Botifarra mediática

«El Jueves» tiene una sección semanal que denomina «Recortes de la prensa seria» que consiste, efectivamente, en una colección de titulares chocantes que parecerían sátiras propias de una revista de humor pero que, sin embargo, están tomados de la prensa corriente que, a su vez, los ha publicado como la cosa más normal del mundo, una vez asumido aquello del hombre que muerde al perro.

No sé por qué, pero me da la impresión de que debe ser la sección más fácil de toda la revista, con todo mi respeto por el trabajo de su responsable, pero es que yo mismo -y lo digo con toda la modestia- me veo capaz de llenar tres páginas como esa en una semana y sin pretenderlo, solamente en las lecturas de mi vida cotidiana. Muchas veces lo pienso, hombre, si pillan esto los de «El Jueves» y, efectivamente, muchas veces lo han pillado y me lo encuentro ahí puesto al miércoles siguiente.

Pero es que entre la deleznable profesionalidad de las generaciones actuales de plumíferos -los dedos se niegan materialmente a teclear la palabra periodistas aplicada a ellos- y la cada vez menos sutil y más torpe, cutre e indisimulada manipulación que practican los periódicos (a los medios audiovisuales ya mejor ni mentarlos), a todo lo cual cabe añadir las diversas manifestaciones de la gilipollez social imperante, uno ya no sabe si está abriendo un periódico o «La Codorniz». ¡Alto! No, ojo, pido disculpas humildísimas y sentidas por mi metedura de remo: «La Codorniz» estaba bien escrita. Exquisitamente escrita. Los periódicos actuales no le llegan en este aspecto ni al callo del juanete.

Tomemos, por ejemplo, un sólo medio, «El Periódico». Y un sólo día: hoy. Bueno, y una cosita que arrastro de ayer. Entre cagadas propias, manipulación y chorradas externas, véase qué tres perlas. Sin ir más lejos.

La primera: «Incidente en Barcelona – Interrumpida durante 15 minutos la línea 3 del metro por una avería en un tren».

Incidente, nada menos. El Apocalipsis, el acabóse, el apaga y vámonos. 15 minutos de parón en una línea del metro. Soy consciente, por supuesto, de que al que le ha pillado el parón se habrá ciscado ampliamente en el Pleno del achuntamén, y con toda la razón. Hace unos días, yo mismito tuve un ataque de claustrofobia (nunca había sufrido algo así) en la estación de la Sagrera porque el tren iba atestado, el motorista cerró puertas -y las bloqueó, él, el automático o el Papa, no lo sé- y el tren se quedó allí paradito, sin moverse; absolutamente inmovilizado yo mismo, como anchoa en su lata, me sentí como un judío en un vagón de ganado camino de Mauthausen -así nos trata, ni más ni menos, el dichoso achuntament a los ciudadanos- y la idea no contribuyó precisamente a aliviar el creciente agobio que iba sufriendo, todo aquello tan bonito de sudor frío y copioso, aceleración nada agradable del ritmo cardíaco y demás, así que le pedí a un señor que tirara de la alarma, cosa que hizo sin rechistar, qué cara debía estar poniendo yo. No relativizo, pues, lo que es sufrir 15 minutos de parón en este metro de mierda de esta ciudad de mierda.

Una cosa así debería ser suficiente como para que los ciudadanos fueran indemnizados, preferiblemente a cargo de los sueldos y dietas del consejo de administración y de los directivos de gerencia de Transports Metropolitans de Barcelona y como para que hubiera algunas potentes broncas, cosa que sin duda ocurriría si una cosa así costara cien mil votos, pero como sale gratis, seguirán pasando cosas así a divinis. Pero tanto como para que aparezca en un medio de comunicación que se precia de ser el más leído de Cataluña -frente a su directo competidor que farda, ojo al matiz, de ser el más vendido– en términos tan catastrofistas, hombre, pues no.

¿Dónde está la clave del asunto? ¿Exageración de un becario desbocado? Nada de eso: campaña galopante, descarada e insultantemente torticera para extender entre los ciudadanos la sensación de que las infraestructuras -sobre todo las de transporte público- están en Cataluña hechas un asco, para cultivar la indignación por el maltrato financiero por parte del Estado.

No es que no sea verdad: las infraestructuras están hechas una mierda y hay un cierto (difícil de cuantificar objetivamente) maltrato financiero por parte del Estado. Pero habría que decir que las infraestructras están hechas una mierda no desde hace tres años -que es, más o menos, lo que lleva «El Periódico» coleccionando incidentes cada mañana, como si esto fuera el parte de guerra- sino desde hace cuarenta (sólo que yo recuerde: pueden, fácilmente, ser muchos más); y que el maltrato financiero por parte del Estado se ha visto muy agravado por la gestión crónicamente negligente de unos cuantos pájaros puestos ahí por la meritocracia de partido, que es justamente la antítesis de meritocracia sin apellidos.

La segunda (esta es de ayer): «Protesta pacífica contra la conexión eléctrica – Actos de meditación en grupo en Osona para frenar la MAT».

Esta casi se comenta por sí sola. Ahí no estamos ante un problema de becario ni de manipulación (si lo es, en todo caso, es de las finas) sino, simplemente, de un signo evidente del estado actual de la sociedad. Esa valoración absurda de lo pacífico por lo pacífico, que lleva a cosas como esta, que parecen tan normales y tan monas, hasta que nos detenemos, nos distanciamos y lo pensamos fríamente. Eso mismo, protesta pacíficamente mientras nosotros te la endiñamos doblada por las buenas y por las metralletas de los Mossos d’Esquadra, ciudadano de mierda.

Algún día habrá que explicar a unos cuantos merluzos que es verdad que la violencia, por sí misma, no resuelve nada, pero que el pacifismo, por sí mismo, tampoco. Me hace gracia, cuando estos de la flor me salen con el ejemplo de Ghandi, porque todos sabemos que, en 1948 -y aledaños cronológicos-, lo único que pasaba en la India es que el Mahatma se paseaba por ahí ayunando, hay que joderse. Y rematar diciéndoles que lo que Ghandi propugnaba, que era una India unida, en la que convivieran dándose besos a tornillo hindúes y musulmanes -con los hindúes como clase dominante, no obstante: esto no lo decía, pero lo pensaba- no lo consiguió y ahí tuviste a una India y dos Pakistanes -a falta de uno-, y que después -después de la masacre inherente, por supuesto- uno se independizó y lo que eran dos países pasaron a ser tres. Hay que joderse, qué exito de pacifismo.

La tercera: «Nueva práctica deportiva (sic) – Barcelona hace estriptís (sic)».

Nada menos, tú. Toooooda Barcelona nos estamos dedicando al sano deporte (sic) de quedar en pelota vil al ritmo del tariro tariro tachín tachán, sostenazo que te crío. Y yo sin enterarme (menos mal, porque verme a mí haciendo strip tease debe ser pura inducción al corte de venas inmediato).

La historia es la siguiente: una señora que vivía de hacer strip tease (eso de estriptís suena a Alfredo Landa haciendo de vecino del quinto) fue promocionada a los altares de la gloria mediática por no recuerdo -supuesto lo haya llegado a saber- qué programa imbécil de averigua cuál de las treinta o cuarenta imbéciles cadenas de televisión llegan a casa vía TDT. Es el signo de los tiempos: al altar de la fama una tía que se despelota en un local que llega a hacerse famoso no por las prendas que adornan a la elementa en cuestión sino por atorrar a todo un vecindario. Como el famoseo de esta laya es cosa de corta duración, la dama en cuestión hubo de procurarse ocupación de mayor altura intelectual y como, al contrario de lo que sucede en las teleseries americanas, en España -y sospecho que en el común de Europa- el cultivo profesional del strip tease no es el camino curricular idóneo para ingresar en los cuerpos técnicos de la policía científica, pensó que la formación de marujas en tan sofisticadas artes podría constituir un pelotazo digno de intentarse. Lo mismo pensó también una conocida cadena de gimnasios en cuya titularidad se sospechó, por cierto, de la participación de una ilustre dama esposa de un no menos honorabilísimo prócer catalán.

Y ahí tenemos, pues, que tan ejemplares centros educativos constituyen el todo Barcelona. Bueno, en algún aspecto que yo me sé sí que quizá constituyan -sobre todo en el segundo caso- una especie de todo Barcelona. Pero no en esto del strip tease. Vamos, digo yo.

La importancia de la noticia, en todo caso, salta a la vista.

Y todo ello, en su conjunto, sumando días y días, es una magnífica explicación, mucho más completa que cualquier investigación doctoral, de por qué los ciudadanos, como colectivo, estamos listos para la declaración de ruina moral y para que nos pongan de rodillas con unas orejas de burro por sombrero.

Paciencia, tolerancia y buen rollo. Que es lo importante. Sí.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Salva  On 22/07/2008 at .

    Great SPAM el que te han colao en tu Great artículo, man 🙂

A %d blogueros les gusta esto: