Piratas al abordaje

El Partido Pirata no pudo concurrir a las últimas elecciones generales celebradas en España a comienzos de este año por falta de candidatos y, en alguna circunscripción, por falta de mujeres candidatas (la paridad electoral es ahora obligatoria, una estupidez como cualquier otra, pero es lo que hay). Ahora se plantea concurrir a los comicios para el Parlamento europeo que se van a celebrar el próximo año.

En diversas ocasiones he manifestado aquí tanto mis simpatías hacia el Partido Pirata como mis reservas hacia su proyecto, que básicamente se concretan en mi rechazo hacia los partidos de vector único. Pero en las elecciones al Parlamento europeo la cuestión cambia sustancialmente.

A la hora de votar candidaturas europeas, tradicionalmente podíamos echarle un poco de cachondeo a la cosa. Pese a ser por aquel entonces -hoy he cambiado de actitud, de táctica o como quiera decirse- radicalmente abstencionista, me divertí votando en las primeras en las que pudieron presentarse candidaturas españolas por el colectivo ANEMYA (Asociación Nacional de Estudiantes de Medicina y Asociados) una gentecita que llevaba un programa electoral que te partías el culo de risa. Siempre he lamentado no haber conservado un ejemplar de ese programa y Google me responde con un no sabe/no contesta cuando busco por ahí. Recuerdo, eso sí, que lo votamos unos dieciocho mil cachondos en toda España (en las elecciones europeas, la circunscripción electoral es el entero país miembro).

Hoy ya no cabe tanto cachondeo: el Parlamento europeo ha crecido en competencias. Sigue sin tener, en conjunto, las más importantes, que sujetan con mano férrea las antidemocráticas instituciones de la Comisión y del Consejo, y muchas competencias esenciales para la vida y la cotidianidad de los ciudadanos -educación, fiscalidad, equilibrio territorial, urbanismo, derechos cívicos- siguen estando en poder de los Gobiernos de los Estados, en algunos casos por suerte y en otros por desgracia. Pero el europarlamento toca ya alguna nota en el concierto. Ahí tenemos, por ejemplo y ahora mismo, el caso de las enmiendas torpedo, merced a las cuales se puede cubanizar la red en Europa. ¡Cuánta falta nos haría ahí ahora mismo un potente Grupo Pirata! En cambio, tenemos que apoyarnos en formaciones políticas que no siempre son confiables. Aunque el grupo Verde del Parlamento europeo no nos ha fallado nunca en estas cuestiones, las cosas como son, la verdad es que con los políticos nunca acabo de tenerlas todas conmigo y siempre siento entre los omóplatos aquel repelús del que espera la puñalada por la espalda de un momento a otro. Con un Grupo Pirata, la confianza sería total. Aunque fuera pequeño, aunque no fuera determinante, siempre se oiría una voz y, sobre todo, siempre tendríamos información fiable y puntual de lo que se cuece en Bruselas en materia de conocimiento y de libertades cívicas en el ámbito digital.

Pues sí, para el caso europeo no vacilo en absoluto y, clara y rotundamente, propugno el voto para el Partido Pirata.

Pero para que podamos votar al Partido Pirata, éste debe poder presentarse. Y para poder presentarse, el requisito, en esta ocasión, es reunir quince mil (15.000) firmas que apoyen la candidatura. Debería ser fácil, pero hay un problema que convierte la cosa en muy complicada: estas firmas deben constar en papel, no sirven las digitales. Conocida la extrema pereza de los activistas digitales en cuanto las cosas salen de la red -parece que le tenemos un apego exagerado al culero de la silla- la empresa se prevé ardua. Encima, los trámites para recoger estas firmas son complejos, no podía ser menos en la inmundicia burocrática que asfixia a la administración europea en cualquiera de sus proyecciones. Puede verse esa complejidad en la página que el Partido Pirata ha dedicado al efecto. Dura tarea, muy dura. Porque lo de adjuntar una fotocopia del DNI de los firmantes es de caballo: ¿habrá una fotocopiadora o un escáner cerca cuando pilles al amigo o familiar dispuesto a firmar?

Por tanto, hay que menear el culo o no salimos de la miseria. Voy muy pillado de tiempo y, en lo que a éste se refiere, me he metido en un berengenal de los gordos con lo de Linux-GUAI que mañana (literalmente: mañana) se empieza ya a llevar adelante en serio, tras andar tanteando y preparándonos durante todo el verano. Pues a dormir menos, pero lo del Partido Pirata tiene que salir adelante. O sea que durante esta semana voy a estudiar toda esa mierda administrativa y, cuando la tenga por la mano, me voy a constituir en recolector de firmas. No sé si podré aportar muchas, pero no voy a perdonar ni una. Si siete, siete; si setenta, setenta. Las que sean: ojalá setecientas. Además, en octubre va a haber cierta movidilla en Barcelona y espero hacer allí una buena recolección.

Llevar a Europa siquiera un (1) diputado pirata sería un puntazo gordo incluso de cara al futuro. En los países de la UE está habiendo mucho rebomborio y la Asociación de Internautas podría no estar sola en los próximos meses o años: puede haber hermanitas gestándose en diversos países de la Unión. El impulso que supondría para estas asociaciones hermanas aún nonatas la pica en Flandes de que los de Pirata metieran un eurodiputado, no es pequeño. Y en las elecciones europeas las prioridades no son tan importantes y permiten esperar un buen resultado… si llegan a presentarse y en la red empieza a cocerse fuerte el caldo en este sentido.

Pero no podrán conseguirlo si los internautas -asociados o no- seguimos en el marasmo, limitándonos a llenar posts y más posts en listas y foros y a comentar en bitácoras sin ir más allá. Se nos obliga a bajar al espacio presencial y no tenemos más remedio que hacerlo. Coño, no ha de ser tan difícil llevar unos formularios en una carpeta durante unas cuantas semanas y después, llegado el día, olvidarse de votar a partidos que no sirven para nada -y menos aún en el contexto europeo- y emitir un voto útil, útil de verdad, en este caso. Ninguna de las dos cosas habría de ser imposible.

Sin embargo, como siempre que espero algo de las masas, soy pesimista. Se nos va la fuerza por «Menéame» o por «Barrapunto»; con la de gente que somos, podríamos conseguir maravillas a cambio de esfuerzos o sacrificios de risa, pero ni de eso somos capaces, no pasamos de bocazas del teclado.

Bueno. Pues por mí no quedará. Seguro.

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Comentarios

  • Jorge Delgado  On 09/09/2008 at .

    Cuente Ud. conmigo desde este mismo momento, no sólo para firmar, sino para recoger firmas si fuese menester…

  • Aiarakoa  On 12/09/2008 at .

    Hola Javier:

    En realidad no hace falta fotocopia del DNI si la firma es presencial: el recolector pedira al firmante que le enseñe el DNI, con verlo bastara, y el recolector dara fe de la identidad del firmante.

    Las fotocopias del DNI solo son necesarias para las firmas enviadas por correo ordinario. Un cordial saludo

    P.D.: Si, un fastidio barbaro que no admitan la firma electronica.

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