Lenguas y guiris

Periódicamente, la Generalitat de Catalunya ofrece los datos básicos que configuran la población, la economía y la sociología catalanas en un formato sencillo y asequible, no sólo por web sino también en archivo PDF o JPEG, de visibilidad bastante grata, cuyo uso se me antoja especialmente idóneo para centros de enseñanza primaria y secundaria, aunque pueden ser prácticos en muchos ámbitos. Yo siempre tengo una copia del PDF en el disco duro del ordenador y la tendría en la PDA si no fuera porque su pantalla es excesivamente pequeña para esa presentación.

Me llaman la atencion algunos datos que voy a repetir y que, seguidamente, comentaré, o bien porque no me cuadran o bien porque su realidad me sorprende:

Lengua habitual de los catalanes

  • Catalán: 50%
  • Castellano: 44%
  • Las dos: 4,6%
  • Otras: 1,1%

No me cuadra esa minoría más numerosa de catalanohablantes que casi no es minoría, porque se declara exactamente la mitad. Yo diría, en deducción de mi propia vida cotidiana, incluso en lo profesional (y recuérdese que soy funcionario de la Generalitat, con lo que mi entorno profesional es teóricamente en catalán absoluto), que el castellano y el catalán están mucho más igualados. Y, desde luego, la mitad de la población no tiene el catalán como lengua habitual, eso seguro. De dónde habrán sacado esas cifras o cómo las habrán elaborado, no lo sé, pero eso ahí no me coincide.

También me sorprende que pese a la cantidad creciente de matrimonios (o emparejamientos, o lo que sea) lingüísticamente mixtos, los que utilizamos dos lenguas habitualmente no pasemos del 4,6% de la población; es más, empieza a ser sensible -minoritario, pero sensible- el ambilingüismo, que es mi propio caso y el de mis hijas, es decir, que desde pequeños hablamos en castellano con un progenitor y en catalán con el otro, con lo que partimos de idénticas competencias en ambos idiomas que sólo el entorno habitual futuro -idioma de lectura preferente, idioma del entorno profesional, lengua de la familia que forma uno, etc.- pueden, si llega a darse el caso, desequilibrar.

El problema con la lengua es que como se la ha convertido en el hecho diferencial único que justifica el nacionalismo, estas estadísticas hay que mirarlas con el morro torcido. Por si las moscas.

Conocimiento del catalán

  • Lo entiende: 94,5%
  • Lo sabe hablar: 74,5%
  • Lo sabe leer: 74,2%
  • Lo sabe escribir: 49,7%
  • No lo entiende: 5,5%

Cifras que, en mi percepción, son bastante coincidentes. Me sorprende -aunque no me atrevo a impugnar- la última. Me parece muchísimo que más de cinco de cada cien catalanes no entienda el catalán; muchísimo. Es verdad que una inmigración cuyas cifras se han disparado, parte de la cual procede de culturas no latinas, y que, en cierto número, ha llegado muy recientemente, podría justificar estas cifras si a ellas añadimos los que, conocedores del castellano, bien por ser lengua materna, bien por haberlo aprendido a su llegada, se apalancan en él viendo que, contra lo que dicen filibusteros diversos, aquí puede vivirse perfectamente sólo en castellano (lo que, por cierto, es absolutamente imposible en catalán).

También me gustaría saber qué se entiende por «lo sabe escribir». Si se entiende «igual que el castellano», la proporción de apenas el 50 por 100 le rondará, efectivamente, por ahí. Si se entiende «lo sabe escribir bien», entonces el porcentaje -igual que en el caso del castellano, si lo preguntaran- no superará el 10 por 100. Y si dejamos ahí la cosa en lo que respecta a la escritura y no nos vamos a cuestiones antipáticas como los recursos lexicográficos, la corrección en construcciones sintácticas complejas y demás, nos ahorraremos cifras del 1 o 2 por 100.

Más cosas:

Nacionalidad de los turistas que nos visitan

  • Españoles: 26%
  • Franceses: 20%
  • Británicos: 11,6%
  • Alemanes: 7%
  • Holandeses y belgas: 7%
  • Italianos: 5%
  • Nórdicos: 2%
  • Suizos: 1,6%
  • Otros: 18%

Sorpresas, sorpresas, sorpresas… La gran diferencia de franceses (la de españoles, la doy por supuesta, obviamente), que representan la quinta parte de nuestros visitantes. No es que no sea normal, después de todo es el país vecino, la Costa Brava está justo al cruzar la frontera y Barcelona a centenar y medio de kilómetros, más lo que corran en su país, claro; pero no me imaginaba que fueran tantos, seguramente porque es la primera vez que me fijo en el dato y medito sobre él con algún detenimiento. Me sorprende también el bajo número de turistas italianos, a los que suponía atraídos por la facilidad idiomática, la relativa similitud de costumbres y modo de vida y la riqueza monumental (que es lo mismo que a los españoles nos lleva a Italia, por cierto); bien, a lo mejor es por eso: nadie emplea tiempo y dinero para irse a un país que es muy parecido al propio (aunque sí lo hacemos los españoles, probablemente por esa pereza y esa aversión a lo diferente que nos caracterizan), pero eso casi podría decirse también de los franceses y vienen aquí casi en masa.

Me sorprende mucho menos la baja afluencia de nórdicos, que no es nueva, y que desmiente todas las leyendas urbanas del desarrollismo sobre las famosas suecas que tragaban carros y carretas del macarrón ibérico.

Pero lo que verdaderamente me despatarra es ese 18% de otros. ¿De qué naciones son esos otros? Y, sobre todo, ¿de qué cantidad de naciones cuya entidad de ciudadanos visitantes está por debajo de los suizos que, como son pocos en su propia casa, no pasan de un 1,6 por 100 en la nuestra? ¿O es que el redactor del prospecto sólo ha cuantificado a los europeos? Porque yo diría que el número de japoneses -sobre todo, de japoneses- de estadounidenses y de canadienses -casi más que estadounidenses- que nos visitan, superan a los suizos. Me atrevería incluso a aventurar que hasta los rusos suponen más de un 1,6% de visitantes, sobre todo últimamente.

De todos modos, cuando esos porcentajes se trasladan a cifras absolutas, no me sorprende que no haya quien dé un paso por las Ramblas. Veamos: en 2005 -último año que se computa- la cifra absoluta de turistas que visitó Catalunya fue prácticamente de 20 millones de patosos de estos. Ese triste 5% de italianos, por ejemplo, se convierte en un impresionante millón de éstos, que no es grano de anís; cuatro millones de franceses, dos millones y cuarto de súbditos de Su Chistosa y más de tres millones y medio de visitantes no europeos, cifra, ésta última, que ella sola duplica la de habitantes de Barcelona. Y todos juntos, más de diez veces el número de habitantes de la ciudad… que visitan todos ellos con casi toda seguridad, por más que las cifras hablen de Catalunya en su conjunto. No se extrañe nadie, pues, de que los barceloneses estemos hasta los mismísimos cojones de tanto guiri.

No quisiera cerrar el comentario sin transmitir mis condolencias a los más de cinco millones de españoles que, si hacemos caso a Telemadrid (que no, que no le hacemos maldito caso), tan putas las habrán pasado por no haber podido encontrar heladerías, ni panaderías, ni restaurantes, ni haber tenido acceso a tantos y tantos servicios, necesarios o deseables, por estar todos ellos rotulados en catalán. Si hacemos caso a Telemadrid, parecería que los españoles no catalanes son tontos, pero, afortunadamente, las aparentes limitaciones de competencia lingüística de doña Espe no afectan al resto del personal hispano y espero que su estancia en Catalunya haya sido gratísima y que vuelvan cuando quieran, que esta es su casa (en todos los sentidos: ellos, aquí, no son guiris, en absoluto).

Ya he explicado alguna vez cuánto me gusta hacer turismo en mi propia ciudad, pese a que puedo hacerlo poco por culpa de la tocinada guiri (o, más exactamente, por culpa del achuntamén que ha convertido Barcelona en un parque temático). También, y por lo mismo, es útil andar magreando las propias cifras: induce a reflexión, pero es que muchas veces lleva a conocimiento nuevo sobre el propio entorno: turismo estadístico, podríamos llamarlo.

Es, un poco, lo que he hecho hoy.

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Comentarios

  • Jordi  On 16/07/2008 at .

    Sinceramente, no me creo que el 50% de la población de Catalunya tenga el catalán como lengua habitual. Si llegamos a un 40% de la población actual ya será muchísimo. Un estudio que leí en otro medio concluía que el 80% de los inmigrantes entendía el catalán. Otra demostración de que:
    1.- la inmigración no implica la enésima sentencia de muerte de la lengua catalana.
    2.- como siempre, la lengua se mantendrá viva mientras los catalanes la utilicemos en todas las facetas de nuestra vida y hagamos una promoción cívica de ella.

    Xavier, espero impaciente la paella de mañana 😉

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