Por la tele y por el aire

El enfrentamiento entre las televisiones privadas y las públicas dura desde que existen las primeras, o sea, más de veinte años. Cuando, encima, vienen vacas flacas y aumenta la competencia gracias a la TDT (sin perjuicio de que ésta sólo haya servido para traer más mierda de la misma especie) y desciende la inversión en publicidad que, para colmo, parece que va derivando cada vez más hacia Internet, las posiciones se enconan.

Estos días estamos viviendo el enésimo encabronamiento, que tiene la particularidad de que, en esta ocasión, el ente público estatal ha entrado por primera vez al trapo de la bronca y del reparto de leña.

Desde mi punto de vista, el asunto hay que verlo desde una perspectiva doble: por un lado, la ventaja competencial que tienen las cadenas públicas al obtener financiación, simultáneamente, de la publicidad y de los presupuestos públicos y, por otro lado, la de unos presuntos derechos que sirven de base, no menos presunta, a las reclamaciones de las cadenas públicas, así que vamos por partes.

No estoy de acuerdo en la doble financiación de las cadenas públicas, pero quizá por una razón distinta de la lealtad competencial que las privadas arguyen: la publicidad como forma de financiación, obliga a que los contenidos se vinculen a la audiencia, lo que contribuye al embrutecimiento de los mismos. No es que la programación no deba atender a criterios de interés mayoritario, pero también es cierto que interés general y apetencia mayoritaria no siempre van juntos; el problema es quién decide lo que es de interés general -y, por tanto, escrupulosamente atendido- y qué es una simple apetencia mayoritaria que, sin rechazarse completamente, debe quedar en un segundo plano. Y el mal es que la solución siempre acaba llegando por la vía de la política profesional o, dicho de otro modo, por la del reparto del poder y de la vehiculización del medio en pro de ese reparto, con lo cual se acaba llenando todo de mierda.

En cualquier caso, está claro que la dependencia financiera del mercado y de los criterios privados en la distribución de la inversión publicitaria no es una buena fórmula. En esta perspectiva de la cuestión, doy plenamente la razón a las empresas titulares de cadenas privadas.

Pero luego está el otro lado: la pretensión de las empresas de la reserva del mercado. Según ellas, las cadenas públicas no deben interferir en los aspectos ya cubiertos por las privadas y los aspectos reservados a las privadas deben ser todos aquellos que pueden ser rentables. El ultraliberalismo neocon proyectado en el mercado mediático, precisamente con la que está cayendo.

Esta idea de derecho inalienable y exclusivo a lo rentable es lo que ha llevado a las cadenas privadas a patalear con el asunto del fútbol porque, según sus empresas, el fútbol -el deporte mayoritario, en general- debe quedar reservado a las cadenas privadas. Recordemos que RTVE y la FORTA (¿Se llama así? Me refiero al organismo que agrupa a las televisiones públicas autonómicas) se hizo hace unos meses con los derechos del fútbol para esta temporada (no sé si para algunas más: mi cultura en materia calzoncillera no llega a tanto) y, según la visión de las privadas, tirando con pólvora del rey pujaron con unas cantidades que las privadas no pudieron asumir por la imposibilidad de rentabilizarlas.

Pues bien: desde la comodidad de la que disfruto sabiéndome poco sospechoso de fanatismo calzoncillero, doy en este aspecto toda la razón a la televisión pública. Otra cosa es que yo no esté de acuerdo con este criterio de lo que es de interés público -es otra cuestión y otro debate- pero, asumiendo, siquiera como mera hipótesis, que el calzoncillo pudiera eventualmente tener esa consideración, creo que la televisión pública está en el derecho, o incluso en el deber, de asumir su retransmisión, por más que ésta sea comercialmente rentable y la apetezcan otras cadenas. Que se busquen la vida: no sé quién se supone que les ha dado ese derecho a la exclusiva del mercado rentable y, desde luego, yo, modesta y personalmente, no se lo reconozco en absoluto.

Por lo demás -en puridad y en el deber ser, otra cosa es la cruda realidad- en la televisión pública el ciudadano tiene arte y parte, puede reclamar por sus excesos o por sus carencias como en cualquier otro servicio público, más allá de la simple opción a sintonizar esas cadenas o no, que es la única opción que nos permiten las privadas. Sobre las que también cabría decir algo, puesto que funcionan bajo licencias públicas, pero eso sí que es ilusorio.

La representatividad del interés público que confiere -claramente- una preferencia y un mayor derecho en el mercado y no al revés. Y si las cadenas públicas no representan debidamente el interés público, habrá que articular los mecanismos democráticos para corregir la deficiencia, pero ello no devalúa este principio general. Y si al Vasile no le gusta, que se joda, que se largue y que nos deje en paz de una puta vez.

Y al resto de sus colegas, ídem.

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La aeronáutica siempre ha sido un espectáculo, y no es para menos. Todos los acontecimientos mundiales se han visto arropados por multitudes que abarrotan aeródromos, al menos hasta donde el conocimiento público lo ha hecho posible; pero es que incluso pequeños acontecimientos suscitan interés en mucha gente. Quizá sorprendería constatar el número de personas que, en un momento determinado, deambulan por los aeropuertos de Barajas o del Prat sin otro objeto que el de ver aviones… hasta donde lo permite la puta manía de una estúpida seguridad que no sirve para nada (así de claro: no sirve para nada) o la configuración de los grandes aeropuertos, en cuyo diseño el disfrute de los aficionados está muy abajo en la lista de prioridades, si es que siquiera llega a constar en ella. Si se pudiera cobrar entrada sería otra cosa, supongo (y no sé si estoy dando una buena o una mala idea).

Incluso hay fenomenologías al respecto un poco de altos vuelos; estoy pensando en los spotters, es decir, en aerotranstornados cuya afición absorbente es la de fotografiar aviones -preferiblemente en vuelo- para lo cual llevan a cabo localizaciones de una minuciosidad digna de superproducción norteamericana. En el aeropuerto barcelonés, los que están en el ajo conocen dos o tres excelentes lugares cerca de las cabeceras de las 25L y 25R, en los que siempre puede verse a alguien con un scanner y un equipo fotográfico -pocas veces modesto- haciendo méritos para que le admitan fotos en Airliners, la página de referencia del spotting aéreo. Y lo mismo en Barajas y en tantos otros aeropuertos de España y del mundo.

En Barcelona, los últimos 17 años han tenido un espectáculo aéreo como colofón y cierre de las fiestas de la Mercè, la Festa del Cel (o Festa al Cel: nunca consigo averiguar cómo demonios la llaman, definitivamente). La Festa del Cel consistió en sus inicios en una exhibición aérea el domingo corrspondiente por la mañana y, con los años, se ha convertido en un festival de fin de semana, sábado y domingo, que ha ampliado actividades y ha incluido, además, exposiciones estáticas. En algunos años, ya pretéritos, incluso los ex-coleguillas de la simulación de vuelo tuvieron su espacio oficial en la cosa. En todo caso, el plato fuerte, siempre, sistemáticamente, en todos y cada uno de los 17 años en que se viene celebrando, han sido los aviones y equipos acrobáticos militares: la Festa del Cel no se concibe (y ojo a esa expresión, que repito: no se concibe) sin la intervención de un Mirage 2000, o de un F-18, o de un Harrier («Matador» en la Armada española), o de un EF-2000, o de varios de ellos juntos. Por supuesto, cuando el modelo es de los adoptados por nuestras Fuerzas Armadas, el que se exhibe suele pertenecer a ellas; el otro plato fuerte sine qua non, es la intervención de las patrullas acrobáticas todas las cuales -salvo la Breitling- son militares: Patrouille de France, Red Arrows, Frecce Tricolori… quizá algún día el achuntamén se estire y traiga a Blue Angels, la patrulla acrobática de la Armada norteamericana (ese día volveré a acudir yo a la Festa del Cel; la razón por la que no voy desde hace algunos años ya la contaré otro día). Y, evidentemente, el máximo foco de atracción, la Patrulla Águila, la patrulla acrobática del Ejército del Aire español -que, además, es de las buenas, de las mejores del mundo mundial- que tradicionalmente ha cerrado el acontecimiento entre el entusiasmo del público, que este año se ha cifrado en 350.000 personas.

Pero ¡ah! ya tardaban los políticos en meter sus puercas manazas en el asunto y resulta que a los de CiU, a los de ERC y -no podían ser menos- a los de IC-EU-EV-y de los Grandes Expresos Europeos no les gusta que haya aviones militares en la cosa. Lo dejan caer así, muy cucamente porque, en realidad, lo que están diciendo (con disimulo, pero poco) es que no quieren que haya aviones militares… españoles. A casi nadie le cabe la menor duda de que el Carod mearía colonia Lavanda Puig (y muchos otros que no son el Carod, también) si los aviones guerreros pertenecieran a una ilusoria Força Aèria de la Generalitat de Catalunya (por desdichadas siglas FAGC, coincidentes con las del Front d’Alliberament Gai de Catalunya).

Yo casi estoy tentado de desear que lo hicieran, que montaran una Festa del Cel sin aviones militares -porque lo de la FAGC, bueno, en fin…- a ver qué pasaba y a ver si iban a ir no trescientos cincuenta mil sino cincuenta mil siquiera. Eso mismo: fastuoso festival aéreo a base de cometitas y del patético fulano con un ultraligero liderando una formación de patitos (no es coña, lo hay); y si llegaran a ir cincuenta mil -arduo logro- sería porque el equipo Breitling es digno de verse, porque por otra cosa…

Cuando a alguien le gusta algo, cualquier manifestación cultural, artística, tecnológica, gusta de ver lo mejor de lo mejor y sólo por ello se mueve de casa, y no por vulgaridades diariamente a su alcance. Guste o no, en aeronáutica, en aeronáutica de aficionados, de aerotranstornados, como nos gusta autodenominarnos, lo mejor de lo mejor y lo más espectacular es la aviación militar; nadie le hace ascos a una buena pasada de un Airbus (y más si es -como no ha llegado a ser en Barcelona- el A-380) pero lo que le saca de casa y le lleva a donde Cristo perdió el gorro (al puto fòrrum ese, que lo hacen allí ahora) es un Mirage 2000 zumbando a toda mecha o un F-18 pasando muy despacio, morro 50 o 60 grados arriba, prácticamente suspendido sobre sus escapes de cola para, en un segundo, salir disparado como si hubiera recibido una patada en el culo; o quedarse helado ante un cruce francés -delante de las propias narices- de un par de C-101 de la Águila; o ese final majestuoso, estupendo, de la Patrulla Águila todo fuera -tren, flaps- dejando sobre las cabezas del personal, tapizando el cielo de Barcelona, la bandera catalana y la española.

O sea que mientras el achuntamén quiera espectáculo de masas de verdad (es el récord de todas las fiestas), habrá aviones militares (y militares españoles) sobre el cielo de Barcelona en el primer o segundo domingo de otoño. Y evolucionarán en medio del pletórico entusiasmo de miles de barceloneses.

Y si a CiU, ERC y IC-EU-EV-Etc no les gusta… pues lo dicho al Vasile en la entradilla anterior.

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Paella binómica, en esta ocasión, pero larga, lo que hace inconveniente una tercera entrada.

El próximo jueves será 9 de octubre, en vísperas de la fiesta grande española y de la fiesta grandísima zaragozana y aragonesa. Mis amigos de por allí estarán ya planchando los cachirulos y los mantones. Si no me agobiaran tanto las acumulaciones de gente -no puedo con ellas- no sería extraño verme en la plaza del Pilar más de un 12 de octubre, pero en esas fechas Zaragoza está intransitable, por más que, verdaderamente, no pocas manifestaciones de la fiesta en la capital de Aragón han de ser espectaculares también.

Bueno, pues aquí estaremos ese jueves dando la caña correspondiente. ¡Oh, por cierto! Tomad nota: primera semana sin hablar de la crisis ni del accidente de Spanair. Que conste y obre.

Nos seguimos viendo cada día, aquí, en «El Incordio».

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Comentarios

  • JCB  On 02/10/2008 at .

    Cuando se empiezan a decidir las cosas (llevan ya mucho tiempo, pero bueno) por el color de las estelas que dejan los aviones, vamos de culo.

    A la misma hora, en algún lugar de Barcelona, se estaba celebrando una manifestación nada multitudinaria para reclamar el derecho a escolarizar a los niños en castellano. Sólo he visto una breve reseña en un telediario, para el resto de medios ha pasado inadvertida, no sé si pensar que intencionadamente…
    Desgraciadamente aparecía por allí alguna banderita del PP para aprovecharse del tema, lo que restaba bastante credibilidad al asunto.
    En cualquier caso, me gustaría saber tú opinión, Javier, al respecto.

  • Javier Cuchí  On 02/10/2008 at .

    Bueno, cuestión incidental previa: sin mucha carraca y así, como sobrevolando la cuestión, sí que salió en los medios. Que yo viera, apareció en TV3, en «El Periódico» y en «La Vanguardia». Todos dieron las cifras de la Guardia Urbana (4.000; la organización dijo 5.000) aunque el periódico empezó diciendo «2.000» y sólo después, cuando fue patente que los demás se acogían a la cifra de la GU, rectificó al alza.

    ¿Mi opinión? Estamos ante un debate muy sucio, muy manipulado y muy mediatizado (por ambas partes, además). Este problema se suscitó durante la transición, pero nadie dijo ni «mu» salvo Fuerza Nueva; no recuerdo si Alianza Popular dijo algo, pero en aquel entonces eran minoritarios (y bastante mnoritarios).

    Realmente, aquí, en Catalunya, hubo una muy fuerte presión ambiental pro inmersión que, en mi opinión, se pasó claramente de la raya. Pero entonces, cuando tenían mucha razón, no hubo cojones para montar manis y todo el mundo achantó y calló.

    Transcurrida una generación, esa presión o no existe o se nota mucho menos; creo que la gente, en su mayor parte, se ha adaptado y, simplemente, estudia en catalán y luego habla en lo que le sale de los cojones. En esta misma bitácora he dicho -y más de una vez- que en cuanto se sale del cole, el catalán a piñon fijo se acaba radicalmente y si nos ponemos en los medios de comunicación, el castellano domina, pero es que por goleada escandalosa. Ya lo dije también yo y lo constató un enviado de la UE para estudiar unas denuncias en materia lingüística: entras en cualquier librería -o en todas ellas- miras un kiosko -o todos ellos- y te preguntas cómo es posible que alguien diga que el castellano está perseguido. Hoy resulta que montar pollo lingüístico aquí (en ambos sentidos) tiene un más que evidente rédito electoral para el sector sucio de ambas partes.

    En este ambiente envenenado -por ambas partes- yo no diré que paso (nunca paso de nada y menos de algo tan grave) pero vuelvo al principio: en este tema hay manipulación Y MUCHA. Y muy asquerosa.

  • Ryouga  On 03/10/2008 at .

    Pero esos inutiles politicos no tienen asuntos mas importantes entre manos que meter sus pezuñas en algo que funciona muy bien y sin ninguna queja?

    Menos mas que por aqui en el oeste aun no han llegado a esos extremos, este verano pude disfrutar del festival aereo de Vigo, en el que participan grupos acrobaticos de las fuerzas militares españolas, portuguesas y estadounidenses, hasta ahora no ha habido quejas pero bien es sabido que ese tipo de gilipolleces son contagiosas.

  • Luis  On 04/10/2008 at .

    ¿Y no es un escándalo que haya niños en barracones dando clases y TV3 se gaste esas millonadas en derechos calzoncilleros? – se me ocurren muchos mejores usos para ese dinero público… daros una vuelta por cualquier CAP por ejemplo

    El quid de la cuestión está en que los políticos necesitan que las TV públicas tengan audiencia para poder usarlas como instrumentos de manipulación

  • Javier Cuchí  On 05/10/2008 at .

    Por supuesto, Luis; te doy toda la razón. Pero es que ese es otro aspecto de la cuestión que no estaba tratando ahí. Yo combato el inexistente derecho que se han arrogado las privadas sobre la exclusividad del mercado comercial rentable (aunque también exijo, como ellas, que las teles públicas se financien exclusivamente con dinero público).

    Otra cosa es que, salvado el derecho que tienen las teles públicas frente a las privadas para contratar los contenidos que se estimen oportunos, discutamos el derecho que tienen las teles públicas frente a los ciudadanos de contratar burradas mientras existen tantas carencias. Y en el caso de Catalunya, mientras estas carencias son tan agudas y mientras, simultáneamente, por causa de las mismas, se está armando tanto pollo con la financiación.

    Estimar que el calzoncillo es de mayor interés público que unos correctos equipamientos escolares es, sencillamente, corrupción, y, como tal, debiera llevar a prisión a unos cuantos.

    Pero eso no sucede y la culpa es nuestra. Sólo nuestra.

  • Luis  On 08/10/2008 at .

    Corrupción, cierto y la culpa – al final – es nuestra, de acuerdo, ¡por borregos!. Pero ¿cómo sacarnos del aborregamiento?, ¿cómo hacer que reaccionemos?, ¿cómo movilizarnos?, no lo se Javier.

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