Pelea de gallos

Me sorprende -gratamente, pero me sorprende- una entrada de la página de la AI que recoge un artículo de «El País», de acuerdo con el cual los ministerios de Industria y de Cultura andan a la greña, en esta ocasión a cuenta de la anunciada intención de este último de pararles los pies a las descargas P2P.

La sensación, en primer lugar, es de un cierto alivio. No un alivio completo, que quede claro. No puede ser completo por dos razones opuestas: la primera, que la amenaza era solo relativamente alarmante, ya que los intentos por imitar la ley Sarkozy no son nuevos -existen desde el minuto siguiente al anuncio de la original y si me apuran aún antes- y porque está por ver si la ley Sarkozy va a funcionar en realidad (suponiendo que se promulgue tal cual se anuncia, que aún eso está en el aire); la segunda, que el final de la amenaza también es relativo porque aún recordamos cómo el ministerio de Industria, entonces de Clos, se oponía al canon y ahí tenemos el canon estampado en la frente como un marchamo grabado con hierro candente.

Pero, en segundo lugar, experimento también una sensación de desconcierto: ¿cómo puede haber, en un mismo gobierno, dos ministerios tan diametralmente enfrentados en un tema al que la ciudadanía da tanta importancia? Porque, aunque nos lo quieran vender así muchas veces buscando la indemnidad del boss, lo cierto es que los ministerios no van por libre sino que responden, cada cual en el ámbito de sus competencias, a una única y concertada política.

Esto me lleva a considerar varias posibilidades, no excluyentes unas de otras. Y ninguna buena.

La primera, es que el Gobierno sea una olla de grillos donde cada cual hace lo que le da la gana y el presi, responsable -entre otras muchas cosas- de poner orden en el gallinero, no sabe/no contesta. Es notorio que, así, en general, Zap parece estar en el limbo desde que el PP perdió de nuevo las elecciones. En cuanto viene un marrón, lo torea la vice y nuestro héroe parece hallarse catatónico o de campo y playa o de vaya usted a saber, apareciendo aquí y allá a hacerse fotos y eludiendo escrupulosamente meterse en harina. Mal asunto que el molinero mire para otro lado cuando hay mucha gente meándose en la harina, precisamente. Claro, si la crisis no es crisis sino desaceleración y el paro no es paro sino reajuste de la oferta laboral, a partir de ahi, imagínate lo demás. En fin, tengo mis teorías al respecto y cualquier jueves las expondré, pero, a los presentes efectos, hasta aquí ya se entiende la cosa.

La segunda, es que se nota la fuerte acción de los lobbyes, machacando cada cual por su lado: la dictadura del culturetariado, apretándole las clavijas al titular de Cultura y el gremio tecnológico y teleco ajustándole la tuerca al de Industria. Los ciudadanos, naturalmente, no importamos una mierda ni al uno, ni al otro, ni al presi, ni a la vice. Pero este es el orden natural de las cosas en esta España de mierda que nos está tocando vivir.

La tercera, es que esto responda a una escenificación, que tengan previsto hacer una cosa, otra o la de enmedio, pero, mientras tanto, vayan mareando la perdiz. Las presiones cívicas se contienen manteniendo el estado de incertidumbre y mientras se le haga creer que aún hay posibilidades de salvar los muebles, el personal suele inclinarse por el buen rollo.

Hay una cuarta, menos importante, quizá, que respondería al hecho de que «El País» ha iniciado su campaña de degüello en venganza fiera por la «putada» (según ellos, claro) que le ha hecho la sociatada levantándole a PRISA los derechos televisivos de las competiciones calzoncilleras. Si es así, nos espera una temporada entretenida contemplando rifirrafes que, en otras circunstancias, hubieran quedado ocultos. En todo caso, aún cuando se le hubiera dado una relevancia exagerada, la noticia tiene toda la credibilidad, toda vez que el enfrentamiento entre esos dos ministerios ya se dio con motivo del canon, tal como la propia noticia recuerda.

En todo caso, sirve de nuevo para constatar que tenemos que continuar empujando por nuestra cuenta como ciudadanos, porque el enemigo no afloja la presión. Ni siquiera ante el absurdo: la ley Sarkozy es constitucionalmente imposible en España (y probablemente, en Francia también) y, se pongan como se pongan, si la Constitución no cambia, no lo conseguirán. Lo dije con ocasión del famoso 17bis (que, como vemos, todavía colea): aunque salga adelante, aunque lo promulguen, se lo cargará el Constitucional. El problema, entonces y ahora, es la sangre que se puede llegar a derramar -irreversiblemente- mientras el Constitucional se lo piensa, que suele llevar algunos años. Quizá el apropiacionismo tenga algún plan de choque que pueda ejecutar en esos años.

En todo caso, lo que ocurriría si se implantara en España una ley Sarkozy a viva fuerza -es decir, conociendo su inconstitucionalidad pero fiando a sus efectos mientras es invalidada- también es imprevisible. Yo sostengo que la asequibilidad de la descarga ha creado, llamémosle, «cultura» y que el personal buscaría alternativas no en el comercio sino, precisa y consecuentemente, fuera de él, justo donde está el copyleft esperando impaciente. Esto hace que sarkozyzar la normativa española sea una opción de riesgo para el apropiacionismo, que puede ver certificada su muerte en el intento; sin embargo, es un riesgo controlado porque, de la otra manera, su muerte es igualmente fatal. Su consigna en estos momentos, aunque sean conscientes -y yo creo que lo son- de esa para ellos abominable posibilidad y aún de su probabilidad, debe ser algo parecido al clásico de perdidos, al río.

Su única salida puede ser la burocracia europea, pero allí tienen un problema: mientras que, a nivel europeo, no ganan mucha fuerza (en ninguna parte es el apropiacionismo tan cafre y tan potente como en España, salvo, quizá, en Francia y dejando aparte a Gran Bretaña, que está en esta guerra de otra manera), sí gana potencia, en cambio, y mucha, el lobby opuesto, el de la industria tecnológica y las telecos. Por el lado de la ciudadanía, en Europa no está tan organizada como en España -somos admirados por eso, en este ámbito, quizá el único en el que somos verdaderamente admirables- pero también están naciendo movimientos que están recibiendo nuestra ayuda. Con todo, tanto aquí como en el resto de la Unión, los ciudadanos importamos una mierda, ya queda dicho… y está más que visto.

En todo caso, hay que contemplar el campo de batalla con frialdad. La Red española es demasiado ciclotímica y pasa de una depresión exagerada a una alegría desmesurada sin que ninguna de ambas estén justificadas. Que un ministro con escasa cuota de poder, como es el de Cultura, amenace de muerte al P2P y lo haga, encima, a nivel europeo, no deja de tener cierta guasa: la manga riega que aquí no llega, chaval; sin embargo, por la red cundió el pánico como si, de golpe, todo el esfuerzo de más de un lustro, como si toda la configuración de Internet, que ya lleva un bagaje a sus espaldas de quince años, tal como la conocemos, se hubieran desplomado de golpe. Por otra parte, un ministro de Industria como el actual, que no parece muy carismático, que es un político derrotado en la comunidad de Madrid (bastante estrepitosamente, por cierto), que goza de un cierto predicamento por parte de Zap, pero que parece que poco más allá va, no tiene tampoco entidad como para que un pataleo esporádico nos permita considerarnos a salvo.

Ni deprimidos ni eufóricos. Los pies clavados en el suelo y los dientes rechinando, contra viento y marea, hay que seguir apretando, hay que mantener la presión para que no olviden el mal trago que sufrieron, a partir de diciembre del año pasado hasta las elecciones generales y que piensen que, con la que está cayendo, el asunto sólo les puede ir a peor en las próximas y que no pueden correr el riesgo que corrieron en estas, en las que se salvaron por la campana de un PP que dio miedo pero que dentro de cuatro años quizá no lo dé.

Como digo siempre: hay que seguir luchando. Sin descanso. Pase lo que pase.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.
A %d blogueros les gusta esto: