El modelo idóneo

Me llenan de orgullo -esta vez legítimo y apropiable en parte indivisa- las declaraciones del doctor Paolo Macchiarini, el artífice del primer transplante de tráquea que, merced a la tecnología por él desarrollada en el uso de células madre del receptor sobre el órgano del donante, ha sido un pleno éxito, donde parece que sin esta técnica es algo absolutamente imposible, y, además, permite una excelente calidad de vida al enfermo, que no necesitará depender de compleja medicación inmunodepresora como una condena a cadena perpetua.

Y decía que me llena de orgullo porque yo soy, en última y humildísima molécula y ex aequo con mis demás conciudadanos, parte de ese éxito, o así cabe entenderlo cuando Macchiarini manifiesta cosas como «La mentalidad dinámica y abierta que he encontrado aquí es única, no la he conocido antes. Esa apertura en la forma de pensar me ha permitido trabajar con grupos de científicos de otros países y desplegar una logística muy compleja sin encontrar ningún tipo de impedimento». Y continúa «El Periódico»: «Macchiarini tiene en lista de espera, para intervenir de forma inmediata en el Clínic, a otras dos enfermas que precisan un trasplante de tráquea en las mismas circunstancias que la primera. Una enferma vive en Alemania –es una mujer joven, madre de dos hijos, con cáncer de pulmón– y la otra, en Alabama (EEUU). Sufre cáncer de tráquea. “La sanidad pública española lo permite -explica-. Existe la libre circulación internacional de enfermos, y el Clínic ya es un centro de referencia europeo en enfermedades del aparato respiratorio”».

Y ahí quería yo llegar: no es que me sienta copartícipe necesariamente de ese talante-¿por qué no, por otra parte?-, de esa mentalidad abierta que describe (los médicos del Clínic viven en una sociedad de cuyo carácter general -si así puede decirse- participan y en esa sociedad estoy yo incluido, y tú, lector, y tu vecino de arriba), pero sí, claramente, me siento copartícipe, como ciudadano, de esa sanidad pública, de ese modelo asistencial que don Paolo elogia.

Este éxito, cuyo principal -que no único- artífice atribuye al entorno socioprofesional y a nuestro modelo asistencial, es un firme punto de apoyo para obligar a los politicastros a mantener el modelo contra viento y marea y para obligarles a mejorarlo aunque sea a puntapiés en el trasero, empezando por recuperar las posiciones perdidas tras tantos años de privatización de hecho (y solapada, los muy cabrones) y de desinversión en cantidad de recursos humanos. Afortunadamente, la vocación, la capacidad y el esfuerzo de los que han podido aguantar en las estructuras públicas, así como ese ambiente tan propicio creado por ellos mismos, han alcanzado un éxito de gran reconocimiento a nivel mundial, éxito que, por lo demás, constituye un plato cuya guarnición está compuesta por decenas y centenares de otros éxitos, menos espectaculares pero no menos importantes, que permite constatar que, pese a la desinversión, la calidad científica no ha disminuido (aunque sí, en ciertos aspectos, la calidad asistencial, propiamente dicha).

El dedo del éxito ha señalado hoy la bondad de un modelo. Y que se joda Friedman.

Eso sí: hay que arreglar lo de los estudiantes con maleta.
😉

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