La visibilidad del software libre

Desde hace algunas semanas, justo desde que dejé de comprar (para siempre, me temo, snif) El Jueves, dada su ya pública y notoria disciplina a los mandatos de Telefoníca, cuando, por lo que sea, no voy a nadar y almuerzo por ahí, compro revistas de informática. Ninguna del otro mundo -iba a decir del otro jueves, pero no-, de pura divulgación para consumidores más bien tirando a compulsivos, pero suficientes para despejar las pajaritas en la exigua hora de comer entreteniéndome un rato -odio comer con compañeros de curro (salvo rarísimas excepciones): sólo saben hablar de trabajo o de chafarderíos del trabajo, y no sé qué odio más mientras como- y descubriendo alguna cosilla. Y, sí, cosillas se descubren, ya lo creo. En lo particular, como uno no es ubícuo ni siquiera en la red, es raro pillar una revista de estas que no te sugiera un sitio web interesante y/o curioso y/o un pequeño truquito (los grandes, quedan reservados para el puto Güindou$). Por lo demás, son revistas baratas -menos de 2 EUR- y no como las de Linux que, así en general, además de mal editadas y frecuentemente ininteligibles, no bajan de los 5 o 6 EUR. La verdad jode (especialmente a mí, en este caso) pero curte: lo digo siempre, desde que lo leí por primera vez, y cuanto más lo digo, más cierto me parece.

Pero, a base de ir leyendo estas revistas, a las que nunca había hecho demasiado caso antes, me doy cuenta de que el software libre va teniendo un papel importante también en la informática de consumo. Pero un papel… elíptico; o sea, nadie sabe lo llenas de software libre qu eestán sus páginas.

Hoy leo en una de ellas una comparación entre clientes de correo electrónico. Gana, por su puesto -¿cabía la duda?- Mozilla Thunderbird 2.0 con la anotación Nada que decir en el apartado «Puede mejorar…» y con aplausos estentóreos por parte del comentarista cuando se refiere a la seguridad, que define no sólo mejor sino que, en este ámbito, marca un claro y largo trecho por delante del que le sigue. A una cierta distancia también está ahí presente Evolution 2.24, aunque ya con alguna objeción (de hecho, el único que ha salido libre de ellas es Thunderbird). Bueno, por supuesto, todo eso es opinable -aunque yo lo tenga claro, pero eso es poco importante- y ahí cada cual modulará la cuestión en función de su propia experiencia como usuario. El que la tenga.

Lo que verdaderamente me molesta es que no se mencione siquiera el hecho de que muchos de estos programas tan eficientes se divulgan bajo licencias libres y, es más, muchos de ellos nacieron ya como libres al servicio de sistemas operartivos libres. Lo digo de otra manera: es fácil que, sin llegar a descender a extremos de ignorancia abyecta, haya muchos usuarios de software libre que, tomándolo por morroware bajo Güindou$ (si digo freeware contribuyo a oficiar la ceremonia de la confusión) no paran de lanzar alabanzas a Micro$oft. Oye, bájate Mozilla, que es gratis y va de bien… Y el otro, creyéndose que la maravillosa comunidad Micro$oft sin ánimo de lucro le está dando maravillas por la cara. Y aún hablo de una revista que, en cada comentario, se molesta en poner el símbolo de cada sistema operativo que utiliza, de modo que tanto en Mozilla como en Evolution aparece Tux, el ilustre pingüino emblema de Linux (además de en otros dos o tres también compatibles). Pero en ningún caso aparece en primer lugar; le preceden los dos símbolos de Güindow$: ecsP y el devoto de Santa Lucía.

Aunque va mejorando aquí y allí, el mundo del software Linux sigue teniendo un problema de proyección pública: entre los FUD del enemigo y la peña que cree que todo lo que debe preocupar es la ingeniería, resulta que el enemigo acaba apropiándose sin hacer nada, gratuitamente, con l oque pertenece al mundo libre. Hubo tiros bombas y puñalaes cuando la FSF publico la GPL v. 3, pero ni en ésta ni en las anteriores se incluyó una cláusula que obligara al divulgador a mencionar expresamente el carácter de libre de ese programario, incluso en simples artículos o ámbitos de divulgación. No sé, algo como la «R» o las «TM» inscritas en el circulito, pero especial para el tema: SL, FW, hasta, mira, OS… lo que se quiera, pero algo.

En el mundo del software libre sigue habiendo demasiada ingeniería. Y cuando digo demasiada no me estoy refiriendo a las fases de desarrollo (apañados estaríamos si los tecnolerdos como yo tuviéramos que desarrollar) sino en el ámbito de la divulgación, del activismo. Los ingenieros -los conozco bien, y de varias especialidades- tienden a creer que la física brillará por sí misma, al modo como los ilusos se creen que hagan lo que hagan, como son inocentes, la justicia brillará sola; eso es: como tú eres inocente, no vayas a buscar a un buen abogado y no corras, no, que ya verás cómo te va a poner el culo la $GAE.

Los activistas tenemos una asignatura pendiente que es la de absorber la tarea divulgativa; tenemos -siento tener que expresarlo así- que arrebatar la divulgación a los desarrolladores, a los que se les está escapando de las manos el mérito de su propio trabajo. Pero a mí me subleva cada día más oir a gente levantar la ceja de extrañeza cada vez que oye hablar de software libre y resulta que, cuando menos, una cuarta parte de los recursos que está utilizando en un momento dado en su cacharro es software libre. Tenemos que trabajar muchísimo este campo.

Dicen -he subido yo mismo algún comentario en este sentido a Linux-GUAI– que los NetBooks van a llevar a Linux a una implantación en el mercado como nunca antes había visto e incluso como hasta hace poco los propios activistas, usuarios y desarrolladores no habíamos soñado. Ojalá. Pero ya hace mucho tiempo que el software libre está muy implantado en el mercado. Y lo está gracias, precisamente, a que sus licencias y sus desarrolladores tienden a favorecer a todos los usuarios, no solamente a unos y a otros y, por ello, los instrumentos más acreditados del software libre están disponibles no sólo para Linux sino también para Güindou$ y para Mac. Y en algún caso, para otros sistemas también.

Hay que sacar partido a esta generosidad y no sólo eso: hay que dejar claro que esa generosidad no es realmente tal, que la comunidad del software libre cree que los usuarios tenemos derechos morales y que, desde el software libre, no se hacen regalos; en realidad, no se hace más que cumplir con la obligación ética de dar a la gente lo que es suyo. Al contrario que hacen otros, que roban y, encima, obligan a pagar… sin en realidad dar nada.

Esto es lo que hay y no otra cosa.

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