Hacer el indio con un Apache

Si es que te tienes que reir. ¿Cómo no te vas a reir? ¿Qué vas a hacer si no? ¿Indignarte y subirte por las paredes? No, es malo para la hipertensión. ¿Llamar a las cosas por su nombre? No, que entonces intervienen los jueces y la cosa se convierte en un mareo. Mejor reirse. Además, bien mirado, la cosa es impagable, como impagable es el personaje protagonista: don Teddy, of course.

Menuda perla nos subió anoche el amigo Javier de la Cueva a raíz de unas declaraciones efectuadas por el amo de la $GAE en Radio Nacional de España (emisión en portugués para Brasil, no sabía ni que existiera) el mes de junio de este mismo año. Reproduzco el literal que interesa -declaraciones de Teddy- tal como lo cita mi querido tocayo: «Y lo siento mucho por los apóstatas de la propiedad intelectual y por los telepredicadores del Creative Commons y del Copyleft y de toda esa sarta de tonterías que lo único que hace es tratar de hurtarle al autor lo más sagrado, lo que más le pertenece».

Bueno, vayamos por partes.

Habla de apóstatas de la «propiedad» intelectual. ¿Se refiere -entre otros muchos que hay que suponer posibles- a mí, por ejempo? No, no creo, toda vez que según el diccionario de la Real Academia Española (22ª edición), apóstata es aquella persona que comete apostasía y apostatar (hay que suponer para el caso su cuarta acepción) consiste en «abandonar un partido para entrar en otro, o cambiar de opinión o doctrina». No se refiere, pues, a mí, toda vez que yo nunca he cambiado de opinión sobre la propiedad intelectual, opinión que, en síntesis, es la siguiente: es una perfecta mierda inventada por los ladrones de los derechos del autor y, como tal entelequia, absolutamente inexistente excepto como fictio iuris embutida en el ordenamiento jurídico gracias a la venalidad de los políticos. Evidentemente, esta idea mía ha evolucionado desde su orígenes pero sin cambiar nunca su planteamiento originario.

Si, por otra parte, hay señores que un día se creyeron la cosa esta hasta que, en tal otra ocasión, se cayeron del guindo y vieron la luz, les felicito calurosamente -nunca es tarde si la dicha es buena- pero en el tema de la presunta apostasía, es un problema que tiene don Teddy con ellos y no va conmigo para nada, así que ya se apañarán unos con otros.

Lo otro ya me pilla más de cerca porque, según don Teddy yo sería… ¿cómo lo dice? un telepredicador del Creative Commons y del Copyleft, cosas que él califica de sarta de tonterías, sarta de tonterías que, según añade, consiste en tratar de hurtarle al autor lo más sagrado, lo que más le pertenece.

Bueno, pues para sarta de tonterías, la de don Teddy. Puede discutirse -si alguien se empeña- en la utilidad de las licencias Creative Commons y en la bondad del copyleft; quizá luego hable un poco de ello. Pero decir que las licencias CC o el copyleft consisten en un hurto sólo puede responder a la demagogia, a la calumnia y a la falsedad más absolutas. Porque no es cuestión de ignorancia. En don Teddy no. Sobre este tipo de temas sólo puede suponérsele mala fe, una mala fe negra, profunda, y alevosa; no puede alegar ignorancia. Él, no.

Que me explique a mí este tío por qué una licencia Creative Commons es un hurto. ¿Qué es lo que se le hurta y a quién? Tengsamos en cuenta -por si hace falta recordarlo- que una licencia -la CC o la que sea- es un perfecto y legítimo acto de disposición del autor sobre los derechos que ostenta de su obra. ¿Dónde está el hurto? ¿Qué cóño hurto yo y a quién, poniendo todo el contenido de mi bitácora bajo una licencia CC? Que me lo explique.

Aquí, lo único que se le hurta es la pastizara de derechos de gestión que su dichosa $GAE no ve cuando algún autor no se afilia y, por ende, cuando su obra, libre del encadenamiento brutal que esconden los muy leoninos contratos (de adhesión, absolutamente innegociables) con la entidad, se escapa al control de su cortijo. Y aún esto es muy relativo, pues, ya que se habla de hurtos (ya que él habla de hurtos, ojo), habría que ver cómo calificamos la recaudación preventiva que la maldita entidad de marras realiza sobre cualquier manifestación o divulgación artística, y, para el caso, sobre aquellas que no gestiona, recaudación de muy difícil y laboriosa recuperación y que, cuando finalmente se consigue -cuando se consigue- después de ímprobos esfuerzos, se ve reducida en un porcentaje por derechos de gestión, gestión que nadie ha pedido ni deseado.

¿Quién habla aquí y con qué fuerza moral de hurto?

Y, por cierto: ¿qué es aquello que se supone que se le hurta al autor? ¿Qué es aquello que constituye lo más sagrado, lo que más le pertenece (sic, en el enlace precitado)? ¿La pasta? Bueno, que Teddy vea que en el arte, que en la creación, «lo más sagrado, lo que más le pertenece» al artista sea la pasta es muy propio de él; no debe sorprendernos: de este personaje tenemos ya un retrato muy exacto confeccionado con puntillista exactitud a lo largo de estos últimos años. Pero yo diría que lo más sagrado, lo que más pertenece al autor, más aún que la pasta, son sus derechos de autor, los del reconocimiento y, sobre todo, los de control de su obra. Y, precisamente, este control de su obra, este derecho inalienable del autor, es lo primero que éste pierde tan pronto la entrega no a una licencia Creative Commons o al copyleft sino, precisamente, a un editor, el gremio este especialmente protegido por la $GAE. Vaya hombre, vaya: la mismísima mujer del César cagándose en el preservativo.

Para acabar de reir -supuesto que esto pueda hacer gracia por otro concepto que el de la mera supervivencia psíquica- tenemos el detallito que destaca Javier de la Cueva: resulta que la página de la $GAE utiliza servidores Apache. ¡Coño! ¿Y ya le han pagado al autor del software? Oiga, don Teddy: ¿han cometido ustedes un hurto -en sus propias palabras, no en las mías, que conste- no dándole al autor del software aquello que, según usted, es lo más sagrado, lo que más le pertenece? ¿O va a resultar que es el autor del sofware el que ha hurtado vete a saber qué y vete a saber a quién al poner su creación bajo una licencia copyleft?

Es lo que ocurre cuando se tuerce y se retuerce la falsedad y la demagogia: que al final, se pasa de rosca y se traspasa la línea del ridículo. Es lo que pasa cuando el argumento deja de serlo para ser una patochada que se ahoga en su propia [mala] baba. Y a usted hace ya mucho tiempo que se le acabaron los argumentos.

Si alguna vez los tuvo.

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Comentarios

  • Starblank  On 15/09/2008 at .

    Jajaja… pero no le haga usted caso a teddy, don Javier, que es enfadarse para nada… si a ‘ese’ ya no le hace caso nadie…

  • Ryouga  On 16/09/2008 at .

    XD no sabia que se podia ser apostata y telepredicador al tiempo, yo creo que llevan tanto tiempo mintiendo y retorciendo la realidad que ya ni ellos mismos se entienden.

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