El enigma Facebook

De la serie: Correo ordinario

A veces -muchas veces- la Red me parece un animal bastante ciclotímico. Parece que le está pasando ahora mismo con las llamadas redes sociales expresión que, por cierto, me parece una solemne tontería: toda sociedad es, intrínseca e inherentemente, una red. Pero, en fin, mantengamos la denominación para no generar más confusión.

Venía a decir que hasta hace poco, tan poco como semanas, las redes sociales eran la releche de lo ultimísimo y ahí estaban, en primera fila del escaparate, junto con el netbook, en todos los juegos de predicciones para el 2009 que se realizaron en las postrimerías del 2008. Como siempre, supongo que la realidad será aún más apasionante, si es que pueden considerarse apasionantes las predicciones de este estilo, pero, de todos modos, parecería que 2009 va a ser un año más bien tirando a anodino (2008 ya lo fue). Veremos.

Pero de unas semanas para acá, y al decir de algunos gurús, se está oyendo o percibiendo todo lo contrario: que las redes sociales son un bluff, un peligro y una gilipollez. Gente tan seria como Juantomás, que estaba en Facebook y un buen día dijo que se iba y se fue, parece que no pierde ahora ocasión de denigrar a las redes sociales, en general, y a Facebook en particular. Sus razones tiene y no voy a discutírselas; ni a él ni a muchos de su categoría que opinan más o menos como él. Es verdad, por otra parte, que la red consagra algunas veces como el tope de lo modelno verdaderas tonterías, y ahí tenemos, como ejemplo, el propio Twitter. Ya veis, pues, que yo también soy crítico con las redes sociales (al menos con algunas).

Vamos a ver qué podemos sacar en limpio de todo esto, aunque ya alguna vez he hablado de ello.

En 2007 me registré como usuario de Facebook, lo estuve mirando unos días, me pareció una perfecta soplapollez y lo dejé correr. Un año después, en octubre de 2008, reactivé la cuenta incentivado por el boom de las redes sociales y por el deseo de observar con calma el fenómeno y, la verdad, ya fue otra cosa: empecé a encontrar gente, gente interesante, amigos antiguos y no tan antiguos (aunque con la mayoría de ellos ya tenía contacto cotidiano a través de otros canales de la red).

Llevo, pues tres meses largos interactuando de forma bastante frecuente, y creo que ya he experimentado lo suficiente como para destacar algunas notas:

Primera: Facebook no sirve para nada. El que meta ahí su curriculum y espere que le lluevan ofertas -ahora, con la que está cayendo, pero también antes, cuando hacía sol- es tonto del culo, tan tonto como para descartarlo en la primera fase de cualquier proceso de selección laboral. Muy ocasionalmente, puede encontrarse gente cuyo paradero se había perdido, pero eso representa una inversión bestial en tiempo para realizar las búsquedas puesto que: a) mucha gente no está en Facebook; b) mucha gente no se registra con la identidad que conocemos; y c) no poca de la gente registrada está ahí como una especie de convidado de piedra, que un día entró, vio, y de él nunca más se supo. Ayuda un poco el sistema de telaraña que hace que los encuentros casuales sean un poco menos casuales, pero vaya…

Segunda: Facebook es divertido. También eso es verdad: si has sabido formar una pequeña comunidad inteligente y relajada, Facebook te puede proporcionar varias formas entretenidas de perder el tiempo de manera, valga la paradoja, constructiva. Esos amigos (es la palabra que utiliza Facebook para denominar a los contactos) frecuentemente dotan a sus redes -en las que, por definición, está uno- de contenidos interesantes, instructivos, graciosos y demás. Si se dispone del tiempo necesario -hay unos mínimos muy asequibles: no exige dedicación intensiva), Facebook es una buena manera de pasar un rato en el que uno no tenga nada que hacer. También advierto: más allá de un breve ratito, es un verdadro plomo.

Tercera: Facebook es un medio de expresión. No es, personalmente, el que más me gusta: para mí, la bitácora es el mejor, hoy por hoy, y de largo. Pero Facebook permite insertar pequeños -o no tan pequeños- articulitos, ilustrarlos, comentar artículos o ilustraciones de otros, debatir, chatear, etcétera. Se columpia un poco más en la cotidianidad de los miembros de la red. La bitácora es más parecida -aunque los bloggers odiemos esa comparación- a la columna periodística. Al menos, la bitácora un poco inteligente; luego están los rebuznos y los berridos de cuatro líneas de los analfabetos funcionales, pero esa es otra historia.

Cuarta: Facebook puede ser peligroso pero no lo es necesariamente. Enfrentado al hecho de divulgar poco o mucho su propia privacidad, el usuario se encuentra frente a varias opciones: admitir amigos a saco, prácticamente a todo el que se lo pide, o admitir muy selectivamente; y, en cualquiera de las dos posibilidades anteriores, uno puede exponer ahí toda su vida con pelos y señales o ceñir los detalles a sólo lo que es la vida pública de uno. Recordemos la anécdota ya manida -tanto, que no sé si será un fake– del usuario que colgó las fotos de su borrachera y tenía al jefe entre sus amigos. Bueno, pues esta es la cuestión: o uno no admite al jefe o no cuelga sus borracheras. Y para prevenir la entrada de jefes que uno no sabe que lo son, nada como identificar cuidadosamente cada petición de amistad: yo no entiendo qué clase de gestión de sus amistades realizan estos pollos que tienen 400 o 500 amigos (o más) y que, encima, cuentan su vida con pelos y señales. Ellos verán. Por mi parte, apenas llego al medio centenar de amigos (y ya me parecen demasiados) entre los que, por cierto, está mi jefe; pero no hay apenas información mía en Facebook que cualquiera no pueda encontrar buscándome en Google o siguiendo habitualmente mi bitácora, dejando aparte los debates en abierto, que tampoco son tantos ni sobre materias personales.

Y quinta: Facebook puede ser un coñazo. Sí: uno de los aspectos más negativos de Facebook residen en permitir que los amigos le recomienden a uno cosas, mediante un sistema de avisos propio bastante invasivo (los amigos podrían perfectamente recomendar mediante un mensaje común y corriente); y la mayoría de los amigos (y eso que los míos están cuidadosamente seleccionados) le creen a uno capaz de hacerse partidario de los proyectos más peregrinos, fan del artista, serie de televisión o película más estúpida, o de la causa más gilipollas que pueda concebirse. A mí me parece muy bien que uno quiera hacerse fan de la sopa de ajo (no me consta esa posibilidad, pero no me sorprendería su existencia) y no me importa reconocer que alguna de estas paridas puede llegar a ser incluso divertida. Pero me encabrona soberanamente la cantidad de invitaciones que recibo cada día para apuntarme a eso de aquí o a aquello de allá, siendo así que, en la mayoría de los casos, la tal cosa es una estupidez de marca mayor. Yo comprendo que uno pueda ser activista del software libre -aquí me tienes a mí mismo, sin ir más lejos- pero me siento insultado cuando alguien me cree tan imbécil como para recomendarme que me afilie al grupo de fans de la butifarra poco hecha. Personalmente, la mayoria de las causas a las que me he adherido o grupos en los que me he integrado -que, en ambos casos, son muy pocos- los he encontrado o bien buscándolos, o bien casualmente, o bien porque un amigo pertenecía a tal grupo o causa y lo he visto en su perfil o en su muro, pero, salvo uno o dos casos, en ninguno por invitación de nadie.

Como es evidente, sólo he estudiado -de forma somera y poco sistemática- Facebook. Hay otras redes que seguramente tendrán características y problemáticas distintas, aunque sospecho que todos los casos andarán cerca de las características que he descrito.

Bien, pues esta es mi visión de la cosa. ¿Conclusión de aplicación universal? Ninguna. Comprendo perfectamente que Juantomás se dé el bote harto de tonterías; también comprendo que alguien permanezca ahí como una forma más de jugar; y no menos comprensible es que otros vean en la red social una forma de mantener amistades difícil de otra manera. Cada persona es un mundo y es desde la óptica de ese mundo que debe juzgarse el fenómeno.

El futuro nos dirá cómo acabará esto. Si acaba.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • JP Clemente  On 05/01/2009 at .

    Es para pedirte que me admitas de contacto en Faceboock (ya te buscaré) porque algunas veces tengo algunas cosas que preguntarte. Un saludo.

  • arati  On 05/01/2009 at .

    Vaya, yo que estaba a punto de invitarte al grupo de “Adopta un Lepisma Saccharina”…

  • Javier Cuchí  On 05/01/2009 at .

    Ya tengo a alguna que otra adoptada en casa y es cosa dura: ha sobrevivido a zapatillazos, persecuciones escoba en mano, gases tóxicos («Cruz Verde») y otras artes de exterminio. Dichoso pececillo de los recojonimostios, que no da ni para hacer un pescaíto frito.

    Hasta la próxima rentrée.

  • Jordi  On 05/01/2009 at .

    Yo hace unos meses que me apunté a esto del facebook y constato que es un divertimento como cualquier otro. Y como herramienta puede ser buena o mala según el uso que se le dé. Como siempre pasa en la red, demonizarla o beatificarla, pues ni lo uno ni lo otro.

  • Eva  On 13/01/2009 at .

    Hoy como cualquier otro dia le he dado un repaso rápido al facebook para ver que enlaces, notas, fotos y solicitudes tenia en mi muro de mis amigos y me ha llamado mucho la atención que tuviera mas de 3 enlaces relacionados con lo que comentas en tu blog y no solo eso, sino que otros han escrito de lo mismo y para mi algunas de esas personas pues me interesa mucho su opinión.

    La verdad que yo casi desde el dia 2 no me entusiasmó mucho FB y apenas entraba pero mis amigos empezaban a hablar de cosas que no entendia y era simplemente la continuación de las conversaciones que empezaban en FB asi que empecé a echarle un vistazo casi a diario para mantenerme al dia de ellos y no aburrirme cuando quedaba con ellos.

    Llevo cosa de dos meses que me he percatado de la falta de intimidad de FB y el poco control que tengo de lo que puedan publicar mis amigos y es el mismo tiempo el que llevo diciendo que voy a “pasar” pero eso me haría perder aun mas el control con lo cual aun sigo e intentando utilizarlo mas como un medio para compartir, por ejemplo este enlace, que contando mi vida o con chorradas que no me llevan a ningun sitio y parece que entre algunos de mis amigos se ha extendido esto… ahora hay como un pique entre nosotros a ver quien pone el enlace mas interesante o escribe la nota mas inteligente.

    De todas maneras, me gustaria hacer lo mismo que JT, decir adios a facebook y creo que después de todo lo que he leido hoy lo voy a conseguir.

    Un saludo

Trackbacks

  • By Blog Juantom on 12/01/2009 at .

    […] Cuch

  • […] · Second Life. Como todo lo que no es sino una moda más bien tirando a estúpida, sin verdadera sustancia que aporte otra cosa que una cierta diversión… hasta que llega el aburrimiento, Second Life tuvo su fulgor… y, como el finado Fernández, nunca más se supo. Que otras vayan tomando nota. […]

  • […] -de una puta vez, por cierto- su finis terrae y sea pasto de los animalitos de referencia. En fin: también dije lo mío sobre Facebook, y no hace […]

A %d blogueros les gusta esto: