Un trastazo y un timo

Tras el espectacular pinchazo de la semana pasada, la paella recupera su lugar en «El Incordio» y, en este 21 de agosto, San Pío X, papa, entrando ya en el último tercio del verano astronómico y, curiosamente, también en el último tercio del mes vacacional aún por excelencia, vamos al trapo…

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Es inevitable la referencia al accidente aéreo de ayer en Madrid. No necesito hacerlo, esto no es un medio comercial y no tengo por qué responder a las ansias de los consumidores («¡el público tiene derecho a saber!», dicen…), pero, claro, ciento cincuenta muertos de una tacada es algo que nunca deja de impresionar. Luego, como diría Pérez-Reverte, los causa en media hora una batería serbia allá donde Cristo perdió el gorro y, a todo estirar, damos un par de cabezadas de desaprobación mientras seguimos sorbiendo la sopa y para el postre ya lo hemos olvidado; o seguimos pelando la manzana sin que se nos altere la presión arterial cuando el parte reglamentario de la hora de la cena nos ofrece el estadillo con los miles de niños muertos de inanición de esa última semana. Pero, incluso a seiscientos kilómetros, nos ha parecido oir el estampido del hostiazo del avión de Spanair que ha quedado reducido -literalmente, materialmente- a cenizas. Nos es imposible proyectar sobre nuestros hijos la imagen de los niños africanos arrojados a una fosa común a puta pala de excavadora; ni somos capaces de ver al vecino en ese desgra al que la ubérrima y maravillosa democracia olímpica china ha perforado el cráneo de un fusilazo, quizá por haber escrito inconveniencias en una bitácora. Pero todos nos familiarizamos y asumimos como propio el drama de unos cuantos centenares de personas que hablan como nosotros, visten como nosotros y sienten, aproximadamente, como nosotros. Conscientes -o subconscientes- de que nosotros podríamos vernos en una de estas con bajos pero ciertos índices de probabilidad, cosa que no ocurre con la artillería serbia, la inanición africana o la represión china, le prestamos una atención derivada de la proximidad sentimental, étnica y geográfica que, en relación a otras luctuosidades mucho peores -al menos, numéricamente-, resultaría un tanto desmesurada. Claro que también puede decirse que lo realmente desmesurado es la desatención con que seguimos las atrocidades lejanas.

Pero yo tenía algo particular y especial que decir sobre este asunto. Ahora se abrirá una investigación, como dijo ayer Zap II El Prorrogao, en la total ignorancia de que la investigación se abre, prácticamente, al minuto siguiente del trastazo, de que mientras él estaba balbuceando lugares comunes con su habitual verbo florido totalmente vacuo de ideas, ya había un montón de gente allí recogiendo indicios y, con casi toda seguridad, ya se había dado una vuelta por allí el juez de guardia, sin cuya anuencia no se menea un cadáver. Pero esa investigación no irá más allá de lo técnico y de esas conclusiones técnicas se derivarán unos juicios sobre ciertos comportamientos que darán lugar, en su caso, a responsabilidades civiles o penales; cuando hay centenar y medio de muertos, el «quien la hace, la paga» es un axioma jurídico no escrito que es el artículo cero de todos los códigos. Al parecer, le es física o metafísicamente imposible a un juez dictaminar que algo tan tremendo ha sido, simplemente, un accidente imprevisible e imprevisto y que, por tanto, archívense las diligencias y páguese la factura a escote. No digo que haya sido así, un accidente tan químicamente puro: simplemente digo que si, hipotéticamente, lo fuera, habría que buscarle alguna vuelta para encontrar un culpable. Y, de no haberlo, el último recurso, el paracaídas de emergencia: pillar a un funcionario o a un empleado laboral de un organismo público y acusarlo de imprudencia por haber apagado (probablemente mal) una colilla en la pista fatídica (la 36 L, no la T-4, como ayer por la tarde no se cansaron de repetir los analfabetos indocumentados de la práctica totalidad de cadenas de televisión), meterle ocho meses de prisión -que no pisará por ser su primer delito- y cargarle todas las indemnizaciones del orbe de las cuales se hará cargo, como responsable civil subsidiario a título de empresario, el Estado, es decir, todos nosotros.

En resumen: una tuerca mal ajustada -pongamos por caso- provocó un esforcio sobre el trombófono que sobrecalentó el sexagésimo estroncio y llevó a una descompresión del palindroscopio, lo que causó la ruptura de dos calutómeros y un excesivo sobreesfuerzo del pirulillo termotronante, así que pum, claro, y ciento cincuenta y pico ciudadanos calcinados. Por otra parte, seguirá el informe, los pilotos no pudieron tener noticia puntual y exacta del suceso porque se había fundido el fusible de la lucecita que avisa de la cosa. Allá el juez, y que se masturbe las meninges para establecer si la culpa fue del mecánico que tuvo el día tonto con la llave inglesa o de los pilotos, porque el repaso del fusible en cuestión estaba en la lista de procedimientos previa al despegue y tuvieron que haberlo comprobado.

Lo que no se hará es investigar por el lado más probable: los de la gomina. A los cómitres de corbata y MBA no se les investiga nunca. Sabemos -lo sabemos todos y de sobra- que se presiona brutalmente al personal técnico. Sabemos -lo sabemos– que se le incentiva -o contraincentiva- para que se reduzcan los gastos cumpliendo lo más ajustadamente posible con los mínimos de seguridad, interpretando la norma todo lo restrictivamente que sea posible y alguna vez hasta lo que no es posible; sabemos -porque lo sabemos perfectamente- cómo los lobbyes empresariales aprietan a los legisladores -que, además y por lo general, no destacan por su habilidad haciendo la «O» con un canuto ni por su entrega al interés ciudadano- para que los mínimos de seguridad estén bajitos, bajitos, bajitos. Sabemos -porque lo vivimos cada día- cómo se aprieta, se atornilla y se estrangula al personal, aprovechando especulativamente unos puestos de trabajo escasos, cómo se intenta incluso -y muchísimas veces- que el personal técnico funcione un poquitín por debajo de estos mínimos. Sabemos, por ejemplo, de camioneros que, presionados por la empresa no cumplen con los horarios de descanso -llegando incluso al intento de falsificar el tacógrafo- y sabemos que, aún producido el accidente y la catástrofe, nunca acaba el gerente dando con sus huesos en presidio. Y sabemos que conductas empresariales como la que se aplica sobre el camionero se aplican también sobre comandantes aeronáuticos y sobre capitanes de buque. Las empresas, dirigidas por tecnócratas -no pocas veces medio idiotas- incentivados por resultados a corto plazo y a los que les importa un carajo el proyecto de empresa -y eso si lo hay- llevan a esto.

Sabemos que Spanair estaba inmersa en un expediente de regulación de empleo (el eufemístico y elegante ERE) de mil o mil quinientos trabajadores -que es una buena inyección de presión en la plantilla- y sabemos que el MD-82 es un avión diseñado en épocas de alegría financiera, un avión excelente y fiable, pero de mantenimiento carísimo. La sospecha de que se haya podido presionar implícita o explícitamente al personal para que los requisitos de seguridad se hayan llevado a sus límites legalmente más bajos, y quién sabe si incluso un poquitín más abajo, es inevitable; pero nunca será confirmada porque jamás se investigará. No sabremos si hubo presión empresarial y, si la hubo, si fue institucionalizada o a cargo de un trepa por libre que, como tantos otros, pensaba más en los beneficios de los accionistas que en los pellejos de sus clientes. Si no se cumplieron los mínimos o hubo precipitación -que perdemos el slot, la leche, devolución de billetes, joder, la mala publicidad del vuelo cancelado, los pasajeros cagándose en la empresa ante todas las cadenas de televisión…-, se la cargará el mecánico o el comandante (sobre todo si éste es uno de los muertos), pero nadie se preguntará -si es el caso- por qué un comandante que se jugaba el culo junto con otros 170 culos, que consagró toda su carrera -como todas las carreras de todos los pilotos- al principio «La seguridad es lo primero», dejó por debajo de mínimos -legales o prudenciales- aspectos de mantenimiento o de seguridad. Si es el caso, repito.

Eso es lo que yo tenía que decir, porque aún no lo he leído en ninguna parte.

Y sospecho que no lo leeré.

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Nuevamente, esa lamentable agrupación circense otrora liderada por el también otrora feroz y temible -quién lo iba a decir- Partido Comunista, ha hecho un numerito de los suyos. Si Franco levantara la cabeza, antes de partirle la boca cabría reirse en sus barbas: «¿Estos son aquellos temibles enemigos de la civilización cristiana, so botarate? ¡Pues sí que está jodida la civilización cristiana si una tropa como esa se la puede cargar!»

Me explico un poco, aunque la cosa es pública y notoria.

A raíz del fiasco en la negociación del nuevo sistema de financiación para Catalunya, la práctica totalidad de partidos políticos del parlamento español -excepto los de Rosa Díez y quizá alguno más- dejaron en minoría al PSOE en la exigencia de que Zap II compareciera precisamente hoy a explicar qué es lo que pasa con este asunto. Una comparecencia asaz incómoda porque las tensiones internas en el PSOE son tremendas, con los catalanes tirando por un lado y el resto de baronías autonómicas, sobre todo de la mitad sur peninsular, tirando por otro. Y eso por no pensar en el desagradable asunto de los votos (las elecciones quedan lejos y la memoria, en este país es corta).

Bueno, pues parecía inevitable que Zap II tendría que joderse e ir a pasar un mal rato de los de verdad, en términos políticos, porque a lo comprometido de la situación se añade el bajísimo perfil intelectual y profesional del presidente, lo cual no deja de ser una perfecta representación de la sociedad española en su conjunto, ya se dijo que toda sociedad tiene el gobernante que se merece, y Zap no es precisamente una lumbrera a la hora de debatir ni, desde luego, un erudito en materia de economía (ni en ninguna otra materia).

De pronto, zas, los de Iniciativa per Catalunya-Els Verds y etcétera, etcétera, etcétera, etcétera (porque esos son más largos que la procesión de la Santa Compaña), la sucursal cataláunica de IU, le dan la vuelta a la tortilla y, después de haber solicitado la comparecencia de Zap, ahora dicen que no, que no quieren que venga Zap, que venga Solbes i prou.

Oficialmente, esto ha cabreado a todo el mundo -dentro de los partidos catalanes, ya se entiende- excepto al PSC-PSOE, más o menos obviamente, pero los únicos que parecen cabreados de verdad (y aún así no pondría yo la mano en el fuego) son los de ERC.

Los de IC-EV-Etc alegan que han obtenido una ventajosísima contrapartida con el compromiso sociata de llegar a un acuerdo sobre financiación catalana antes de tres meses. A ver: esto es una perfecta estupidez. En primer lugar, porque Zap miente más que habla, eso para empezar, y, además, lo sabe todo quisque. En segundo lugar, porque un acuerdo es cosa de dos y, por tanto -debería ser ocioso decirlo, pero parece que hay que decirlo-, uno solo no puede comprometer tal acuerdo a menos que el compromiso implícito sea el de bajarse los pantalones ante las exigencias, pero eso no es así. No lo es, primero, porque para este viaje no habrían hecho falta las alforjas del follón que hay liado; y, segundo, porque aunque tal hubiera sido el acuerdo -en su parte implícita, se entiende- volvemos al asunto de la credibilidad de Zap, con lo que la cuestión entra en un bucle y ahí se queda a divinis.

¿A quién pretenden engañar? Al ciudadano, indudablemente. Porque aquí sólo puede haber ocurrido una de dos cosas…

La primera cosa, es que esto sea lo que parece, y en este caso IC-EV-Etc ha sido simplemente sobornado, ellos sabrían, eventualmente, con qué prebendas, y ha hecho de bufón de corte, de peoncillo servil, de lameculos del PSOE. No sería -para nada- la primera vez, pero no parece probable.

La segunda cosa -y más que probable- sería lo mismo, pero a nivel local y más ancho. Es decir, IC-EV-Etc como el enano del circo encargado de hacer el ridículo para salvar el careto de todos los demás. En otras palabras: después de la escenificación unitaria de todos los partidos parlamentarios catalanes (excepto Ciutadans), darse cuenta del cul de sac en el que se habían metido, ya que el PSOE se habría cerrado en banda a las pretensiones catalanas, primero por su presión interna en contra de tales pretensiones y, segundo -y principal- que por más que diga el Estatut (y está por ver si esa parte aguantará en el Constitucional) lo de la negociación bilateral Catalunya-Estado, unas narices, chaval. Por lo menos en lo que se refiere a la financiación, porque la financiación autonómica ha de ser acordada, por fuerza e imperio de la Constitución, entre el estado y todas las comunidades autónomas. Y esto es así y no hay más vuelta de hoja, al menos mientras esté vigente la que hay.

Toda la comedia de la unidad de los partidos políticos catalanes sobre la cuestión, todos los gritos de alarma sobre la financiación, todo ese enfrentamiento feroz con el Estado por la sacrosanta pasta catalana, toda la coña marinera sobre las balanzas fiscales, todo el órdago a la grande con Montilla encarándose con el Conde-Duque de Olivares y hasta con el Duque de Alba -el de antes, el de los Tercios- si hace falta… todo eso, nada, humo de colores, escenificación, el enésimo timo al ciudadano que ya estaba afilando las hoces, levantando cuatribarradas y estelades y ojo al cerrojo, so castellano, que quan convé seguem cadenes.

Pues hoces al culo -cuidado, sin hacerse pupa- y deja las cadenas ahí, que ya las segaremos otro día, que ahora no toca. ¡Ah! Y de aquello de que el PSC iba a votar en contra de los presupuestos si no había acuerdo de financiación satisfactorio, nada de nada. Eso es que Iceta tuvo el día tonto, pero nada más. Con las cosas de comer -de comer los del pesebre, claro- no se juega y habrá presupuestos en tiempo y forma como dos y dos son cuatro y con la financiación catalana haremos lo que nos salga de los cojones y basta.

Ya veremos qué financiación tendremos los catalanes; hay que temer lo peor, porque el apaño, el chanchullo, la trampa y el cartón ya están montados. Lo más seguro es que sigamos en la mierda. Cosa, por otra parte, que nos tendremos bien merecida, por lo de siempre: por tragar con esa chusma y por hacerles el caldo gordo cuando llegan las elecciones. A unos y a otros. Porque ya sabemos lo que son.

Todos ellos. Sin excepción alguna.

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Pues hasta aquí hemos llegado hoy. El próximo jueves será 28 de agosto, fin de mes y casi de vacaciones para muchos. Será la última paella de la temporada 2007-2008, porque el jueves siguiente, 4, estaré de vacaciones -breves vacaciones- y, aunque no descarto tener ganas de hacerla, dudo de que tenga medios para ello; en todo caso, de lo que no voy a tener ganas es de encontrar un ordenador con conexión -gratuita- del que disponer con tranquilidad durante un entero par de horas, porque las primeras que no me van a dejar tranquilo al respecto son mis niñas, las tres, y con toda la razón.

Pero no nos despidamos todavía, porque, como digo, el jueves 28 aún habrá paella y de aquí a entonces también habrá «Incordio» en su registro habitual… o no solamente el habitual. Porque los only paella no os quejaréis de las misceláneas estivales ¿eh?

Aquí nos seguiremos viendo.

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Comentarios

  • Ryouga  On 21/08/2008 at .

    gracias por el articulo sobre el accidente, ha escrito sobre lo que muchos sospechamos y que como bien dice en ningun otro lado lo leeremos, es la grandeza de internet o mas bien de la autentica libertad de expresion.

    Lo que de verdad me inquieta,es ver en los periodicos de hoy una comparativa de los ultimos grandes accidentes aereos en Europa y ver que la mayor parte de ellos se han producido en españa y no sera por el mal clima.

    Como habra deducido por algunos comentarios he tenido cierta experiencia en el sector del transporte ,unos pocos años pero suficientes para que no me vuelvan a ver el pelo, pues ademas trabaje en el transporte de mercancias peligrosas.
    Lo que he visto alli es propio de una republica bananera, camiones con graves defectos,continuas perdidas de combustible por juntas desgastadas(con el evidente peligro para los demas vehiculos), exceso de carga, de horas,valvulas de seguridad estropeadas…he visto como un inspector de cisternas (de mercancias peligrosas por supuesto) daba el visto bueno…por Telefono!! y se pasaba luego a firmar los papeles ,ni pruebas de presion ni gaitas que llevan mucho tiempo, esto ademas es habitual, y se lleva heecho en vehiculos en estado deplorable.

    Mi experiencia en el campo de los servicios de emergencia (a nivel municipal) tampoco fue mucho mejor, personal seleccionado entre los afines al partido en mando,sin ninguna preparacion en (detrimento incluso de gente con curriculum impresionantes!), ni interes en absoluto en tenerla, que se dedican a disfrutar del chollo conseguido tomandose unas copas en los bares durante las guardias, a la hora de la verdad no saben ni que hacer, darle el pesame a la familia, decir que no se pudo hacer mas y listo.

    Podria seguir contandole mas historias de este tipo, ambulancias en emergencia sin oxigeno ni combustible, paraliticos por culpa de una mala extraccion por gente sin preparacion,muertos en accidentes por falta de medios y personal preparado…pero creo que ya me he extendido bastante.

    Al final en este pais solo se busca el maximo beneficio y el clientelismo, luego los problemas derivados de esto se despachan con unas velitas, un monumento o un minuto de silencio, no mas que aun queda chollo pendiente y no hay tiempo que perder…

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