¿Victoria pírrica?

Hace un par de días, una noticia conmovió de gozo a la entera ciudadanía en red: la Comisión Europea sacudía un potente garrotazo a las entidades de gestión pesetera de derechos de autor poniendo fin a sus monopolios nacionales en el ámbito de la Unión. Esto, de forma más o menos inteligible, significa que, hasta ahora, una cadena de radio o de televisión que quisiera divulgar contenidos sujetos a derechos de autor en, pongamos por caso, Francia, Italia y España, tenía que adquirir la licencia a cada una de las entidades con mando en la respectiva plaza. Ahora sólo deberá entenderse con una de ellas y ésta ya se aclarará con las demás. Esto facilitará mucho la distribución de contenidos vía cable, satélite e Internet, eso está claro.

Yo, sin embargo, no lo veo tan diáfano. Pese a que comparto la alegría general -cualquier daño o contrariedad que se propine a la $GAE y demás colegas es para mí motivo de gran satisfacción-, no tengo la percepción de que este movimiento de la Comisión responda propiamente al interés de la ciudadanía; a lo sumo, sólo podría llegarse a ese interés de forma indirecta y tras muchas vueltas y circunloquios. Por otra parte, precisamente la Comisión, el órgano más infecto de la UE, no se caracteriza por su preocupación por el interés de los ciudadanos y sí, en cambio, está muy pendiente de los intereses de los grupos de presión, de los lobbyes. Y este caso me parece, sencillamente, uno de esos casos, uno más de tantos. La Comisión, simplemente, se ha plegado a las exigencias de potentes cadenas de televisión y de empresas de distribución audiovisual, hartas de tener que negociar país por país, han obligado a que haya una competencia y no un reparto del mercado de la gestión de derechos de autor, de forma que los precios de las licencias se abaratarán, con toda probabilidad. Que este abaratamiento lleguemos a notarlo los ciudadanos… no cabe descartarlo, por supuesto, pero tampoco lo daría yo por hecho.

No es que no dé la razón a esas cadenas y empresas, hartas de tener que entenderse con un montón de entidades ciegas de codicia cada vez que quieren llevar adelante un proyecto, y no es que la Comisión no tenga razón de fondo: si la Unión es eso, no tiene sentido que existan aspectos comerciales diferenciables por naciones. Precisamente, el invento este nació siendo un mercado común (y así se denominó oficialmente, además). Lo que me sienta como lejía en los ojos es precisamente la razón verdadera de la resolución que es, como queda dicho, la imposición de un grupo de poder más potente sobre otro que, no siendo manco, no es tan fuerte. Si esas empresas del sector audiovisual, en vez de tener enfrente a las 24 sociedades europeas de gestión, hubieran intentado arrimar el ascua a su sardina contra los intereses de las telecos europeas, casi seguro que otro gallo hubiera cantado.

Por lo tanto, me alegro, sí, claro que me alegro, pero sin lanzar campanas al vuelo: la satisfacción del interés cívico ha sido en este caso -y si es el caso, que aún está por ver- puramente casual, lo que, en el fondo, sigue siendo malo. No ha sido una victoria nuestra, ni siquiera un regalo (nadie ha pretendido regalarnos nada): es como si nos hubiéramos encontrado una moneda en el suelo a nuestro paso. En otra ocasión, y por el mismo mecanismo, podemos salir muy trasquilados. Y no sería la primera vez.

Otra cosa, si entiendo bien la noticia de «El País», es la liberalización del mercado en lo que representa para los autores mismos. Ah, esta es otra cuestión que puede dar lugar a dinámicas muy interesantes… quizá con sus efectos también negativos, que no todo es paradisíaco. Ojo, porque quizá sorprenda a algún que otro lector.

Según parece, pues, un autor -un autor que quiera explotar su obra en términos apropiativos- no tendrá obligación de entregar esa gestión a una entidad de su territorio nacional, sino que podrá hacerlo a cualquiera de las 24 actuales (y, según cabe suponer, a cualquiera de otras que puedan irse fundando). ¿Qué le puede representar esto a una entidad odiosa como la $GAE? Bueno, si tenemos razón cuando advertimos que su masa social de infantería está muy harta de la beautiful en el poder, a la larga o a la corta habrán de verse movimientos y desplazamientos acaso importantes. Acaso, porque falta ver las contramedidas que dispare el propio poder, de las que cabe esperar poco juego limpio, según es costumbre: los monopolios y los centros de poder no sueltan la presa así como así; también habría que ver por dónde van los tiros en las demás entidades de gestión del resto de Europa: algo me dice al oído -me lo silba, más bien- que no van a ser, precisamente, malvas.

Por otra parte, volviendo otra vez al interés de los ciudadanos, no veo qué puede haber de positivo que el centro de poder se desplace desde las entidades de gestión hacia las empresas del audiovisual, no acabo de adivinar en qué saldríamos ganando y sí sería perfectamente posible que aún saliéramos perdiendo. Justa y precisamente por lo que hemos visto: porque constituyen un lobby aún más potente que el formado por los teddys europeos.

Por otra parte, debiéramos tener presente que nuestra guerra no es contra las entidades de gestión sino contra sus capitostazgos actuales y contra su forma de entender esa gestión. Está claro -aún con el copyleft o, mejor dicho, sobre todo con el copyleft– que alguien debe defender a los creadores del poder de las potentísimas empresas que explotan su obra: sin las entidades de gestión, sería imposible, como lo sería si esas entidades no fueran, a su vez, potentes. Nuestra guerra está en que las entidades deben actuar frente a los que comercializan contenidos, no frente a los ciudadanos que los usan: ahí sí que su poder debe ser no limitado, sino eliminado completamente. El canon -que afecta directa y frontalmente al ciudadano- no es un acto de gestión de derechos, sino un saqueo puro y duro. Ahí está el problema, no en el hecho de que la sociedad correspondiente apriete a la empresa de distribución o de divulgación de contenidos para que el autor participe de los beneficios obtenidos con su obra de una forma proporcional y proporcionada.

El debilitamiento de las entidades de gestión frente a las empresas del sector audiovisual, caracterizadas por una especial ferocidad apropiacionista, puede sernos ocasionalmente -muy ocasionalmente- ventajoso, pero es pan para hoy y hambre para mañana. Si entre los ciudadanos y los autores conseguimos que se produzca un buen barrido de los actuales dirigentes y métodos de gestión, para encauzarlas por derroteros coherentes y cívicamente aceptables, convendrá más que nunca que las entidades de gestión sean potentes o todos saldremos perdiendo frente al poder de las multinacionales de la distribución de contenidos de ocio: autores y ciudadanos.

Timeo danaos et dona ferentes

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Comentarios

  • unoquepasabaporahi  On 18/07/2008 at .

    Ay, cuanto latinajo…que algunos hemos estudiado con el plan sociata, caballero. Y, haciendo un chicte malo, a mi me sacas del Delenda Cartago…y necesito traductor 🙂

  • Jorge Delgado  On 21/07/2008 at .

    “Equo ne credite, Teucri / Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes”.

    * Traducción: “No confiéis en el caballo, troyanos. Sea lo que sea, temo a los dánaos (griegos), aun portando regalos”.
    * Nota: Palabras del sacerdote troyano Laoconte. La frase “timeo Danaos et dona ferentes” es citada, entre otros, por René Goscinny en uno de los álbumes de Astérix, y es el origen del un dicho para expresar desconfianza en inglés (“Beware of the Greeks bearing gifts”, literalmente “Ten(ed) cuidado con los griegos que llevan regalos”).

    Qué gran cosa la wikipedia 😉

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