Pelotazos y guarros

Qué hartón de reir -de puro sadismo- me he pegado a cuenta del pinchazo de la Vall Fosca (en catalán). Eso iba a ser el pelotazo padre, amigo, aún a costa de cargarse todo el ecosistema y el paisaje del lugar. Ahí es nada: una estación de esquí, un campo de golf, 900 viviendas (léase: segundas residencias), 2.000 plazas hoteleras… la intemerata.

Por supuesto, todo eso se viste, falsariamente, de desarrollo rural: sacar de la miseria a las zonas de montaña y toda la cagarela. Una mierda. Eso, como digo, es un pelotazo en toda regla, en el que se enriquecen unos pocos, otros pocos más consiguen subirse a la resaca comercial que arrastra la marea (tiendecitas, alojamiento low cost, etc.) y la gran mayoría, el trabajo basura, la emigración, el exilio y la mierda, porque los jóvenes locales ya pueden olvidarse de otro trabajo que no sea el de camareros y, por supuesto, pueden olvidarse también de hallar vivienda que puedan pagar, porque las millonadas a las que ascienden las segundas residencias que se construyen son absolutamente inasequibles y, obviamente, el alto poder adquisitivo al que llaman, presiona para que se hinche el globo especulativo. No es un ejercicio puramente imaginativo: es la historia calcada de tantas y tantas zonas de montaña sacadas de la miseria al más puro estilo costero: expulsión de las familias originarias, estropicio medioambiental irreversible, etcétera. Es la forma en que se nos están cepillando el país cuatro sinvergüenzas. La Vall Fosca constituye un hermosísimo entorno natural que dejará de serlo en cuanto se monte ese horror.

El pelotazo de la Vall Fosca (La Torre de Cabdella, Pallars Jussà) trajo consigo mucha contestación precisamente por la agresión medioambiental que supone pero, naturalmente, nada detiene la especulación y los detractores fueron acallados al más puro estilo Ibsen, enemigos del pueblo, imagino que por el propio pueblo, al que se le habrán vendido toda suerte de maravillas, ya sabéis el procedimiento: prometer antes de meter, y después de haber metido, nada de lo prometido.

No se trata de mantener virgen un paisaje a toda costa, por supuesto. De nada sirve un paisaje o un entorno si no puede ser disfrutado por el ser humano y explotado por sus habitantes, que son los primeros derechohabientes de dicho entorno. Pero el disfrute de un paisaje no implica destrozarlo sistemáticamente; disfrutar de un paisaje nevado no implica reventarlo llenándolo de pistas de esquí, de hoteles, de casas con arquitectura a imitación cutre de los chalets suizos, de campos de golf y de otras barbaridades. Las infraestructuras para que el turista disfrute de la montaña pueden ser sostenibles: alojamiento rural -no de nueva planta, por supuesto-, campings de tamaño razonable en lugares idóneos y pequeños hoteles que pueden quedar un poco alejados del núcleo paisajístico, no hace falta tenerlos pegados a las faldas de la montaña. Por supuesto, hay que ejercer un rígido control de la vialidad mediante un sistema tasado de trasporte público y caminos de montaña practicables únicamente a pie, en bicicleta o a caballo, completamente cerrados para el vehículo a motor; y también limitar la afluencia humana a cifras sostenibles. Todo lo contrario, justamente todo lo contrario, de la atrocidad que se pretende cometer en la Vall Fosca y de las brutalidades que se han cometido en otras zonas de montaña. Me sangra el corazón cada vez que pienso en los Picos de Europa y su entorno, una de las más hermosas joyas asturianas echadas a la basura.

Lo de la Vall Fosca veremos cómo acaba. Porque resulta que el pelotazo se montó en comandita con… Martinsa-Fadesa, que ha parado todos sus proyectos. Ahora, sí, el Ayuntamiento de La Torre de Cabdella a correr y a demandar a Martinsa-Fadesa por incumplimiento de contrato; eso mismo, ahora que está en suspensión de pagos y que lo poco que vaya a poder afrontar, el gobierno le obligará a hacerlo terminando primeras viviendas pendientes de entrega y cuyos desgraciados compradores ya están pagando desde hace tiempo.

Qué mala suerte, je, je.

Me viene a la memoria aquella estrofa -creo que era de un bolero o de una habanera- que le viene al pelo al ayuntamiento en cuestión:

Por ti me olvidé de Dios
por ti la gloria perdí
y al fin me voy a quedar
sin Dios, sin gloria y sin ti
.

Ajo y agua.

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Otro con mala suerte: De Juana Chaos. Ya se las prometía el tío tan felices ante su próxima e irremediable excarcelación y, fiel a su natural, en vez de actuar prudentemente y prepararse un retiro discretito, nada, hombre, bandera al viento, farde y mole y a pasarle el calzoncillo cagado a la cara de las víctimas, que para eso pedía langosta y champán cada vez que un colega suyo asesinaba a alguien. Bueno, pues parece que la próxima vez que un colega suyo se cargue a alguien, lo va a tener que celebrar con sifón y palillos, porque no le va a dar el bolsillo para más.

Mira si era fácil y estaba ahí enfrente…

Cuando uno comete una tropelía de las del Código penal, resulta que, además de la pena y de las accesorias correspondientes, tiene que correr también con el gasto, esto es, la indemnización material a las víctimas. En el caso del terrorismo -entre otros caso, pero no todos- es el Estado quien corre con la indemnización, pero eso no quiere decir que el terrorista se libre: pasa a deberle la pasta al Estado que se ha limitado a asegurar a la víctima la reparación de los daños, adelantándole la indemnización y asumiendo el riesgo de la insolvencia del delincuente.

En plena escandalera, ya no sólo con la liberación de De Juana -eso es inevitable y así debe ser, además, ya escribí sobre eso en su momento- sino con el hecho de que iba a establecer su residencia virtualmente rodeado de víctimas de ETA -no sé si eso incluye a alguna suya, incluso-, alguien, alguien a quien habría que dar un par de palmaditas en el hombro por muchacho avispado, ha caído en la cuenta de que el Iñaki le debe una pasta al Estado en concepto de indemnizaciones debidas y no abonadas. Y ha procedido a embargarle el piso. Y, de paso, también el de su parienta, que es truco viejo este de poner la pasta a nombre de la respectiva, en eso los etarras son tan pardillos como cualquier otro ciudadano y De Juana hubiera debido tomar nota de que a su colega Al Capone lo pilló el Tesoro, no el FBI.

Es un embargo cautelar, a la espera de que el tío se busque la vida y pague en dinero contante y sonante, que no impide que viva en la casa, mientras tanto, pero que le va a complicar la vida, claro está. Hace pocos días también se subastó la finquita de otro etarra y ha tenido que ir su santísima a adjudicarse la puja.

Es importante, es pedagógico y es confortante para las víctimas. Así, se sabe que aunque hayan pringado el presidio correspondiente, todavía se les puede hacer la pascua si no pasan por el aro. Si De Juana hubiera sido inteligente (y nadie dijo nunca que los pistoleros lo sean, al menos por definición), hubiera podido llegar -supongo que fácilmente- a un arreglo, a un pacto de no agresión, de no tocarse mutuamente los cojones: vale, tíos, yo me alejo de las víctimas, me voy con la música a otra parte, pongo el piso a nombre de la chica, lo vendemos y así tenemos algo para empezar y vosotros hacéis la vista gorda y echáis la indemnización a la cuenta de «incobrables». Es más, supongo que muchos otros habrán llegado a acuerdos así y todos relativamente contentos: el etarra, el Estado y las víctimas, que no tienen que pechar con la presencia del primero.

Pero De Juana, además de poseedor de un cociente intelectual que no parece ir mucho más allá, es un fulano vindicativo que necesita torturar a las víctimas como sea; y como no se resigna a dejar a las víctimas tranquilas, hay que hurgarle las almorranas, ya que no con el Fiscal general del Estado, sí, al menos, con la Agencia Tributaria. Es mejor enemigo la Guardia Civil, ya lo comprobará.

Mientras tanto, sifón con palillos para el chico, mientras los españoles sabremos un día que los pisos de esos dos se habrán rematado y con lo que se saque habrá para unas cuantas becas, o para unos metros de autopista, o para enjuagar en el importe correspondiente el déficit presupuestario.

Y entonces, habrá llegado el momento de que los ciudadanos riamos los últimos y lo celebremos debidamente.

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Cuando hablo de lo muy odiosos que resultan los guiris, de que nos han robado las Ramblas dejándolas impracticables y de que los ciudadanos barceloneses estamos hasta los mismísimos cojones de esa chusma, supongo que algunos pensarán que exagero. Pues no exagero nada. Me equivocaba, eso sí en una cuestión: creía que todo ese movimiento no beneficiaba a la ciudadanía y sí, en cambio, al gremio hotelero y a algunos comerciantes. Pues no: a los comerciantes, según es de ver, tampoco.

Como puede verse, no solamente no levantan un duro de toda esa mugre sino que, además, deben aguantar sus impertinencias y sus marranadas.

Me hace gracia que los comerciantes así agraviados utilicen, además, una expresión que, en Barcelona, se ha hecho proverbial refiriéndose a la ciudad en relación a este estado de cosas: parque temático.

Y es que es así: el achuntamén ha convertido a la entera ciudad en un puto parque de atracciones en el que los barceloneses somos comparsas y camareros, pero, además, con contrato basura. Nuestra opinión no se tiene en cuenta para nada, no importamos tres cojones: aquí no cuenta más que el beneficio de unos cuantos, de los de siempre, de los vendedores -políticos, hoteleros…- de una ciudad de oropel, de algo de cartón piedra al que pueden acudir para emborracharse todos los pringados de Europa y para ir de putas todos los congresistas del mundo (¿alguien cree que viene otra cosa que a comer y a joder toda esa mugre de los 3GSM -o como mierda le llamen ahora- y demás pisacharcos con gastos a cargo de la organización, de la empresa o de la industria farmacéutica?).

Barcelona echó a puntapiés (casi literalmente o sin el casi) a los macarras de la Sexta Flota -y ojo, que eran gentuza broncas y peligrosa- y se ve indefensa ante una serie de cajas de zapatos flotantes (a la que algunos incluso llaman barco) que, en un momento determinado, un día tras otro, vomitan miles y miles de cabrones que vienen a amargarnbos la vida a ciudadanos comunes e, incluso, a quienes parecerían beneficiarios de la cosa, los comerciantes, y que resulta que no.

No me viene de nuevo: había oído quejas de las floristas de las Ramblas: esos cerdos no se gastan un duro, pero han ahuyentado a los barceloneses que sí se lo gastaban. La misma canción puede oírseles a los vendedores del mercado de la Boquería que, salvo algunos puestos de fruta que hacen su agosto vendiendo macedonias a tres y cinco euros -les está bien empleado a los guiris de mierda- los demás sólo pueden aguantar mecha, a bronca limpia con marranos que manosean el pescado o la carne -hay que ser guarro- y que abarrotan todos los pasillos del mercado -más flashes que si se celebrara una boda- y lo hacen imposible al comprador local, que se va con la música a donde no llegue la tocinada (lo cual quiere decir que hay que irse lejos).

No sé si hace poco o dentro de poco se celebraron -o se van a celebrar, no lo sé y casi ni me importa- los treinta años de ayuntamientos democráticos: pues vaya gracia… Hay que joderse lo que nos ha traído la democracia a Barcelona, que nos la ha llenado de aluminio y de plástico de diseño, ha forrado a no sé cuántos a base de megapelotazos inmobiliarios (Vila Olímpica, Fòrrum y demás) y la ha llenado de puercos ocasionales a beneficio de la peña del Gaspart y de la élite municipal del partido, que han ingresado, gozosos, en una beautiful que va de progre con la cartera llena.

Sí, me estoy volviendo muy, pero que muy, xenófobo. Pero no en el exclusivo sentido en que conocen la palabra los analfabetos gilipollas de todos bien conocidos.

Muerte al vil invasor.

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El próximo jueves, día 24, penúltimo de julio, a una semana de lo que todavía es el gran ¡maricón el último! nacional. La gente va dispersando las vacaciones y ya no da tanto aquella impresión de que en el mes de agosto está cerrado el puto país entero. Pero el octavo mes del año aún es el predilecto de la mayoría, seguramente porque los padres de escolares tienen pocas alternativas a ese mes (en julio hay guarderías y campamentos: en agosto, ni eso).

Yo seré de los que se quedan. Quizá desaparezca fugazmente un fin de semana algo alargado o, quizá, una semanita en septiembre, si es que llego a largarme. Cada vez me da más palo salir de casa y regalarle una pastísima a un hotelero cabrón que me va a premiar con una mierda de servicio (personal escaso y poco profesional, instalaciones deterioradas, cocina de asco…) aunque en la puerta luzca seis mil estrellas.

O sea que nos vamos a seguir viendo, prácticamente sin interrupción.

No tendréis queja ¿eh?

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Comentarios

  • Jordi  On 17/07/2008 at .

    Una vez más, totalmente de acuerdo.

  • Ryouga  On 17/07/2008 at .

    Tampoco hace falta que deje de disfrutar sus vacaciones, con tal de que se lleve el portátil y vaya a un lugar con acceso a internet nos damos por satisfechos 😉

  • renren  On 21/07/2008 at .

    Hay varias descripciones de tiempos antiguos por la piedra de poder y él sobre cada uno del las piedras de poder Se describen varios efectos y se han pasado.

    – En shui del feng, cristal se ha tratado como una piedra importante (piedra de poder).

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