Ira social y bulos mediáticos

De la serie: Correo ordinario

Ayer, domingo, cundía la alarma en la red ante una noticia aparentemente espantosa y bochornosa: «Todas las familias españolas pagarán 35 euros al año de canon por una línea ADSL, según el borrador de la nueva Ley de Propiedad Intelectual». Este era el titular de la noticia que publicaba «El Confidencial Digital» citando como fuente la plataforma «Todos Contra el Canon».

En primer lugar, estoy en condiciones de desmentir rotundamente el origen de la noticia que no es, de ninguna manera, «Todos Contra el Canon». Así lo ha comunicado Víctor Domingo, el presidente de la AI y enlace de ésta con TCC, tanto a los demás miembros de la Junta directiva como en la lista de correo de la Asociación. O sea que lo que digo es oficial, por una vez y sin que siente precedente en esta bitácora.

En segundo lugar, parece un poco complicado que, como dice la noticia, vaya a haber una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que «[…] entre en vigor durante el primer trimestre de 2009» (sic). No ha aparecido borrador ni proyecto alguno en ninguna parte -no, desde luego, en prensa, pero tampoco en ningún boletín oficial parlamentario- y, siendo así, parece dificil imaginar la tramitación de una ley tan compleja y tan polémica como para que culmine un supuesto 31 de marzo cuando, a 22 de diciembre, no se sabe sobre el asunto más que esta noticia.

En la lista de correo de la Asociación se han aventurado algunas tesis, y hay una que me parece especialmente plausible: la ira cívica generalizada contra la $GAE, a la que se añade la alarma causada por las declaraciones del ministro de la pobre Cultura, el hombre este, Molina, hace pocas fechas, en el sentido de que estaba pergeñándose una legislación antipopular (sic) para poner fin a las descargas P2P, ha causado la aparición de fantasmas o, si se quiere, la resurrección de algunos muertos.

Hace pocos días, veíamos a muchos medios de comunicación haciéndose eco con más de un año de retraso del affaire del «invitado fantasma», el infiltrado que grababa vídeos de bodas por cuenta de la $GAE para que ésta reclamase el canon por la música que suena en las mismas. Ahora, tenemos esta noticia que, según se ha comentado en la lista de la AI, podría tener una antigüedad de dos años, o quizá más, cuando se estaba tramitando la última y muy polémica modificación de la LPI y todo eran rumores y globos sonda sobre cómo iba a perfilarse el canon, rumores y globos sonda que tuvieron sus aciertos, sus fallos y también lo que, siendo en principio aciertos -predicción de diversas abominaciones- decayeron porque pudieron evitarse las atrocidades que vaticinaban.

La prensa convencional, en red y en papel, conociendo la especial sensibilidad ciudadana hacia este tema, busca afanosamente noticias… y las encuentra. Claro que sin mirar la fecha de publicación original… que no siempre consta. Yo mismo, en los inicios de Linux-GUAI, me dejé colar una noticia anticuada sobre una distribución SuSE, dando por inminente la aparición de la versión que, justamente, estaba a punto de quedar obsoleta. Pero, claro, si está mal que me pase a mi, responsable de lo que no deja de ser un medio, aunque también es cierto que no soy, en términos profesionales ni académicos, periodista, mucho peor está que esto le suceda a un periódico -en red, en este caso- y que, encima, el redactor se estire sacándose de la manga primeros trimestres de 2009.

En fin, la noticia en cuestión ha sido incluso catalogada de rumor sin fundamento en Barrapunto, que ubica su fuente en listas de correo del año 2007.

Yo no sé muy bien si esto es bueno, como señal, o es intrínsecamente malo. Hombre, la intoxicación -sea voluntaria o sea a causa de la falta de contraste de una noticia- es siempre perversa y realmente no puede salir de ella nada bueno nunca. Por tanto, ni siquiera como señal o indicativo de algo es bueno, pero sí que, en este único sentido, es útil, porque es la constatación de que la presión que el apropiacionismo -con la $GAE a la cabeza- le está metiendo a la sociedad está llegando a su punto álgido y la caldera podría estallar. ¿De qué manera se produciría el estallido? No lo sé, la verdad. El sábado hubo una protesta antiapropiacionista frente a la sede del PSOE en la madrileña calle Ferraz, y no concentró a más de un centenar de personas; una explosión por este lado y que, de la noche a la mañana, concentrara miles, sería verdaderamente impresionante (y, para más de uno, espeluznante). Ya iría siendo hora de algo así. Pero está claro que una convocatoria de ese seguimiento no podría salir exclusivamente de la red, porque de la red, hoy por hoy, es difícil que surjan manifestaciones nutridas hacia la calle.

Pero también tenemos estos días la noticia de que Orange habría adoptado una postura colaboracionista en línea con la tan solicitada por el apropiacionismo «ley de la señora Sarkozy». No conozco en este caso el origen de la fuente, pero es de esperar un rápido desmentido o una no menos rápida alineación de las otras telecos en la postura. Y esto súmalo a las declaraciones del señor este, Molina, el ministro de la desgraciada Cultura.

Desde esa óptica, tampoco sorprenden -pese a que no las justifica- las cagadas mediáticas y la resurrección, quasi evangélica, de noticias ya pasadas. Hay una ira social enorme, muy grande, y algunos medios quieren sacar tajada de ella a toda costa, aunque sea a golpes de falta de seriedad.

Veremos por dónde sale este, Molina, y su norma antipopular (sic), pero yo, en su lugar, iría con mucho cuidado, porque el horno no está para bollos y lo que sí puede ver cualquiera fácilmente, es que, en este orden de cosas y en la materia que tratamos (los abusos del apropiacionismo) está la ciudadanía hipersensible. Ojo, porque las europeas están a la vuelta de la esquina y, aunque tienen todavía una importancia muy secundaria para los partidos -no, en cambio, para los llamados a asumir el chollo de los escaños-, Zap las va a tomar como una señal de por dónde respira el electorado (y si lo hace así, hace muy bien). Cuidado también con el viejo truco de dejar pasar las elecciones para metérnosla doblada porque, una vez pasadas las europeas, la distancia hasta las próximas generales se habrá acortado sensiblemente.

Por supuesto que, desgraciadamente, la amigable complicidad con la codicia de la cultureta no es suficiente como para provocar graves disgustos electorales, pero en la Moncloa saben que sí tiene un coste -lo evaluaron, según parece, con bastante precisión y no les gustó nada el resultado- y que este coste puede llevar a lo insufrible la factura que indudablemente va a pasar la crisis. Y seremos muchos los que no cejaremos en echarle mucha guindilla a ese feo plato. No obligar al tío ese, a Molina, a envainársela, puede obligar a que muchos otros se la tengan que meter donde les quepa.

Y si no, al tiempo.

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