Un mal año

De la serie: Correo ordinario

Anochecido ya el día 30 de diciembre, está claro que esta va a ser mi última entrada del año 2008. Si mañana tengo algún rato que pueda dedicar a la bitácora, lo entregaré, sin duda alguna, a la paella que verá la luz -en su caso- el primer día de 2009. Cierro, por tanto, el año incordiante de 2008 y -es tan recurrente como inevitable- habrá que hacer un resumen.

Hace pocos días, Víctor Domingo se dirigía a los socios de la AI a través de la lista de correo de la entidad, pidiéndonos que le chiváramos hitos positivos del año 2008, en términos, se comprende, de tecnología, red y demás, de cara a preparar un buen artículo-compendio para la página web de la Asociación. No pudimos. No todos los socios -ni la mayoría- estamos en la lista, puesto que la suscripción no es automática e inherente con la afiliación, sino que hay que solicitarla expresamente, pero sumamos en ella unos cuantos centenares. Pues lo dicho: salvo pequeñas anécdotas, salvo pequeños acontecimientos de tercera o cuarta fila, indignos de figurar en una recopilación de fin de año, lo cierto es que no encontramos nada merecedor de mayor mención. Se entiende, a nivel español (aunque tampoco fuera de nuestro ámbito socio-político puede hablarse de grandes acontecimientos: que si el crecimiento de las redes sociales -que está por ver en qué acaba-, que si los netbook y la nube, que si Fedora y Ubuntu… nada, pequeñas boñigas, caca de cabra en un erial).

No quisiera pecar de apocalíptico, pero esto me parece grave. Me parece grave si tenemos en cuenta que atendiendo a su potencial social, político, económico y, sobre todo, tecnológico, Internet está en sus balbuceos y que, incluso desde perspectivas muy conservadoras, cabría esperar en el corto plazo avances tan espectaculares que la dificultad de un resumen como el pretendido por Víctor debería residir en seleccionar entre tanto y no en buscar entre la nada. Y, sin embargo, damas, caballeros y militares sin graduación, el 2008 ha sido posiblemente el año más anodino desde que la red está al alcance del ciudadano común. Pongamos que de los últimos doce o catorce años. Pongamos que desde siempre. ¿Se ha muerto, pues, la red?

No. Yo creo que es evidente que no. Pero 2008 ha sido un año muy difícil, muy difícil en todos los órdenes. El orden económico -trascendental- se derrumbó moralmente desde los mismísimos principios del año que ahora despedimos y de todas las maneras desde su primavera, desde que la crisis, la tan manida y por algunos obstinadamente negada -al principio- crisis dejó de ser un rumor, una mera actitud, para plasmarse en unas cifras que meten miedo. Y lo que te rondaré, según parece. Obviamente, en este clima los primeros que cascan son los emprendedores (al menos hasta que el subsidio de desempleo va llegando a su fin) y la red es emprendeduría pura (con perdón por el palabro).

Pero hay algo más que eso y yo diría que mucho más que eso. Las oportunidades que la red ofrece son tan enormes, tan amplias, tan inabarcables, que parece un poco dificil de creer que una crisis, por profunda que sea, detenga al pelotón de los valientes que saben ver muchísimo dinero, grandes fortunas, en cualquier rincón, aunque sea vendiendo o fabricando los candeleros en que los capones ponen, gimiendo llorosos, sus velas a Santa Rita.

El problema, creo yo, está en el propio terreno de juego. Yo creo que 2008 ha sido el año en que la red se ha visto convertida en un barrizal, un año en que los agentes externos, los zombies supervivientes de los modelos obsoletos del siglo XX (y no siempre de finales del siglo XX) han logrado meter miedo a los usuarios de la red. Y esto rompe con las reglas. Un emprendedor valiente puede intentar un negocio de reparaciones de emergencia a pie de carretera basado en vehículos bien equipados circulando por las autopistas, confiando en la calidad y competitividad de su servicio, aún cuando el uso de las autopistas haya descendido en un 30 por 100. Pero, por más emprendedor que se sea, el negocio es imposible bajo la amenaza de cerrar la autopista si no se subvenciona largamente a los concesionarios cómodamente instalados en su negocio de siempre sin otra cosa que hacer que esperar a que las grúas les traigan a los usuarios.

La ciudadanía -y ahora cambiamos de plano, pero no de problema- aún no comprende lo que esto significa. La ciudadanía ha sido condicionada para temer a la red y, en consecuencia, la ciudadanía aplaude muchas de las agresiones que se le propinan a la red y a sus dinámicas, ignorante de la cuerda que se está poniendo en el cuello a sí misma. Los ciudadanos en red, encima, sobre ser aún minoritarios -una gran lacra de este país- somos acomodaticios, vagos, y, en esa molicie, creemos que la propia y simple dinámica de la red, más algunos eventuales pelotazos mediáticos fuera de ella, serán suficientes. No lo son. Los internautas -todos, no sólo los socios de la AI- tenemos que mentalizarnos de que, sin perjuicio de interactuar en red, hemos de salir a la calle, porque las decisiones se están tomando mirando a la calle y no a la red. Y la calle está desierta.

Internet es un plato de difícil digestión -puede comprenderse- para los que van a morir de ella: los políticos, que pierden el control de la organización del consentimiento; los empresarios, a los que la red rompe sus esquemas industriales y comerciales clásicos y tienen pánico al cambio; los sindicatos, por lo mismo que los políticos; los de la cultureta, por lo mismo que los empresarios; los medios de comunicación de papel, televisivos y radiofónicos, por lo mismo que todos los demás. Es muy difícil que consigan matar la red, pero si una posibilidad tienen es nuestro convencimiento de que la red puede con ellos sola, como si fuese intrínsecamente una promesa divina insoslayable. Y no. Cometieron un error muy grave despreciando el juguetito de los geeks y han caído en la cuenta ahora, cuando los daños son muy graves, cuando la red ya es irreversible como fenómeno, cuando ya no hay vuelta atrás; pero, ya que no pueden romper la baraja, pueden hacerse con la banca: lo están intentando y lo están consiguiendo.

Esta victoria -de momento, parcial- es, a mi modo de ver, lo que verdaderamente ha caracterizado el año 2008: el principio del fin del dominio de la red por los ciudadanos. Para mí, esto es diáfano. Ahora hay que contemplar 2009 como el año de una de estas tres posibilidades: o bien el fin definitivo de la ciudadanía en red, o bien, sin llegar a tanto, una ampliación de lo sucedido en el 2008… o bien el año en que se demuestra que lo del 2008 fue una pequeña punta hacia abajo.

En nuestras manos está. Repito: en nuestras manos. Que nadie se quede balanceándose en la mecedora del porche mascando pétalos de margarita creyendo que las dinámicas de la red lo arreglarán todo por sí solas. De eso nada: la red no funciona por sí sola. Nunca ha funcionado por sí sola. La red la hemos hecho los ciudadanos y sólo los ciudadanos la hemos llevado a lo que es ahora, en lo bueno y en lo malo. Si renunciamos a seguir edificándola, otros vendrán a convertir lo que hasta hoy fue casa común en su bunker particular. Exclusivo y, sobre todo, excluyente. La red, Internet, no tiene un dios protector que la preservará del enemigo y de nuestra propia ineptitud.

La red será -lo ha sido siempre- de quien la coja.

A atar bien los machos el 2009

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Comentarios

  • Jordi  El 31/12/2008 a las .

    Bon any nou!

    Seguiremos combatiendo.

  • Starblank  El 31/12/2008 a las .

    Aún así y de todas formas,… ¡Feliz año nuevo!

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