Good day, mister President

Como estaba relativamente previsto, Barak Obama ha ganado las elecciones presidenciales norteamericanas. Digo relativamente porque de la plumiferada de aquí no te puedes fiar ni un pelo, porque nunca sabes si lo que pronostican es lo que realmente se prevé sobre el terreno o lo que a ellos les gustaría que pasara. Todavía recuerdo cuando a Reagan lo mataban casi semanalmente; en esta tarea de liquidación virtual que nunca acababa en Arlington destacaba el singular entusiasmo de Diego Carcedo, para el que bastaba que don Ronald se pillara un dedo con una puerta para que el otro ya le estuviera preparando el certificado. Pero no: para desconsuelo de algunos plumillas de la izquierda de pacotilla (y también para el mío particular, a qué negarlo) y para frustración de agoreros de cocina al gusto, Ronald Reagan se murió finalmente, claro, pero unos cuantos años después de haber dejado la presidencia tras dos inacabables mandatos completitos hasta el puto último día.

Obama ha prometido, en su discurso -teóricamente improvisado- de celebración de que los votos electorales conquistados no permitían ya vuelta de hoja a la cuestión, un paraíso de libertades, de buen rollito y de new deal XXI century style. Pero todos sabemos que pocas horas -o minutos- después del juramento (a lo mejor, incluso antes), recibirá una llamada telefónica o la visita de un educadísimo caballero (el protocolo, obviamente, no sé cómo funciona) que le felicitará calurosamente por su éxito, le animará a pronunciar discursos optimistas, a fomentar el pionerismo tipo Walt Whitman (Wolfe dixit) y a disfrutar de la presidencia y de sus fastos; incluso le prometerá financiación generosa para la fundación que, siguiendo la costumbre, pondrá en marcha cuando le llegue la jubilación presidencial y, por supuesto, lo necesario para un buen pasar personal y familiar, no faltaría más. ¡Pero! Las cosas que no deben ser tocadas, no deben ser tocadas; los consejos de ciertos importantes personajes deben ser siempre escuchados; y los intereses de determinadas corporaciones o sectores no deben ser nunca importunados, ni por acción ni por omisión. Y a quien no le guste, que se aguante.

Por tanto, queridos, los norteamericanos seguirán en Irak mientras les dé la gana, continuará la cruzada contra el terrorismo, seguirán siendo los gendarmes del mundo (sin control judicial of course), continuarán haciendo lo que les dé la gana donde y cuando les salga de los cataplines y, consecuentemente, seguiréis soportando vejaciones e injurias en todos los putos aeropuertos, el software libre seguirá siendo antiamericano y Zap se pondrá en pie como un pepe cuando desfile por delante la bandera del imperio. Entre otras muchíiiisimas y molestas cosas.

¿O qué os creíais?

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Anónimo  On 05/11/2008 at .

    Señor Cuchi,

    Nos guste o no nos guste, los americanos son los amos del mundo.

  • Jordi  On 05/11/2008 at .

    Los americanos son los amos del mundo pero su deuda está en manos de los chinos. Coincido con Javier en que no se va a tocar ni una coma en muchas cosas y absolutamente nada en todo el desaguisado financiero que han provocado los crápulas de Wall Street. Por lo demás, lo único que me gusta del nuevo presidente es que no tiene excesivas ganas de buscar armas de destrucción masiva.

  • Monsignore  On 06/11/2008 at .

    Carissimi fratelli:

    Estoy del presunto negro (¿por qué se empeñan en llamar negro a un mulato?) hasta la bisectriz.

    Vaya por delante que este vuestro párroco, de ser yanqui, probablemente hubiese votado al Sidney Poitier este. No por otra cosa, sino porque el tándem McCain – Palin (que mi Jefe permita que exista gente así somete mi fe a duras pruebas, la verdad) me da más miedo que una piraña en un bidé.

    Y, sin embargo…
    Y sin embargo no puedo por menos que recordar que, para los foreigners, los presidentes demócratas han sido tradicionalmente una plaga vestida de verde.
    Los republicanos tienen en el haber de su política exterior salvajadas como las de Granada (Reagan), Irak (Bush padre e hijo, lo de estos dos es una fijación familiar) y Afganistán (eso, si al casiexpresidente no le da por montar una grande finale en Irán antes de marcharse, que setenta días dan para mucho y la casa no repara en gastos), sin contar con lo del Maine (gracias, de paso, Sr. Roosevelt, de parte de mi bisabuelito, que estuvo pegando – y recibiendo – tiros en Filipinas).

    Pero los presidentes demócratas ganan por goleada en materia de enviar a los Marines a tocarle los cojones al prójimo: Empezando por Monroe y su doctrina (“América para los (norte) americanos”, que decía el Perich), siguiendo por Woodrow Wilson (Primera Guerra Mundial), el sobrinete de Roosevelt, FDR, que hizo mangas y capirotes para poder meter a los EEUU en la Segunda Guerra Mundial y así terminar con una Depresión que era incapaz de resolver, Truman (que tiene en su ledger Hiroshima, Nagasaki y la Guerra de Corea), Kennedy (glorioso palmarés que incluye haber montado el cipostio de Vietnam, lo de Bahía Cochinos, varios intentos de asesinar a Fidel – haciéndole, de paso, el favor de su vida al barbón, que a fecha de hoy sigue viviendo de esas rentas – y haber estado en un tris de desatar él solito la Tercera Guerra Mundial cuando la crisis de los misiles; ele, mi niño…), Johnson, que hizo un matadero de la sangría de Vietnam, y acabando con Clinton (tonterías como la intervención unilateral en Yugoslavia, las invasiones de Haití y Somalia y los bombardeos indiscriminados de Afganistán y Bagdad, esta última para desviar la atención pública de un problema de tintorería).

    Carissimi vermicelli, tengo miedo. Wall Street por los suelos, una crisis económica mundial, y un demócrata en la Casa Blanca… Las últimas veces que los planetas se han alineado así, nos han dejado el culo como la bandera del Japón.

    Con el agravante de que el pollo este ha llegado al solio presidenticio con un “mensaje de esperanza”, de “buen rollito”, de “talante”, pero sin presentar propuestas concretas. Lo que significa que la gente espera de este hombre soluciones taumatúrgicas; y si no es capaz de darlas, veremos en qué para la cosa. Que el unir a los de casa buscando un enemigo fuera ya fue enunciado por Goebbels, pero es algo que se practica desde mucho antes.

    En fin. Que mi Jefe nos coja confesaos…

    En otro orden de cosas, caro figlio, espero anhelante algún comentario sobre las últimas declaraciones del Bautista y su canon. Que tienen miga.

    Bacci e lametoni.

  • Javier Cuchí  On 06/11/2008 at .

    ¡Hombre, pater, que gusto verle de nuevo por estos pagos! Sea sua eminenza bienvenido, porque una bitácora sin capellán es como un copón sin hostias.

    Esto dicho… ¿es imperativamente necesario que diga algo sobre lo de don Teddy? Porque es que este hombre se retrata solito; yo aún estoy por los suelos de la risa. Va a haber que hacerlo prohibir porque va a ser la ruina de los bloggers, absolutamente imposibilitados de superar su genialidad.

    Su última parida ingresará en los anales de la Historia (¿o en la historia de los anales?) 😉 con los mismos honores de aquello tan cachondo de pendejos electrónicos.

A %d blogueros les gusta esto: