Bon dia, Laia!

De la serie: Pequeños bocaditos

Los primeros catalanitos de este 2009 son todos hijos de inmigrantes. No porque el 24 por 100 de los nacimientos sean de hijos de inmigrantes, como ha indicado la consellera Geli tontamente, porque resulta que los primeros catalanitos de cada una de las provincias es, a su vez, hijo de inmigrantes, cuando en las cifras de la prebosta sanitaria debiera haberlo sido sólo uno. La realidad, todos la sabemos, pero no queda políticamente fina: la mayoría de los indígenas tenemos a nuestros hijos en mutuas privadas, muchísimo más cómodas, y sólo recurrimos a la sanidad pública, de mucha mayor calidad, cuando tememos que algo pueda ir mal porque se ha torcido una ecografía o una monitorización; y sólo los niños nacidos en la sanidad pública computan en este concurso virtual del primer barcelonés, catalán, español, europeo, bilbilitano o el gentilicio oportuno correspondiente.

Nuestra primera barcelonesita del 2009 se llama Laia y es hija de uruguayos. Hija de inmigrantes, pero ya no inmigrante ella misma; ella es de aquí por todos los conceptos: tendrá su DNI, su pasaporte de la Unión Europea-Reino de España (a lo mejor hay suerte y llega a ser el de República Española), hablará catalán y castellano como si tal cosa y los balbuceará ambos antes de cumplir los dos añitos, tendrá derecho a recibir educación gratuita hasta su mayor edad -forzosa hasta los 16- y, si lo desea y reúne los requisitos, podrá acudir a la Universidad. Quizá andando el tiempo sea juez, catedrática, ministra (¡no lo quiera Dios!) y, a lo mejor, incluso general; o quizá, conductora de autobús, maquinista de tren, diseñadora gráfica, funcionaria o trabajadora social. Para ella, todas las opciones, todas las puertas están abiertas en la misma medida en que lo están para mis propias hijas. Y que esas puertas se mantengan abiertas -porque no faltarán cabrones que querrán cerrárselas a Laia- es un desafío de decencia para nuestra generación, para los españoles de hoy. Todo lo que le vamos a pedir a Laia los españoles, los catalanes, los barceloneses, los europeos o los bilbilitanos de socarrel es que se una a nuestro proyecto, que lo haga suyo porque, en definitiva, es suyo. Con todas las aportaciones que traiga de la cultura de sus padres, estupendo: en materia de cultura, nunca iremos sobrados de nada. Pero siempre deberá recordar de dónde venimos -todos, como sociedad-, cuáles son las raíces colectivas en las que deberá integrar las suyas propias.

Con la llegada de Laia ganamos todos. Ganamos sangre fresca, ganamos futuro y, muy probablemente, ganamos el plus de ilusión y de empuje, el renacimiento del espíritu pionero que suelen aportar los recién incorporados a un país. En esto sí que los Estados Unidos podrían enseñarnos muchas cosas.

Contra los recelos de los simples y de los ignorantes, contra el cabreo de los hijoputas, Laia es una buena noticia y un motivo de alegría.

Ha nacido una españolita, una catalanita, una barcelonesita cuyos padres nacieron al otro lado del charco; bueno: también mi madre nació al otro lado del Pajares y nadie duda de mi catalanidad (y si hay alguien que dude, que le den por el culo con un garrafón).

Benvinguda, Laia!

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Comentarios

  • Enrique Verdes  On 05/01/2009 at .

    Estimado Javier, soy uno de tus lectores, ya desde hace tiempo. Este artículo tuyo en parte me toca, ya que yo mismo soy hijo de inmigrantes gallegos nacido en uruguay, y veo ahí reflejada en parte mi historia. Mis padres emigraron muy jóvenes, formaron aquí su familia y aquí nacimos los hijos, como uruguayos, adoptando las costumbres y tradiciones de Uruguay, sin dejar de lado las de nuestros antepasados, ya que todo enriquece.
    Gracias por expresar en voz alta lo que muchos pensamos. Desde el otro lado del charco tendrás siempre a este fiel lector de El Incordio, por mucho tiempo más.

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