Amnistía para mi número

De la serie: Rugidos

Soy contrario a la pena de muerte. Lo he sido toda mi vida. Por muchas razones pero, aunque pudiera parecerlo, este no es el caso ahora. El caso es que desde hace algún tiempo, dos o tres años, quizá alguno más, pertenezco a la red contra la pena de muerte de Amnistía Internacional, aunque no soy socio de dicha entidad. Amnistía Internacional me envía periodicamente -a mí y a tantos otros, supongo- unos datos sobre casos de sentencias de pena de muerte en riesgo de ejecución inminente a fin de que escriba a la autoridad correspondiente solicitando muy educadamente y de muy buen rollo que, hombre, por favor, que sean buena gente y que no pelen al reo en cuestión. O reos, que no pocas veces son varios.

No es plato de gusto: la catadura moral de los destinatarios de tanto buen rollo (ayatollahs iraníes, gobernadores ultraderechistas norteamericanos y demás fauna) hace que se me revuelvan las tripas al pedirles algo por favor, pero la envergadura de la lacra me impulsa a hacerlo a pesar de todo.

Naturalmente, en todos estos escritos -a veces los envío por correo común, otras por correo electrónico, si no hay tiempo para el primero, que me gusta más porque revela ante el destinatario un mayor esfuerzo hacia la cuestión- doy mis datos: nombre y apellidos y domicilio; si no se hace así, el escrito pierde todo su valor. Otras veces, más que un escrito, la campaña consiste en amontonar firmas. Generalmente, en estas campañas de recogidas de firmas, Amnistía Internacional pide que se rellene un formulario y en ese formulario hay una casilla para el número de teléfono. Siempre lo relleno gustoso con el del móvil, porque pienso que pueden necesitar una aclaración, una confirmación, en fin, algo de cierta importancia.

Como consecuencia de ese formulario, periódicamente me llegan mensajes de correo electrónico, prácticamente boletines, que contienen las últimas actividades y los últimos éxitos -que, afortunadamente, los hay- y casi siempre estos mensajes contienen, además, un llamamiento poco invasivo y poco molesto para asociarse a la entidad, llamamiento que desoigo por razones que tampoco hacen al caso ahora. Me limito a colaborar con ellos en el tema de la pena de muerte por aquello del objetivo común. Y punto.

Pues bien, esta tarde recibo una llamada en el móvil y en pantalla me aparece la indicación de remitente desconocido y soy tan burro que, en vez de cortar la llamada sin más, voy y la contesto. Y me sale un individuo de voz melíflua asegurando que llama desde Amnistía Internacional, explicándome un rollo que ya me sé de memoria (recibo los boletines por correo electrónico, como he dicho) en el que me cuenta el importante logro de haber conseguido suspender las lapidaciones en Irán gracias a tantísimas firmas, entre ellas la mía y bla, bla, bla. Ya lo veo venir y, efectivamente llega: que me haga socio. Ahí le corto y lo mando a hacer puñetas. Porque, además, estoy seguro de que ese pavo no es de Amnistía Internacional sino un comisionista de una agencia contratada al efecto (de ahí lo del número desconocido, que no tendría por qué esconder la propia entidad).

La tentación de darles el cerrojazo y dar carpetazo incluso a mi colaboración es grande y, de hecho, aún no la descarto del todo. Probablemente seguiré ahí: la causa es demasiado importante para dejarla correr por un incidente… menor; menor muy en cierto modo pero, bueno, dejémoslo así. En realidad, Amnistía Internacional ha llevado a cabo una acción de spam telefónico al hacer un uso no autorizado de mi número. Quizá sea legal, pero no me da la gana de que se utilice para eso. A la próxima, la exigencia de borrado de todos mis datos de sus registros será inmediata y perentoria. Y punto final a mis amables cartitas al simpático gremio del que he hablado antes. Hay varias formas de combatir la pena de muerte y no en todas se expone uno a que le fastidie por teléfono lo que, en definitiva, no es sino un vendedor.

He dicho. Y que no caiga en saco roto.

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Comentarios

  • Jordi  On 12/01/2009 at .

    A mi me molesta soberanamente el acoso sistemático a que soy sometido cada vez que paseo por el centro de Barcelona: que si la Cruz Roja, que si Médicos sin Fronteras, que si Intermón-Oxfam, que si Greenpeace. Cargadito me tienen los amables cumbaiàs.

  • JP Clemente  On 13/01/2009 at .

    Sniff, esta era una de las cuestiones que quería plantear al Incordio, que si es tan amable de volver a explicarme lo de “sin+ánimo+de+lucro” cuando el responsable de la wikipedia pasa la gorrilla por valor de 6.000.000,00 $ que dice que es lo que necesita para sostener el invento, eso sin ánimo de lucro pero bueno. A propósito de número oculto o privado tiene que ser necesariamente así porque esas llamadas se hacen desde los llamados call center o centros de llamadas y es materialmente imposible dar 1 línea a cada 1 de los que llama que pueden ser perfectamente voluntarios, véase la Wikipedia y el monto de sus donativos. Yo trabajo en 1 de esos sitios y me considero bueno con el call master, especie de centralita por la que se pueden mantener 2 conversaciones, a veces imprescindible, igual que lo de número oculto. Reduciéndolo a explicación puramente tecnológica (nada de ideología ni spam) creo que podría explicar por qué esas llamadas tienen que ser así, en fin.

  • Javier Cuchí  On 13/01/2009 at .

    OK, acepto tu explicación tecnológica y ahora entiendo lo de los números ocultos. Pero eso confirma que Amnistía Internacional ha entregado mi número de móvil a un tercero para que me dé la brasa con lo de asociarme.

    Lo del ánimo de lucro… Hombre, todo invento necesita dinero, y más si tiene empleados a los que pagar cada mes, locales cuyo alquiler tiene que abonar también mensualmente, gastos generales (electricidad, limpieza, servicios varios) y un largo etcétera. Recaudar dinero no determina el afan de lucro. Ni siquiera el obtener beneficios con la comercialización de la actividad, siempre que esos beneficios reviertan en la propia organización para alcanzar o cumplir sus finalidades.

    Es decir, que no haya atribución de beneficios a terceros, accionistas, copartícipes, etc.

  • Salva  On 14/01/2009 at .

    Hola Javier. Te copio pego un párrafo de la política de protección de datos que te ves forzado a aceptar antes de enviar tus datos. Creo que esto lo explica todo. Otra cosa será que te guste o no.

    Un saludo afectuoso.

    “””””Amnistía Internacional Sección Española realiza llamadas telefónicas a personas que en algún momento han mostrado su interés en las acciones de Amnistía Internacional y han solicitado recibir más información. Estas llamadas tienen como fin agradecer la participación en las campañas de Amnistía Internacional y también informar de cómo una persona puede colaborar con la organización como socio/socia. Amnistía Internacional, además del apoyo activo, necesita el apoyo económico de las personas para poder extender y profundizar su trabajo de defensa de los Derechos Humanos en todo el mundo, ya que es esta nuestra fuente de financiación. Por razones de índole técnica el número de teléfono desde el que puede ser llamado/a Usted, no aparecerá en la pantalla de su teléfono móvil o fijo (en el que caso de que su teléfono disponga de pantalla).”””””

  • Jordi  On 14/01/2009 at .

    Mi parienta es socia de la Fundación Vicente Ferrer y hoy Miércoles a las 21.00h. la han llamado, supuestamente de dicha entidad (o de un call center) para ofrecerle la “tarjeta de crédito de la Fundación”. ¿Dónde acaba el altruismo y empieza el negocio? ¿cuándo una ONG se convierte en empresa de servicios? Mí no saber.

  • JP Clemente  On 17/01/2009 at .

    Un saludo cordial a los foreros con permiso del Incordio, no pretendo polemizar ni quiero que se polemice, sólo expongo mis dudas con el mayor respeto que soy capaz pero sólo el movimiento de un capital tan grande ya genera beneficios por sí mismo, también está la elección de proveedores y personal, por ejemplo en wikipedia, censores y gente que molesta a los usuarios y visitantes, pone trabas o simplemente donde se compran los folios. Yo una vez hice de jurado en un concurso público de actuaciones en unas fiestas locales con premios en forma de objetos comprados en 1 tienda de regalos, a mí me regalaron por hacer de jurado 1 reloj de sobremesa con aplicaciones de metacrilato, todo sin ánimo de lucro.

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