El Abba que los parió

De la serie: Correo ordinario

Estas han sido mis navidades Abba. Puede comprenderse: todo el rebomborio que ha levantado la película a dolarazo publicitario limpio, que me lleva locas a las adolescentes, y yo tengo dos en casa. Total, que el día de Navidad, una tía cargó con su hija y con toooodas las sobrinas y se fueron en pelotón a ver la peli en cuestión. El resto de las fiestas lo he pasado con el ahora ya odioso Dancing Queen y la jodida Mamma mia, entre otras, con coreografía y todo. Que tiemble mi cuñada, porque le devolveré el favor iniciando a mi sobrina en algo adictivo y caro (legal, eso sí).

Ainda mais, como dicen los gallegos, los Reyes Magos han traído, inevitablemente, una copia del coñazo este. No en casa, por supuesto, pero entre tíos y padrinos las posibilidades de que me cayera el marrón eran altas. Y cayó, claro: la ley de Murphy es inexorable. Encima, ayer me tocó aguantar mecha con el asunto y, en pleno sesteo, mis niñas me lo clavaron a la trágala.

Dejando aparte la sensación de brasa, retuve algunas percepciones raras.

Lo primero que se me ocurre es: ¿cómo unas adolescentes de finales de la primera década del siglo XXI pueden entusiasmarse tanto con una música que hizo furor en los años 70 y 80 del siglo pasado? Y una música que, además, no va más allá: mejor, evidentemente (¡a dónde vas a parar!), que el Dúo Dinámico o Los Diablos, pero muy, muy lejos de las virguerías que por aquella época creaban Emerson, Lake & Palmer, Pink Floyd, Deep Purple, Credence Clearwater Revival o, si me apuras, la Velvet con Lou Reed y hasta la ópera pop aquella de los 60, «Aquarius» «Hair», que iba de protestataria y happyflower, pero que con medio litro de ginebrazo encima podías aguantarla sin aproximarte al suicidio ritual. Es más, a mi hija mayor le encantan los repertorios de toda esta retahíla que he indicado, cosa que puede comprenderse porque la calidad no tiene épocas. Pero ¿Abba? ¿En el 2009? Incluso una versión local de «Mamma Mia», liderada por la tía esta que no me acuerdo cómo se llama, la cantante oficial de la Generalitat, se despidió precisamente ayer de los escenarios barceloneses después de un año y medio ininterrumpidamente en cartel.

¿Y aquí qué pasa? Pues pasa que la conclusión cae por su peso: la música que se hace ahora (y, sobre todo, la que se hace en este desgraciado país) es una perfecta mierda. Me refiero, claro está a la música comercial; su denominación ya lo dice todo. No debe sorprender, pues, la moda de los remakes, aunque si se compara, por ejemplo, el American Pye cantado por Don McLean o cantado por Madonna, no cabe duda de que ésta lo ejecuta mientras está cagando.

Cuando digo (decimos) que en el copyleft se está encontrando música de una calidad excelente, no lo hago cegado por mi odio a la $GAE o a PROMU$ICAE (que también), es que nuevamente cae por su peso: cuando no existe el imbécil de la gomina que obliga al artista a someterse a los presuntos gustos del público -establecidos o dictados por otra caterva de imbéciles que van de especialistas en la cuestión- éste crea una calidad muchísimo mayor. Por supuesto que en el copyleft hay mucha porquería, pero la proporción de calidad es muchísimo mayor que en la producción industrial del ruido a la moda. Lo que lleva a otra necesaria conclusión: terminar de una vez con la industria musical es algo que va mucho más allá de una necesidad para el conocimiento libre: es una exigencia para volver a la calidad en los diversos géneros. Y es que el arte, cualquier arte, no es una industria: es una forma de expresar ideas y sentimientos, y la expresión, la libre expresión, no entiende de rentabilidades. La famosa y dichosa justa remuneración en la que se escudan los amos del cotarro (llevándose, por cierto, la parte del león), es algo completamente secundario y esto es así. Si no les gusta, ajo y agua.

Volviendo a la película, mi sorpresa se incrementa al ver el entusiasmo de mis hijas teniendo en cuenta que la versión musical no es la original pero se afana en reproducirla milimétricamente: no hay cambio alguno -perceptible, al menos- en la orquestación o en los arreglos, aunque el resultado es claramente peor, y siendo así que mis hijas llevan en sus trastos todos los recopilatorios de Abba habidos y por haber, que mi hermana les prestó para que copiaran. Conocen -hasta la saturación- la música original… ¿y se entusiasman con una versión que, encima de pretender ser calcada, resulta mucho peor? Esto sólo se entiende por la vía de la manipulación propagandística más abyecta, a la que los jovencitos son tan asequibles, quizá porque esta generación de padres es mayoritariamente gilipollas.

Realmente es triste tener que decir, aunque sea en algo tan concreto y limitado como es la musica, que cualquier tiempo pasado fue mejor: no porque no hubiera mierda -cuando yo era jovencito, la había a carretadas- sino porque, además, había calidad. Es lo que pensé ayer por la tarde: sí, eso no vale un churro, desde luego, pero las sacas de eso y las metes en el circuito comercial de su época y… ¿qué les queda? ¿Bisbal?

Por lo demás, la peli está hecha a lo americano (aunque la producción creí ver que era británica): con todo lujo de medios, en un escenario maravilloso -una isla griega- y una producción muy acabada. Y mucho oficio, desde luego. Porque les das ese dinero, esas partituras y ese guión… bueno, y les das hasta el casting, hasta la isla griega, si me apuras, y los botarates de aquí son absolutamente incapaces de hacer esta película ni cocidos de «Veterano» (y mira que, ya digo, la película no va más allá). Por eso esa pléyade de incompetentes y de negados necesita de cánones y de subvenciones a manos llenas, porque estos, la calidad… ni siquiera sin engominado: una porquería sobre la postguerra y que pague Tele 5.

Cuanto antes se hundan, más gusto me darán.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • lamastelle-musicologo  On 13/01/2009 at .

    ¿Que el Duo Dinamico era malo? Uy lo que me ha dicho…:-). Ahora voy y me chivo a Tedy, hala.

    Sobre la pelicula no opino de forma imparcial. Me ha gustado. Pero confieso que venia influido por el musical visto en Londres años ha. No es que entendiese gran cosa, pero la presencia de quien estaba a mi lado lo ocnvertia en una obra de arte.

    La peli esta bien y se deja ver. la isla es preciosa. la hija casadera es tonta ( y hostiable, paque espabile, que no me lea la minista ). A veces da la sensacion de que falta alguna escena, porque no se entienden bien algunos dialogos. Y me gusta el Brosnan, ¿pasa algo?

    Postdata. En venganza, enseñelke usted a su sobrina el Magic, juego de cartas… Jijiji, malisimo soy.

  • safdfda  On 13/01/2009 at .

    El musical se llamaba “Hair” no “Aquarius”; “Aquarius” era un número de éste, que fue versioneado por Rapael (o más propiamente violado, destrozado, mancillado, prostituido o cualquier otro participio sinónimo). Cada vez que oigo la versión hace que me descojone por el mero intérprete.

  • Agobi  On 13/01/2009 at .

    Ya només faltaria la música i la peli del High School Musical, ja et pots preparar !!!! Per lo de la música, actualment només hi han que “bodrios” o còpies del que un dia va ser música.. a veure si tenen més inventiva i fan alguna cosa decent.. si no ens quedarem amb la musica de la nostra quinta.

  • Javier Cuchí  On 13/01/2009 at .

    Coñes, safdfda, pues tienes toda la razón. Quina patinada!. Paso a corregirlo inmediatamente.

    Y gracias por la puntualización.

  • Jorge Delgado  On 13/01/2009 at .

    Ahora vaya Ud. y explíquele el juego de palabras del título a algún/a otro/a Ministro/a de (in)Cultura, a ver si lo entiende…

    Puestos a aguantar, mejor abba que la castaña esa del “jai escul miusical”, como decía Agobi un poco más arriba.

    Y no me hable de “remakes” que todavía me duele el que ha hecho Kate Ryan con una canción de France Gall de homenaje a Ella Fitzgerald de 1987.

A %d blogueros les gusta esto: