que hay que redefinir España, pero redefinirla apuntando hacia el futuro, no al pasado. La Historia, como disciplina intelectual, nos ofrece muchas explicaciones sobre los orígenes del nacionalismo: que si curas integristas, que si industriales proteccionistas, que si refugio de la frustración y vergüenza ante una España a la deriva… todo esto es verdad, fue así; pero ya no es así. Las cosas evolucionan hasta desvincularse de sus razones originales, de igual forma que jamás existió en el pasado patria, nación ni cosa parecida palestina, pero el curso de la historia ha creado y configurado una, y esa realidad no se puede negar porque tenga más o menos años de edad.

Los nacionalismos vasco y catalán pueden ser arrojados -con paciencia, con habilidad y con muchísimo amor y generosidad- al vertedero de la historia, pero que nadie eche las campanas al vuelo antes de saber que, al mismo tiempo y al mismo vertedero, el nacionalismo españolista, el viejo modelo castellano, habrá de hacerles compañía en el contenedor.

Creo que los nacionalismos pueden terminarse con un enfoque progresista y abierto del futuro pero, claro, todos los nacionalismos. Si alguien espera que algún nacionalismo ceda en beneficio de otro, no estará entonces arreglando el problema sino, al contrario, agravándolo. Y, desde luego, hay que intentar aparcar los sentimientos -en la medida de lo posible: somos seres humanos, nadie es perfecto- a beneficio de un análisis frío y cartesiano de la realidad. Y este no sería el punto de llegada, sino el de partida.

Crudo lo habemus.

——————–

Hasta aquí llegó la paella de hoy. El próximo jueves será 16 17, un evidente ecuador para las vacaciones de muchos -pero aún una minoría- y otro ecuador para la cuenta atrás de quienes llevan desde principio de mes tachando días en el calendario esperando impacientes la llegada del agosto redentor de las vacaciones. Dicen los comerciantes de viajes que este año aún no se va a notar la crisis, pero que el próximo será el llanto y crujir de dientes. Da igual, lo importante es el presente, carpe diem, vivir al día; el día que en España seamos capaces de pensar en el año que viene -siquiera en el año que viene-, ese día habrá nacido para nosotros un nuevo Siglo de las Luces, un auténtico Renacimiento en segunda edición que incluirá ese revivificante fin de los nacionalismos. No caerá esa breva.

Adelante con la sobaquina y el olor a pies, y hasta la semana que viene.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Luis  On 10/07/2008 at .

    Gran paella sí señor.

    Absolutamente de acuerdo en tu rechazo a los nacionalismos pero respecto a lo del manifiesto me temo que has caído en la intoxicación del “Tambor del Bruc mediático”.
    Te recomiendo que leas el artículo de uno de los firmantes en El País: http://tinyurl.com/5ky67b

    Y es que, todos los nacionalismos son igual de rechazables, pero los que vivímos en Barcelona sólo sufrimos uno de ellos (si estuviera en Madrid sería el otro probablemente). Porque sufrirlo es que:

    * se gasten el presupuesto en collonades de exaltación de la patria (selecciones por ejemplo) y en subvenciones a escuelas de Perpiñán para que se enseñe en catalán (con el estado deplorable de la escuela pública – el único medi efectivo de igualación social, no lo olvidemos,

    * que sólo se dirijan en castellano para cobrar (cuando más de la mitad de los catalanes tienen la lengua castellana como materna)

    * que el castellano esté casi proscrito (como si fuera una lengua extranjera) en los centros de enseñanza públicos. Una anécdota personal: el profesor de mi hijo de P4 me confesaba que había estado en algunos centros donde el profesor de castellano estaba marginado y que teníamos suerte porque en este colegio (el de mi hijo) no había fundamentalistas.

    * que echen a tertulianos de los medios públicos porque hablan en castellano

    Se puede hacer una lista larguísima pero ya que hablamos del manifiesto me centraré en la lengua.

    Considero como hechos objetivos que:
    * El catalán está en situación de debilidad y hay que potenciar su uso. No tengo duda
    * El bilingüismo es un hecho deseable, habiltador de riqueza cultura y competitividad profesional e intelectual.
    * A nivel de la calle, excepto algunos talibanes sueltos, no hay problemas de lenguas. El problema lo crean los políticos nacionalistas para justificar su existencia y pesebre – su sueldo vamos
    * En la escuela pública el castellano se enseña al mismo nivel que una lengua extranjera – 2 horas a la semana (3 el próximo curso si Montilla no se baja los pantalones). No nos engañemos, la lengua vehicular es la que prima en la enseñanza y esta es el catalán.

    Mi opinión:
    * La escuela pública es el instrumento de ingeniería social que está utilizando el nacionalismo catalán para “convertir” a su causa a las nuevas generaciones.
    * La escuela pública debería ser bilingüe a nivel de lengua vehicular. No hay problema metodológico ni pedagógico en ello. Los que dicen que esto sería crear dos comunidades mienten y manipulan. Lo que será crear dos comunidades es que dentro de unos años habrá unos que sólo dominarán el catalán y otros que dominarán catalán y castellano (parece increible que los padres de los niños de habla materna catalana que van a la escuela pública no se den cuenta de esto)
    * El uso del catalán se debería incentivar sin ningunear al castellano, algo que sólo generará rechazo.

    Bueno no sigo que esto ya parece una paella 2.
    Saludos

  • Guillermo  On 11/07/2008 at .

    Nuevamente me descubro ante Javier, no hay mucho mas que decir y de mejor manera.

A %d blogueros les gusta esto: