Monthly Archives: octubre 2008

Idiotas, reinas y setas

Se agudiza el otoño y, con su afirmación climatológica y astronómica, llegó la hora de engrasar la ametralladora porque, damas, caballeros y militares sin graduación, como cada año por estas épocas, nuestra vida social se llena de gilipollas. Lo estrenamos ahora mismo, a dos días de la festividad de Todos los Santos y a tres del día de Difuntos, de larga y antiquísima tradición en Europa entera, tan larga y antigua que más que probablemente se trate de celebraciones precristianas, así que fíjate si ha llovido.

Pero no hay historia, ni tradición, ni fortaleza cultural que resista el embate de los imbéciles y de los subnormales: gracias a esta abundante etnia de botarates, ya no estamos en día de Todos los Santos ni en fechas de Difuntos, ahora estamos en una mierda que llaman jalogüin que niños medio memos -como para pedir una ley del aborto retroactivo- se ve que conmemoran llevando por ahí cáscaras de calabaza pretendiendo imitar al imbécil de Charlie Brown y a su corte de liliputienses orates, jaleados por los faltosos de sus padres, en exigencia de que les demos caramelos, dinero o no se qué. Como se me acerquen a mí, sí que les voy a dar: un puntapié de dos quintales de empuje en las posaderas.

Esto ahora. Dentro de un mes, veremos nuestra calle llena de ciudadanos patéticamente enclenques disfrazados de cocacola y pretendiendo imitar a un repugnante personaje, con indudables síntomas de oligofrenia -se pasa todo el día riendo como un cafre y batiendo una campanilla-, enfermo de obesidad mórbida y arrastrando por el mundo su pesada carga de triglicéridos, colesterol, grasuza animal y otras porquerías. Este asqueroso elemento arribó a nuestros pagos hace ya unos cuantos años procedente de las series americanas y los consejos de administración de los grandes almacenes lo elevaron a la santidad comercial pretendiendo la sustitución de los Reyes Magos (de su festividad y conmemoración, vaya) a cambio de esa porquería inhumana. Pero luego, sabiendo cómo va de sobrado el personal patrio decidieron que no, que lo mejor eran los dos, y así la gente se rascaba el bolsillo por Navidad -cosa que, hasta entonces, sólo había hecho en los supermercados- y por Reyes. La cuestión es que la VISA no tenga tregua. Total, mientras España esté llena de gilipollas que piquen… ¿a qué dejar que el dinero se quede en su bolsillo?

Supongo que en el resto de Europa deben tener el mismo problema con ese alien inmundo enfrentado a sus propias tradiciones. Y hasta es posible que en el resto de Europa haya también cretinos -aunque dudo que tantos como aquí- que se crean que esto es modelno y guays.

En Catalunya -no sé el resto de España- llevamos ya dos o tres semanas sufriendo horariamente (no a diario: a cada hora) un anuncio irritante e imbécil (ya me quedaré con el nombre de la agencia que lo parió, ya) que promociona una de las empresas de la Caixa, la mierda esa de Port Aventura, que promete una noche de terror, de espanto, de calabazas y de gilipolleces al grito de jalogüin como quien grita «¡Libertad o muerte!». Bien, tal como era de esperar, ya no hay plazas para la cosa ni en la reventa, lo cual quiere decir que en este país o hay una sacudida gorda o va a ser mejor dejarlo correr. Viendo esto, no sorprende que impresentables como el Pocero y otros congéneres hayan levantado los fortunones que han levantado porque en este país, a lo que cabe ver, lo difícil no es hacer dinero, lo difícil es hacer dinero inteligente.

En Catalunya, cuando decimos que un berzotas es un totxo (ladrillo) es por algo. A la antigua moraleja del refranero ni se le ocurrió que un totxo podría ganar más dinero que un fabricante de cosas o que mismamente un médico.

Pero el signo de los tiempos es este y es lo que hay.

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La Reina actual, que lo es consorte, es una personalidad institucionalmente nula: no tiene ningún papel en el sistema que no sea el de ir de bracete con su señor esposo, disfrutar en la proporción que corresponda de las inmensas riquezas que éste ha amontonado -él sabrá cómo- e inaugurar una guardería aquí o amadrinar una fragata allá. Pero lo cierto es que, de hecho, está ahí, con ese título, sin el un tanto vergonzante apellido consorte que, en puridad, le corresponde y que con tanta resignación llevó don Francisco de Asís, esposo de su tatarabuela política, el conocido Paco Natillas en los corrillos madrileños, poco caritativos con la presunta orientación sexual del pobre hombre:

Paco Natillas
es de pasta flora
y mea en cuclillas
como una señora

Parece ser que al marido de Leonor, si hay tal marido y suponiendo que ésta llegue a reinar, que vamos a intentar que no, le van a preparar un título algo menos chungón que lo de Rey Consorte, que le señale un poco menos, algo como lo del Duque de Edimburgo, el esposo de Su Chistosa. No fuera a ser que la gente -qué malos somos, coño- fuera a meterse con su forma de mear… o con algo peor, porque es que no tenemos medida, coño…

Pero no divaguemos y volvamos a nuestra greca primera dama. Resulta que un día de estos cumple los 70 años y esto ha sido un útil pretexto para que se dispare la carraca mediático-monárquica de papel couché y la carraca mediática del sistema puro y duro de papel de cagar, de ese que utilizan. Porque cualquier pretexto es suficiente para recordarnos lo buenas que son las hermanas dominicas que nos llevan de paseo, que nos llvan de excusión, chin pon, en versión zarzuelera.

Y, con tan fausto motivo, la periodista homologada para la cuestión, Pilar Urbano («bendígame la pluma, Santidad», clamaba implorante a don Wojtyla en uno de los primeros paseos de éste por aquí, en los años ochenta) ha escrito un libro en el que Su Majestad Consorte se explaya y, en teoría, debiera haberlo hecho dentro del debido orden. Pero algo ha fallado y o a SMC se le ha ido la lengua o a la pluma bendita se le ha ido el oremus -o, más bien, ambas cosas- y SMC ha descalificado ciertas reformas legales referentes al estado civil de los homosexuales (de los hmosexuales que gusten, claro está) y de paso, ya desmelenada -pero con majestuosa elegancia, eso sí-, la parienta del jefe ha largado que no le cuadran ni el aborto ni la eutanasia y que esto de las clases de Religión es muy educativo y muy provechoso para la muchachada.

Y, claro, la ha liado.

Y se ha liado con razón, porque por encima de que se pueda estar de acuerdo o no con sus opiniones, lo que sí es cierto es que la opinión -públicamente expresada- es a lo único que no tiene derecho esa señora abarrotada, por lo demás, de privilegios. Si tanto le gusta largar, si tanto desea gozar de ese derecho, podría perfectamente hacerlo sin más limitaciones que la $GAE, como cualquier otro ciudadano… con el único requisito previo de dejar la corona -consorte- en el culo de la silla e ingresar en la sociedad común y corriente. Con la ventaja añadida de que no tendría que buscarse la vida, que con la humilde fortunita familiar ya tendría un buen pasar, ya…

Pero, nada: igual que el Pocero quiere meterle, insaciable, más metros a su yate, por más que ya sea larguísimo, los privilegiados -porque esta señora sí que lo es, material y literalmente- no quieren renunciar ni a los escasísimos derechos que tienen que abandonar para ejercer poderes, opulencias y sobrancias y para gozar de todas las prebendas.

Y eso, sin contar todo lo demás, también es corrupción.

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Sólo hay un programa de tele que me tiene verdaderamente enganchado: Caçadors de bolets (buscadores de setas), de TV3. Los no catalanes que tengáis TV satélite sintonizad la TV3 Internacional y miradlo por curiosidad. Aunque no conozcáis el idioma, si os gusta el bosque (y ya no digo nada si os gustan las setas), pillaréis lo suficiente como para prendaros.

Este año va, si no recuerdo mal, por su cuarta temporada (se emite desde primeros de octubre hasta Navidad, más o menos), aunque la pasada no sé qué chafarriñón pergeñaron a base de una especie de competición-reality que duró dos escasos programas y aquello fue una mierda total; debió haber protestas y regresaron al formato original, que ha ganado con la intervención de un profe de Micología razonablemente mediático, y ha perdido con el destierro del trío «Teatre de Guerrilla» que, además de ser muy buenos, eran consustanciales con el programa.

Para mí, inmerso -y bastante asqueado- en esta triste vida de urbanícola, esos 30-40 minutos semanales que duran lo que el otoño, son una ventana vivificadora a los aromas del bosque, al aire limpio y fresco, a la honrada e inocente alegría con que se celebran los pequeños grandes obsequios de la naturaleza, al silencio sólo turbado por el paso sobre la hojarasca.

Caçadors de bolets es un pequeño resquicio de oxígeno perfumado que logra hacerme más llevadera la especie humana.

Al menos, hasta que pasa un ciclista.

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Y al loro, que va, si no cuento mal, el cuarto jueves que no hablo ni de la crisis ni del trastazo del 20 de agosto. Esto empieza ya a no ser un simple desdén y ya parece una penitencia, o sea que, como hubieran dicho los añorados Tip y Coll, la semana que viene… ¡hablaremos de la crisis! O no, quién sabe. Pero ya me considero relevado de mi mordaza autoimpuesta.

El próximo jueves será 6 de noviembre, el més típico del otoño, un mes en el que apetece más que nunca el paseo montaraz masticando castañas, avellanas, madroños, y otros frutos silvestres de esta pródiga época (las setas las dejo para los entendidos, que yo no paso de reconocer, con cierta seguridad, el rovelló, el pinetell y el cep, en castellano y respectivamente, níscalo, no sé bien qué y boletus. Esto de boletus me hace mucha gracia pero, bueno, si os gusta llamarle así…).

Nos vemos para entonces.

ÓXCARS

Bueno, pues ya fue. Anoche se celebró la Gala de los primeros premios ÓXCARS, promovidos por EXGAE y Conservas. Si queréis enteraros simplemente de lo que fue, podéis ir a la crónica que he escrito para la página de la Asociación de Internautas. Yo, como doy por conocido el acontecimiento a través de dicha crónica, me voy a limitar a mis impresiones personales.

En primer lugar -y eso lo he destacado en el artículo de la AI- me ha sorprendido muy gratamente el nivel profesional y técnico de la producción. Acostumbrado a los actos copyleft tan llenos de voluntarismo y de precariedad de medios como, muy frecuentemente, de amateurismo, la verdad es que lo que vi ayer en la Sala Apolo me llevó casi casi al asombro. Claro que al frente del invento estaba Simona Levi y eso, amigo, son muchas tablas.

En segundo lugar, no salgo de lo profesional: algunas producciones copyleft han alcanzado niveles altísimos. Estábamos acostumbrados a la música o a la literatura, cuyos costes de producción son relativamente bajos, pero en ámbitos como el cine y la animación, donde el listón económico está muy alto incluso para pequeños proyectos, y la prueba la tenemos, precisamente en los OXCAR de ayer a las correspondientes especialidades, con cifras muy importantes de visualizaciones y de descargas.

En otro orden de cosas, el imponente volumen de la asistencia, me dejó un sabor agridulce: por una parte, me encantó, tantísima gente en un acto de clara y proclamada militancia en pro de la cultura libre; pero, por otro lado, apenas había gente de los de siempre. Vi a Ana María Méndez, la cual me explicó que no podría asistir Carlos Usua debido a las lesiones producidas por una caída reciente (cúidate y mejórate, compañero) y que me aseguró que andaba por allí Mercè Molist, aunque no llegué a verla; como perdí de vista a Ana, imagino que se encontraría con Mercè y se perderían por ahí. También di con Lluís Cabrera, con quien cambié unas palabras. Eso y un par de caras que me sonaban y no supe de qué y ahí estamos todos. A menos que hubiera gente escondida en el backstage o entre la muchedumbre, la verdad es que la mayoría de los cofrades estaba clamorosamente ausente.

La gente que acudió, eso sí, estaba totalmente entregada y se lo pasó bárbaro aplaudiendo a los propios y abucheando al enemigo. Desde cierta perspectiva, se diría que era un acto para iniciados y, desde luego, para ya convencidos, así que no creo que atrajese apenas a ninguna voluntad nueva. Ello me induce a sospechar que el activismo de la cultura libre (suponiendo -que es mucho suponer- que el público, así en general, lo fuera en masa) se distribuye en compartimentos estancos y sólo se mueve a impulsos que, de alguna manera, procedan del propio compartimento o de alguno más o menos asociado. Es lo único que explicaría que, aparte de los citados, no conociera a nadie entre tantísima gente y que, por otra parte, la gente que yo conozco -del rollo, ya se sobreentiende- brillara por su ausencia. A ver si también en estos ámbitos vamos a tener taifas y caciquillos. En fin, conociendo a la raza, me dolería, pero tampoco me sorprendería. En absoluto. De todas formas -y como he dicho muchísimas veces- Catalunya es especialmente espantosa para esto, funciona al estilo agrupament escolta: sí, sí, todo muy bonito, somos todos muy globales, pero a mí no me saques de mi [pequeño y miserable] chiringuito, con mis amiguetes de toda la vida y con mis propios y muy personales rollos. Está claro que aquí el nacionalismo no sólo es algo político sino, sobre todo, individual y voluntarista y quizá por eso, por ese minimalismo de aparcero de masía de las quimbambas, por no avanzar, no avanza ni el propio nacionalismo. Laus Deo.

No me pude quedar hasta el final. Los años pasan y, además de hacerme viejo, intolerante y facha, me han traído una claustrofobia que antes no sufría y que ayer me obligó a darme el piro muchísimo antes de que terminara la fiesta. Además, a causa, imagino, del tono de buen rollo que se le quiso dar al asunto, no se exigió el cumplimiento de la prohibición de fumar que afecta con carácter general tanto al local como a este tipo de actos, con lo que, desde el principio de la gala, el número de cigarrillos encendidos pudo contarse, en todo momento, en muchas decenas, con lo que, añadido al aforo abarrotado, configuró una atmósfera tremebunda. Llegué a casa después de tomármelo con calma: la noche estaba de un fresco delicioso y apenas llovía ya, con lo que me di una breve vueltecita por el Paralelo: pues bien, al llegar a casa, tras una buena ingesa de aire limpio y ozonizado, mis pulmones aún me amenazaban con darse de alta en la $GAE si los volvía a someter a un ambiente así.

Llevo más de nueve años sin fumar, como puede verse en un gadget que añadí a la columna de la derecha hace pocos días. Ello no obstante, los que me conocen saben -y los que no me conocen sepan- que no soy, en absoluto, un talibán antitabaco; me considero un fumador no ejerciente y aún ha de llegar el día en que yo le pida a alguien que apague un cigarrillo porque me molesta el humo. Pero ambientillos como el de ayer no los soportaba ni cuando fumaba paquete y medio diario. Si lo de los premios ÓXCAR tiene segundas y ulteriores partes, habrá de vigilarse esto porque si no, la organización corre el riesgo de tener un encontronazo con la autoridad… civil, por supuesto. Aparte del peligro de incendio: una de las cosas que pensé justo cuando ya me iba era que si se montaba un conato de incendio ahí… no sé qué hubiera salido en los periódicos de hoy.

En resumen, aunque me sentí en todo momento un poco como un pulpo en un garage, la experiencia valió la pena, vi cosas nuevas, lo pasé bien a ratos y, bien, vale…

Hasta el año que viene, si haylo…

Loca academia de padres y red

Nuevamente ayer, en unas reuniones de coordinación pedagógica entre padres y profesores (lo que en las escuelas cristianas de Catalunya se llama FEAC, Familia-Escuela Acción Compartida) se habló de internet y los chicos y, nuevamente, un festival del miedo, de la desconfianza, del ansia de control -de control imposible-, de las actitudes neoluditas… en fin. Sería deprimente de no suceder algo que vi por primera vez y es que muchos padres parece que empiezan a darse cuenta -algunos incluso lo dijeron así, tal cual- de que el problema no es que los chavales funcionen en red sino que los padres desconocen la red y que este desconocimiento es lo que les da miedo, el miedo a lo desconocido. Bueno, suele decirse que nunca es tarde si la dicha es buena, pero la verdad es que la dicha todavía no es buena y, sí, es tarde. Estamos empezando cuando ya deberíamos haber acabado. El banco está empezando a cargarnos en cuenta una factura que a este país hace ya tiempo que se le ha presentado y es la factura que se paga por permitirse el lujo de despreciar aquello que se ignora. La teóricamente octava potencia económica mundial apenas se cuelga del puesto 20 en cuanto a implantación de la red, con lo que ello conlleva de retraso en oportunidades económicas y en desarrollo tecnológico y científico. Los chavales, encima, ellos, que no han de ser convencidos de nada porque prácticamente lo han mamado, tienen que tirar adelante sorteando la oposición y la ignorancia de sus padres y los palos que éstos les ponen en las ruedas.

La imagen que yo obtuve ayer -y que creo que responde a la del común de los padres de adolescentes españoles- es que los progenitores hispánicos sufren cuando ven a sus hijos en la red. Y que sufren porque no saben lo que los chicos hacen en ella y sufren porque desconocen absolutamente la tecnología que la rodea. Curiosamente, ignoran totalmente los verdaderos peligros de la red, mejor dicho, los peligros que, no siendo intrínsecos de la red, estamos corriendo procedentes de los que quieren mediatizarla: me refiero al tema de las libertades civiles. Ayer no saqué a relucir esta cuestión, pese a lo importante y lo trascendental que es, porque hubiera sido como hablar de mecánica cuántica en una clase de tercero de primaria. Ya es duro. Ya es triste.

Consecuentemente, las actitudes llevan a absurdos como los consejos de la madre del piloto: «Hijo mío, ve despacito y no subas muy alto»: se castiga a los hijos incomunicándolos de la red, se les coarta la privacidad obligando a que la pantalla del ordenador sea visible en un lugar común de la casa, se compara la presencia del ordenador en la habitación juvenil con la de la tele… Los padres, además, parecen convencidos de una cosa muy falsa: creen de verdad que sus hijos son unos verdaderos cracks de la red, capaces de las habilidades -y trapazadas- más temibles; la verdad es, contrariamente, que la actual generación de adolescentes tiene muy poco de hacker y que le prestan a la herramienta y a la tecnología que la permite la misma atención que a un bolígrafo. Ni conocen el funcionamiento detallado de un ordenador, ni la estrutura de la red y sus protocolos y tecnología, ni, en general, les interea lo más mínimo; para ellos el ordenador, como máquina, tiene el mismo interés que el televisor y les da igual, más allá de lo meramente práctico, Internet que Eurovisión.

En mi trabajo tenemos constantemente becarios de Económicas o de Empresariales, prácticamente a punto de terminar la carrera, y ninguno me asombra lo más mínimo en cuanto a sus conocimientos de informática, que van poco más allá de las cuatro reglas en la materia. Prácticamente ninguno conoce, por ejemplo, el uso de macros en hoja de cálculo y de muchos podría decirse que, en este ámbito, no han ido más allá del guor y no muy avanzado. Y de cultura general informática, cero patatero: no conocen otra cosa que el PC y Güindou$, indiferencia total sobre Mac -que, para ellos, es lo mismo, pero en pijo- e ignorancia total sobre Linux (pero lo que se dice total, hasta el punto de que alguno no había oído ni hablar de él hasta que lo oyó por mi boca).

Ayer, tuve que asumir de nuevo el absurdo farde de saber muchísimo de informática (cosa que única y exclusivamente es cierta en relación al nivel medio de aquel colectivo), algo que me cabrea enormemente porque parece que va uno por el mundo de marisabidilla pero, claro… ¿qué actitud cabe cuando en un grupo se habla de literatura y uno es el único que ha leído un libro en su vida? Intenté quedarme callado los primeros minutos para no mediatizar el tema (aunque hubiera sido igual que hubiera hablado desde el principio: muy pocos sabían que pertenezco a la AI y, en todo caso, casi nadie en aquel grupo conoce a la AI y a su alcance en la red), pero al final, como si fuera cosa de la ley de la gravedad, hube de hacer esgrima siquiera para apoyar argumentalmente a la profesora que dirigía la sesión, la única que conocía la red y que, por cierto, había hecho un pequeño pero interesante sondeo entre su alumnado -ESO-, a beneficio de la sesión FEAC, sobre su uso de la red y de cosas como YouTube, con respuestas, desde algún punto de vista, curiosas… o no tan curiosas.

Tuve que combatir -hasta donde pude, cuidado- conceptos como que la red o el ordenador enganchan; no sé si -con ayuda de otra madre, menos mal- pudimos llegar a convencer a los presentes de que el hecho de que una persona con un nivel de timidez casi patológico pudiera proyectarse a través de la red como no lo hacía en el mundo presencial no es intrínsecamente insano; intenté dejar medianamente claro que la red es la vida real (detrás de la tecnología hay seres humanos), en la misma medida que la presencial, sólo que vehiculizada de otra manera y que, por tanto, la educación de los hijos hacia la red funciona con parámetros muy similares -por no decir exactamente los mismos- a los del mundo presencial; y, finalmente, intenté sembrar la idea de que los distintos métodos para auditar lo que hace un muchacho en la red desde su ordenador deben ir dirigidos a protegerle, no a controlarle y que, por tanto, no debe buscarse en estos métodos ni una exhaustividad imposible ni un dominio absoluto sobre sus actividades. Me da la impresión de que en este último punto, prediqué en desierto y eso si no fui simplemente malentendido, que me temo que sí. O igual yo no me expliqué bien, porque tampoco es tan fácil explicarse cuando a cada momento te objetan lo de que «claro, para tí es muy fácil porque entiendes de esto, pero para los demás…», con lo que sólo faltó que me llamasen «bicho raro» con todas las letras.

Cuando estoy ante este tipo de auditorios, de verdad que pienso que sostener duelos de artillería con la gentuza apropiacionista es un juego de niños: realmente, luchar un poco racionalmente contra una ignorancia -ahora ya confesa, por lo que vi ayer- sostenida durante tanto tiempo que ya ha llegado a fraguar en los espíritus, es empresa dura, dura de verdad. Si tuviera que enfrentar un debate como el de ayer un par de veces por semana, no sé si habría arrojado ya la toalla: me sienta mucho mejor andar a alpargatazos con los demagogos. Y que nadie se confunda: hablo de dureza en un sentido conceptual, no formal; en términos formales la cosa fue la mar de cordial y rodeada de modales exquisitos, fue una agradable reunión de padres de familia y maestros de jovenzuelos.

Ya lo veis, pues: hay que seguir luchando. Estamos muy atrás y hay muchísimo trabajo que hacer. Debemos, además, hacerlo solos, desde la sociedad civil, porque los poderes públicos y los lideres de opinión no están por otra labor que la de arrimar el ascua a su sardina, los unos, y de arrearle fuerte a la carraca amarillista, los otros. A veces pienso que estar en el número 20 es un milagro: parecería que debiéramos estar en el 40. Y si las mentalidades pudieran ser evaluadas con la misma precisión que las variables materiales, me temo que ahí estaríamos. O más abajo.

Madre mía, qué castigo…

Gala de los ÓXCARS

¡PONTE TUS MEJORES GALAS!

En época de crisis la creatividad tiene la solución
OXCARS 2008
ALGO EN LO QUE CONFIAR

Algunas de las cosas de las que te puedes enterar en la Gran Gala de los oXcars:

Mejor desobedecer a las cláusulas de los estatutos de la SGAE que consideramos ilegales.

En los oXcars así lo hacemos e invitamos a socios SGAE y todos a los que las SGAE recauda a hacer lo mismo

¡sin dejar de ganar!
¡es bueno para ti, es bueno para la cultura, es bueno para la economía y no comporta riesgo!

La EXGAE te ofrece un gran espectáculo lleno de increíbles sorpresas y de valiosas soluciones para un futuro próspero

MARTES 28 de octubre 2008 –20,30h – Sala Apolo, Barcelona

Los OXCARS
El mayor evento internacional de cultura libre de todos los tiempos
Una gran gala no profit abierta a todos 😉

Más de 100 artistas involucrados…un total de 16 actuaciones…7 horas no-stop de cultura libre…
LO NUNCA VISTO

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Nominadas las siguientes categorías:

– Música y espectáculo Audiovisual (GRAN CONCIERTO FINAL): Matt Black (Cold Cut), Griffi, La Màquina de Turing, K-sero + offtv; Filastine…

– Premio Demanda seguro: Leo Bassi

– Categoría Literatura: wuming

– Premio Galileo Galilei: sorpresa 😉

– Categoría Mercados de futuro: 127 y Enrique Sierra

– Millones de audiencia en tu habitación: otra sorpresa…!.

– Categoría Animación: Blender Foundation

– Categoría Cine: Guillermo Zapata

Y no te pierdas las Ilegalidades Sinfónicas ni la presentación del libro colectivo de los oXcars “Los piratas son los padres”.

No PROFIT- ya a la venta entrada-bono de ayuda para financiar el evento y la asesoría jurídica EXGAE:

· En venta anticipada de 6 € a 8 € con una copa Vodkamiel opensource drink 😉 . En taquilla 10 € ).
A petición de muchos grupos, se ofrecen SÓLO EN VENTA ANTICIPADA bonos de 10 entradas a 50 Euros.

Nota: cultura libre no quiere decir gratuita: los creadores, si quieren, han de poder cobrar por lo que crean. Para lo contrario ya está la industria cultural.

PUNTOS DE VENTA
AQUÍ

O en:

Conservas- de lunes a viernes de 16h a 19h
Calle Sant Pau 58 – Metro: Liceu o Paral.lel

Tel: (+34) 933020630

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Más info:

Un programa eXpeluznante
Qué son los oxcars
¿Por qué?

Mortus est qui non respirat

Cada cierto tiempo, hay gente en la red que mata muertos con muy buena salud. Les basta para ello que determinado fenómeno experimente un pequeño retroceso o que surja una tecnología que haga lo mismo pero más simple (no más sencillo: más simple, más primario).

Últimamente les ha tocado a las bitácoras. Bueno, lo de últimamente es un decir: Manuel Almeida constata en un apreciable artículo de su «Mangas Verdes» que, por cierto, recomiendo muy calurosamente, que la muerte de las bitácoras ha sido anunciada repetidamente en 2006 y 2007. Y, sin embargo, la blogosfera no sólo no ha muerto sino que sigue incrementándose, aunque bien es cierto que ese incremento ha ido ralentizándose, es verdad que la cifra de bitácoras no se dobla tan fácilmente como antes. También es normal, es el efecto boom que, lógicamente, ya se acaba, porque las explosiones, por definición, son un efecto instantáneo, no perdura.

Tampoco puede negarse que en esto de la blogosfera no es oro todo lo que reluce y hay que reconocer que hay muchas bitácoras que nacen y mueren sin tiempo de verse siquiera inscritas en el registro civil; otras, las más, resisten un poco pero, de todos modos, mueren jóvenes. De las que sobreviven, una gran mayoría lo hace lánguidamente, con una escasísima actualización. Muy pocas, poquísimas, se actualizan semanalmente y las que actualizamos contenidos dos o más veces por semana debemos ser como gotitas en medio de un océano.

Lo que ocurre es que debemos ubicar el fenómeno en sus correctas proporciones y es entonces cuando podemos ver que la blogosfera -lo que hay de verdad como tal, una vez desechados los restos de millones de naufragios- goza de una salud de hierro y crece, no exponencialmente, desde luego, pero sí de manera apreciable y constante.

El problema ha sido, posiblemente, la facilidad formal con la que puede hacerse una bitácora: se da de alta uno en cualquiera de los muchos CMS gratuitos que hay por ahí y, hala, a escribir. Lo que ocurre es que esto de escribir parece fácil, pero pronto se descubre que, amigo, la cosa tiene su secretito y requiere su arte. Recuerdo un chiste en «La Codorniz» -mira si ha llovido- en el que se veía un busto severo y laureado y un personajillo que exclamaba: «¡Loor al prócer, que consiguió escribir un libro sin haber leído nunca ninguno!». Si yo explicara la cantidad de veces que me he puesto a escribir libros sin haberlo conseguido -y tengo tres originales a medias en un cajón, es decir, en el disco duro- y mira que he leído… Y es que, claro, hay que tener oficio. Oficio no en un sentido profesional -necesariamente- sino en un sentido… diría que agrícola, en el sentido de que hay que cultivarlo, cuidarlo, podarlo, injertarlo, mejorarlo… y, sobre todo, amarlo. Yo creo que la gran lección positiva de tantísimos millones de bitácoras frustradas, casi nonatas, es el de ese mismo número de millones de personas que creían que escribir no tenía otra técnica ni otra gracia que simplemente ponerse a hacerlo y han descubierto que hace falta toda esa agricultura. Y muchos de los que sí hemos hecho ese trabajo, hemos constatado, a expensas nuestras y mayoritariamente, que hacerlo tampoco garantiza ni la calidad ni el éxito, sino que lleva, todo lo más (¡y gracias!) a escribir con una cierta dignidad. Y vas que te estrellas.

Ahora, dicen, las bitácoras se han visto rebasadas por tecnologías más avanzadas, en el orden de las redes sociales. Falso. Twitter, por poner un ejemplo, no es una forma avanzada de hacer lo mismo que en una bitácora; tampoco los fotologs. Son cosas distintas que cubren espacios y necesidades distintas. Toda su relación con las bitácoras, a lo sumo -y no sistemáticamente-, consiste en haber dado cobijo a unos cuantos náufragos de la blogosfera, a varios de los que se han visto incapaces de escribir en serio pero mantienen una necesidad de expandir sus mensajes, sus ideas, de comunicar, en definitiva. Por eso decía al principio que se trata de tecnologías más simples o, mejor dicho, destinadas a cubrir necesidades más simples.

La bitácora requiere, además, perseverancia. Incluso aunque se llegue a dominar algo el oficio de escribidor, una bitácora necesita refresco habitual porque, de lo contrario, muere. Muere ya no solamente a ojos de sus lectores -que la irán progresivamente abandonando- sino que muere a ojos de su propio autor. Yo creo que esta es la segunda causa de defunción de las bitácoras: la renovación constante es mucho más que el truco recurrente para tener lectores propio de las, al parecer, infinitas series de «los diez consejos [y aquí póngase mejores, imprescindibles, insoslayables, etc.] para crear una bitácora de éxito», la renovación constante es el oxígeno mismo de la bitácora.

Cumplidos estos requisitos, la blogosfera real ya no es ese mar inmenso de ochenta millones de blogs, sino algo mucho más reducido, muy difícil de estimar. Pero supongamos que existen dos millones de bitácoras estables, considerando tales el número de las que han cumplido tres o más años. ¿Supondría esa crifra la muerte de la blogosfera? Y voy a los argumentos de Almeida: ¿es ese supuesto camposanto el que lleva por la calle de la amargura a los medios de comunicación convencionales que no han sabido adaptarse a lo que está sucediendo en la red olvidando que la red forma parte ya de la cotidianidad y de la absoluta normalidad del mundo desarrollado? ¿Es un cadáver eso que tiene fritos a los políticos, eso que hace que Guardans -y tantos como él- se queje amargamente de que no le dejen ejercer su democracia de pacotilla férreamente controlada por los cuatro del cortijo?

Lo he dicho muchas veces, pero no me cansaré de repetirlo: la libertad de expresión no fue más que una burla al ciudadano, un vulgar derecho de pacotilla de esos que se enuncian pero no se cumplen, hasta que apareció la red y, en ella, la blogosfera. Porque libertad de expresión no significa poder decir lo que se quiera, sino tener la oportunidad, el acceso a los medios, de que todo el mundo pueda -si quiere- oirte decir lo que quieras.

Las constituciones vigentes en occidente se redactaron mayoritariamente con la idea puesta en la prensa convencional o, las más modernas, en medios audiovisuales como el cine, la radio y la televisión. Todos estos medios requerían y requieren inversiones sólo al alcance de los Estados o de empresas de cierta envergadura, con lo que se plantearon dos necesidades: la primera, el control de la información, que podía lograrse gracias al pequeño número de agentes de su producción; la segunda, la regulación del marco del negocio, de un negocio multimillonario, tanto en inversión como en beneficios. En ese contexto, la libertad de expresión camuflaba como derecho cívico sagrado lo que no era sino una pura norma de mercado.

La red y la blogosfera vinieron a romper la baraja: la información ha dejado de estar bajo control y las empresas mediáticas se topan con una competencia… desleal, que tiene el mundo por auditorio sin invertir apenas capital. Por eso van como locos para controlar como sea a esa blogosfera tan decadente y tan mortecina. Y no vacilarán en jugar sucio -ya lo han intentado, de hecho-, y por eso recomiendo muchísima cautela con cualquier reforma constitucional, porque podrían aprovechar cualquier pretexto -por ejemplo, la igualdad de sexos en la desigualdad de oportunidades de acceso a la Jefatura del Estado- para colarnos un viaje de tapadillo en otros temas, entre los que estaría, seguro, la censura en red. Guardans fue claro: ¿qué es eso de que tengamos que pedir permiso a los jueces para hacer cualquier cosa? («cualquier cosa» = cepillarse derechos elementales de los ciudadanos).

La blogosfera no se muere. Y ahí les duele.

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