Incompetencias lingüísticas

Hay cosas que hay que hay que leer dos veces para creerlas, pero ahí están: el preboste de la sección filológica del Institut d’Estudis Catalans (el IEC es como una Academia, pero multidisciplinar) pide sanciones para los periodistas que utilicen mal el catalán.

Menos mal -conviene matizarlo- que luego leemos más y vemos que no predica una sanción administrativa o penal a cargo de los poderes públicos, sino que requiere algo que, en el fondo, creo que es perfectamente deseable: que los directivos de los medios de comunicación pongan en la puta calle de un certero puntapié al plumífero que no maneje el idioma correctamente. Se le ve el pelo de la dehesa talibán, desde luego -con el tema del catalán siempre están prestos a desenfundar el revólver o a arrear con la porra-, pero deja la cosa arregladita cuando, con toda la razón del mundo, pone a parir al conjunto de la profesión periodística, también en castellano. O sea que vamos a pensar que el escandaloso y confuso titular es culpa también de las habilidades de un becario o, en todo caso, de alguien de cuyo nivel profesional no le va mucho más allá.

Bueno, en fin, si dejamos aparte el catalán o, mejor dicho, incluimos el catalán en un todo, la cosa ya está en otra onda mucho más plausible. Porque, efectivamente, tal como dice Joan Martí, que es el aludido, en España -bueno, él dice Estado español, porque ya se sabe que España no existe, hay que joderse- hay una deplorable valoración de la competencia lingüística. Y es una gran verdad: aquí se habla fatal y se habla fatal desde arriba hacia abajo. Es decir, si los que debieran ser espejo y modelo del lenguaje hablan como verdaderos barriobajeros, es lógico que el vulgo -que es necio, como ya sabemos desde Lope- hable una jerga demencial.

Ayer por la noche, sin ir más lejos, a la espera de la hora de las noticias de TV3 -tan manipuladas y falsarias como en las demás cadenas, pero formalmente correctísimas, algo es algo- vi casualmente el inicio del telediario de la Sexta, y así, al vuelo, cacé, hablada y en titular escrito, esta delicada expresión: «Calderón raja contra Florentino». Por eso sintonizo TV3, porque en TV3, si se hablara en castellano, se diría: «Calderón se expresa muy duramente contra Florentino» o «Ataque verbal de Calderón contra Florentino» o «Calderón cubre de improperios a Florentino» o «Calderón dedica durísimas palabras a Florentino» o cualquiera de las otras decenas de posibilidades.

Leer periódicos es absolutamente deprimente: la total carencia de recursos lexicográficos, los crímenes espantosos contra la sintaxis, el uso de lugares comunes horribles (como, por ejemplo, los que caracterizan lo políticamente correcto), la ignorancia supina en la conjugación de los verbos, la invención de palabros, el uso innecesario y frecuentemente estúpido de barbarismos, el uso de registros inadecuados (hablar de una sesión del Congreso como de un partido de fútbol o describir un partido de baloncesto como la batalla de las Termópilas).

No domino ningún idioma extanjero lo suficiente como para saber si su uso por el común de la población se hace con más o menos corrección; no me hago muchas ilusiones sobre el inglés que se hablará en el East End londinense, pero estoy seguro de que si a un periodista de la BBC se le ocurre decir que Calderón raja contra Florentino, al minuto siguiente se verá trasladado al sótano con la responsabilidad de clasificar los anuncios de ungüentos aparecidos en toda la prensa europea durante el siglo XIX.

Aquí, ni en sueños. Un país que le ríe las gracias a alguien tan lamentable como Chiquito de la Calzada, no por su intrínseco humor -que es malísimo- sino por la jerigonza impresentable con la que se expresa, está claro que tiene un problema con su lengua muy grave.

Hace pocos días, mi hija mayor (1º de Bachillerato) llegó a casa cabreadísima porque en un ejercicio de castellano le habían rebajado la nota de 8,5 a 6 al descontarle las faltas de ortografía; y lo propio en un ejercicio de catalán que vio un 6,5 inicial convertido en las cenizas suspensas de un 4,5 precisamente por lo mismo. No encontró en mí consuelo alguno, al contrario: le manifesté mi intención -de boquilla, claro- de enviarle a cada profesora un ramo de flores con tantas rosas como faltas de ortografía hubiera descontado. En el Bachillerato no son tolerables y no debieran ser toleradas las faltas de ortografía, y menos en masa. Una cosa es una pifia aislada, que todos podemos cometer en un momento dado, más por despiste que por ignorancia (sin descartar ésta, eventualmente), como acentuar un monosílabo no diacrítico, este tipo de cagadas… y otra muy distinta es que, en ciertos niveles formativos, a razón de medio punto por falta, un notable se convierta en un aprobado o un aprobado largo se troque en suspenso. Esto ya no.

Y ojo: esto mi hija, que lee bastante. No quiero ni pensar en los derramamientos de sangre ortográfica que causarán los abundantes burros incapaces de leer más de veinte líneas sin ser víctimas de un soponcio.

Porque, claro, la ortografía, se aprende; la sintaxis, se aprende… Pero el léxico, el lenguaje preciso, la elección del registro correcto en cada momento, se adquieren leyendo. Y aquí no lee ni el potito. Señores: este es el país de los resúmenes ejecutivos. Aquí, un estudio enjundioso de ciento veinte páginas viene precedido de un resumen ejecutivo de página y media (a todo estirar) y aquí se termina la lectura. La cantidad de veces que, en el ámbito del activismo internauta, cuando se ha planteado entregar un escrito a los diputados (je, menuda peña, estos…) he tenido que pedir templanza en la extensión: no más de media página. Pero… ¿cómo vamos a explicarles a estos tíos en media página lo que es un coste total de propiedad (TCO) de un sistema informático? me preguntan escandalizados mis interlocutores. Haced lo que queráis -les contesto- pero como tengan que pasar hoja, el escrito será inmediata y automáticamente archivado en la «P». Y es así, tal como lo cuento.

Si de los engominados del resumen ejecutivo o de los diputados de la media página nos vamos a la lectura de libros… bueno, eso es entrar en los estadios de la depresión más espantosa. Y la mayor parte de lo poco que se lee -¡Santo Dios lo que llego a ver en el autobús!- ya es pasar directamente de la depresión a abrirse las venas. Los best sellers de hace veinte años eran obras maestras de la literatura universal al lado de la bazofia que venden ahora como churros (hasta donde quepa decir que algún libro se vende como churros): no hay más que ver al finalista del último premio Planeta (por poner un ejemplo que, de por sí, tampoco va mucho más allá).

Pero se equivoca el señor Martí si cree que el camino de la represión es la solución de los males del lenguaje. Darle un puntapié al periodista es -quizá nunca mejor dicho- matar al mensajero. El problema está en los planes de estudio, que parecen ideados por perfectos analfabetos, por una corporación de merluzos sólo aptos para el seguimiento del vuelo de las moscas, por cagapalanganas inútiles procedentes de las maquinarias del partido que acarrean prefiero no saber qué frustraciones. Es ahí donde hay que incidir. Que periodistas recién licenciados circulen como verdaderos analfabetos funcionales es algo que, desdichadamente, ya no tiene remedio. El remedio hay que aplicarlo a partir de P-3 y entonces sí será efectivo.

Pero para ello habría que propinar muchísimas patadas en los dientes, tantas, que para los periodistas medio lelos, aun siendo tantos como son, bastaría reservar apenas un diez por ciento. Y que fueran los últimos en recibir, claro.

O sea que no hay nada que hacer.

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Comentarios

  • Jordi  On 19/11/2008 at .

    Desde 1º de BUP, en mi colegio restaban puntos por faltas de ortografía, tanto en catalán como en castellano. A base de bofetadas como éstas, juro y perjuro que tengo un nivel digno en las dos lenguas. Y si hubieran hecho lo mismo con el inglés, otra gallo cantaría.

  • caep  On 25/11/2008 at .

    Qué es esto de borrarme mi comentario??? Flipo.

  • Javier Cuchí  On 25/11/2008 at .

    Pues lo siento mucho, pero no soy consciente de haberte borrado nada. No a propósito. Igual el antispam ha detectado algo que no le ha gustado (¿habías puesto un enlace, quizá?) o en una borrada masiva se me ha podido ir la mano, cosa que, desgraciadamente, me pasa con alguna frecuencia.

    Te presento mis excusas y, por supuesto, si deseas reenviar el comentario, será bien recibido.

  • caep  On 25/11/2008 at .

    ah, bueno… pensé que me habías borrado…

    demasiado largo para repetirme, gracias!

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